jueves, 9 de agosto de 2012

Noche de San Roque en la montaña. Cuento de añoranza.

   En este tiempo de estío y noches tropicales qué mejor, pensé yo, que escribir un cuento recordando aquellas fiestas de pueblo que se hacían por toda la geografía patria.
El lugar es un pueblo imaginario de la montaña cantábrica y el tiempo es hace más de treinta años.
La situación es una mirada melancólica a unos tiempos singulares y fantásticos.
Espero vuestra opinión.
Vayamos con la historia.

   Noche de San Roque en la montaña.
   (¡Cómo nos divertíamos en el pueblo!)


   La vieja locomotora de vapor ronronea y se ahoga por las cuestas montañesas arrastrando un viejo tren de coches de madera que algún día lejano trajeron a estos valles indómitos desde el salvaje oeste americano. Al llegar al apeadero los viajeros se disponen a descender rápidamente antes de que el humeante convoy emprenda su marcha de nuevo.
(Pero, ¿qué ocurre? Se suponía que aquí estaría la peña fiestera del pueblo para recibir a los gañanes que se han ido a vivir a la capital ¡y solo hay un abuelo! Con boina y cachaba, sentado a la sombra, y mirando al cielo)
− ¡Hola, abuelo! Soy Tony, el sobrino de la tía Pary, ¿dónde está toda la gente? ¿Qué pasa con la música que no suena? ¿Cómo no ha venido nadie a recibirnos?
−Están todos por el monte; buscando a unos chavales que han desaparecido. Han llamado incluso a la guardia civil. Todos los del pueblo y los que han venido a la fiesta están rastreando los robledales antes de que se haga de noche.
− ¿Cuántos críos son y desde cuando faltan?
−Dicen que serán por lo menos siete y no se les ha visto después del desayuno. Parece que se les haya tragado la tierra. Tu tía te dirá cómo ha sido la cosa pues fue de las que dio la alarma. No ha comido nadie en el pueblo buscándoles por todas partes.
− ¿Mi tía? ayayay, ¡mis hermanos!

   Apenas entra por la puerta del gran caserón y deja su bolsa en un rincón encuentra a la tía sentada en una esquina de la mesa de la cocina con la cabeza entre las manos y llorando.
−A ver, ¿qué ha pasado aquí?
−Los niños; tus tres hermanos y cuatro amigos. Después de desayunar salieron a jugar y ya nadie les ha visto. Han desaparecido. Está todo el pueblo buscándoles por el monte y por todas partes. Tu tío está como loco; ya llamó a la guardia civil y está por llamar al ejército antes de que se haga de noche.

   Ya va el hermano mayor saliendo en dirección hacia la iglesia del pueblo y de ahí a los montes cercanos cuando, súbitamente, recuerda sus propias andanzas de niño en el pueblo.  Adosado al gran caserón familiar se encuentra el viejo pajar que llevará un siglo sin utilizarse; la zona prohibida para los niños. ¿Qué mejor lugar del mundo para esconderse el día de la fiesta del pueblo? Y hacia allí dirige sus pasos. El viejo portón de madera sigue cerrado  y el candado intacto, tal y como suponía, pero, alzando la mirada, recordó la ventanilla que comunica el desván de la casa con el pajar. A la carrera sube los escalones del caserón familiar hasta alcanzar la escalerilla de madera para subir al desván; le tiemblan las piernas y el corazón se desboca pero la intuición le guía. Sube al desván y en cuanto sus ojos se acostumbran a la escasa luz presente encuentra lo que  buscaba: un rastro de pequeñas pisadas en el polvo del suelo conduce a la pequeña portilla de paso hacia el abandonado pajar. Comprueba con calma que la puerta se abre con facilidad y asoma la cabeza antes de entrar en la zona prohibida.
   Apenas se vislumbran sombras entre las pacas de paja reseca y se escucha el gorjeo de las palomas. Entra con calma, mirando bien dónde pisa en ese roído suelo de madera carcomida y, plantándose firmemente en el centro del piso superior, da una palmada con todas sus fuerzas. Resultados instantáneos. Las palomas, asustadas, comienzan a revolotear de aquí para allá causando un alboroto tremendo; al segundo siguiente ya escucha a su hermanita gritar despavorida.
−Venga, chavales, os quiero a todos saliendo uno por uno y rapidito. ¡Que no tenga que sacaros yo a tortas!
   De los rincones mas escondidos del viejo pajar comienzan a surgir ocho sombras que no pasan apenas del metro de altura y se dirigen hacia la puertecilla que con la mano les indica el mayorón. Una vez en el desván, con los ocho rapaces rescatados de entre las pajas, asoma por un ventanal que da al patio y comienza a dar grandes voces:
− ¡Tías! ¡Confe! ¡Ya encontré a los niños! ¡Avisar a todos! ¡Están aquí!
   Baja el primero por la vieja escalerilla y después pone a los chavales en fila y les hace desfilar hasta el patio. Están tiznados y cubiertos totalmente de polvo y brozas; de la cabeza a los pies. Les hace formar como cuando les lleva de campamento.
− ¡Mis escuadras! A formar. ¡Ya mismo! Alinearse. Ahí quietos sin pestañear. −Ninguno levanta la mirada más allá de la punta de sus zapatillas.
   En escasos minutos el patio esta lleno a rebosar. Llegan de todas partes deprisa y corriendo; la campana de la iglesia replica para avisar a los que andan por el monte. El sargento de la guardia civil tiene que poner orden e imponer calma casi pistola en mano. (¡Yo los mato! ¡Los mato! Es casi lo único que se logra entender entre el griterío) hasta que por fin llega el tío Jujana; serio, lúgubre, tétrico. Les mira muy serio, los críos cayados, alguno le observa por el rabillo del ojo, silencio general; y después de un eón de estar pensándoselo les suelta un: ¡castigados!
   Y se arma la termolina. Los padres abalanzándose sobre sus respectivos recentales y da comienzo el festival de la castaña. Los padres zumbando a los críos en la cabeza, cachete va cachete viene; las madres con la zapatilla (¡te voy a poner el culo echando sangre!)
   Y sus hermanos pequeños que le miran; la cabeza gacha, pero mirando. En cuanto hace el gesto de ir a soltar una bofetada al mayor de ellos ya empiezan a protestar, pero sin moverse del sitio ni levantar la mirada.
− ¿Por qué nos pegas?
− ¡Si no hemos hecho nada!
−Estábamos jugando al esconderite.
− ¿Qué no habéis hecho nada? ¿Qué os dijo el tío de la zona prohibida? ¿Y si se derrumba qué pasa?
−Eso no se derrumbará nunca. Tendrá mil años y no pasa nada porque entremos.
   Dicho y echo; no termina la peque de decirlo y todos los presentes se quedan paralizados por el espanto. Con gran estruendo y levantando una polvareda tremenda el pajar que tienen justo detrás, a unos pocos pasos, se viene totalmente abajo.
   A los gritos de los adultos se unen los aullidos de los guajes bajo las collejas descomunales y los zapatillazos. Los guardias civiles acojonados (Señora: ¿podría darnos un vasito de agua?)
−Comienzan las fiestas como dios manda, ¡con cohetes! (El tío Jujana sale en socorro suyo; no le vayan a soltar también alguna) A tus hermanos les va a caer una buena con las tías; y otra a mayores cuando vuelvan a casa. Gracias por encontrarlos; seguro que tú hacías lo mismo a su edad. Anda vete a cambiarte; dentro de un rato empezará el baile y seguro que te estarán esperando esos gañanes que tienes de amigos. ¡Señor, señor! Diez minutos que hubieses tardado en sacarles y ya estábamos encargando ataúdes. Y venimos al pueblo a descansar.

   Una hora más tarde, ya repuestos del susto y vestidos de fiesta, la plaza del pueblo se va llenando con los parroquianos que se van agrupando alrededor de los puestos y las tascas de las peñas.
− ¿Me pones una caña, guapetona?
−Hombre, ¡pero si es Tony! (¡Pummm! Palmetazo en la espalda y la cerveza saliendo a chorro) ¿A que no nos habías visto? ¿Qué es eso de andar a cañas? ¡Aquí se va a cubatas! Ven que está aquí toda la peña.
   Los siete magníficos, los tíos mas pendencieros de toda la montaña cantábrica y mas allá, le esperan aviesos y zorrunos escondidos al lado de la tómbola.
− ¡Vaya, pero si ha venido el guaperas de la capital!
−Mira tú, ¡y con pantalones blancos! ¿Estás de San Fermines?
− ¿Y esas zapatillas de marca?
−No hagas caso, Tony; sabes que siempre estamos así. Toma un cubata.
−Por un casual, ¿no vendrás pensando en ligar en este fiestorro popular?
−Pues a eso mismo vengo. A por el primer premio. Vosotros os rifaréis a las chochonas; como siempre. La que salga reina de las fiestas pasará la noche conmigo, os aviso.
−No te lo crees ni tú. Elegirán a la niña mas pija que haya venido y tú ahí no rascas bola.
−Lo vuestro es sacar a pastar las vacas y sacudirlas con la vara. ¡Así si que vais a ligar! ¿Qué sabréis de toreo fino y resuelto? Pero si andáis todavía en alpargatas. ¿Me pones un cubata, chatina?
−Pónselo, pero con mucho hielo que va a tardar en tomarlo. –Le dice a la camarera el grandullón de la peña; y girándose hace un guiño malicioso a los otros.
   En menos que canta un gallo ya tenemos al Tony fanfarrón llevado en andas hasta el pilón y ¡zaca! Inmersión total. De submarino amarillo.
−Pero, pero, ¡seréis cabrones!
−Bienvenido a la fiesta de los quintos del 79. Ya eres uno de los nuestros.
−Anda sal de ahí, que eso no es la piscina hispánica.
−No, es donde traemos las vacas a abrevar.
−Justo donde tenías que empezar la noche, ¡torito!
−Hala, venga; deprisita a casa de tu tía a cambiarte. Y mira bien dónde pisas que vas chorreando.
−Y no tardes mucho que pagas tú la próxima ronda de cubatas.

   Vuelta de nuevo a casa. A cambiarse deprisa y corriendo. ¿Los pibes están acostados? Pero, ¡dúchate! que hueles a establo. Ya te tiraron al pilón. Este año me tocó. ¿Dónde dejaría la colonia? ¿Y la brillantina? Estos me las pagan, seguro que me las pagan.

Media hora mas tarde (la echa larga el apolo de pueblo) de nuevo arrimándose a la tasca.
− ¡Qué rechulo! Ahora nos viene con pantalones morados
−Así me voy a poner esta noche. ¿Se sabe ya quienes son las reinas de las fiestas?
−Por ahí vienen luciendo banda.
− ¡Qué te decía yo! Las tres son de la capital.
− ¿Conocéis a la reina?
−Si, hombre; es la hija de don Pimpón. El que viene detrás suyo. ¿No van a tu piscina?
−No sé a cual irá, pero esta noche la enseño a bracear. (¡Cómo está la reina!)



   Y comienza el baile. Tachín, tachan. Los Cirolines en concierto un año más. El mas joven no baja de los sesenta. ¡Esto es discoteca!

−Bueno, a ver; este año a quien le toca hacer de rebeco
−Ya está el Tony danzarín y marchoso. De rebeco va tu primo Paco que salta por todas que se las pela.
−Pues al corro ya mismo. ¿Quién hace de gocho?
− ¡Todos menos tú! Joder ya con el repeinado.
−Pues venga, revolviendo la pocilga y me apartáis la reina a un lado.
−Eso esta hecho. Pero tú avisa cuando empieces a torear para estar nosotros al tanto.
−Para eso no me hacéis falta, subalternos. Venga, corriendo que se escapan las gorrinas.



   Muy felices se las promete este galán de medio pelo atusándose el cabello, apurando su cubata y enfilando de seguido hacia la guapa oficial del festejo. Pero, ay amigo, apenas está a medio metro de la morena-castaña (¿Pero ésta no sabe ni teñirse las cejas? ¡Qué filón aurífero! Muero por tu boquita de fresita, ¡Mírame a los ojos!) solicitando cortésmente ser su compañero en el baile de la patata (O lo que sea que toquen; porque debe ser de los tiempos de cuando Mambrú se fue a la guerra) y al mismo tiempo recibe un fuerte golpe en el hombro que le desplaza dos metros mas allá.
− ¿Pero quien cojo…?
  Antes de que termine la frase ya han saltado como tigres sus amigos, que estaban al acecho, sobre los que le han empujado. Queda inaugurado este pantano. Olimpiadas de puñetazos y batacazos.
− ¡No te quedes mirando! ¡Son los de Felechas de Abajo!
− ¡Como tardes mucho te pierdes el convite!
− ¡Me lo voy a perder! Donde comen siete comen ocho. ¡Que no pare la música!

   A la bulla se unen los mozos de los demás pueblos para quedar saciados y contentos. (Hombre, no todo es darse puñetazos; se para, se toma un cubata, te limpias la sangre, y vuelves al combate) Así esta de cara la carne de ternera montañesa. ¡Lo que hay que hacer por un filete! Y la de toro nunca se puede comer dura; hay que macearla siempre un poco.

   Al cabo de una hora o así vuelven las aguas a su cauce y se pasó la barahúnda. Suena de nuevo la orquesta y se llenan las tascas.
− ¿Queda cerveza?
− ¡Pon ahí ocho cubatas! ¡Que no somos alemanes, mandilón!
−Nos han dejado guapos a los ocho.
− ¡Bah! Así estamos siempre; y quítate el pañuelo de la nariz.
−Tu deja que chorree lo quiera que ya parará y secará antes.
−Eso; dejo que la nariz chorree  y se me seque el cerebro.
−Total, para lo que lo usas. Tomate el cubata que verás como se cura.
− ¿Qué hago? ¿Lo hecho por la nariz?
−Venga, aprovecharos que hemos quedado nosotros solos en todo el baile.
−Anda, Tony, ponte este algodón en la nariz. Verás que pronto se seca. Mira que sola tienes a la reina. (Le dice la camarera que no le ha quitado ojo desde que apareció por el baile)
−Ya voy por ella.
−Quieto y espera. Tomate el cubata tranquilo y que se vaya secando la sangre; o le vas a manchar el traje de cenicienta que lleva.
−Lo mejor son los zapatitos de charol con calcetines blancos que lleva. ¡Eso me pone…!
−Ya lo sé, verraco. No ves que te conozco de otros años. Calma, torito bravo, que tienes tiempo.

   Bien adobaos de sangre y cubata, curtidos en mil batallas, salen los siete magníficos a buscar su recompensa a la manera mejicana:
− ¡Tócanos un corrido guapo, trompeta! Que hay jarana. –Y saltan al copo de las afortunadas supervivientes.
   Pero nos queda aún el Tony Mañoso, aferrado a la barra, apurando el cubata, colocando bien el estoque en sus apretados pantalones campana y sacando pecho (¡arranca!) y se va a por la reina meneando su cadera, meneando su cadera.
− ¿Dónde va el garañón tan corriendo?
−A disfrutar del corrido con su reina; ya sabes: ¡Cuando veas la banda pasar…! Tarariro rarí, tarariro rara…



      La noche transcurre plácida y hermosa bajo la luz de la luna llena. A los sones de Adiós, mi corazón, la banda musical termina su actuación  y recoge los trastos. Mozos y mozas van también recogiéndose por los oscuros callejones hacia sus casas. En un rincón junto a la fuente observamos enfrascados en besitos y achuchones a nuestra pareja de tortolitos.

− ¿Habrá pájaros en Venus? (A ver qué hace)
−No serán tan bellos como tú (Hora de entrar a matar)
− ¿Habrá fieras en Venus? (Este se la va dar)
−Yo sería tu leopardo (Achucha, achucha; que se derrite)
− ¿Habrá…?
−Pero, bueno, ¿Tú que estudias, astronomía? (Esta es de postín)
−Cuando termine el bachillerato pienso hacer puericultura; y enseguida casarme  (Este es un tolón)
− ¿Y eso? ¿Tan joven? ¿Tú que quieres ser en la vida? (Ya canta)
−Yo quiero por marido un hombre guapo y rico, con coche y casa grandes; que me pague y consiga todos mis deseos. (Ya está echado el anzuelo)
− ¡Soy tu hombre! Empiezo en octubre arquitectura. Ganaré millones. (¡Es una auténtica criatura parasitaria! Un chocho loco ¡No trabajará en su vida! Genuina)
−Entonces esperaré a que termines la carrera como espero a que salga el lucero del alba
−No esperes tantos años que ya tienes a tu lucero a mano. Mira, lo puedes palpar y acariciar, ¡pero con suavidad, eh!
−Pero serás… ¡¡guarro!!
Y va y sale corriendo con su banda y diadema y zapatitos y todo; como un auténtico cohete de feria.

   Desolado galán, triste Tristán tocándose el arpa el solo; caminando cabizbajo hacia la casa familiar dando patadas a las piedras y suspirando sin parar, ¡otra noche sin mojar! ¡Y este calor! ¡Este calor!

   Clic-clic, clic-clic, (¡Unnnn!) clic-clic, clic-clic (Suena como botellas entrechocando) clic-clic (Va a ser en ese callejón)
− ¿Quién anda por ahí?
− ¿Te gustaría tomar una cerveza?
− ¿Pero quien se esconde…? (¡Ay va, la camarera!) ¡Ah, bueno! Gracias, estoy seco.
−Será la boca por el morreo que os habéis dado, pero el saco lo tendrás bien lleno; que os estaba viendo de calentón hasta que esa tonta del culo salió corriendo. Coge tu cerveza y te la tomas de camino que me vas poner contenta rapidito, rapidito. Vamos al pajar de mi abuelo.

   Se pone la luna y surge Venus esplendida en el horizonte nocturno; el silencio reina en las villas y pueblos de la montaña. Y bueno, ya se sabe: en las noches de San Roque, por los pajares, los mozos y las mozas duermen a pares. ¿Duermen?
(Aprieta gañán ¡que por dentro estoy vacía! ¡Prieta!. Vale; y se derrumba que se derrumbe)



   Eran otros tiempos y otras las gentes, y no puedo evitar mirar con melancolía aquellas horas cuando una tenue esperanza renacía en los corazones españoles y estábamos dispuestos a compartirla con todo el mundo.
Cómo cambian las cosas; y cuanto hemos hecho el tonto.
En fin, hasta el próximo cuento.
Todos estos cuentos fueron corregidos y editados para la colección Noche en la estación del Norte y otros cuentos fantásticos.


2 comentarios:

  1. ӏt's amazing designed for me to have a website, which is beneficial designed for my know-how. thanks admin

    Here is my page: New Bingo Sites

    ResponderEliminar
  2. I think thіѕ is one of thе moѕt signifiсant info for
    me. And i am glаԁ reading youг article.
    But ѕhould remаrk on few general things, The website style is wondегful, the aгticleѕ is really nіce :
    D. Goοd jоb, cheers

    mу ρagе: payday loans

    ResponderEliminar