viernes, 1 de junio de 2012

Ilusiones. Cuento completo

Para los aficionados a la lectura electrónica este fin de semana os pongo otro cuento del Camino de las luciérnagas. Está ambientado en un rincón muy especial de La Rioja. Confío que os guste. El tema va de lo que el Camino y sus rincones prodigiosos aportan al peregrino y lo que el peregrino deja en cada uno de ellos.
Marcho unos días de vacaciones y hasta finales de mes estaré casi totalmente desconectado.
Pasarlo bien.

            Ilusiones

      Una senda nueva en tierras viejas. Tres peregrinos de paso cansino coinciden en una revuelta del Camino. En los cielos nubes de tormenta y en las tierras se levantan nubes de polvo en espesos remolinos.
    Según esta guía el albergue se encuentra en la propia iglesia ¡cuántas ganas tengo de llegar y darme una ducha! Y tomar una gran jarra de cerveza.
    Mi problema son los pies; los tengo llenos de ampollas. Incluso con estas sandalias cada paso es un martirio; me gustaría parar un rato pero la tormenta está a punto de empezar.
    Eso es por qué vas muy cargada. Una mochila enorme y muy pesada.
    Por tu acento debes ser canario y también vas cargado. Tu mochila es aún mayor.
    Pero es muy ligera y apenas llevo peso. ¿Y tú de dónde eres?
    De Colombia.
    Buen país. Ya llegamos al pueblo y confiemos en que haya sitio en el albergue para nosotros.
    Yo me llamo Jan, soy checo, y hacer el Camino para mí es simplemente un reto. Dormiré en cualquier lugar y algo de comida se podrá encontrar en el pueblo.
    Tú tranquilo que dormirás en el suelo como los demás; seguro que hay sitio, apenas he visto gente caminando en todo el día. Debemos ser los primeros en llegar.
    Si, llevamos un buen ritmo de marcha. Se nota que no nos falta de nada.
    Pues yo me siento pobre y a falta de algo esencial
    Eso es porque eres mujer; llevas una mochila enorme y cargada con cosas de todo tipo.

      Minutos más tarde se encuentran en la puerta del albergue, y al ir a subir las escaleras un hospitalero grande como un oso les recibe con un sonoro: ¡descalzaos!
    Dejar las botas en esta ventana y después subir por las escaleras. Tú tienes los pies muy mal; debes curarlos cuanto antes, ¿cómo te llamas?
    Nicasia
    El suelo es de madera y puedes caminar descalza. Deja que examine esas ampollas un minuto, ¡tienen mal aspecto! Tendrías que haber parado en casa de Filiberto el podólogo, pasaste por delante de su puerta; fuma como un carretero pero tiene manos de sanador.
    No soporto a los fumadores.
    Peor soportarás caminar más días con esos pies tan doloridos
    El Camino está lleno de piedras. Las primeras fueron puestas por legionarios romanos.
    Aquellos caminantes venían en plan conquistador, ¿y vosotros?
    Ellos buscaban el oro que se esconde en las montañas y los ríos, nosotros buscamos otro tipo de riqueza; algo intangible. No podremos cargarlo en la mochila pero lo llevaremos siempre en el corazón. En eso estamos los tres de acuerdo.
    A ver muchacho, ¿tú de dónde vienes?
    República Checa. Aquí tiene la credencial. Mis pies también están cansados pero fui soldado profesional y esto no es duro para mí
    ¿Infantería? ¿Alguna guerra?
    Solo misiones de cascos azules. Nada importante. Cinco años de servicio con la boina azul. Ahora caminar con otro sentido y otra intención.
    ¿Y, tú, rubiales? ¿qué eres, polaco?
    No, canario. Si quieres te cuento lo que es andar por los volcanes. Allí sí que hay piedras de todos los tamaños, formas y colores. No sabes cómo destrozan el calzado y los pies
    Bueno, aquí no hay más riqueza que la que uno lleve consigo. En ese cofre podéis dejar vuestros donativos. También tomar algo si de verdad lo necesitáis.



Pasada una hora y pico los tres peregrinos, después de haber hecho su colada, pasean por el amplio salón haciendo tiempo hasta la hora de cenar. En una mesa pequeña el hospitalero está concentrado ante un tablero de ajedrez. En la calle la tormenta descarga un fuerte aguacero con gran aparato eléctrico.
    Interesante partida, ¿no te parece, Jan?
    ¿Con quién juegas, hospitalero?
    Conmigo mismo. Solo peleo conmigo mismo
    Con ese tamaño que tienes no me extraña, ¿puedo jugar contigo?
    Es una partida sencilla cualquiera puede ganar
    ¿Podemos jugar los tres? Porque de sencilla nada, que algo entiendo de ajedrez. Las blancas lo tienen difícil.
    De acuerdo, pero si perdéis pagareis el vino de la cena y vamos a ser quince a la mesa.
    ¿Y si ganamos podemos elegir el rioja?
    El mejor que haya en la tienda. Mueven las negras.

      En poco menos de media hora los tres se encuentran camino de la tienda haciendo escote para pagar las botellas.
    No sé por qué pero me parece que el grandullón cejijunto nos ha tomado el pelo. ¿qué opinas, Nicasia?
    La partida estaba más avanzada de lo que parecía y no supimos evitar su desenlace.
    ¿Cómo si estuviese preparada?
    ¿Para qué pagásemos el vino? ¿habéis visto lo que hay en el cofre? Podríamos encargar la cena al mejor restaurante de la capital, que nos lo sirvieran a domicilio, y aún sobraría dinero para los que vengan mañana.
    Fue una trampa, Jan. Por ir de listos con lo de la riqueza espiritual y todo eso; y el tipo nos desplumó. Debemos aceptarlo.
    No soy de los que se rinde fácilmente y a un engaño se puede responder con una fascinación.
    Tras la tormenta se está poniendo muy frío, debí ponerme calcetines gruesos con las sandalias; pensé que les iría mejor a mis pies estar al aire pero me estoy quedando helada. ¡Vaya verano más extraño!
    ¡Ya!, pasamos del calor al frío sin solución.
    En cuanto cenes entrarás en calor; sobre todo con este vino tan caro.



      La cena se celebra en el mejor de los ambientes; ensaladas, pasta italiana, pollo al chilindrón y fruta o yogures. Tras terminar la pitanza el hospitalero les invita a pasar a la parte superior del templo desde donde pueden contemplar el interior de la iglesia ligeramente iluminada. Ante cada uno ellos una vela.
    ¡Encenderla! Les dice el hospitalero. Y formular un deseo que os surja del corazón. Un fuego que ilumine lo más profundo de vuestro ser. Una visión que dure más que lo que dura la vida misma. Meditar sobre vuestro mayor anhelo.
    ¿En qué piensas, Nicasia? ¿qué has visto que te has quedado traspuesta?
    Una extraña escultura. Era Santiago, vestido de rabino judío, y parecía que hablase con muy diferentes tipos de personas, facciones diversas, intentando hacerles entrar en razón y aceptar un credo de un tipo superior; y todos insultándole e injuriándole al máximo. ¿Y tú qué has visto?
    Un hombre que me enseñaba la planta del pie mostrando un libro antiguo lacrado con un sello que lo mantenía cerrado; y me decía: “si tienes sed se abrirá para ti”. Y tú, checo, ¿qué viste?
    La partida de ajedrez, la Inmortal de Rubinstein, a punto de concluir; no teníamos ninguna posibilidad de ganar. Y mariposas, un cofre, la riqueza auténtica que buscamos ya está en este edificio. Pero es difícil de prender.
    Vamos que se la vas a liar al hospitalero antes de irnos
    Eso confío; algo he aprendido viajando por medio mundo. Será mejor que nos vayamos a dormir; la noche es fresca y sin luna. Demasiadas nubes y poco calor; no habrá tormenta sino niebla y no hay luz sino oscuridad en este individuo que trata de ser poco menos que director espiritual de todos nosotros. Entre los cuatro márgenes de un tablero de ajedrez se puede encontrar mucho más de lo que podemos imaginar. Todo comenzó con un grano y se ganó un reino. Nos engañó con la reina y nos tumbó con el rey; una gran partida. Cuando amanezca una sorpresa nos espera; estar al tanto. Se pierde un peón y se gana un alfil; se pierde una torre y se gana una reina. Se pierde el rey y se gana el cielo. ¡A dormir!
    Bueno, pero, ¿y qué veremos?
    Veréis mariposas; y no pongáis la oreja a lo que ocurra.
    ¿La oreja? ¿por qué?
    Por una oreja hubo una guerra y por las dos podría llegarse a mucho más. Buenas noches.
    Tú mandas, capitán.


      Un par de horas más tarde mientras todos duermen el soldado se levanta sigiloso linterna en mano y se dirige al campanario y, con paciencia infinita, utilizando una sábana, va cazando mariposas luna que vienen a docenas atraídas por la extraña luz que desprende. Cuando tiene ya un puñado de ellas se dirige sigilosamente al cofre de los donativos, quita el dinero, y guarda en su lugar las mariposas tapando rápido para que ninguna escape; después se acuesta.
      Antes de amanecer se levantan todos con rapidez y se lavan y visten para salir raudos hacia la siguiente etapa de su ruta pero el hospitalero les ha preparado un estupendo desayuno mientras les amonesta sobre la virtud de la caridad. Unos cantos gregorianos para calmar su espíritu suenan en un equipo musical entre tanto jaleo cuando un peregrino irlandés da la voz de alarma:
    ¡El cofre está vacío! ¡Se han llevado todo el dinero mientras dormíamos! ¡Tan solo hay una tela blanca!
    Tranquilos, seguro que todo está bien. Iré yo a mirar, dice el hospitalero. Da unos pasos y se gira voceando: ¡Ir abriendo vuestras mochilas y mostrar lo que tengáis!
      Después de una hora de revisar uno por uno a todos los presentes y todo el local de arriba abajo se rinde y exclama: ¡voy a llamar a la Guardia Civil! Así que todos quietos aquí. Pero uno de ellos, con toda la prudencia del mundo, el checo, le dice:
    Tranquilo, hombre, y confía en la caridad humana. Cierra el cofre y les dice a los demás: pasar cada uno de vosotros por delante y dejar aquí depositado lo que recogisteis en el fondo de vuestros corazones cuando hicimos la meditación de las velas. ¡Venga! ¡Ir echando!
      Uno por uno va pasando con sus mochilas y pertenencias mirando o meditando hacia el cofre y bajan por las escaleras hacia el Camino. Cuando se quedan a solas le dice al hospitalero.
    Ven ahora y mira: esto es lo que recogimos del Cofre del Tesoro y lo que en verdad aquí se guarda.
Y, al abrir, un grupo de maravillosas mariposas surgen bajo la tela dirigiéndose al salón.
    Síguelas, le dice el checo, y encontrarás mucha más riqueza y dinero del que nunca viste aquí depositado. Esto nos ha salido del alma a todos. Cuando vuelvas a poner las velas diles a los que vengan que miren también más allá. Al fondo del templo, a las alturas, a lo más alto que puedan ver, y tal vez te dejen aquí algo más que monedas y billetes; serán mariposas de colores, la poesía del alma, el súmmum de su ser. Así llegaremos a ser lo que buscaron los que esto empezaron. Este Camino.


      Unas horas más tarde se encuentra con Nicasia y el canario en un albergue de Viloria de Rioja y les saluda afectuosamente.
    ¿No te detuvo la Guardia Civil?
    ¿Por qué iba a hacerlo? Después de marchar nosotros allí queda mucho más de lo que encontramos; por lo que nos dieron devolvimos, por el oro falso y de piedra la luz del alma que nunca se pierde. ¿No es algo mejor?
    ¡Pero faltaba el dinero!
    Lo que le faltaba a aquel tipo era caridad. Ahora tiene el local lleno de mariposas.
    Sí, pero el dinero no lo traerás tú encima.
    Ya lo encontrará cuando vuelva a jugar otra partida. Está guardado en la caja de las piezas de ajedrez. Que deje de ser tramposo con los demás y que aprenda a perder partidas. Que no es tan mala persona. Os invito a tomar un vino y nos dejamos de pamplinas.
    ¡A estas horas! Tú sí que tienes mariposas, ¡pero en el cerebro! Tómate un café y continuamos la ruta. Por cierto, algo me dice que será en León donde Nicasia encontrará su misteriosa escultura y podrá avanzar más en el misterio que está oculto en el Camino.
    Tal vez te ocurra como a Flamel y empieces a producir oro en tu hogar.
    Un poco nunca viene mal pero mejor sería que llegase a tener un espíritu sabio, un compañero para toda la vida, y un hogar acogedor; así me sentiría yo verdaderamente rica
    Pues sigamos caminando y algo encontraremos ya sea en los campos o en las ciudades

Se poco de ajedrez, menos de mariposas, y casi nada de dinero y sus productos derivados, pero en los días y los años que llevamos con lo que llaman "crisis", financiera, de la construcción o lo que sea, tal vez un cuento como este nos ayude a pensar en lo que dejamos en cofres y edificaciones y en lo que nos dan a cambio.
Por algo a este cuento le puse por título Ilusiones.
Si merece la pena continuar así o vendría bien cambiar de algún modo.
Nosotros mismos debemos decidir. No esperar lo que pase en el mundo.
Tal vez mientras haya mariposas y corazones limpios quede lugar para la esperanza en el ser humano.


No hay comentarios:

Publicar un comentario