viernes, 12 de agosto de 2011

7 para Peio. Otro nuevo cuento para Camino de las luciérnagas.

Camina el peregrino entre soutos y carballeiras la mañana de intensa niebla y llovizna fresca, suave. Va solo, cantando antiguas melodías vascas y recordando excursiones por montes y bosques, picos y desfiladeros, de su tierra madre. En un recodo del camino se encuentra una joven vestida con una funda de trabajo azul y vieja, calzando botas de goma, y una larga vara de castaño en sus manos. Delante suyo caminan tres perros que vigilan una docena de vacas pintas que obstruyen el camino por completo y no tiene más remedio que pararse y seguir a su ritmo.
  • ¿Cantas a las nubes o a los fantasmas que te persiguen, peregrino?
  • Canto por alegría, con amor, por compasión.
  • ¿Y qué dice tu canción?
  • Es una invención propia sobre el posible final de todo este modo de vida y el renacer de la vida renovada
  • ¿Y cómo es el cantar?
  • Llega la peor de las tormentas oscureciendo los cielos del mundo; se abalanza el terror más extremo, huyen los pájaros, se esconden los gatos, se cierra la puerta, y tan solo nos queda el silencio y el canto.
  • ¿Hay cabida en tu cántico para el amor o tan solo para la destrucción?
  • Llegará la esperanza
  • Vas muy ligero de equipaje, ¿ya estás huyendo de eso que cantas?
  • Es mi condición natural. Así voy por la vida.
  • ¿Cómo sir Galahaz buscando el Grial?
  • Mas bien como Orlando el Furioso; no creo que ningún santo cáliz se pueda encontrar.
  • ¿Y por ello te peleas con el mundo entero?
  • No peleo; me defiendo cuando no me queda más remedio. Y es verdad que en ocasiones me vuelvo muy furioso sin venir a cuento.
  • Eso es por la vida en las ciudades; sois tantos y chocáis tantas veces unos con otros que surgen roces continuos.
  • ¿Y en el campo?
  • Somos pocos y para ver follones ponemos la televisión.
  • Como si no tuvierais problemas con las tierras y el ganado. Estaréis todo el día...
  • Eso era antes, que mi padre parecía Gerión, todo el día peleando. Con la entrada en la Unión Europea esto de las vacas por el campo es casi una afición.
  • ¿Cuál es tu profesión?
  • Ahora mismo ninguna; tanto estudiar para nada. Esto lo hago por tener algo que hacer.
  • Mirando las vacas pastar y los pájaros cantar se pasará tu mocedad.
  • Y leyendo, siempre que puedo.
  • ¿Qué estás leyendo?
  • Algo de Eduardo Pondal.
    Los peñascos, las cumbres ignoradas,
    los torrentes, los rudos matorrales,
    que huyen del trato humano, las calladas
    selvas de las pendientes desiguales,
asilo de las tribus ya pasadas
del celta, y mis ensueños ideales;
  • Lo de huyendo del trato humano me suena, ¿por ello te vienes al campo?
  • ¿Y tú, por qué vas caminando a Compostela? Podrías hacerlo en coche, tren, avión, etc.
  • Quizá vaya buscando un tipo de humana compañía que en mi ciudad no encuentro cada día.
  • Eso es lo que te enfurece y te hace venir buscando el Grial.
  • Puede que busque su luz verdadera pues la mía propia poco alcanza.
  • ¿Acaso no ves la luz del sol cada día? Porque ciego no eres.
  • Tal vez lo sea en un sentido íntimo del término. Es difícil de explicar en estos tiempos tan interesantes que nos ha tocado vivir. Y la verdad es que no lo entiendo.
  • Como si no fueran reales la mayor parte de las cosas que percibes
  • Real es una piedrecita que se me ha colado en la zapatilla.
  • Pues paremos aquí, que ya hemos llegado a mi pradera.
  • ¿En la puerta del cementerio?
  • ¿Te asustan las lápidas o crees que va a venir A Santa Compaña en pleno día para llevarte?
  • Preferiría que hubiésemos parado en el bar que pasamos hace un rato
  • ¿Y dónde metía las vacas?
  • Suenan las campanas sin parar
  • Si, tocan a muerto, ¿Te has parado a pensar en si fueras tú ese por el que suenan?
  • Fin de Camino y mis cenizas polvo de estrellas
  • ¿Y no quedaría nada?
  • Las cenizas; algunos dicen que un gramo de ellas se vuelve luz densa y se va de aquí.
  • ¿A donde?
  • De donde vino allí volverá y después Dios dirá. ¿Escuchas el canto de los pájaros?
  • Escucho los pájaros, miro las flores, y de las moscas siento los picores.
  • Estas viva
  • Como una vaca. Y tú me miras con ojos de cordero degollado.
  • La tuya es la de las vacas al paso de los bueyes
  •  Estás de coña. Algo más sentirás o soñarás verdadero.
  • Sí, sueño con una boda
  • ¿Aquí mismo?
  • En cualquier parte. Sigue tu camino. Que vuelva ese gramo de luz tuya a visitarme cuando esté limpia.
  • ¿No quieres venir conmigo? Podríamos casarnos y ser muy felices.
  • ¿Y estar siempre caminando sin llegar nunca a nada?¿De qué vives, mochilero?
  • Dame tu teléfono, siempre algo habrá de comer y vestir.
  • Llamame por el tantan que usáis en tu pueblo que de eso nada me falta
  • ¿Y podremos charlar estando tan lejanos?
  • Aquí hay árboles por todas partes
  • Vives rodeada de amargura y no quieres cambiar; sientes la necesidad de un nuevo mundo para ti y los tuyos pero no das un paso para conseguirlo.
  • Ya ves; seguiré con las vacas y los perros. Te irás y me olvidarás. Pero, ¿y a ti quien te sacará de donde te has metido?
  • Cualquiera con más sentido común que tú. ¡Y no será por cabeza!
  • Es por los genes; los vascos solemos ser cabezones
  • No es cuestión de genes pues hasta las pulgas tienen más que vosotros; es por la violencia que arrastras contigo.
  • Pues no sé  si eso será verdad pero por ahí viene un peregrino que me resulta conocido
  • ¿De Tu Camino?
  • Ya no sé, pero me voy con él.
  • Buenos días tengan ustedes
  • ¿Te importa que te acompañe?
  • ¿Y abandonar tan excelsa compañía por un vejestorio como yo?
  • Es ella la que no quiere dejar este paraje agónico, esta niebla espesa, el olor del estiércol.
  • Tú no tienes todavía lo que ella necesita para abandonarlo y las rosas más olorosas crecen junto a los muladares; sobretodo humanos. Bienvenida sea tu compañía, me llamo Marcial y te advierto que camino despacio. Esto me está resultando mucho más duro de lo que imaginaba. Me duelen los pies y las rodillas no me soportan.
  • No importa, el caso es salir de aquí y llegar a cualquier parte donde brille el sol.
  • El sol siempre está en su sitio; eres tú el que no ves ni percibes. Donde encuentras vacas y tumbas antiguas otros encuentran una belleza muy difícil de describir. Sal a buscar ese sol y deja ya la noche oscura.
  • Pero dejo atrás mi luna. Cuando al fin la había encontrado.
  • Mucho será lo que tengas que dejar y perder antes de poder volver y conquistarla. Es brava la moza, casi tanto como hermosa.
  • No sé qué tendré que expulsar pero ahora mismo del cuerpo me sale pólvora.
  • Deja ya de echar mistos y caminemos.
  • Me parece que no puedo seguir y me voy a sentar, o volver a por ella.
  • Vamos ya vasco risueño, ¡no te dejes abatir por el desconsuelo!¡No habrá mujeres! A la que te descuidas salta una perdiz por detrás y ni la apuntas. Sigue caminando.
  • Cada paso me cuesta un imperio
  • Te contaré un cuento para aliviar tus pasos ensombrecidos. Hace cuarenta años iba un niño acompañando a sus padres en un brillante tren camino del mar. Iba medio dormido por el madrugón que le habían dado. Al llegar al puerto su padre le desperezó y condujo a la cabina del maquinista y en un pequeño asiento a su lado le dejó. El conductor iba en silencio y entre la niebla iba viendo retazos de naturaleza. Los túneles aparecieron y con ellos una sensación de entrar en un mundo misterioso. La sensación de vacío en su estómago y el dolor de los oídos le espabiló aún más. ¡Los túneles!. A una oscuridad le seguía otra, niebla y más niebla, dolor de cabeza, a punto de vomitar, agarrado al asiento no podía dejar de mirar negrura tras negrura, nube tras nube, el agua salpicar la ventanilla. Cuando ya estaba a punto de saltar del asiento y salir corriendo a buscar a su padre el tren llegó a una estación y paró. El maquinista le miró y le dijo: ven conmigo, ¡te invito a desayunar!. Le cogió de la mano y le bajó del tren; en la cantina repleta estaban sus padres ya pidiendo la consumición. El chaval miraba las gentes, sus caras risueñas, sus charlas despreocupadas, la calma inaudita que todo lo invadía, y se quedó ensimismado y de pie; mirando. Se fue el miedo, el dolor desapareció, y una dicha inexplicable le invadió. Por las ventanas comenzaba a entrar la luz del sol mientras la niebla se disolvía y en su rostro una leve sonrisa se comenzó a dibujar. Ese día vería el mar.
     7 para Peio es el título de un nuevo cuento que estoy escribiendo para Camino de las luciérnagas II. Confío que os llegue a gustar.

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