sábado, 25 de junio de 2011

Ultimo día de Camino. De Samos a Sarria.

Tras dormir estupendamente y desayunar tranquilamente comencé la última etapa; en esta ocasión dejando a un lado la pista peatonal que bordea la carretera de Samos a Sarria y tomando la opción de Gorolfe y Perros.

Doce años después volvía a subir estas cuestas y recorrer estos caminos milenarios. ¡Una gozada! Aún recordaba como recorrí este tramo en compañía de un peregrino asturiano que llevaba dos perros consigo; allá en setiembre del 99.

 Camino de Gorolfe. La pena es que algunos tramos han sido asfaltados y se hace duro el caminar así; y como yo iba casi a la pata coja te resulta doloroso.

Pasamos por Gorolfe camino de Veiga de Rieriz disfrutando de una mañana estupenda por los montes galaicos.

Uno de los parajes más bonitos del Camino Francés. De nuevo, una pena el asfalto, lo comprendo por los vecinos de la zona, pero resulta duro para el caminante.


¡Iba buscando un puente y me encontré un ángel! El ángel del Camino. Hace doce años, haciendo este recorrido, en algún lugar me despisté y marché por otra carretera o sendero. Este año sí encontré lo que buscaba.

Una preciosa bajada hasta San Mamede, pasando por Silvil y Perros. Parada en el albergue Paloma y Leña a tomar un refresco y descansar un poco. Ya hacía bastante calor a esa hora pero tenía bastante dolor en el pie y necesitaba llegar cuanto antes a Sarria.

Ya solo restaba llegar a Sarria, en plenas fiestas de San Juan, y sellar en la iglesia de Santa Marina. En otra ocasión seguiré caminando el resto de la ruta hasta Compostela. Mi pie se negaba a seguir caminando por los campos, cargando con la mochila.



 Tomé un autocar hasta Monforte y hasta la hora de tomar el tren hice una pequeña visita turística por la localidad.
Paré a tomar una estupenda ración de pulpo en la popular pulpería Os Chaos y café y chupito en algún otro lugar. Después, a pesar del calorazo, dí un pequeño paseo por la zona medieval.


En una calle encontré las flechas amarillas del Camino y me quedé extrañado pues no sabía de ningún camino que pasase por Monforte. Tengo que informarme bien y tal vez algún año haga ese recorrido. No sabía que por aquí pasa el Camino de Invierno.



Tan solo quedaba callejear por Monforte y tomar varios cafés para soportar el fuerte calor. Un tren me devolvería a casa en una calurosa tarde.
Cuando pueda continuaré caminando donde lo dejé. El Camino de Santiago es así y no hay que darle mas vueltas.

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