sábado, 22 de enero de 2011

El Camino de Santiago que anduve en el 2009

En noviembre del 2009, aprovechando unos días de vacaciones, me propuse continuar el Camino de Santiago donde lo había dejado el año anterior.
Llegué a Estella de Navarra ya de noche y me fui al albergue municipal para alojarme y después salir a cenar y darme una vuelta por la villa. Hacía bastante frío y poca gente por las calles así que pronto a la cama y madrugar al día siguiente. En invierno con levantarse a las 8 de la mañana es más que suficiente pues luego te pasas casi todas las horas de luz caminando y disfrutando del Camino.

El 25 de noviembre me ponía en marcha un día soleado y fresquito, primera parada en las bodegas Irache, a echar un trago, y hacer unas fotos del Monasterio.

Después subir hasta Villamayor de Monjardín. Aunque estaba todo cerrado paré un buen rato a desayunar, a la puerta de la iglesia, y hacer fotos. Aquí conocí a una pareja de peregrinos, uno suizo y otro canadiense con los que compartiría Camino en los días sucesivos. Hacía bastante frío, por el viento y el pueblo parecía abandonado; esta sería la tónica general en adelante y es lo que se encuentra un peregrino que anda el Camino a finales de otoño o invierno: todo cerrado.

Después todo fue un caminar tranquilamente, en compañía del suizo y el canadiense, hasta llegar a Los Arcos. Nos quedamos en el albergue La Fuente-Casa Austria, casa Nacho para los que le conocemos, y pasamos una fría tarde lo mejor que supimos.
Para dormir Nacho nos puso la película La lengua de las mariposas con el proyector; y como que duermes mejor. Soñando con tu infancia. Gracias Nacho; nos veremos en el Camino.


A la mañana siguiente, un precioso día otoñal, caminamos hasta Viana casi de un tirón pues tanto en Sansol como en Torres del Río encontramos todo cerrado. Pero ya lo habíamos previsto y habíamos comprado lo suficiente en Los Arcos antes de partir. El paisaje es muy bonito y disfrutas del Camino.

Al llegar a Viana me quedé a pasar el resto del día en albergue Andrés Muñoz Garde, en compañía de los otros dos caminantes, y aproveché la tarde para hacer turismo, leer, y escribir.
Podía haber continuado hasta Logroño pero no me apetecía andar mucho que estaba desentrenado. Aproveché para escribir un cuento fantástico sobre el Camino. De hospitalera estaba una guardia municipal que portó estupendamente con nosotros. Muy amables y acojedores los navarricos de Viana.

Un día más de sol y frío y caminar hasta La Virgen de las Cuevas y el parque de la laguna de las Cañas.
Después tienes que bajar a Logroño, pero me lié y despisté en algún sitio y terminé entrando por la carretera y no pude volver a saludar a Felisa, Pan, higos y amor, si es que aún sigue viva.
Paré en Logroño a visitar su bonita catedral, donde me sellaron la credencial, y almorzar en un mesón cercano. Después queda la larga salida hacia el parque de la Grajera, donde también paré a comer un bocadillo en un bar abierto de una sociedad deportiva. Aún recordaba cuando pasé por allí, en el 99, y se preparó una tormenta tremenda cayendo rayos por todas partes subiendo el Alto de la Grajera. En esta ocasión el día era claro y luminoso, y el viento había calmado, mejorando la sensación térmica. Me quedaba pasar el Alto de la Grajera para llegar a Navarrete, final de etapa.

Ya solo quedaba caminar hasta Navarrete. Encontré abierto el albergue El Cántaro y un par de sitios abiertos donde comer y cenar. A los tres que íbamos caminando se nos unió aquella noche un bombero de San Sebastián que es todo un correcaminos y peregrino veterano. El hospitalero nos alojó en un piso de su propiedad, cercano al albergue, donde estuvimos muy cómodos y calentitos. Comí y cené en un mesón del centro de la villa.

Caminando entre viñedos camino de Nájera una estupenda mañana al poco de amanecer.


Un estupendo paseo, una mañana fresquita, hasta llegar a Nájera, que tan estupendos recuerdos me trae (un año estuve allí de hospitalero voluntario), y paramos a almorzar. Apenas eran las 12 de la mañana y decidimos continuar caminando pues el albergue no habría hasta las 14.00 y habíamos caminado muy poquito.

Nos quedamos en Azofra, en su pequeño albergue municipal, a las afueras del pueblo, pues el grande estaba cerrado, pero más que suficiente para nosotros tres.
Comprar comida y bebida suficiente; tomar café y charlar con los parroquianos para pasar la tarde. Nevaba en las montañas cercanas y helaba por las noches pero el tiempo nos estaba aguantando lo suficiente para caminar holgadamente. Navarrete-Azofra es una etapa muy cómoda y muy bonita.

El rollo del siglo XVI  nos esperaba a la salida de Azofra al día siguiente. Lloviznaba o nevaba pero se podía caminar tranquilamente. Eso sí: bien abrigado.

No paramos, caminado por unos barrizales tremendos,  hasta llegar a Santo Domingo de La Calzada; eso sí, lo suficiente como para visitar la catedral y parar a comer en un mesón. Una hora para explicarle al suizo porqué había gallinas en una catedral católica.
Después seguimos caminando otro poco más.

Casi nevando llegamos a Grañón y nos refugiamos en su estupendo albergue.
Se nos unieron un peregrino holandés y otro de Corea del Sur y con el hospitalero hicimos una estupenda cena. Después bajamos al hogar del pensionista a ver el Madrid-Barsa y tomar chupitos para aguantar el frío. Fue una noche muy desapacible. Había un viento tremendo y la sensación térmica era de algunos grados bajo cero; tuvimos que echar mano de unas cuantas mantas para cubrirnos.
Nos despertábamos cada poco, si no era uno era otro, pues parecía que la techumbre iba a echar a volar. Al amanecer desayunamos convenientemente y salimos a caminar abrigados hasta las cejas.

A la mañana siguiente nos despistamos al salir de Grañón y marchamos equivocadamente hacia Villarta.
Una vez nos dimos cuenta de nuestro error continuamos hasta Bascuñana. El holandés y el coreano siguieron por el buen camino y les perdimos de vista. Tuvimos que preguntar por las casas para encontrar la ruta hacia Viloria de Rioja y unos cazadores nos encaminaron estupendamente.


Una vez remediado el despiste conseguimos llegar a Viloria de Rioja al mismo tiempo que el holandés y el coreano y paramos a saludar a Acacio da Paz que estaba haciendo limpieza de su albergue. Seguimos caminando cuando ya chispeaba nieve hacia Belorado.

 La ventisca nos zurraba de lo lindo y paramos en un mesón, el mesón de León, cerrado al pasar por Villamayor del Río; nos refugiamos a la entrada para comer algún bocadillo.
Conseguimos llegar a Belorado y mientras comíamos y hacíamos tiempo para que abriera algún albergue paró de nevar y salió el sol, así que decidimos seguir hasta Villafranca Montes de Oca.


Llegamos a Villafranca Montes de Oca cuando volvía a nevar y nos quedamos en el estupendo albergue municipal. Aquella noche cayó una fuerte nevada y el termómetro llegó a 5 grados bajo cero. Una cena peregrina en el albergue, una copa de brandi en un mesón cercano viendo la tele y coger fuerzas para la mañana siguiente.
 
Al llegar a San Juan de Ortega visita obligada en el santuario y después esperar en el bar próximo que fueran llegando los compañeros.


En Agés paramos en el albergue San Rafael a tomar algo y la hospitalera y su marido nos acogieron estupendamente. 
Charlamos de ciencia ficción y cosas peregrinas mientras fuera estábamos a bajo cero. Pasamos la tarde y la noche lo mejor que supimos esperando que al día siguiente no nos quedase otro remedio que caminar sobre una buena capa de nieve.

A la mañana siguiente una lluvia fría era lo que nos esperaba (y la nieve desapareció) así que comenzamos a caminar apenas desayunamos algo caliente.
En Atapuerca paré un rato, junto al museo, en un bar a comer un bocadillo y esperar a los compañeros pues andaba solo. Como casi siempre. Cada uno va a su paso.
Saliendo de Atapuerca subimos hacia una cruz de madera en lo alto del monte.


Después paramos en unos círculos de piedra, en lo alto del monte, que, según dicen, son muy antiguos.

Nos quedaba caminar durante horas por el monte; apenas paramos en Villaval, en un bar, a que parase de llover; llegamos a Burgos sobre las tres de la tarde. Se nos hizo largo el camino rodeando el aeropuerto y toda la larga recta por el polígono industrial.
Parece que nunca vas a llegar al centro de la ciudad.

Nos fuimos a recoger al estupendo albergue municipal La Casa del Cubo y aún nos dio tiempo para salir a tomar unos vinos antes de echar la siesta pues los mesones estaban cerrados.
Por la tarde y tras charlar por teléfono con mi esposa decidí dejar el Camino y volver a León para resolver unos asuntos. Una pena porque lo estaba pasando muy bien con los dos coleguis de camino. Era el 2 de diciembre y pasamos el rato charlando, tomando chatos por los mesones y comprando lotería de navidad; apenas eramos cinco peregrinos pero se anda el Camino.

El 14 de diciembre ya estaba de nuevo caminando por las tierras de Burgos y la primera parada después de salir de Burgos fue en Tardajos a comer algo.

Camino en solitario hasta Rabé de las Calzadas y Hornillos del Camino una tarde fría y desabrida, y seguir caminando. Todo cerrado por todas partes.

Pasando junto Arroyo San Bol. Las rachas continuas de viento por esos campos pelados van minando las fuerzas sin que te des cuenta y por mas que quieras avanzar parece que nunca llegas. Hay un momento que te sientes como un cubito de hielo caminante. Pero sigues.

Llegué a Hontanas al oscurecer y tuve la suerte de coincidir con un chico gallego que también estaba haciendo el Camino. La hospitalera no solo nos dio cobijo sino que también nos hizo la cena.
A 6 grados bajo cero estuvimos aquella noche pero con unas cuantas mantas y la cena a base de macarrones tuvimos bastante para dormir calentitos. Al día siguiente queríamos hacer la etapa desde Hontanas hasta Frómista.


Una mañana de nieve y bastante frío caminamos los dos peregrinos por pistas nevadas y llegamos a las ruinas del Convento de San Antón. El albergue estaba cerrado y continuamos la marcha bajo una leve ventisca.

Hicimos una parada larga en Castrogeriz a desayunar y comprar algunas cosas. Una molestísima tendinitis en el pie derecho me estaba haciendo sufrir y tuve que comprar unas taloneras en la farmacia. Unos vinos con morcilla en un bar y salimos pitando a seguir la ruta.

Subimos el Alto de Mostelares a buen paso y paramos a hacer las fotos de rigor. Aún hicimos alguna parada más en la ruta. Aunque hacía bastante frío en invierno se camina de otro modo; muy tranquilo.

Pasamos junto al albergue de San Nicolás, que estaba cerrado, y el Puente Fitero, para después parar a tomar algo en el bar Itero, de Itero de la Vega. Aún quedaban algunas horas de luz e intentamos llegar a Frómista.


Pero al llegar a Boadilla del Camino ya se nos hacía de noche y nos quedamos en el albergue Putzu, acogidos por su singular hospitalero, que nos invitó a cenar pues no había donde comer ni un bocata en toda la localidad. 
Ya de noche y a 5 grados bajo cero nos fuimos a tomar chupitos al único bar abierto de Boadilla.

Camino de Frómista bajo la nieve y el bonito Canal de Castilla. Al llegar a Frómista paramos a desayunar y coger calorías en abundancia. Después continuamos la marcha. Serían las 11 de la mañana.

Paramos a tomar un café en un bar de Villarmentero de Campos pues cuando paraba de nevar se ponía a llover, y al fin llegamos a Villálcazar de Sirga, pero encontramos su estupenda iglesia cerrada. Aprovechamos a tomar unos chatos en el bar de enfrente y continuamos caminando.

Al fin llegamos a Carrión de los Condes y nos refugiamos en el albergue Espíritu Santo, el de las monjas.

 Por la tarde tuvimos tiempo para dar una vuelta por Carrión, viendo monumentos y cenando en un bar cercano al albergue con un peregrino de Santader que llegó a última hora. Se puso a nevar intensamente y nos sabíamos qué iba a pasar al día siguiente. 
Tuve que pedir por teléfono consulta a un fisioterapeuta anunciado en el albergue pues malamente podía caminar. El hombre me llevó en su coche a su clínica y se tiró conmigo hora y media intentando recuperar mi pie derecho y que pudiera continuar. Después me volvió a llevar bajo la intensa nevada hasta el albergue. Un auténtico profesional y amante del Camino.


Pasamos la noche calentitos y bien pero a la mañana siguiente había 20 centímetros de nieve en las calles y decidí dar por terminado el Camino del 2009. Llevaba unas botas de senderismo y no me iba a arriesgar a coger algo malo andando horas y horas por la nieve. Otro año otro Camino. Si Dios quiere.

Un autocar de línea me llevó a Palencia, donde aproveché la mañana para visitar la catedral. No había mucho que hacer bajo la intensa aguanieve que caía y tuve suerte de encontrar plaza en un tren para llegar a León. Toda la ciudad estaba colapsada por la gran nevada. Al fin en casa.

2 comentarios:

  1. esta asturiana te da un millón de gracias por deleitarnos y hacernos participes de tan bellisimas fotografías, un besin muy grande y feliz fin de semana.

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  2. Estoy seguro que disfrutaste de lo lindo, a mi me produce una cantidad tremenda de envidia (no tan sana como piensas)
    ¡Ánimo El camino sigue!
    Un fuerte abrazo y buen Camino

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