viernes, 29 de junio de 2012

El holandés errado. Un cuento de las luciérnagas.

Otro fin de semana que me atrevo a compartir uno de mis cuentos del Camino de las luciérnagas. Su temática es muy simple: el amor y el olor.
(O eso es lo puede parecer)

              El holandés errado
   

      De Hamerdam al fin del mundo dando pedaladas; el viento y la lluvia iluminan su rostro salpicado de barro, y el frío mengua las fuerzas, ya escasas, de sus delgadas piernas. Buscando con la mirada un pueblo cercano para descansar un rato no puede evitar un surco en el camino e irse al suelo dándose una costalada. Magullado, embarrado, los dedos doloridos y raspados contra las piedras, y hay que meter la cadena de la bici, así que más grasa y más tierra; pobres manos, menos mal que en una de las alforjas tuvo la precaución de guardar un rollo de papel higiénico para salvar situaciones inesperadas.
      La pena es el golpe en la rodilla derecha pues al intentar dar de nuevo pedaladas le produce unos pinchazos tremendos. Consultando de un vistazo el plano-guía del trayecto se da cuenta de que le quedan apenas un par de kilómetros para llegar al siguiente pueblo. Terreno llano y al final una bajada pronunciada para llegar a un lugar donde habrá albergue o posada. Tendrá que parar pronto pues en estas condiciones no se puede continuar y la lluvia, esta mañana bastante fina, parece ir a más. Los pequeños altibajos del camino se le hacen puertos de montaña, y el dolor de la rodilla le produce una agonía cada vez más intensa; al fin divisa la cuesta que le lleva al centro del pueblo, pero bajando le fallan los frenos y se da un nuevo trompazo.
      A un albergue de peregrinos de un pueblecito del Camino llegó una tarde un peregrino sangrando, con una bicicleta en las manos, casi al anochecer. Entró cojeando y sangrando por la rodilla derecha y la frente; pidió ser acogido como fuera pues no podía continuar de ninguna manera
      Una vez instalado y haber hecho la limpieza de su persona y pertenencias, revisó una y otra vez la bici hasta decidir que había quedado inservible tras el accidente, ¿dónde podría repararla? curó su rodilla y otros golpes lo mejor que pudo, y en rincón encontró un montón de ropa abandonada donde se surtió de ropa limpia y seca. Después, se dirigió a un restaurante cercano para comer algo con que reponer su maltrecho organismo. Con tan desgraciada suerte que al irse a sentar se le escapó un pedo que salió directo al señor de la mesa de atrás.
    ¡Maldición!.
    ¡Perdón!
    ¡Podría tener más cuidado! ¡vaya olor!
    Lo siento mucho; no ha sido mi intención. ¿Me disculpa usted? Mire, me sentaré en dirección contraria por si vuelve a ocurrir. ¿Es usted español o hispanoamericano? ¿Está haciendo el Camino?  Yo soy holandés.
    Bueno, no importa. Observo que cojea, ¿Tiene ampollas en los pies? ¿Y la herida de la frente?
    No, ha sido una caída con la bicicleta, ya cerca del pueblo. Caí sobre la rodilla y casi no puedo caminar.
    ¿Y cómo se llama usted?
    Mi nombre es Dirk, ¿y el suyo?
    El mío es Marcial; y que le aproveche la cena.

      La llegada del camarero para tomarles nota dio la conversación por concluida y que cada uno se encerrase en sus propios pensamientos. Pero la entrada en el local de una pareja joven, con sus ropas deportivas y ajustadas, especialmente en el caso femenino, y una fragancia a flores y frutos mediterráneos que descendió sobre las mesas, procedente de la estupenda melena de la hermosa joven hizo que una mirada pícara y cómplice uniera de nuevo, en animosa charla, a los dos comensales.
    ¿De qué país le parece que son estos dos?
    Supongo que nórdicos por su aspecto y el habla que no entiendo. Ambos son jóvenes y parecen enamorados. Abstraídos por completo de su entorno y de la impresión que causan.
    Yo no creo que haya amor sino que la chica le ha absorbido por completo. Y enseñándole el ombligo, con esa camiseta que lleva, se asegura que él no mire ni por donde pisa ni tenga ojos para otra hembra.
    Hoy día la juventud está acostumbrada a eso y más; es la mirada de la muchacha lo que encandila a cualquiera, no sus ojos. Desprenden arrobamiento; o tal vez es muy miope y se ha olvidado de ponerse las lentillas.
    Mire, yo ya he cumplido los cuarenta y le digo que es con el tono seductor que ella utiliza, con lo que le ha dado caza. Llevo más de veinte años viajando por todo el mundo y en todas partes es igual.
    Pues yo tengo más de sesenta y me parece hay que mucho más que deseo entre ambos. Es más, yo diría que ha surgido entre ambos el amor verdadero. Están unidos de una manera muy especial, difícil de percibir, y él solo tiene ojos para ella.
    ¿Le importa que tomemos el café en su mesa y seguimos charlando? Antes de esperar respuesta el holandés ya se está acomodando en la silla contigua y pidiendo además un chupito de aguardiente. Yo insisto en que no es más que un ligue veraniego y durará lo que ella quiera que dure.
    El Camino es muy largo y pueden pasar muchas cosas y casi todas predecibles.
    Me parece que es usted una persona del tipo piensa mal y acertarás.
    Me gusta pensar mal de las personas y las situaciones; y casi siempre acierto.
    Pues debería tratar de evitarlo. Piense en un sencillo árbol; las malas ideas se asemejan a las arañas que tejen sus redes entre las ramas y si no se limpian crecen sin cesar. El viento las lleva de un lugar a otro. Las buenas podrían ser como los pajarillos que vienen a posarse e incluso anidar. Despeje su mente de malas idea y ya verá como alguna buena le viene de repente y lo agradecerá.
    Pero usted mire al chico: ¿le parece que Orfeo bajaría a los infiernos por esa rubia?
    Ese chico no sé pero yo, con cuarenta años menos, bajaría recitando todas las arias. Desprende un olor prodigioso. Tiene algo especial.
    ¿Le gusta la Ópera?
    Me lanzo a cantar siempre que puedo y tengo afición desde chaval. Lo malo sería bajar por las cuevas hasta la Laguna Estigia; tengo serios problemas de espalda y la mochila aunque mínima me está matando. ¿Otro chupito?
    Veo que usted toma cerveza; ustedes son más de tomar vino con las comidas.
    ¿Y que se toman los holandeses?
    Mucha más cerveza todavía. ¿Cómo se le ocurrió ponerse a hacer el Camino a sus años?
    Veo a los peregrinos pasar todos los días por delante de mi casa desde hace muchos años, y al fin un día me animé a imitarlos. Sobre todo por los monumentos, conocer gente joven, y ver cerner la mies.
    ¿Y eso que significa?
    Que necesitaba salir de casa y caminar por los campos, entre viñedos y trigales, viendo cuervos y urracas, refrescando mi visión del mundo antes de que los ojos me fallen. Y el olor de los campos de mi niñez que vuelve mí en oleadas. Estos jóvenes de al lado, con su belleza y juventud son para mí un regalo auténtico.
    Pues yo ya he visto tantos chicos como esos que preferiría mirar cualquier otra cosa. Encuentro a la gente más interesante cuando están en mi edad: cambiando de joven a maduro y con tantas experiencias ambiguas entremezclándose.
    ¿Como por ejemplo?
    Me dieron los papeles del divorcio antes de comenzar el Camino. Hace dos meses que camino sin parar y aún prefiero no hablar de ello.
    No se preocupe, ya hablará de ello cuando esté dispuesto.
    ¿Cómo sabes eso de que están unidos espiritualmente? Solo son dos jóvenes de aventuras por España.
    Mira más allá de las apariencias. Están juntos pero no se acuestan en la misma cama; aun así él la sigue a todas partes como si fuera un perrillo faldero. Ella va a ser de las que se toman muy en serio el tema.
    Eso es algo raro, los nórdicos no se andan con tapujos y el muchacho puede tener todas las chicas que desee. Será verdad que está enamorado.
    La chica desprende un aura especial y apenas verla te das cuenta que tiene una energía muy poderosa, mucho genio, duende, como decimos por estas tierras.
    Lo que tiene es un tipazo tremendo. Debe hacer mucho deporte, natación o montañismo. Resulta muy atractiva, con su largo pelo rubio, pero que sea célibe no me lo creo ni borracho. ¿Otro chupito?



      Poco después seguían charlando junto al fuego del refugio y aparecieron los dos jóvenes; pero de los arrumacos del restaurante habían pasado a discutir a viva voz y Dirk intentó intervenir para calmar los ánimos, pero ambos estaban tan alterados que solo conseguía que alzasen aún más la voz y otros peregrinos presentes en la sala se unieran a la disputa. Marcial, que no entendía el idioma prefirió cruzarse de brazos sentado junto al fuego en espera de aquel follón terminase; en esto que surgió, bajando del dormitorio, un anciano pero fornido peregrino con una sandalia en cada mano y comenzó a gritar con un fuerte acento aragonés: ¿Queréis tortas? Pues empiezo a repartir ahora mismo; golpeando una sandalia contra la otra. ¡A ver, majos!, ¿os decidís? ¿No? ¡Pues a dormir! Rápidamente el grupo se disolvió y se fueron a dormir uno tras otro.
      Quedaron Marcial y el holandés sentados en un banco mirando al fuego, cabizbajos, en silencio, sin atreverse a decir palabra, frente a los troncos ardiendo. Cada uno de ellos creía ver extrañas figuras formándose entre las llamas al compás de sus pensamientos. De repente, una rosa roja se formó en el centro del fuego y se alzó sobre las llamas, sobresaltados, se levantaron de golpe y se quedaron mirándose el uno al otro: ¡Ambos pensaban en lo mismo! Los dos querían ver el Amor. Asustados y tomándose del brazo uno al otro se fueron al dormitorio para intentar dormir y, sobre todo, recapacitar.

Espero que disfruteis con su lectura.
A ver si algún día de estos termino de escribir el cuento que tengo ya concebido pero no redactado. Pasarlo a papel o medio eléctronico me lleva mucho mas tiempo del que quisiera. Seguiré con las fotos y otras noticias del Camino de Santiago.

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