viernes, 9 de diciembre de 2011

Excursión por la Costa de la Muerte: Cabo Touriñan y playa de Nemiña

El día siguiente amaneció muy nublado y oscuro así que hasta llegar a Touriñan no comencé a hacer fotos; eso sí, después quedó una mañana extraordinaria. Había algunos pescadores en el cabo aunque había marejada.



La llegada al faro del Cabo Touriñan, después de una buena caminata, quedó bendecida con una luz prodigiosa que envolvía todo en un halo dorado y precioso.

Paré un buen rato para contemplar el paisaje que rodea el faro y estuve haciendo algunas fotos de recuerdo.

Vista desde el Cabo Touriñan de la Costa de la Muerte hasta el Cabo Fisterra.


De vuelta a Campo, en vez de volver a Touriñán, marché hacia Nemiña por una ruta bien señalizada y bonita; llena de lugares donde parar a descansar y admirar el paisaje. Aquí el mirador de Fonte Espiñeiro.


De camino a Nemiña puedes bajar a Talón pero yo continué por la carretera. El sol se colaba entre las nubes haciendo efectos luminosos realmente extraños como este rayo circular sobre las casas del pueblo.


Al fin llegué a Nemiña donde apenas paré para hacer alguna foto y dirigirme presuroso hacia su preciosa playa.


Al llegar a la playa de Nemiña paré un rato a descansar, que ya notaba la caminata, y después, en vez de continuar por la carretera, marché caminando por la arena de la playa recorriendola hasta el final.


 Pasear por la playa tuvo momentos irrepetibles y extraordinarios. Estaba algo cansado, con algo de sed, pero mereció la pena.

Y al final de la playa: ¡sorpresa! La ría de Lires. El agua estaba muy fría y yo algo cansado, que si no la cruzo a nado con la mochila a cuestas.

Tenía Lires a la vista pero aún me quedaba un largo rodeo para llegar a mi destino. El cielo se fue cubriendo y al sol le siguió una fina lluvia que refrescó un poco el ambiente. Lo justo para ponerse el chubasquero y sudar un poco más.

Tras unos cuantos kilómetros de carretera y vueltas y revueltas al fin llegué al puente de Vaosilveiro. ¡Y menos mal que han hecho un puente! por que si no aquí si que habría tenido que luchar contra la corriente del rio. ¡Haber cruzado por la ría! me decía; a estas horas estarías ya tomando café y chupito peregrino. Bobadinas del peregrino solitario.


Al fin llegué a Lires y me alojé en el Hostal As Eiras. Descansé y desconecté del mundo todo lo que pude y más. ¡Qué bien se está allí!
Para el día siguiente esperaba hacer un montón de fotos al pasar por la Playa del Rostro. Sería cuestión del tiempo que hiciera.


Una canción que me acompañó durante el recorrido y me pareció deliciosa: Angel.

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