sábado, 15 de septiembre de 2012

Desde los cuatro puntos cardinales. Cuento completo.

   Para los amantes de la lectura digital subo al blog otro de mis cuentos del Camino de las luciérnagas: Desde los cuatro puntos cardinales.
Recientemente he quedado gratamente sorprendido de lo bien que se pueden leer estos cuentos en tabletas electrónicas; como la ipad de mi esposa. Tan solo hay que darle a la función lector y se leen como si fuera un libro electrónico.
Pero vayamos con el cuento. No es precisamente de los mas cortos.
Los peregrinos de las luciérnagas llevan a cuestas un buen montón de kilómetros; desde que comenzaron a caminar allá en los Pirineos. Reaparecen personajes de cuentos anteriores.
Y se van formando grupos cada vez mas numerosos; fruto de la convivencia diaria en los albergues en los que coinciden al pernoctar. Así como en las largas marchas de cada día.
Están llegando a Astorga.
Ya comienza lo bueno; y sin saber por qué entraran en un universo cada vez más ignoto y fantástico. Tras la visita a la catedral, y el encuentro con un estrafalario peregrino que invitaran a cenar, llegará la noche. Y sus misterios.
Espero que disfrutéis con su lectura.


              Desde los cuatro puntos cardinales


   −Llevamos casi tres horas caminando, sin parar, pero mereció la pena venir por ese monte lleno de pequeños árboles y encontrarnos ahora este crucero de piedra tan bonito
−Se ve la ciudad y al fondo las montañas que deberemos pasar los próximos días. Estoy deseando descansar y dormir ocho horas seguidas.
−Lo que ocurrió anoche fue especial en ese curioso albergue de Villar de Mazarife.
− ¡Ya! Vaya tormenta. Caían granizos como huevos de paloma y los rayos eran tremendos
−Pero el cocido leonés nos sentó muy bien
−Marcial, ¿estabas con este chino? no se te vio en toda la tarde.
−Mi amigo Park, es de Corea del Sur; me acompañó a ver el museo de Monseñor, a cenar, a tomar copas. Es todo un caballero y habla un español aceptable. Estoy intentado comprender las cosas que cuenta y su cultura ancestral
−Su cultura proviene de miles de años atrás pero la nuestra tampoco es novedosa. Y algo sabemos de espiritualidad. Mira, ahí llega Nastia.
− ¡Privet! Marcial, ¿ya estamos llegando?
−Aún nos queda. Astorga se ve estupendamente desde aquí. ¿Quién es tu compañero?
−Un español de las Islas Canarias. Se llama Ñito. Me está enseñando algo muy interesante
− ¿De qué va, Nastia?
−Pues mira, Laiba, es sobre como orientarse en el sentido espiritual para que seamos capaces de comprender lo que nos ocurre.
− ¿Dónde aprendiste esas cosas, Ñito?
−Fue hace unos días, casi al principio del Camino, de noche, en un templo, meditando, tuve una visión. Era sobre un libro cerrado que se abriría para mí si lograba descifrar un enigma.
− ¿Qué ocurrió?
−Estando en León, por la tarde, buscando un sitio para cenar me encontré a Esteve; un catalán muy instruido que anda con nosotros, y entramos en una librería de lance. Encontró un libro en una estantería y me lo regaló. Me dijo: leer esto te hará mucho bien. Después cenamos en un mesón del Barrio Húmedo y apenas volví al albergue me puse a leer.
− ¿Es interesante?
−Seguramente; aunque no entendí casi nada de lo que leí. Pero de noche comencé a soñar con un puerto de pescadores, la playa, los peces recién salidos de las redes; y me pareció ver al propio Salvador acercarse a tomar uno en sus manos y decir: ¡Este es de los buenos! ¡Cuidarlo!
− ¿Qué libro estabas leyendo?, que yo soy de León
− ¡Calla, Marcial! Y deja que lo cuente
−Es El Esplendor. Un libro de los judíos
−Ya; es que lo escribió un judío leonés, paisano mío, en aquellos tiempos medievales en que el Camino estaba lleno de peregrinos venidos de toda Europa
−No creo que vinieran de Noruega. Mis antepasados eran vikingos y venían a estas tierras para llevarse sus tesoros cortando cabezas; no para escuchar misas y contemplar monumentos
−También venían como peregrinos y por millares; tanto de los países nórdicos como de la lejana Islandia. Todos iban al Patrón de las Españas.
−Yo he venido desde Seúl y aun no comprendo las disputas de los europeos. Sois todos tan parecidos y tenéis las mismas creencias milenarias ¿por qué siempre estáis en guerra y disputas de todo tipo?
−Por lo mismo que estáis los orientales: codicia, hostilidad e ignorancia
−Nuestra dama vikinga tiene mucho que aprender y algo me dice que será ahí cerca, en Astorga, donde se llevará una buena lección
−Mira, español, venía conmigo uno que hace tres días le mandé a la mierda casi por lo mismo. En León cogió el avión de vuelta a casa. Así que no te pases ni me pinches con enigmas o visiones.
− ¿El hermoso joven que te acompañaba?
−Muy atractivo para todo el mundo; pero especialmente ignorante de todo lo que no le interese o pueda conseguir fácilmente.
− ¡Por Santo Toribio! ¿Se sobrepasó contigo?
−Lo intentó. Habíamos discutido muchas veces haciendo el Camino pero en el Burgo Ranero se pasó completamente
− ¿Qué ocurrió? Yo estaba aquella noche cuando montasteis un buen jaleo en el albergue.

−Estábamos cenando y se puso a contarme unas supuestas vivencias interiores que había tenido conmigo haciendo el Camino. Nos conocimos pasando los Pirineos por la ruta de Napoleón y al ser compatriota acepté su compañía.
−Yo estaba en una mesa cercana y os oí charlar pero no entiendo la lengua noruega
−Fue al volver al albergue. Me contó que había soñado con una especie de hombre interior; y que buscando desesperadamente la manera de conquistarme se vio inmerso en una especie de inmensa caverna muy oscura. Todo oscuridad a su alrededor.
Deseando poseer mi ser, de repente, se encendió como una llama y todo su ser se convirtió en una antorcha humana; bailaba, bailaba, una danza ancestral de un dios desconocido y salía a buscarme con un absoluto afán de hacerme suya y diosa. 
Según me lo contó le di con la mano en la boca y le grité: ¡Renuncia a ese poder inmundo o no darás un paso más a mi lado! La gente del albergue preparó un alboroto al oírnos gritar y él tuvo que pasar la noche en un hostal. Al día siguiente tomó un avión para Noruega. Se pensará que es Loki o Thor y que puede acostarse conmigo soltando cuatro bobadas.
− ¿Esos eran dioses vikingos, verdad?
−Sí, chino; sí.
−Soy coreano, y en mi tierra también hay mitos similares. No tienes porqué ofender. ¿Vamos bajando a la ciudad?
−Yo invito a una ronda de vinos en cuanto lleguemos
−Esto es un canario con salero. Conozco bien Astorga y os llevaré a buenos sitios para comer y tomar todo el vino que quieras
−Te seguimos, Marcial.



Unas horas más tarde los cinco se dirigen a conocer el precioso palacio episcopal diseñado por Gaudí con los tres impactantes ángeles junto a la muralla. Van haciendo fotos y oyendo las explicaciones del guía mientras recorren el singular Museo de los Caminos; pero al salir Marcial les conduce a la muralla tras los ángeles para contemplar la catedral.

− ¿Veis el patio de piedra al costado de la catedral? Alguna vez se ha jugado al ajedrez con seres humanos en ese recinto
−Supongo que no sería una partida amañada que algo entiendo de ese juego
−Aquí imperaba la nobleza por algo que os enseñaré; Park ¿te importa entrar en un templo católico?
−Yo también soy católico y vengo como peregrino. No me quiero perder la visita a una catedral. ¿Qué veremos?
−Algo dedicado especialmente a personas como nuestra amiga Laiba
−Como no sea el propio Odín y sus doncellas guerreras paseando por el templo dudo mucho que ahí encontremos algo que me vaya a sorprender. No sabes cómo soy.
−También lo ignoras tú. Nastia, ¿me ayudas a bajar las escaleras? Sabes que estoy mal de la espalda
−Pero seguro que bastante bien de todo lo demás. No te pases un pelo que te vigilo. Tú y Ñito sois una pareja de guasones.
−También tú has hecho buenas migas con él
−Es muy simpático y lo del libro abierto me sigue extrañando
−De buena ayuda será lo que sepa para lo que nos vamos a encontrar.


Al entrar en la catedral deciden ver primero el museo para hacer tiempo mientras termina la misa. Van pasando de sala en sala y de escultura a pintura; los trajes de los obispos y de la gente maragata. Al salir del mismo para entrar en el templo paran un segundo en el claustro y Park les pregunta:

− ¿Qué es lo que más os ha gustado?
−Una escultura de la Virgen con el Niño sentado en sus rodillas; debe de ser muy antigua; -responde Nastia. ¿Y a ti, Park?
−Las pinturas sobre las tentaciones de San Antonio
−A mí una imagen en un códice sobre el Apocalipsis cercano
−Ya está Ñito con sus gracias ¿el Apocalipsis?
−Sí, Nastia, sí. Una imagen del fin de los tiempos con los hombres y los curas adorando al becerro de oro actual, con forma humana; y sobre ellos los ángeles y los guerreros disputando sobre la violencia de los hombres. El gran dragón devorando almas por millares, Cristo mirando, y en la mesa un libro abierto.
−Si ese tuviera bastantes ángeles la violencia se terminaba aquí en cuatro días. ¡Un dragón!
−Esta Laiba es una auténtica valkiria. Nada se le pone por delante. ¡Pero no ves que es la naturaleza animal que todos tenemos! Aún cargamos con los reptiles y mamíferos que nos precedieron, ¡cómo no vamos a ser violentos! En vez de un dragón piensa en un gran pez.
−Ya; el leviatán. Soy algo mejor que una valkiria. Y, desde luego, no tan ignorante como para obedecer a macho alguno; sea terrestre o celeste.
−Alguno encontrarás, Laiba, que te domará
−No soy rusa y, sí, me pierde el orgullo
−A mí me perdió, por un tiempo, la soberbia. ¡Acercaos! Os enseñaré ahora la catedral
−Lo que tú digas, Marcial.


Entran en el templo y, silenciosos, van haciendo el recorrido, observando vidrieras, esculturas y capillas; hasta que ya punto de salir Marcial requiere su atención. Los cinco se quedan mirando el vitral sobre la puerta oeste iluminado por los últimos rayos del sol.
Un silencio atronador se derrama sobre ellos y, sobrecogidos, se toman de las manos sintiendo como si una ventisca de pequeñas pelotas invisibles golpeara sobre ellos con una furia desmedida.
Estando a punto de caer al suelo la delgada Nastia, Park les grita: ¡Debemos salir de aquí!, ¡rápido! Y salen corriendo como locos.
Una vez fuera y sujetándose a la verja de la catedral Park les grita:

− ¿Pero estáis locos? ¿No os dais cuenta de lo que habéis convocado? ¿En qué estabais pensando?
−No sé lo que dices, Park; yo solo pensaba en la cena
−Y yo en Rusia
−Yo en irme a dormir pronto; que ya estoy muy mayor; ¿y tú, Laiba?
−En ése que está allá arriba representado; y en cómo pudo hacer para presentarse después de muerto a los suyos y charlar y comer y tomar vino
−Así nos vino lo que nos vino; no estamos preparados para tal revelación. Me ha dejado deshecho ese extraño bombardeo que entraba por la puerta. ¡Era tan físico! ¡Tan real!
−Bueno, muchachos; la experiencia ha sido bastante fuerte e inexplicable, pero esta Laiba aguanta lo indecible, ¡y mira que te avisé! Tienes un espíritu casi invencible. Gracias a ti, Park; que si no nos vamos todos al suelo y no sé qué hubiera pasado. No importa; os invito a cenar en el mejor restaurante que conozco de la ciudad
− ¡Yayo! Eres un triunfo de hombre aunque cazurro como nadie, ¡pero que no sea menú peregrino! ¡Tú sé espléndido!
−Nastia sabe que no soy avaro, y encantado os invito a cenar como Dios manda; no importa si llegamos algo tarde al albergue. ¡Venid por aquí!


Pero, cuando van caminando por los soportales de la plaza mayor, les sale al paso un anciano vestido de peregrino a la antigua usanza, con ropas de cuero, un zurrón, sandalias, un extraño bordón, y un cigarrillo liado a mano manchando de nicotina sus largas barbas.

− ¡La voluntad para un viejo peregrino!
−Aparta, mendigo falsario; -le dice Nastia
−No soy falso en mí peregrinar, muchacha; mira, mira mi corazón con tus lindos ojos de gata.
− ¡Vale! ¡Vale! tranquilos que yo me encargo ¿De dónde vienes, abuelo?
−Desde Sevilla para mi último peregrinaje. Solo pido unas monedas para cenar
−Estás invitado; y mientras cenamos nos cuentas cómo es la Vía de la Plata o lo que se te ocurra
−Persona de gran corazón y escasa comprensión, como yo; acepto tu invitación tan sincera porque también estás en tu último peregrinaje.
−Pues entremos; que aquí mismo está el restaurante y ¡Por el Apóstol! Confío en que os sepáis comportar y no pasen cosas raras; ya sabéis a qué me refiero. Park, tú de vigilante.

Apenas se sientan y piden la cena quedan los seis sumidos en un extraño silencio mirándose de soslayo los unos a los otros sin soltar prenda. No se oye una mosca en todo el local como si estuviesen escuchando algo secreto. Pasan los minutos y es Marcial quien decide salir del silencio preguntando al mendigo sobre su condición personal.

− ¿Cuántos años tienes, peregrino?
−Tantos casi como el ser humano; pero soy joven comparado con las estrellas
− ¿Cuántas veces has peregrinado?
−Tantas que me son peregrinas hasta las células. ¿Y este chico oriental no tiene lugares en su tierra donde poderse lavar?
−Sí, también hay santuarios milenarios en Corea del Sur; pero fue una visión interior la que me motivó a venir a España
−Se la puedes contar a este abuelo a las puertas de la muerte. Tendré mucha suerte si llego hasta Villafranca del Bierzo
−Por supuesto; en mi tierra y cultura es algo más que respeto lo que sentimos por los ancianos y se lo relataré gustosamente.


Hace algo más de un año contraje una extraña enfermedad que me mantuvo en cama durante meses. Cada médico me daba un diagnóstico y un remedio diferente pero cada día me sentía peor. Rezaba al Cielo como buen cristiano que soy y escuchaba el consejo de mis ancestros espirituales; pero no conseguía mejorar. 
Deliraba día y noche viendo cosas extrañas en mi propio dormitorio. Simios que hablaban como humanos pero se comportaban como bestias; toltecas construyendo una enorme pirámide en la América Central; un esclavo africano tratando de huir de los soldados portugueses que le daban cacería y mataban en la orilla del Amazonas, o un soldado alemán invadiendo Rusia en el nombre de Cristo como si fuera un antiguo cruzado.
Creyéndome a las puertas de la locura total y deseando suicidarme antes de que aquello persistiera, a solas, en mi dormitorio, me puse a rezar como un occidental; de rodillas erguido y soltando un padrenuestro a la oscuridad. Algo me golpeó en el centro de la frente y caí sobre la alfombra; quedé anonadado y mi garganta comenzó a arder; segundos después me dio una especie de ataque de asma y creía ahogarme; me dolían los pulmones como si fueran de plomo fundido y el aire me faltaba. Daba brincos, fuertes golpes en el pecho, el corazón se me rompía en mil pedazos y el dolor era espantoso. Sencillamente creí morir en esos momentos.
Pero algo me hizo tomar un último hálito de vida cuando ya estaba totalmente derrotado y tirado como muerto. Es dolor se fue pasando, el corazón reposando, el aire entraba en mis pulmones y la vida volvía a mi ser como la más dulce de las caricias. Agotado, cerrando los ojos, tratando de recuperarme, vi aparecer en mi mente una extraña cruz y mi lado acercarse una monja viejecita de las Misioneras de la Caridad que, agachándose, me susurraba al oído: ¡levántate, sucio, y peregrina a Compostela para limpiarte!.
Apenas conseguí volver a la cama llamé con mi espíritu a aquella monja sencilla que viniera a confortarme. ¡Namasté! Me dijo al aparecer, ¿no ves que te estás congelando? ¡Mira que sucio estás por dentro! No veo nada, madre, ¡cómo no me enseñes! Y entonces comencé a ver mi hogar de otra manera. Una vivienda llena de suciedades; las ratas que entraban por cualquier parte y me acosaban hasta hacerme subir al armario; y, al intentar ducharme, arañas y escorpiones saltaban sobre mis piernas picándome por todas partes. Finalmente, al acostarme de nuevo una serpiente venenosa saltaba sobre mí y me mordía en el corazón.



− ¿Y qué ocurrió, Park? Porque sigues vivo y se te ve muy bien
−Gracias, Nastia. Sentí, de nuevo, un dolor tremendo en el corazón que no sé cómo no me mató y quedé como inerme mirando al techo de la habitación. Segundos después apareció de nuevo aquella extraña cruz como atravesando la pared y metiéndose dentro de mí.
Eso fue hace seis meses; en pocas semanas aquella enfermedad desapareció. Volví a trabajar y me puse a ahorrar el suficiente dinero para venir a España a hacer el Camino de Santiago.
− ¿Qué tenía de extraño esa cruz?
−Que estaba hecha con tres brazos en vez de dos
− ¿Sería como ésta? −Y el mendigo peregrino saca de su pecho un colgante con la Cruz de Caravaca
− ¡Esa es! ¿De dónde procede?
−Es española como yo. Tranquilo, muchacho que ya te vas limpiando bastante. Ten, te la regalo. Donde yo voy ya no la necesito
− ¡Gracias! ¡De corazón, gracias! La acepto por mí y por todos mis antepasados. Algo voy comprendiendo de por qué me empujaron a venir al Fin del Mundo. Y gracias a ti, Marcial; por esta cena tan estupenda.
− Park, ¿Tú has visitado la Puerta Celestial del Santuario Itsukushima que levantaron los japoneses para marcar el Inicio del Mundo?
−Lo he visitado como turista. También los japoneses vienen a conocer el templo de Seokguram Buddha, en mi país; que es muy hermoso
−Bueno, pues tú tranquilo que llegarás al lugar donde se encuentra la Luz que nunca desaparece. Y vosotros también; si os limpias lo suficiente antes de llegar
−Mire, abuelito español; soy nórdica por los cuatro costados y en mi tierra el sol no se pone en todo el verano. No asuste al chinorri con cuentos de viejas y viejos símbolos o yo le cuento uno de los míos
−Cuenta, hija, cuenta; que tú, con tanto furor, ni ves la rata inmensa que te come el alma, y ya veo que eres fuerte para soportarlo, ni a las viejas de tu tierra que atan tu espíritu luminoso con sus tramas fangosas
− ¿Fango? ¿Qué sabrás tú de eso? En esta tierra reseca de siglos. Aun así te contaré una historia mientras nos traen el postre.


En la noche de los tiempos, cuando la raza humana era aún muy joven, apareció un héroe que desafiando dioses, hombres, y fieras, se dirigió al elevado Norte perseguido por los lobos y los espíritus cobardes. Luchó durante semanas contra el frío y el hambre hasta tal punto que llegó a ser admirado por los osos y temido por los renos. 
Caminó tanto que llegó donde nace la aurora boreal y el sol nunca se pone. En lo alto de un escarpado acantilado y deseando ir más allá para arrancarle a los dioses el secreto de la Vida; al no poder avanzar caminando, llamó en su ayuda los espíritus de todos cuantos había conocido. Amigos y enemigos, familiares y gentes de otras tribus; hasta animales domésticos acudieron a su llamada al Cabo Norte. 
De pie, sobre el alto farallón, y contemplando los hielos lejanos que cubrían las tierras y los cielos, gritó a lo más alto: ¡Acaso no es el hombre más que otra estúpida alimaña! ¿Sólo hay en nuestro destino matar y procrear? Y mirando a los suyos gritó: ¡Construyamos un puente entre todos para llegar hasta la morada de los dioses! ¡Vayamos donde nace la luz celeste!
Todos quedaron cabizbajos no sabiendo como acometer semejante empresa; pero uno de sus mejores amigos, su perro de caza, le gritó: ¡Humano! Ese puente ya está en tu enorme cerebro; no necesitas saltar de la montaña y matarte. 
Mira, haz como yo; y, sentándose en el helado suelo se puso a mirar fijamente al más allá. El héroe, extrañado pero interesado, mandó a su hueste hacer lo mismo y todos, sentados al borde del acantilado, comenzaron a mirar hacia donde nace la aurora boreal.

Minutos después, con una fuerte ventisca desatándose y las últimas fuerzas abandonando al héroe, su espíritu comenzó a ver como se formaba un extraño puente formado por rectángulos luminosos sobre el aire conduciéndole al infinito. 
De golpe, se puso en pie, dispuesto a saltar, pero todos sus deudos y protectores comenzaron a gritar: ¡no saltes! ¡No saltes! ¡Te matarás! ¡Te perderás! Hasta hacerle dudar y caer de rodillas. 
A punto de rendir alma y cuerpo al horror helado volvió a mirar a su perro de caza, que a su lado se acostaba; y alcanzó a ver en sus ojos llorosos la imagen de un hombre desnudo y calvo, en el suelo sentado, a su lado, y mirándole con una mueca de burla. Se abalanzó el héroe hacia el abismo espantoso ya casi oscuro por la noche y gritó con sus últimas fuerzas: ¡desafío!
Sin armas, sin pieles protectoras, el hombre desnudo igual a él, solo hambre y miedo, dolor y odio, puro deseo de ser, se dirigió caminando al puente de ventanas de luz sobre el abismo del mundo y caminando fue hasta el otro lado.
Llegó a mundos de todo tipo y condición; alguno lleno de luz y calor extraño pero casi desierto; otro mundo pleno de extraños y elevados edificios de piedra o metal que llenaban la tierra casi por completo y donde conocimientos ocultos al hombre le intentaban seducir con las propuestas más innombrables. Pero continuó el héroe desnudo caminando entre las obras de seres del pasado y el futuro despreciando todo cuanto veía.
Al fin, tierras y construcciones llegaron a desaparecer en su extraño caminar; y él siguió andando hasta topar con un extraño río de aguas de plata, allí el héroe se detuvo; dudando en rodearlo o vadearlo. No era un gran río sino más bien un arroyo; en el que vio cómo se movían peces de todos los colores y tamaños en todas direcciones. Deseando cruzar al otro lado mojó uno de sus pies, y al instante surgieron en la otra orilla dos hombres vestidos con túnicas blancas y luminosas.
Uno de ellos le habló diciéndole: ¿Dónde va el hombre? ¡Al otro lado! Gritó el héroe. ¿Quieres ser un dios? Le respondió el resplandeciente inquisidor. ¿De qué me valdría después de lo que he visto? También los dioses mueren cuando no sueñan los hombres; y sus obras se deshacen como la nieve en primavera. ¿Quieres acaso construir un paraíso donde disfrutar eternamente con los tuyos? Le dijo el otro ser.  Eso, por bueno que fuera, duraría lo que durasen mis ansias de placer y mi imaginación para complacerme. 
Entonces, ¿qué quieres? ¿Por algo has llegado hasta aquí? ¿Te gustaría ser el guía que conduzca a los hombres hasta el futuro que has visto tras de ti? Enseñar a esos peces que pasan bajo nuestros pies a no ser estúpidos sería tarea más sencilla que lo que me proponéis. Ya ni poder ni riqueza de algún tipo, ni conocimientos que nunca se acaban o incluso la luz mental suprema me seducen; pero charlar con los peces hasta que me entiendan y dejen de matarse los unos a los otros me parece la batalla más suprema que ni dioses ni héroes anteriores o posteriores a mí pudieran intentar y ganar.
¡Sea como dices! Dijeron al unísono los dos seres; te llegaran a entender los peces y tal vez a alguno le convenzas con tu afán pacífico; y, además, algún día, llegarás a conocer al Pescador Supremo y, si quieres, trabajaras a su lado.
Vuelve ahora a los verdes prados y las mujeres calurosas, pero nunca olvides el infierno helado que por vuestros pecados os atrapa el alma durante eones. Y se siempre compasivo con las flaquezas de tus semejantes; que si has llegado hasta aquí ha sido con su ayuda. No fue un dios ni el cariño del animal lo que te empujó y consiguió hacerte llegar hasta nosotros. Nunca pienses que eres algo superior. 
El Amor que sentiste en el hielo proviene de la conciencia de ser que tienes, y la Sabiduría lo que te condujo hasta este arroyo del desprendimiento personal. Se amoroso mejor que fuerte y compasivo en vez de cruel con cuantos conozcas y hasta con los que ignores. Sobre todo, nunca olvides, que a nuestros ojos no eres mejor ni peor que cualquiera de esos pececillos bajo tus pies. Algún día lo aceptarás.
El héroe volvió en sí, allá en la helada tundra, y levantándose, abandonó los hielos y los espectros que los habitan. Al regresar a sus bosques y praderas fue hablando con amigos y con quien quisiera oírle para formar un pueblo fuerte y compacto que persistiera los vaivenes del tiempo.
Lo consiguió. Yo soy una de sus descendientes directas.


− ¡Caramba con la nórdica! Esta no es de las que van a las Islas Canarias a darse un chapuzón huyendo del frío. El chapuzón helado nos lo ha dado a nosotros.
−Entonces no te comas esa copa de yogurt helado y déjamela para mí.
− ¿Y la manzana para quien será?, Nastia.
−Me la guardo para desayunar; goloso sin fin.
−Bueno; va siendo hora de terminar la cena y de volver al albergue que nos cierran.
−Lo que usted mande; Marcial.
− ¡Ñito!; no empieces a hablar como Nastia y cuéntame algún chiste de gomeros camino de la cama; que con estas historias que estáis soltando no sé si pegaré ojo. Y usted, abuelo, nos acompaña; que ya le encontraremos sitio en el albergue.

Un buen rato después, ya de noche, cada uno se va su litera, casi a oscuras; pues son los últimos que han llegado y ya está todo el mundo acostado. La noche es calurosa y tranquila y un silencio acogedor envuelve a los durmientes como un manto protector.
¿Qué raro? Piensa Nastia para sí misma, no se oye ni un ronquido; es que no se oyen ni los sonidos de la calle. ¡Bueno! Mejor podré dormir. Pero apenas ha tomado postura sedente y cierra los ojos escucha decir:

− ¿Se puede entrar?

Es la voz de un niño que va vestido con un vestido de lino blanco sujeto por un cinturón dorado. Se acerca hasta ella y le susurra:

−Dulce Innana, ¿me das algo?
−Me llamo Nastia, ¿y tú de dónde sales vestido así?
−Siempre estoy aquí; con mi madre
− ¡Ah! Vives en el albergue. Bueno, toma, es lo único que tengo: una manzana.
−Gracias, dulce Innana. -Le dice una mujer altísima; cubierta con un antiguo vestido totalmente de negro y un velo cubriéndole el rostro. Amor con amor se paga; como bien sabes.
− ¿Por qué viste así, hospitalera? ¿Algún ser querido se le ha muerto?
−Ya sabrás el por qué y el cómo. Por la manzana que le has devuelto a mi hijo yo te aseguro que algún día, en este u otro mundo, tendrás un hijo como él.
−Gracias, señora; sí que me gustaría ser madre.
−Mucho estas cambiando, Innana. Sigue este Camino que algo bueno harás.  Vigila el dragón y sujeta la serpiente. Encontrarás un pez, ¡péscalo! Adiós.
− ¿Pero esto qué es? Aparece gente en cualquier lado que entra como Pedro por su casa y dicen cosas de lo más raro. Al menos el niño pidió permiso para entrar. En fin; a ver si ahora puedo dormir. ¿Por qué me llamarían con ese nombre?

Es ahora Marcial el que intenta dormir; pero no deja de darle vueltas a su encuentro con el viejo peregrino andaluz, que no quiso quedarse en el albergue. Pero al despedirse le dio su bendición diciéndole: ¡Ve siempre con Dios, peregrino! Y nunca pierdas la luz de antigua estrella que llevas en tu ser. El viejo olivo aún tiene ramas verdes, ¡Cuídalas hasta tu muerte! 
Y me hizo la señal de la cruz en la frente. ¿Qué gente más rara estoy encontrando en este viaje? Mejor sería que me hubiera ido de cacería a La Mancha con mis amigos. Esto me está resultando agotador.
Al momento ve pasar a su lado a un joven con una pequeña linterna de bolsillo y le saluda:

-Aussie, ¿qué tal va eso? ¿Puedes dormir? 
-Eso intento; y tú ¿qué haces levantado a estas horas? 
-Es que no sé qué me pasa, en vez de pensar por mí mismo parece que pienso por todo el albergue y no hay manera humana de centrarse. 
-Anda, acuéstate, que ya se te pasará; es necesario dormir para caminar. Nos vemos mañana en Rabanal.
Queda el peregrino reposando la cena y el cuerpo, meditando en los sucesos de las horas pasadas; pero apenas comienza a dormir cuando un extraño ser se aproxima hasta su cama y le pone la mano en el hombro. Es de corta estatura, rostro extraño, piel negra y abundante vello corporal; y le susurra: ¡Ven! ¡Ayudar a Ñito! Y le toma de la mano y levanta de la cama. 
Saliendo del dormitorio entran en un cuarto oscuro y, como si pasaran a otro mundo, se encuentra en un claro de la selva y sobre una gran piedra ve a Ñito echado y sujetado por un grupo de africanos. Uno de ellos, con un gran cuchillo, le está abriendo la cabeza.
Marcial se lanza como una fiera hacia los salvajes gritando como un poseso; pero el hombrecillo peludo se tira a por él, y agarrándole por la cintura le derriba al suelo. ¡Alto! ¡Hombre! ¡No le quieren matar! ¿Pero qué le estáis haciendo? ¡Dejar el cuchillo inmediatamente y soltarle! Tranquilo gran cazador; él es Gbonka, el héroe. Solo él puede librarnos de la venganza del gran Orisha, que se ha vuelto loco y nos va cazando uno a uno convertido en un terrible leopardo. ¿Y para qué le herís en la cabeza? Para que podamos verlo y matarlo; pues la terrible magia que utiliza le hace invisible a los humanos e invencible para nuestros ancestros. Este pequeño velludo es uno de ellos y de los más fuertes; pero nada puede contra las enormes garras del leopardo que destrozan tanto a vivos como a muertos. Entonces ve con ellos, Ñito, y salva este pueblo; te esperaré rezando sentado en esta piedra. Pero si vas a luchar contra poderes invisibles algo mío tendrás que llevar. 
Y arrancando una rama de un árbol cercano la rompe hasta formar con ella un pequeño bastón; y tirándolo en el suelo orina sobre él. Una vez hubo vaciado su vejiga lo sujeta y le dice: ¡Toma, héroe! Y úsalo bien, que arma como ésta no la tuvo el propio Hércules; su olor atraerá al monstruo y por su naturaleza podrás engañarle y romperle la cabeza en mil pedazos. Hazlo pronto que otras personas nos necesitan.
Apenas minutos después de desaparecer en la vegetación selvática aparece de nuevo Ñito con el bastón ensangrentado bufando como un toro. ¿Todo bien? ¿Y los cazadores? Todos muertos; no sabes cuanta maldad había en ese ser. ¿Cómo llegaste a darle muerte? Apenas llegamos a un claro cercano nos salió como un tifón, desde la espesura, un enorme leopardo abalanzándose sobre nosotros y matando sin piedad al primero que encontró. Consideré que luchando nada conseguiríamos, y les ordené ponerse a bailar la danza de vida y amor haciendo un círculo alrededor suyo.
Uno por uno les fue matando de un zarpazo tremendo, como divirtiéndose; pero al llegar hasta mí y confundido por mi danza y el olor de tu bastón, se quedó mirando un instante que yo aproveché para descargar mi furia en su cabeza. Muerto está y enterrado. Deberíamos irnos de aquí cuanto antes pero ni sé cómo llegamos ni cómo saldremos.
-Fácil será si me hacéis caso; pero primero hay algo que los dos tenéis que aprender. 
-¡Park! ¿Qué haces tú aquí? 
-Venir a sacaros de esta jungla de recuerdos; pero antes os mostraré algo. 
-¿Esto qué es? 
-Parece un tablero de damas. Es un juego chino, se llama Alma y os enseñaré a jugar. Hasta ahora, ambos, jugabais al ajedrez, un juego estupendo en el que solo hay un contrincante; sois muy buenos en el uno contra uno pero ahora y para el Camino que nos queda por delante tendréis que aprender un juego en el que el número de contrincantes puede llegar a seis; así no peleareis tan solo con vosotros mismos o vuestro antagonista de turno. Combatir y colaborar es el juego en el que estamos metidos así que aprender rápido que los compañeros nos reclaman.

Tras jugar una larga partida, Marcial, mirando al cielo, exclama: ¡Mira, Ñito! ¡Una señal! 
En el cielo oscuro sobre sus cabezas un circulo formado por diez estrellas se ha formado y una estrella más grande que todas, de rojo color, desde el centro del círculo, lanza un rayo de luz espesa que abre un agujero en la piedra y por él alcanzan a ver la entrada del albergue. 
Rápidos se introducen en el agujero y vuelven al dormitorio sin hacer el menor de los ruidos. 


Duerme Laiba cuando una nube de voces y caras la envuelve por completo transportándola a otro lugar: es la plaza aledaña a la catedral y en ella se desarrolla un juego de ajedrez con figuras humanas vestidos con trajes futuristas. 
Ella es la reina blanca y tras de sí tres enormes ángeles alados le están mirando. Uno de ellos le dice: es tu turno, ¡Haz tu jugada! ¿Y qué nos jugamos con esta representación? El destino de tu pueblo durante los próximos mil años. Le responde otro de los ángeles. ¿Mi pueblo? ¿Cuál es mi pueblo? La gente del norte, que sois los que estáis este mundo gobernando en este tiempo; le responde el tercero. Quizá ya no podáis seguir mandando y sean otras gentes las que conduzcan la humanidad durante otro trecho. ¿Qué ocurre? ¿No conoces las reglas o no te atreves a moverte paralizada por el miedo? ¿Cuáles son mis armas ya que tengo que luchar con el mundo entero? Madera y acero, espada y bordón, le dice el primero. El hielo y el fuego, coraza y fulgor, le dice el segundo. El águila y el pez, presa y cazador, en tu escudo, termina diciendo el tercero; ¿Conoces algo mejor? No; jugaré y ganaré antes de lo que pensáis.
Giran las estrellas del cielo sobre el patio de la catedral envolviendo con su luz cenital el desarrollo del juego. Laiba esplendorosa, observando desde el centro del tablero, comprende que su situación es muy comprometida y está a punto de perder su rey y a sí misma. Mira casi sin querer a los ángeles espectadores y uno de ellos le indica: ¿Ves hasta dónde has llegado? ¡A la Luna! Le responde con soberbia. Un pequeño paso para ti que eres capaz de llegar tan lejos, tan abundante de artefactos; pero, mira: te estás quedando sin peones; le susurra otro de los ángeles. No importa; ganaré la partida con ingenieros y científicos. Replica Laiba y se lanza con furor renovado a la partida contra la reina negra.


Pero apenas unos cuantos lances más y de repente se encuentra a los pies del velado rey negro que exclama triunfante en su rostro sudoroso:
− ¡Jaque mate!
− ¿Park? 
- El mismo, compañera de Camino. Levántate y volvamos al refugio que ya has hecho bastante por los tuyos. ¡Deja que luche otro por un tiempo! A cambio de tan espectacular partida me permitiré compartir algo contigo, eres un contrincante extraordinario; tómate esta pócima que te ayudará a recuperarte.
− ¡Aggg! ¿Esto qué es, vitriolo?
−Siento no haber mejorado su sabor lo suficiente; pero se acerca bastante a la panacea tan buscada y sus efectos son muy rápidos. Te contaré algo hasta que salga el sol y salgamos al Camino.
− ¿Y yo qué he de hacer? 
- Estar cayada; que no cierras la boca ni debajo del agua.
−Bueno; empieza ya.
−Si ya alcanzaste el Uno, gran señora del Norte, hace tantísimo tiempo ¿por qué no vuelves a la humildad de carácter que siempre has tenido? Vuelve a ser débil para conocer tu fuerza, a caminar como un sembrador, y las semillas del mundo volverán a tu despensa. No dejes huellas de tu paso por la tierra y despójate de tantos conocimientos inútiles que llenan tu mente para volver a Saber. 
No pelees y vencerás. Siendo dura te rompes pero siendo blanda la vida te colma; viajas mucho pero no llegas a ninguna parte; reposa en tu catre y ante ti se desplegará el Camino del Cielo. El que nunca debiste abandonar. 
¡Buenas noches!

 Bueno, a ver que os parecen estas nuevas aventuras del Camino de las luciérnagas
Están basadas en historias que nos contamos unos a otros; y algo de trabajo personal.
El juego al que alude Park se denomina Alma o Damas Chinas; es muy entretenido. 
Para pasar las largas horas de albergue cuando hace mal tiempo o no apetece deambular por la localidad donde hayas parado: http://www.stratozor.es/damas-chinas/
Y pueden jugar hasta seis contrincantes al mismo tiempo. 
Los que tengan interés en conocer el Museo de Monseñor de Villar de Mazarife, gran pintor y mejor persona, y al que tuve la suerte de conocer y charlar unas cuantas veces con él, pueden consultar en este enlace: http://monenior.zobyhost.com/museo.html

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