jueves, 25 de noviembre de 2010

El primer Camino de Santiago que hice a pie



Esta es la primera foto que hice al comenzar El Camino de Santiago en 1999. Es en el Puerto de Somport mirando hacia Francia con las Montañas de Aspe en todo lo alto, el día 4 de septiembre.
Algunos años después volvería a Estación de Canfranc para subir unas cuantas de esas montañas tan bonitas.
Es que soy montañero desde que tenia 14 Años.

33 Días después estaba entrando en la catedral de Compostela. Estas fotos son una pequeña crónica de aquella aventura.


 Comencé a caminar por la carretera, pero en vez de seguir el sendero marcado continué por la carretera. 
Primero paré en Candanchú, para conocer el albergue Valle de Aragón; pues tenía mucho interés en conocer este lugar con vistas a volver algún año en plan montañero. 
http://www.turispain.com/albergue-valle-de-aragon_id105348_albergues-rurales_candanchu 
En otras ocasiones he vuelto a estas estupendas montañas aragonesas, para subir las que pudiera, tanto a los Picos de Aspe, el Anayet, acercarme, sin subirlo, al Pic du Midí d´Ossau; y hacer senderismo por los ibones. En esta ocasión me tuve que contentar con dar una vuelta por el lugar.



La primera noche la pasé en un albergue de la Estación de Canfranc, El Pepito Grillo, después de bajar andando desde el puerto. 
http://www.pepitogrillo.com/ 
Vas por sendero precioso, muy bien señalizado, montaña abajo, viendo casamatas de cuando la guerra civil, caballos, senderistas, naturaleza.  Salvé por los pelos una tormenta de esas tan gordas que caen en los Pirineos; apenas llegar a la Estación comenzó a granizar con una fuerza tremenda, y, aunque tenía la intención de bajar hasta Canfrac pueblo, me dí por contento encontrar alojamiento en este pueblo tan turístico. Yo iba de montañero por la vida, cargando con una pesada mochila, y no sabia del Camino más que lo que me habían contado, y lo que había leído en una guía. Aquella noche comencé una extraordinaria experiencia compartiendo techo y mesa con gente que llevaba caminando más de un mes desde sus casas hacia el Fin del Mundo. Aún así no fui capaz de aceptar la idea de hacer el  Camino de Santiago ligero de equipaje. Continué con mi mochila de más de 10 kilos de peso y un bordón de madera que me regalaron mis hermanos.

Vista del pico Collarada según vas bajando a Jaca.Un tramo muy bonito; especialmente los primeros kilómetros hasta Villanúa.

Llegué a Jaca sobre las tres de la tarde y aproveché para comer en un mesón cercano al albergue hasta que abrieran sus puertas. La tarde fue lluviosa y fría pero pude visitar la fortaleza y dar un buen paseo por la ciudad. Me gustó tanto que he vuelto varias veces; incluso en nuestra luna de miel. Me encanta Jaca. Íbamos de calle en calle, de taberna en taberna, cenando de nuevo en el mismo mesón. Después nos tocó dormir entre ronquidos de una veintena de alemanes. ¡Y como roncan!.

La mañana amaneció lluviosa y oscura. Con un compañero gallego decidí tomar el coche de línea y marchar hasta Puente la Reina de Jaca. Llegar aquí y meternos en un bar fue todo uno por el aguacero que caía. Un par de horas después comenzó a aclarar y bajó la intensidad del aguacero, así que decidimos continuar. 
Íbamos caminando cuando paró de llover y despejó viendo Berdún a lo lejos y nos encontramos un pastor con sus ovejas y mastines. Estuvimos charlando un buen rato de churras y merinas, de mastines, los mastines aragoneses no son como los leoneses, de grandes,  pero también son fieros guardianes, y de la relación que hubo durante siglos entre pastores y peregrinos coincidiendo por las mismas veredas.

Camino de Arrés iba charlando con mi primer compañero de Camino. Un peregrino de La Coruña, y al poco paró de llover y a hacer calor. No recuerdo su nombre, así que si ve estas fotos me gustaría que me dejara un comentario o que añada alguna foto de las suyas. ¡Encantado! Continuaríamos juntos hasta Puente La Reina, haciendo el duro pero hermoso Camino Aragonés, al cual volví en 2008. La primera foto está hecha al poco de pasar por Puente la Reina de Jaca y la segunda ya pasado Arrés y cerca de Martes. Esta es la zona que quieren inundar recreciendo la presa. Dudamos entre subir o no a Arrés y Martes pero al fin decidimos continuar hasta Ruesta.




Un lugar que me pareció encantador fue Ruesta; el pueblo abandonado. Un albergue pequeño, buen ambiente de peregrinos, y me dejó grato recuerdo. 
Llegué al lugar bastante cansado y cojo, seguramente por el mochilón que cargaba pero una buena cena y agradable compañía y al día siguiente como nuevo. La tarde veraniega visitando el pueblo y con las vistas del valle, las sierras que lo bordean y los Pirineos al fondo son de las que se recuerdan con gusto. Apenas eramos seis peregrinos, tres españoles y tres alemanes, y lo pasamos fenomenal aquella noche.
albergue de Ruesta 



Un pueblo de la provincia de Zaragoza por el que se pasa es Undués de Lerda, en lo alto de un cerro. Aprovechamos para almorzar y refrescarnos, pues la tirada hasta Sangüesa es larga, por esas pistas forestales y la solana tremenda,  y al compañero aragonés se le hizo eterna debido a las botas de montañero que llevaba y que le estaban machacando. Nos alojamos en el albergue de las monjas, Enrique de Labrit, con unas alemanas muy risueñas y lo pasamos muy bien visitando los lugares de interés y tomando chatos por el centro. Cenamos en el albergue y nos quedamos asombrados de lo bien que se alimentaban las alemanas. ¡Qué chuletones se metían entre pecho y espalda! A su lado nosotros estábamos de cuaresma.


 La Foz de Lumbier de madrugada.

 Después de dormir en Sangüesa resultó muy emocionante pasar la Foz de Lumbier, una mañana de niebla y con los buitres a la vera del Camino esperando su desayuno. Los que desayunamos juntos fuimos nosotros, el gallego, un chico de Zaragoza, y yo, en un bar a la entrada de Lumbier; para después subir el Alto de Loiti con los camiones pasando a nuestro lado. 
Aún no habían construido la autovía y se caminaba bastante bien por esta ruta. Pasado el Alto paramos en Idecín; pero el único bar estaba cerrado, así que continuamos caminando.

Terminamos la jornada en Monreal, que estaba en fiestas, y tuvimos que ir a dormir a un hostal. La bajada de Loiti, resultó pesada, con un bochorno tormentoso tremendo. Y al pasar por Salinas de Ibargoiti no encontramos ni una fuente ni un bar ni nada. En una casa me rellenaron de agua la botella de agua. Pero muy buenos recuerdos de aquel día. 
Nos alojaron, a los peregrinos, en la escuela del pueblo, pero los chabales del pueblo con el toro de fuego, las casetas para tomar vino y buenas tapas, un ambiente fenomenal de jolgorio. Un fiestorro tremendo, ¡quién dormía! A las 3 de la mañana conseguimos habitación de pago y acostarnos para dormir un poco. A las 6 ya estábamos en pie para continuar la marcha.

De Monreal a Puente la Reina, aparte de pasar mucho calor en una largísima etapa, recuerdo la llegada y visita a Nuestra Señora de Eunate, Donde paré un buen rato. Después caminar con un calor tremendo. Llevaba un paraguas y lo llevaba abierto; al pasar por los pueblos a algunos les hacía mucha gracia, pero la gente mayor me animaba a seguir caminando con el paraguas en lo alto, como hacían ellos. En el cruce con Obanos paré a hacer una foto. Solo tenía por compañía un mascoto. Un muñequito que había encontrado en Jaca y llevaba colgado de la mochila. 
Llegar a Puente la Reina y unirte con el Camino Navarro y los cientos de peregrinos que vienen haciendo esa ruta  fue todo un shok. Después de ser un máximo de seis peregrinos por albergue llegar a los sitios y encontrarlo todo lleno, cientos de personas, fue un cambio importante. 
Encontré por los pelos acogida en el albergue de los Padres Reparadores, y, no se me olvida, en un cuarto pequeño estábamos hacinados en literas de tres alturas, con un brasileño encima de mí que bramaba como un rinoceronte, y la imposibilidad de pegar ojo en toda la noche. ¿El remedio? Picarme con el brasileño a ver quien era el primero en completar la etapa siguiente. Lo pasábamos pipa corriendo por los caminos.



Reposando la mochila a la salida de Cirauqui.  Muy bonita la bajada por la calzada romana. El paraguas me vino muy bien en algunas etapas;  no solo para la lluvia sino también de sombrilla o bastón para caminar por el barro. También recuerdo que llevaba colgando un pequeño mascoto de peluche. 
Al llegar a Estella una de las primeras cosas que hice fue ir a Correos a mandar cosas para casa y quitarme peso de encima. Todo el Camino era una búsqueda constante de cómo hacer mas liviana la carga a cuestas.


El recorrido fue muy divertido, compitiendo con el brasileño a ver quien llegaba primero al albergue de Estella de Navarra. Me gano él, pero disfruté de una estupenda tarde paseando y haciendo fotos de la villa. Aquí conocí a una pareja de mellizos navarros, Oscar y Juan Carlos, con los que haría casi todo el Camino este año.

Camino de Los Arcos por unas largas rectas cuesta abajo. Tuvimos suerte que el terreno estaba seco y se caminaba de maravilla; a las 12 de la mañana ya estaba en el pueblo. Se madrugaba muchísimo y al mediodía ya habías hecho el recorrido.Nos alojaron en unos contenedores con aire acondicionado al lado del albergue municipal. Ya habíamos reunido un grupo de peregrinos y estábamos preocupados por una chica argentina que no llegaba.
Sobre las seis de la tarde apareció. Intenté ayudarla llevando su mochila hasta su litera, y cual sería mi sorpresa al comprobar que pesaba mucho más que la mía. Al verla deshacer descubrí que cargaba con varios libros enormes que había comprado en Lourdes. De donde venía. Conseguí convencerla de que los enviara a Santiago de Compostela y recogerlos antes de tomar el avión de vuelta a casa. Lo hizo y su Camino se hizo un poquito más ligero. Lo pasábamos fenomenal.
El Camino en estado casi puro. Aproveché que un masajista arreglaba personas, físicamente, en el albergue, por las tardes y le pedí el masaje completo. Ya llevaba muchos días caminando y me quitó muchos kilómetros de las piernas.

La jornada concluyó en Los Arcos, durmiendo en unos contenedores con aire acondicionado, que habían puesto aquel verano en el albergue al otro lado del río, visitando la villa y haciendo amistades de muchos países. El tiempo era estupendo aunque algo caluroso al mediodía.

Saliendo de Los Arcos de madrugada y ver el sol a nuestras espaldas, reír y charlar. El espíritu peregrino.

La Entrada en Viana fue espectacular; Nuestro grupo de peregrinos coincidió con el desfile de gigantes y cabezudos. nos invitaban a vino a las 10 de la mañana en un ambiente fenomenal; después de parar un buen rato en el albergue municipal continuamos caminando. 

  
En mi caso, no paré hasta Navarrete, donde hice noche y conocí una gente muy especial. El hospitalero era un tipo encantador; yo había llegado a las siete de la tarde y estaba casi en las últimas. Apenas limpiar las alforjas y a este burrín que escribe y me quedé frito en la litera. Cuando desperté se habían comido unas estupendas sopas de ajo que el hospitalero les había preparado. Me tuve que contentar con cenar menú peregrino en un bar cercano. 
Una chica de New York que cargaba con su propio filtro de agua, un par de kilos de nada, nos contaba cosas increíbles de su país y condición. Nos lo pasamos fenomenal. Y el albergue una pasada. 

Comenzamos el día bajo la tormenta de la noche pasada y no paraba de llover a cántaros. Los caminos eran un puro barrizal. En el albergue San Saturnino, de Ventosa,  me dieron cobijo por un buen rato y me invitaron a almorzar. Apenas aclaró un poco seguí caminando hacia el Alto de San Antón. 
Me sorprendió la profusión de jitos que había a la vera del Camino. Y también deje los míos. De varios tipos. En lo alto había viñedos y los peregrinos cogían racimos como si fueran soles para calentar su alma en medio de una nueva descarga de rayos y truenos. A ratos no sabías que hacer, a ratos reías y comías. A lo lejos el Poyo de Roldan, como un faro, nos indicaba la ruta. 
Llegué a Nájera, al antiguo albergue municipal, sobre las tres de la tarde. Apenas comí algo caliente y recuperadas las fuerzas, aprovechando que había parado de llover, tomé de nuevo la mochila y seguí caminando; en compañía de un peregrino irlandés y una australiana.

El río Najerilla un punto de desbordarse por las tormentas. El camino era puro barro que llegaba por encima del tobillo. Apoyado en el bordón y el paraguas iba haciendo una especie de esquí sobre barro

Llegar a Nájera y decidir marchar fue todo uno. Las tormentas diarias nos acompañarían hasta Sahagún. Donde el tiempo empeoró aún más, y estábamos en septiembre. En vez de quedarme en Nájera, que estaba en fiestas, preferí continuar hasta Azofra. Donde, en el pequeño y humilde albergue Herbert Simón, compartimos mesa y chimenea cinco peregrinos bajo una intensa tormenta.  
Una noche épica. Los rayos caían por todas partes y los truenos sonaban a espanto. Dormitorio para mujeres y dormitorio para hombres. Y se dieron una ducha fría por no preguntarme como se encendía el calentador a gas. ¡Vaya cena y vaya risas!

Peregrinos mexicanos bailando a la Puerta de la Catedral de Santo Domingo de la Calzada
Paré un buen rato a ver la catedral, comer algo en un mesón, y como me sobraba tiempo y fuerzas dejé el albergue de La Anunciación, donde había parado, y continué hasta Grañón, que fue todo un descubrimiento.

Una vez llegado a Grañón, en su estupendo albergue, tan bonito, y con José Ignacio haciéndonos su meditación de las velas me dejó impresionado. Algunos años después me hice de la Asociación de Amigos del Camino de León y también de hospitaleros voluntarios.  
Al día siguiente pararía en Viloria de Rioja; y tuve la suerte de que un señor abrió la iglesia y nos dejó entrar para besar los huesos del santo. Y después en Belorado, en el albergue de la iglesia que se caía a trozos, pero lo pasamos muy bien el grupo de compañeros.

 Monumento a los fusilados de la Guerra civil en los Montes de Oca.

La siguiente parada fue en San Juan de Ortega. La noche, durmiendo en el pasillo del claustro bajo una tormenta tremenda, rayos, truenos, relámpagos, y acompañado por dos perros, fue de las que se recuerdan mucho tiempo. 
A las cinco de la mañana se levantaron unos alemanes con linternas en la cabeza y decidí seguirles, pues no había conseguido pegar ojo. Apenas salimos camino de Arrés me separé de ellos por una urgencia personal; pero después me encontré solo, en medio de un pinar, con una linterna de bolígrafo, y sin encontrar las señales. 
Tuve que volver de nuevo sobre mis pasos hasta la carretera y decidí tomar el camino por Ibeas de Juarros. Pisaba asfalto y me bastaba con mi pequeña luz. En Íbeas conocí el Aula Arqueológica Emiliano Aguirre, dedicada a los yacimientos de la Sierra de Atapuerca y que tanto bien han hecho por mostrarnos el pasado verdadero de la humanidad. Aún conseguí llegar de los primeros al albergue pues los demás iban por la otra ruta disfrutando del paisaje extraordinario de esta sierra.


Después seria en Burgos, en el albergue de cabañas de madera, Donde disfrutaría de una estupenda tarde haciendo turismo por la ciudad, con el trenecito llevándonos hasta el castillo, el barrio antiguo, tomando vinos, y cenando en un bar al lado de la universidad. 
Cada vez más, se formaban amplios grupos de gentes de todas partes del Mundo. En esta foto hay gente de Australia, Brasil, Chile, Alemania, Irlanda, España, y algún otro sitio más.

 Llegando a Hontanas.

Al día siguiente caminamos hasta Castrogeriz, parando primero en casa Manolo, de Hornillos del Camino, a desayunar; y en Hontanas, en el bar de un hombre muy simpático que bebía el vino en porrón y hacia una exhibición al tomarlo. Me había dejado olvidada la riñonera, con la credencial, la cartera, y algo más en casa Manolo  los compañeros intentaban que algún ciclista me la llevara hasta Hontanas. 
Llegué cansado, hambriento, sin dinero ni credencial, al albergue de Resti, San Juan; que se hizo cargo de la situación rápidamente. No tenía ni para tomar un vino. Una hora más tarde tenia en mi poder la riñonera que me había dejado olvidada, con todo el dinero y documentación, en el bar de Hornillos del Camino. La foto es del Convento de San Antón, donde hay un simpático albergue.



 Después paramos en Frómista, el albergue municipal, con el carrillón haciendo sonar las campanas a cada hora; y en Carrión de los Condes al día siguiente, también en el albergue municipal; pero fue la etapa siguiente la que me resultó muy dura; pues camino de Sahagún el tiempo empeoró rápidamente y  me entró un fuerte enfriamiento. Las fotos son de un momento de descanso en la recta largísima que lleva hasta Calzadilla de la Cueza. El viento golpeaba constantemente de frente y el termómetro seguía bajando.

Tuve que parar y quedarme en el albergue Jacques de Molay de Terradillos de Templarios. Pero pasé una noche horrorosa, y al día siguiente, con las primeras luces salí zumbando hacia Sahagún a ver al médico. http://www.gronze.com/albergues/camino-frances/albergue-jacques-de-molay-terradillos-de-los-templarios.htm
Caminé a toda prisa para llegar al ambulatorio. El consejo era dejarlo e irme a casa para recuperarme. Pero en la estación de renfe me encontré con unos compañeros de trabajo que me convencieron de no lo dejara. Continué, aunque me iba descomponiendo y deshidratando.

Camino de Sahagún, con las primeras luces del día, todo lo deprisa que podía caminar.

A pesar de que el consejo médico era dejar de caminar y marcharme a casa, decidí quedarme en El Burgo Ranero, en el albergue Domenico Laffi, en compañía de los compañeros que había hecho. El Camino ya me estaba haciendo peregrino. Pasé mala noche debido al enfriamiento que padecía.




Al día siguiente páramos en Mansilla de las Mulas, Pero yo decidí continuar hasta León y esperarles al día siguiente cuando llegaran, y, como estaba en casa, enseñarles la ciudad e ir de compras y pasarlo en grande con ellos.  
Les acompañé aquella tarde comiendo en un buen restaurante y después de compras y turismo por la ciudad. Sobre todo les gustó el museo de San Isidoro. Por las cosas del Camino perdería este estupendo grupo de amigos para reencontrarnos en Compostela. Otros serian los compañeros en las etapas siguientes.

Al paso por Villar de Mazarife paré a fotografiar el bonito mural de mosaicos que pusieron a la entrada del pueblo y también paré a conocer a Jesús, el tío de las patatas, y su singular albergue con patio interior. 
Caminé en solitario y no paré hasta llegar a Hospital de Órbigo. En el albergue municipal me reuní con compañeros que había conocido en Navarrete.


Llegué casi al anochecer pero aún me dió tiempo a cenar con algunos compañeros de Camino en un mesón cercano al puente.

 La siguiente etapa me llevaría Hasta Hospital de Órbigo donde me reencontré con un vasco que había conocido en Navarrete; me uní a su grupo y continuamos juntos hasta Santiago. Nos quedamos en el pequeño albergue municipal que está en la chopera a la orilla del río.
 La foto es del día siguiente parando en el Crucero de Santo Toribio con Astorga al fondo. El centro de Astorga estaba con las calles levantadas para hacerlas peatonales.

Paramos en Astorga a comer y visitar la ciudad. Un compañero necesita la ayuda de un masajista y le ayudamos a encontrarlo. Después caminamos a toda pastilla hacia Rabanal. No obstante parábamos en todos los pueblos a comer o beber algo. En un bar de El Ganso pedimos las más grandes jarras de cerveza que tuvieran. Aunque estaba fresco y amenazaba lluvia caminábamos tan rápido que estábamos practicamente deshidratados.


Desde Hospital  de Órbigo llegamos aquel día hasta Rabanal del Camino, donde nos alojamos en el albergue Gaucelmo, con su peculiar ambiente. 
Nos dio tiempo justo de lavar nuestras cosas y cenar algo antes de cerraran para dormir.


Echando una piedra en la cruz de fierro con unos americanos que tenía por compañeros esa mañana.


Paré un buen rato a tomar un vaso de vino con Tomás el Templario de Manjarín. Estaba lloviendo y hacía bastante frío. Apenas había amanecido y no se veía un pimiento.
Una buena tirada queda hasta El Acebo. Paramos en un bar a comer unos estupendos bocadillos con pan rebozado. Mientras tanto paró de llover.

 Un par de fotos al paso por Riego de Ambrós. Un poco mas adelante despejaría y disfrutaríamos de la bajada hasta Molinaseca.

Continuamos camino hasta Molinaseca, parando en Manjarín para conocer a Tomás y escuchar sus relatos de templarios y doncellas; ni en quinto milenio se escuchan cosas similares. Y, después, en Acebo para almorzar, y en Riego de Ambrós bajo los castaños enormes que hay a la salida del pueblo. 
En Molinaseca cenamos y pasamos ratos muy buenos tomando vinos y chupitos por las tascas de la Calle Real. El hospitalero nos tuvo que cargar en su furgoneta para llevarnos de vuelta al albergue pasadas las 12 de la noche.


Continuamos, al día siguiente, hasta Villafranca del Bierzo, parando en Cacabelos, en la Moncloa de Prada a tope, donde nos invitaron a tomar unos chatos de vino y comer pimientos recién asados, ¡solo por ser peregrinos! He vuelto más veces a este restaurante tan especial, pero ya pagando de mi bolsillo. 
Después paré en la feria de la Quinta Angustia  a comer pulpo. Como no quedé lleno paré a tomar pulpo en la feria de la Quinta Angustia. Llegué casi arrastrándome a Villafranca por el calor y la sed. Al llegar a Villafranca me quedé en el albergue municipal que hay a la entrada pero casi todos mis conocidos se alojaron donde Jato.


 Subí al Cebreiro casi corriendo, pensando que era un puerto duro, pero mis años de montañero dejaron aquellas cuestas en anécdota. Me gustó el lugar y el ambiente. El albergue se llenó a las dos horas de abrir. Había gente durmiendo en tiendas de campaña del Ejército. Y aquella noche se escapaba la nieve en aquellos cerros.  
Un bonito recuerdo para Elías Baliña que nos dio la misa de los peregrinos aquella tarde.


 Pasando el Alto de San Roque, con bastante frío y lluvia pertinaz.


 Bajando hacia Fonfría entre la niebla y las fragas.
Quedaba aún un buen desnivel de bajada hasta entrever Triacastela entre la vegetación.



Pasamos los Altos de San Roque y del Poio con bastante mal tiempo, así que aunque paré un buen rato en la posada del peregrino; en Poyo. 


Llegamos pronto a Triacastela  y decidimos quedarnos y pasar el día tranquilamente. La tarde fría y lluviosa. Decidí cenar en un buen restaurante en compañía de unos matrimonios brasileños con los que había coincidido en muchos albergues.



La jornada siguiente transcurrió con tiempo estupendo, y aproveché para hacer una larga parada en el Monasterio de Samos en plan turístico. Volvería otro año para pernoctar en el albergue. Al llegar a Sarria iba casi totalmente cojo de una pierna y me alojé en el Hotel Alfonso IX, más que nada por pasar una hora metido en una bañera llena de agua caliente. 
Estuve a punto de coger el tren aquella noche y marcharme a casa. Pero me encontré un compañero de trabajo y me animó a continuar y visitar la villa. Recuerdo la Iglesia de Santa Mariña y cenar estupendamente. Tenía las botas bastante estropeadas y anduve buscando plantillas por las tiendas de deporte pero no encontré recambio. Continué caminando hasta Compostela sin plantillas pero con unos buenos calcetines de montañismo y llegué al final sin la más mínima ampolla.



Al día siguiente decidí continuar al haber dormido bastante bien, y después de parar en Morgade para almorzar, seguí hasta Portomarín; donde terminé alojándome en una pensión debido a la  gran  cantidad de gente que había por todas partes. 
La etapa fue muy bonita y la hice en compañía de un catalán. La primera parte caminando entre carballeiras y castañares, y la segunda por praderas llenas de vacas bajo una fina lluvia.


 Al día siguiente caminaría hasta Palas de Rei, llegando muy cansado, con las piernas doloridas, aunque había parado en Gonzar, en una tasca de Vendas de Narón y en otra de Ligonde. Tuve suerte de conseguir cama en el albergue lleno de gente. 
Pasé la tarde intentado recuperar fuerzas. Se notaban las cuestas de los días pasados y las carreras por encontrar plaza en los albergues, y andaba agotado.

 Pasando por Caballal un mar de nubes cubría el valle cercano.

La Iglesia de Leboreiro

Camino de Arzúa vadeando arroyos

Muy dura, larga, y entretenida la etapa hasta Arzúa. Con parada en Furelos, en Melide para comer y conocer la villa.  
Después se convierte en rompepiernas con subidas y bajadas pero muy bonito paisaje. Iba en compañía de unos peregrinos brasileños y parabamos en todas las parroquias. Algo muy emotivo. 
La foto es de la parroquia de Santiago de Boente. Dormí en una pensión de Arzúa, pues estaba todo hasta los topes.

Dedicatoria en Salceda a un peregrino fallecido.

Paseando por Las Aldeas de la Terra de Arzúa

Una tranquila etapita reposada para reponer energías caminando hasta Pedrouzo-Arca; parando de vez en cuando a tomar un refresco, charlar con la gente, y disfrutar del Camino. La foto es recuerdo de un peregrino fallecido en ese lugar años antes.  
El albergue de la Xunta se llenó hasta los topes y la gente venia muy machacada aunque hubieran comenzado desde El Cebrero o Sarria. Yo, con mis barbas y más de 30 días caminando, debía parecer un bicho raro.

Un monumento al peregrino cerca del aereopuerto de Lavacolla

 Una florida peregrina. Coincidimos en varias ocasiones y albergues.

Otra etapa sencilla hasta el Monte do Gozo, donde aproveché para lavarme y arreglarme; lavar mis pertenencias, mochila incluido, comer, dormir, descansar a base de bien. En algún lugar del Camino me despisté y terminé caminando al borde de la carretera que pasa junto al aereopuerto. 
Pero aún así resultó interesante el tramo realizado y cenamos bastante bien en un mesón cercano al Monte.

Al fin en Santiago de Compostela. Tranquilamente, por la mañana, bajamos los peregrinos a la ciudad, a pedir la Compostela, asistir a la misa de los peregrinos, con el botafumeiro perfumándonos, y buscar donde dormir y alimentarse. La tarde y noche la dedicamos a charlar, divertirse con los compañeros de Camino, bailar, y despedirse con un sonoro grito: ¡Ultreya e Suseya!
Hasta otra, porque volvería al Camino en años sucesivos.

Aún me quedaban un par de fotos con unos compañeros de Camino en Casa Sixto, en la rúa del Franco, mientras esperabamos para cenar.  
Algunos de ellos continuaron caminando hasta Finisterre, Pero yo ya estaba muy cansado y al día siguiente marché para casa.
En este blog camino de las luciérnagas iré poniendo crónicas de otros años, con otras personas, por otros pueblos y situaciones según vaya recordando, y confío que haya quien le guste e interese. Además; en esta entrada iré añadiendo comentarios y anécdotas según vaya recordando.

1 comentario:

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