lunes, 4 de julio de 2011

Camino de las luciernagas17. De las esferas luminosas.

Cuatro peregrinos se encuentran sentados en un parque de Castrillo de los Polvazares ante una mesa de piedra. Una señora de avanzada edad se acerca hasta ellos tejiendo un calcetín de lana y les ofrece comprar unos pares.
Gracias, señora, no los necesitamos. Estamos en verano y esos dan calor y pican
Por eso mismo os los ofrezco, hijos; ahora que estáis a tiempo de conseguirlos. Cuando menos lo penséis tendréis en vuestro interior un frio de muerte y mucho bien os harán
Para el frio se fabrican ahora mejores cosas, señora.
De la frialdad que os hablo nos os librará ni la mejor fibra del mundo. Estos calcetines están ofrecidos a La Señora. Son semejantes a los que Ella misma hacia para venderlos y dar de comer a su hijo, y hasta los propios ángeles se hacían pasar por hombres y comprárselos y poderse aliviar de los horrores del gélido universo. Vosotros, gente ignorante, camino del cementerio, ¿no os queréis abrigar por tan solo unas monedas?
Yo le compraré un par señora pero nos vamos ya.
Anda con el suizo ¿no sois tan ahorrativos?
Algo sé de pasar frio por dentro.
Deme otro par a mí, señora.

Extracto del cuento De las esferas luminosas, incluido en Camino de las luciernagas.

Doce ángeles y un dragón celeste
El ojo antiguo que todo lo ve
Caminas descalzo sobre la hierba verde, viejo peregrino,
Aún queda tiempo y puedes escapar.
Luces en el cielo que se agotan al instante de mirar
Vidas perdidas sin solución
Los pasos hoyados han sido borrados
Y tu mente ya huye del viejo escenario.
Cubos y pirámides, letras y signos,
Construcciones humanas y sueños de niños
Un mundo plano bajo la bóveda celeste.
La Señora musita su viejo cantar
Y ya tienes ganas de dormir,
Dos luces rojas y una más azul celeste
Para tu eternal sueño candente.

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