jueves, 23 de agosto de 2012

Antiguo Misterio. Un cuento de las luciérnagas.

   En este cuento que escribí para Camino de las luciérnagas aparece un personaje muy especial que con el tiempo se convertiría en uno de los mas importantes del conjunto de relatos.
Esteve, arquitecto de éxito mundial y buscador incansable de las escasas verdades a que tenemos acceso los seres humanos.
Su dialogo interior, casi imparable al caminar, solo, por el páramo leonés, se convierte en un dialogo de profesor-alumno al entrar a visitar la catedral de León. Al charlar con un estudiante se va haciendo consciente de lo que sabe y de lo que tiene que encontrar. Seguirá caminando y volverá a aparecer.
Espero que os guste en esta versión digital.


           Antiguo misterio

      Se sentía inmerso en un mundo continuamente cambiante e intentaba, desesperadamente, mantener íntegro un principio personal: ser lo que creía ser; aun sabiendo que ignoraba la mayor parte de sí mismo, y aguantar cayera lo que cayera. Aunque el que cayese fuera él.
      Acosado por el estrés exterior y las voces interiores no encontraba manera de seguir el camino que él mismo se trazaba; pero caminaba. Daba tumbos y caía pero seguía adelante. Había buscado respuestas en grupos de meditación, zen, yoga, tomado drogas de todo tipo; leído cuanto de extraño o místico había caído en sus manos. Viajado por Oriente y Occidente y excavado su interior hasta rozar la locura más implacable de todas: el olvido de sí. El loco.
      Ya se había perdido muchas veces en muchas aventuras personales y le parecía inevitable volverse a perder: pero seguiría buscando las señales. Algo le decía que existían.
     Caminaba sin saber hasta dónde podría llegar. En ocasiones el miedo conseguía atenazarle o hacerle volver sobre sus pasos. Otras veces, quizá por el esfuerzo que realizaba, se debatía como un pequeño bote en medio de enormes olas emocionales, sentimentales, mentales… Se tumbaba en cualquier parte y sentía ya este mundo conocido ya otro que se diría supramental.
      A menudo se venía abajo; con alcohol y tranquilizantes capeaba como podía el temporal y seguía caminando. Diversos estímulos externos y tensiones internas le mantenían en un frágil equilibrio que en cualquier momento se derrumbaba cual castillo de naipes. Y, de nuevo, obcecado, volvía a levantar otro tan inútil como el anterior. Fortalezas ilusorias de la ignorancia humana. Y él lo sabía.
      Seguir caminando. Algo le empujaba, insinuaba, inflamaba, hasta un estado de caldeo interior que tal parecía que su espíritu brillara en las noches de insomnio y tormenta mental.
      Su cabeza era como un extraño e imparable mecanismo que no paraba de bullir constantemente. Y él buscaba el silencio. Si cerraba los ojos podía ver mil y una imágenes; de mundos conocidos o universos ignorados. Pero buscaba la oscuridad.  Si soñaba, casi siempre era para tener pesadillas o extrañas visiones de su mundo y sus gentes en estados cada cual más variopinto. Cuanto más ansiaba tranquilidad mayores problemas le salían al paso. Si meditaba en el día de mañana algo le llevaba al pasado. Si se sentía fuerte algo, rápidamente, le hacía sentir débil, desvalido, inútil. Si se sentía mal ese algo interior, con reproches, con insultos, le hacía sentir completamente desgraciado.
      De natural alegre, sociable, convencional, se iba volviendo huraño. Y su rostro no podía disimular un rictus de amargura.
      Que se encontraba mal. Eso era todo lo que conseguía expresar y ya no sabía a qué atribuirlo.
      Algo andaba mal en su vida y su cabeza ya no era la de antes. Demasiadas preguntas; sin respuestas. Su malestar se expresaba con continuas discusiones bien con otras personas bien consigo mismo. Para hacer mal cualquiera vale; ya se sabe. Pero él era incapaz de averiguar si hacía algo bien. Tan solo caminar; o sentarse y meditar.
      A veces daba la falsa impresión de huir de algo o de alguien. Tan solo buscaba un lugar donde estar a bien consigo mismo; y, si acaso, con alguien más. Huidizo y triste era la imagen que mostraba a los demás últimamente, sabiendo que era otra muy distinta la que le correspondía en realidad. Pero, siendo imagen, esquiva y exclusiva, tanto la rechazaba como la ansiaba conocer.
     Le horrorizaba el conocimiento íntimo que tenía de los demás, del género humano. Auténtico pavor era lo que sentía al comprender que era como ellos, que tendría, por fuerza, que ser como los demás. Uno más. Que ante cualquier situación imprevista respondería como uno cualquiera. Con toda la carga de monstruosidad y crueldad que había observado en sus semejantes.
      Trataba, en vano, de ser diferente. De algún modo distinto. Otra manera de ser, de comportarse. Pero no encontraba referente o absoluto por el que guiarse. Algo que le orientase.
      Solo un camino y un destino que cada día le resultaba más claro: tendría que ser él mismo. Lo demás lo sentiría como imposición. Había conocido a Krishnamurti Jiddu y se sentía hasta seguidor suyo en alguna ocasión: tan solo basura mental es lo que producimos constantemente; en ocasiones algo de lucidez nos pone a limpiar; pero a esta edad suya y con todo el conocimiento que tenía no era capaz de producir nada que le hiciera sentir la plenitud que tanto ansiaba. Su trabajo: arquitecto; su aspiración: construir ciudades perfectas; el resultado: millonario y completamente frustrado interiormente. Al volver de visitar el resultado de su última gran obra inaugurada estuvo a punto de suicidarse; en su noche más oscura vio por televisión, a las tantas de la mañana, como entrevistaban a un grupo de mochileros que a Santiago se dirigían y escuchó, verdaderamente escuchó, las cosas que contaban. Cuatro días después ya estaba en Jaca. Ahora lleva ya muchos días caminando.


      Bajando a la ciudad encuentra un nuevo crucero de piedra. Se sienta un momento a reposar y discurrir viendo los coches pasar.
      Una ciudad ve a lo lejos. La ciudad y el mundo. Su pecado y su verdad.
      ¿Qué hacer? Volver a caminar entre la gente y tratar de ser uno más; o alejarme todo lo posible hacia el campo, las montañas. ¿Escapar, ermitaño inmerso en sus visiones interiores o vivir en ciudades inhumanas? Tratar de encontrar un término medio, como un budista; esforzarme como aquellos atletas del espíritu que se internaban en los desiertos personales viviendo del ensalmo y peleando con los espíritus de sus ancestros o desistir definitivamente del contacto humano. ¿Cuál es el camino que mejor me conviene en las actuales circunstancias? Necesito el contacto con la gente, como cualquier persona, pero debo reducir mis relaciones a aquellas personas con las que el entendimiento es fácil; pues si no el número de conflictos no deja de crecer. Procurar estar a gusto conmigo mismo y con mis cosas. En silencio, sin hablar o escuchar a nadie. Tendría que probar. La música me abstrae; casi novecientos mil euros en montar un chalecito para escuchar, en mi salón imperial, con un equipo de melómano megalómano, mis óperas y sinfonías preferidas como si en el Festival de Bayreuth me encontrara. Y siempre estaba solo. ¿Pero qué es la soledad que tan bien o tan mal nos sienta?
      Caminó directamente hacia el centro de la ciudad. Según iba adentrándose por calles y callejas como una especie de zombi gore y repulsivo sentía que una fantasía desbordante le estaba envolviendo y todo cuanto estaba meditando había engañado su compleja inteligencia. De algún modo comprendió que habían sido problemas de salud los que le habían empujado a un tiovivo emocional, y que ahora, caminando y hablando con la gente, ya se sentía mejor. Estar solo por el campo no había sido tan buena idea. Entra en un albergue y una monja encantadora le atiende:
−Aquí puede dormir, también lavar la ropa…
−No, gracias, esta noche dormiré de hotel. Me basta con el sello en la credencial.
      Se aloja en un buen hostal donde poder guardar mochila y bordón. Una buena ducha y ropa limpia; salir a conocer la ciudad y sus gentes. Necesita centrase en sus propios pasos pues con tantas cosas interesantes que encuentra a su paso siente que apenas avanza.  Tras comer se dirige a la catedral, metódico y mecánico en su proceder, ingeniero y arquitecto en su intelecto superior, creador y destructor de cuanto el mundo haya creado antes de “su visita”. ¡Vamos que te has pasado probando los aguardientes de esta tierra con el café! Es un Krisna completamente destructivo y dicharachero. ¡A ver ese templo!.


      Apenas poner pie en su interior y, en un rincón, sentado, ve a un joven estudiante con un gran cuaderno tomando notas. Es un vivo retrato de sus años adolescentes, dispuesto a todo, y, de repente, algo interior le hace sentirse cansado, el paso inseguro, tembloroso. No sabe qué hacer en tan imponente edificio, a dónde mirar. Como si algo inesperado e inexpresable le estuviera revolviendo el espíritu. Nada como la realidad. ¡Había visto tantas fotos de este edificio! Creía recordar cómo era él a la edad de ese chico. Todo ilusiones.
      El muchacho le miró y le preguntó si era un peregrino.
- Sí, lo soy; ¿por qué lo preguntas?
-Por las sandalias tan modernas que llevas, y con calcetines.
- Es que tengo los pies llenos de ampollas no es por el frío.
- ¿Llevas muchos días caminando?
- Más de veinte. ¿Y tú qué estás haciendo? ¿Un trabajo para el instituto?
-Tengo que hacer un recorrido por el interior de la catedral y escribir lo que veo. Y entregarlo mañana. Pero no se me ocurre nada. Esto no es más que un lugar viejo y frío.
- Quizá pueda ayudarte. Podemos recorrerlo juntos y tú vas tomando notas. ¿Qué es lo primero que te llama la atención?
-El que sea tan grande y alto. Y las vidrieras. Y lo lujoso de la decoración de la parte central.

-Bueno, cada cosa tiene una explicación. Una obra tan grande llevó muchos años realizarla y se juntan los gustos distintos de cada generación de constructores. Intenta ver la obra como si fuera un libro abierto; una especie de enciclopedia, llena de imágenes, y pocas letras. Piensa que durante siglos llegaron millares y millares de peregrinos analfabetos a este mismo lugar. Al entrar la vista se va hacia las vidrieras, que están organizadas en varios niveles. Las más bajas representan el mundo vegetal que se encuentra al venir por los caminos que conducen a este lugar. Quedarte a este nivel es como si solo caminases mirando al suelo; con la vista siempre baja y sintiéndote avergonzado de ser como eres.

      Si levantas un poco la vista verás vidrieras con personas que representan la gente y las clases sociales de aquella época. Es como si caminases mirando a los ojos de la gente; y puedes reconocerte como uno de ellos. Durante la Alta Edad Media la mirada estaba recogida hacia el interior de uno mismo. Y el mundo personal era muy pequeño. Apenas alcanzaba la mirada los campos cercanos y lo que recorría cada persona durante su corta vida se contaba en leguas escasas. Llegaron las Cruzadas y el redescubrimiento de Oriente. Los caballeros trajeron a Europa el gótico y la mirada ensalzada hacia lo superior.
- ¿Los templarios?
-Y otros como ellos pero menos conocidos que aprendieron muchas cosas. No todo era guerrear. De ahí que construyesen templos tan altos como las catedrales.
      Las torres exteriores de estos templos ilustraban los caminos para la ascensión espiritual del Alma humana, y las portadas exteriores escenas de la Historia Sagrada. Por ejemplo, al representar a Cristo en un pesebre indicaban que el mensaje era universal y alcanzaba al último miserable de esta penosa humanidad; no importa que estrella lejana se alcance a visitar si no cambiamos seguiremos igual de absurdos. Al presentar el Juicio Final, con personajes tan señalados, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, querían dar a entender que siempre ha habido y habrá personas elegidas para guiar el rebaño humano, ¡que no todos somos un Pasteur o un Einstein!. De ahí que creyeran que los reyes y Papas eran intermediarios entre el Cielo y la tierra, y su misión, y persona, eran sacrosantas. No había mayor crimen que matar al rey; el magnicidio.


-¿Y por qué los escudos y las imágenes de guerreros si el mensaje que quieren transmitir es de amor y paz?
- El miedo. El terror a lo desconocido es la respuesta. Por eso representaban criaturas mitológicas o demoníacas en templos sagrados. Terror a lo incomprensible. O ininteligible. Había que estar en guardia, como centinelas, frente a lo diferente, lo inasequible. Para ello estaban los reyes, siempre al frente, con sus nobles y sus guerreros, prestos a acudir en su defensa. Y los santos, desde el Cielo, escuchaban sus rogativas para luchar contra el hambre y las enfermedades. Aplacando las ansias del género humano.
-¿Y por qué había tantas peregrinaciones y romerías? ¿No les bastaba con el perdón de los pecados?
-De pecar nadie está libre, y los perdones eran siempre buscados. Además, estaba el gran poder de atracción que ejercían las reliquias; por toda la cristiandad disputadas. Buscar a hombres santos o sus reliquias era una de las mayores preocupaciones de todos los europeos. Encontrar el sepulcro de un Apóstol en las tierras del fin del mundo movilizó muchedumbres durante siglos buscando palpar algo de Historia Sagrada. ¡Quizás contemplar algo divino!
- ¿Pero por qué pensaban que un rey podía representar a Cristo en la tierra? ¿Cómo podían pensar que todos los reyes de toda Europa tenían origen sagrado?
- En la representación del mundo que tenía la Europa medieval Cristo figuraba como Rey de Reyes; y tanto los reyes como los eclesiásticos eran representantes suyos aquí abajo. La tierra era el centro del universo; nuestra galaxia recibió el sobrenombre de Camino de Santiago, y quien la recorría en un sentido (hacia Jerusalén) o en otro (Santiago de Compostela) se acercaba al centro del universo o a las puertas del Cielo. Era un Cosmos centrado en uno mismo. Solo estaba el hombre; lo siento mucho por los pueblos de otros continentes pero era así como pensaban los europeos cuando se lanzaron a conquistar el mundo.
-¿Para qué tantas guerras teniendo un rey tan poderoso y ultra terrenal?
- Su mundo exterior era tenebroso; poblado de monstruos y fantasmas. Guerras, pestes, hambrunas, enemigos irreconciliables, la muerte en cualquier esquina. El mundo interior o trascendente, el que se trataba de plasmar en los templos era luminoso y lleno de imágenes que concedían serenidad al espíritu más alterado. Castigos eternos a los más recalcitrantes ¡aunque seguían pensando que el perdón a tu prójimo es la máxima ley y en cualquier otro por conocer!
-Eso era monstruoso, no me digas que no.
- No te imaginas que horrores inmensos crearon con sus mentes y en que pozos se encuentran aún atrapadas muchas de sus almas. Pero no pienses que todo era malo ni por asomo. Mira, todas las ceremonias grandes y pequeñas se celebraban en los templos. Incluso se charlaba, jugaba, y comerciaba en su interior. Como si al hacerlo aquí te sintieses protegido de las asechanzas del mundo y los demonios que ellos mismos creaban.
-Era un mundo extraño el de la Edad Media
- Más extraño aún es el de nuestros días. E incomprensible. Entonces, las gentes pensaban que algo o alguien que las guiaba y sostenía. Un amparo en las peores situaciones. La esperanza de una vida mejor sino en este mundo en la Otra Vida, al otro lado del Río junto a nuestros ancestros y seres queridos. No todos podían alcanzar el Cielo pero al menos buscaban un descanso merecido. ¡Era su manera de ver las cosas! Ahora, tenemos médicos para arreglarnos el cuerpo y siquiatras para cuidarnos la mente y es la economía la guía de nuestras vidas. Así nos va.
-¿Pero, entonces, que busca entre estas cuatro paredes? ¿Por qué ha venido desde tan lejos? ¿No hay una catedral cerca de su casa? Usted ya sabe mucho.
-Pues el caso es que no hay una sino dos catedrales en mi ciudad. Pero he tenido que estar caminando durante semanas para darme cuenta de todo esto que estamos hablando. ¿Quizá he confundido Roma con Santiago, y el perdón de penas vulgares con la absolución de mi espíritu? He visto tantas cosas en mi vida y he pasado por tantos sucesos extraños que ando muy confundido.
- No sea tan dramático y explíqueme que significan esas tres vidrieras de ahí delante.
-Pues pienso yo que la primera indica un ángel como la mayor aspiración del ser humano. La segunda el Padre Creador de todas las cosas que con su mano indica uno de los mayores misterios de la Cristiandad. En la tercera se representa a Santa María embarazada del Salvador. Las dos figuras anteriores, tan espirituales e inalcanzables, tan fuera del común de los mortales, nos señalan hacia algo tan sencillo y natural, tan alcance de la vista, como la maternidad para que tengamos algo en lo que meditar verdaderamente trascendente.
-Pues yo no hago más que pelearme con mi madre, y la maternidad nos la han enseñado en clase, pero ¿y sabiendo todo esto que más nos queda por descubrir?
-Supongo que siempre se está aprendiendo aunque sean cosas diferentes en cada época de la vida. Ahora estás en un colegio con unos materiales didácticos e ideas que te son dados por otros; más adelante, en la vida tendrás que buscar tú mismo qué lo que quieres aprender y conseguirlo por ti mismo. ¡Ven! ¡Vamos!, salgamos del edificio que me parece que por hoy hemos aprendido bastante.
- ¿No se le olvida algo?
- Seguramente; siempre he oído que es muy bonito mirar al cielo pero nunca olvidarse de ver donde pisas. Después de tanto caminar descubro que hay verdades como piedras en las que tropiezo una vez y otra. Algo habrá aquí, en este edificio, que alguien me comentó y estaba buscando y no he sido capaz de encontrar. Quizás tú tengas más suerte y algún día lo encuentres.
- ¿Va a seguir caminando o vuelve a casa?
-Cansado estoy pero intentaré seguir unos días más a ver qué ocurre y como me siento interiormente. Nunca sabes que puedes encontrar en la siguiente curva del Camino. Gracias por tu compañía y que apruebes la asignatura. Seguro que harás un buen trabajo, ¡sabes preguntar! Confío volver a verte algún día. Te daré mi dirección de Barcelona. ¿cómo te llamas?
-Felipe, ¿y usted?
-Esteve, ¿sabes dónde podría tomar un vino?
- Vaya en la dirección que vaya encontrará lo que quiera pero aún es pronto para los vinos, ¿no le parece?
-Gracias por el consejo, buscaré un buen libro y me sentaré en una terraza a ver la gente pasar. Adeu.

 Bueno, espero que hayáis disfrutado con su lectura. Y si no decírmelo.

2 comentarios:

  1. Muchas gracias por tus relatos.
    Precioso, como siempre.
    Un abrazo

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