martes, 21 de diciembre de 2010

La mariposa celeste


Caminaban presurosos hacia la luz del sol poniente
Un grupo de peregrinos llegados de los más lejanos rincones del orbe humano.
Era el día del equinoccio
Cuando la luz del día y la noche se equilibran
Y a lo lejos surgió de pronto una intensa nube oscura que comenzó a cubrir todo el Occidente.
Una masa espesa y lúgubre avanzaba sin remisión aplastándolo todo.
Los peregrinos, asustadas, comenzaron a correr hacia una antigua iglesia donde ocultarse.
Uno de ellos gritó: ¡son langostas!, y otro: ¡son enormes!, ¡vienen por nosotros!
La nube ya ocultaba la mitad del cielo cuando ellos alcanzaron las puertas del templo
Mas, al entrar y santiguarse, se observaron como una intensa explosión de luz y color.
Los insectos se habían convertido, como por ensalmo, en inmensas mariposas
Batiendo sus alas brillantes y pasando por encima de ellos a gran velocidad.
Aún pudieron contemplar cómo los últimos rayos del sol alumbraban el capitel
De la Anunciación antes de entonar himnos y canciones propias de cada una de sus tierras y confesiones religiosas.
Al salir del templo, ya de noche, uno de ellos, casi una niña, les indicó un lugar del cielo
Donde se podía ver lejana una de aquellas fabulosas mariposas celestes
Como indicando: ¡No tengáis miedo!

 Dedicado a la gente del Camino de Santiago, de mi libro Camino de las luciérnagas.

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