miércoles, 19 de enero de 2011

Camino Aragonés del 2008

En noviembre del 2008 tomé la mochila y realicé el Camino Aragonés desde el Puerto de Somport hasta Estella de Navarra. Unas pocas fotos que me ayuden a recordar y compartir con vosotros.

Subí al puerto de Somport en autobús desde la Estación de Canfranc, a la que había llegado en tren desde Zaragoza, y me encontré con que arriba estaba muy frío y nevaba; paré apenas lo justo para hacer unas fotos y empezar a caminar hacia Candanchú.
Ni siquiera pude parar a tomar algo en el mesón Aisa pues estaba cerrado y apenas paré a tomar un café en la urbanización  de la estación de esquí de Candanchú. Muy poca gente, frío y nieve.

Al bajar a la Estación de Canfranc me encontré con que estaba cerrado el albergue Pepito Grillo, donde suelo parar cuando voy por allí. Así que tuve que alojarme y coger fuerzas para los días siguientes en un hotel cercano.
http://www.villadecanfranc.com/
Pasé la tarde leyendo y viendo la televisión; apenas había gente alguna incluso en los bares mas frecuentados del lugar. Al no estar abiertas las estaciones de sky apenas había gente en ningún sitio.

Bajé hasta Jaca al día siguiente, con bastante mal tiempo, sin poder hacer fotos; pero al día siguiente amaneció soleado y daban un buen pronóstico de tiempo, así que decidí quedarme unos días paseando y disfrutando de la ciudad. A ver si se marchaba la nieve de los caminos y se me secaban las botas.
Alguno de los mejores cuentos que he escrito salieron de esos días pasados en Jaca.
Recuerdo el Mesón o la Casa de Teruel donde comía estupendamente. Estuve alojado en una estupenda y céntrica pensión pensión donde paran muchos peregrinos en invierno, cuando el albergue está cerrado. Me parece que era Casa Pirineos, pero no estoy seguro.


Las tardes en el Pilgrim Cafe. Jaca es una ciudad que me encanta, con un gran parecido a León, y he parado allí unas cuantas veces desde la primera ocasión, allá por 1976, que me quedé a pasar una noche en un camping de las afueras.
Especialmente recuerdo el museo de soldaditos de plomo que hay dentro de la Fortaleza ¡Todo un descubrimiento! Un ambiente muy acogedor, buena comida y mejor vino; ¡que mas se puede pedir en unas vacaciones solitarias! Jaca está llena de sitios estupendos para disfrutar de la buena gastronomía. También aproveché para comprarme unas zapatillas de senderismo, a mitad de precio, por si volvía a atollarme en la nieve o el barro y necesitara calzado de repuesto. Unas zapatillas marca Lafuma que aún conservo.

 Después de unos días en Jaca me animé a caminar; hice la etapa de Jaca hasta Arrés, parando en Santa Cilia de Jaca para conocer su estupendo albergue. Tenía la puerta abierta y entré a conocerlo; en un bar cercano pude tomar un café con madalenas pero no tenían otra cosa así que no podía quedarme en este sítio.
Decidí continuar hasta Puente la Reina de Jaca. Cuando llegué a este lugar lo único que pude conseguir fue unas latas de refresco en la gasolinera. Todo cerrado; a seguir caminando.

Fin de jornada en Arrés.
El albergue estaba sin hospitalero pero bien conservado y durante la tarde nos llegamos a reunir 5 peregrinos que llegamos desperdigados.
Tuve que llamar por teléfono a mi hermana para que me indicara cómo encender el calentador de gas pues yo no era capaz, y no era cuestión de ducharse con agua helada después de tal caminata.
Una tarde fresca y luminosa después de una mañana lluviosa y muy fría.
En el único bar del pueblo, El granero del Conde, cenamos y charlamos hasta que se hizo de noche; y después, en el pequeño dormitorio, nos reunimos al calor de una placa eléctrica para pasar la noche, pues debíamos estar a bajo cero.
http://www.elgranerodelconde.com/

A la mañana siguiente bajando de Arrés camino de Martes mientras levantaba la helada. Calentaba un poquito el sol y apenas había un suave viento que no molestaba.


Caminando en una mañana fresca y preciosa, con un peregrino italiano por compañero; viendo Berdún al fondo. No subimos a conocer Martes ni Mianos pues queríamos llegar hasta Ruesta.

 Al fin llegamos, hacia mediodía, a Artieda, donde paramos a comer en el albergue.
Iba con un compañero peregrino de Ibiza y un italiano que no quiso parar. Después del café y chupito continuamos caminando hasta Ruesta.


Llegamos a Ruesta al ponerse el sol, muy cansados; pero pasamos una estupenda velada los 7 peregrinos en el albergue.
http://ruesta.com/web_anterior/albergues.htm
Había un grupo de unas 20 personas en el local de la CNT, haciendo no sé que actividad lúdica, que cenaron en el albergue al mismo tiempo que nosotros y nos miraban como a bichos raros; hablando en cuatro idiomas a la vez, de una cosa llamada Camino ¿?

Otro día de marcha y pasamos por Undués de Lerda.
Paramos a comer un bocata en el albergue y charlar un rato con la hospitalera. Nos contó algo de la problematica del verano, los turistas, y las quejas insoportables que recibía de contínuo; la animamos con el mejor de los espíritus peregrinos y continuamos caminando; que nos quedaba una buena tirada hasta Sangüesa.

Apenas llegar a Sangüesa, sobre las cuatro de la tarde, nos fuimos a comer y después visitar la iglesia de Santiago. El frío y el viento de los días pasados me estaba dejando la cara hecha un desastre. La boticaria de la farmacia cercana al albergue me hizo el favor de vender unas pomadas para la piel y apósitos para las ampollas de los pies aunque era domingo y tenía cerrado. Me vinieron muy bien. Nos alojamos en el albergue de las monjas que lo tienen muy bien cuidado. En un mesón cercano cenamos especialidades navarras; recuerdo unas pochas negras, algo picantes, para enmarcar. Mi compañero ibicenco se había olvidado el bordón en el bar-albergue de Undués de Lerda y tuvo que contratar un taxi para ir a rescatarlo pues para él era un muy querido compañero de muchos años y caminos. Anécdotas de peregrinos que nos hacen sonreir al recordarlas.

La subida desde Rocaforte hasta el Alto de Loiti es un paseo por praderas y solo hay que tener cuidado de no despistarse. Bastante barro en el camino pero podías sortearlo fácilmente.

A partir de esta valla es todo cuesta abajo hasta Monreal.

 Un día estupendo día, soleado y fresquito, para subir a la Sierra de Izco, poblada de molinos eólicos con vistas hacia el valle de Lumbier y los Pirineos.

 Me despisté tras pasar el portillo; marché solo, haciendo fotos, y seguí subiendo hacia los molinos eólicos, por una amplia pista forestal, durante un buen rato, pensando en mis cosas; hasta que me dí cuenta del despiste. Tuve que volver sobre mis pasos hasta encontrar las flechas amarillas, con lo que llegué a Izco a media tarde.
Hacía bastante frío y el termómetro bajaba ya hacia los cero grados. Encontré todo cerrado en Izco y me tuve que contentar con comer unas chocolatinas sentado en una piedra. Disfrutando de la estupenda vista del Monte de la Higa.

Llegué a Monreal ya de noche pero a tiempo para que la hospitalera me vendiera algo de comida y bebida para pasar la noche. Los dos compañeros me arroparon y calentaron con una pequeña estufa eléctrica y pasamos la noche estupendamente. No andaba yo nada bien ese día. Cansado y algo resfriado.

Al día siguiente paramos bajo la lluvia para visitar el bonito pueblo de Guerendiáin y tomar algo caliente.  Pero la lluvía y el frío iban a más. Había que continuar.
Al llegar a Tiebas decidí parar y no seguir caminando bajo el aguacero que estaba cayendo.
Mis dos compañeros de Camino tuvieron la misma idea y pasamos la tarde lavando y secando la ropa en el albergue municipal. Todo un lujo, un albergue municipal estupendo, un bar donde comer y cenar bastante bien, y calefacción para secar nuestras pertenencias. El barro nos llegaba hasta las orejas e hicimos día de colada. Las antíguas escuelas del pueblo reconvertidas en albergue para peregrinos.

Un día más favorable para caminar fue el siguiente, y parada obligada a visitar Nuestra Señora de Eunate para charlar con el hospitalero que se quejaba de no sé cuántas cosas; el verano pasado debió ser terrible con tanto turismo. El turismo le está haciendo daño a la idea que tenemos del Camino. El turista es turista aquí y en Lima, no hay porqué enredar las cosas.

Al llegar a Puente la Reina paré en albergue de los Padres Reparadores y tuve que recibir los amables cuidados del hospitalero voluntario de la localidad. Tenía las plantas de los pies llenas de ampollas y apenas podía caminar. Todo un fallo para un caminante como yo. No elegí el calzado adecuado para esta época del año y lo pagué.
Estaba muy echo polvo pero la gente del Camino es algo muy especial y extraordinario. Personas como este hospitalero son las que te hacen volver un año y otro por cualquier ruta al Camino de Santiago.

Otra mañana fresca y lluviosa pero me levanté con ánimo para caminar.
Llegamos a Cirauqui por una pista embarrada hasta los tobillos. El barro impedía caminar normalmente. Al llegar me fuí directamente a un bar de la carretera a tomar algo caliente y quitarme una tonelada de barro que llevaba en las piernas.


Al fin conseguí llegar a Estella de Navarra a tiempo para comer algo y visitar la villa.
Me alojé en el albergue municipal; descansé, reparé mis doloridos pies, y despedí el Camino hasta el año siguiente. Otros años han ido mejor las cosas, por uno en que me fuera mal no pasa nada.
El ambiente del albergue siempre acogedor y recogido, el hospitalero un alma de Dios, tranquilidad, sosiego, regimiento, la buena gente de Estella; donde tantas veces he parado y tan bien me lo he pasado.


Me encontraba mal y tenía que volver a casa. El Camino había hecho su trabajo y tenía que hacer yo el mío.
Los pies molidos y la cara de circunstancias. Recuerdo del Camino del 2008.

1 comentario:

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