jueves, 27 de septiembre de 2012

Una sombra en el campo de la estrella. El cuento completo.

 
Una sombra en el campo de la estrella

¿Qué me inspiró a la hora de escribir este cuento? Por cierto, uno de los que más trabajo me dio y mas tiempo me llevó hasta concluirlo. No son mas que cuentos de peregrinos disfrutando del Camino Francés.
El miedo, el horror de estar vivo y no saber. Los sueños, las pesadillas que nos atormentan y te despiertas a las tantas de la madrugada sin saber por qué. Y el buen humor como defensa y medicina ante el terror cotidiano. Incluso caminando por las prodigiosas tierras del Bierzo pueden sobrevenirte momentos de pánico.
Por otro lado es un pequeño homenaje a don Antonio Pereira, uno de los mejores escritores españoles del siglo XX; natural de Villafranca del Bierzo. Que con sus cuentos prodigiosos abrió caminos insospechados para toda la literatura de auténtica calidad. Un gran maestro, sobre todo de la fantasía, la ilusión perpetua, pero enraizada en los mitos y leyendas de su tierra leonesa. Una de las mas fértiles del mundo en ese aspecto.
Leer este cuento y que los aromas de los caldos bercianos y su comida sincera invadan vuestros sentidos mas primitivos y auténticos.




        Una sombra en el campo de la estrella

          ¿Qué haces sentado al sol, peregrino?
−Observo las esculturas que hay en esa finca, ¿qué trata de expresar el escultor? Un rostro con mujer encadenada, seres humanos, caballos; lo que pasa por la mente humana. Llevo un buen rato llamando al timbre de la finca pero no responde aunque parece estar en la casa
−Mejor será que continuemos hasta Villafranca. Hace mucho calor y necesito tomar líquido cuanto antes; debo estar deshidratado
− ¿No paraste en Cacabelos?
−Sí, y me tomé una gran ración de pulpo; ahora necesito beber cuanto antes
− ¿Dónde está el larguirucho que te acompaña? Os oí anoche charlando en el albergue de Molinaseca
− ¿Y qué decíamos?
−No entendí gran cosa pero parecía interesante
−Hablábamos de estrellas y de cosas incognoscibles; caminos imposibles entre universos alternativos
−Entonces mejor será apurar para llegar al albergue de Jato y pedir una gran jarra de sangría; esperaremos allí a tu compañero
−No es mi compañero; es un americano con una historia muy especial a sus espaldas. Pero sigamos andando.
− ¿No será espacial? No para de hablar de estrellas y constelaciones
−También hablo yo de ellas y soy vasco
−Yo de Badajoz y prefiero hablar del jamón y las jamonas
−También a mí me gustan pero con este calor no consigo ni pensar en ello
−Tranquilo, que a la primera jarra invito yo
−Me preocupa ese hombre; tiene cosas horribles en la cabeza y viene de peregrinación, no de turismo.
−Yo me quedé en el paro hace un mes y mejor ni te cuento lo que tengo. Al yanqui le llevamos esta tarde a cenar en un sitio que conozco y con cuatro chupitos verás cómo suelta lo que le amarga la existencia. A mí lo que me preocupa es cómo subir mañana el Cebreiro.
−Si no tuvieses esa barriga y ese sobrepeso no estarías tan preocupado. Deberías hacer algo de deporte.
− ¿Más deporte que poner ladrillos? ¿Cómo estás tú tan delgado? ¿No comes caliente? Porque los vascos sois de buen yantar.
−Soy marino y la mar es mi madre y mi alimento
−O sea, merluza y bonito de pincho
−Algo de eso, también sardinas. ¡Gracias a Dios! Ya se ve Villafranca. Una fuente ahí abajo, tengo que beber como sea. Disculpa.
−Pero, ¡pijo! No hace falta que te arrodilles, ¡ni que te diera de beber un ángel!
− ¡Tú qué sabes! Me sentía como si la muerte me abriese la barriga en canal y por ahí se me fuese el alma y todo lo que contenga
−Bueno, pues entonces bebe lo que necesites; no eres un gigante en lucha con un guerrero navarro. Te llevaré la mochila hasta el albergue de Jato y te esperaré con una gran jarra en la mano. ¡Y reza!
Por Dios no te vayas a quedar aquí tirado que estás a dos pasos del refugio; esta noche cenaremos con el yanqui y hablaremos de luces y estrellas y chicas de hermosas y largas piernas. Tienes un bajón tremendo que se pasará rápido y en paz. Te espero. No dejes que las mujeres encadenadas o lo que te pase ahora por la mente te noquee.


      El sol es un yunque de plomo cayendo sobre su cabeza con continuos golpes pero el agua refresca su cuerpo y alivia su ser interior; tirado en el suelo, al pie de la fuente, se siente como si estuviera en su barco azotado por la peor de las marejadas. Meses y meses al albur del viento, el mareo, el turbión imprevisible, los delfines y gaviotas por compañeros, abismos insondables, las olas inmensas, noches de tormenta con las emociones desatadas. ¡Y arriba! Solo estrellas.
Y no paraba de rezar. Dichoso Cabo de las Tormentas. La vuelta al mundo; eso fue lo que se propuso, y en solitario. La soledad. Hablando con las gaviotas, temiendo a los piratas; intentando alejarse de la maldad del ser humano se alejaba de toda costa habitada y tan solo veía una rápida estrella pasando cada noche sobre la vela mayor y al dormir, algunas noches, con extraños seres le parecía conversar. ¿Deliraba? Le hablaban de redes cósmicas, caminos entre galaxias por los que intentaban transitar y a menudo se perdían.
Él les decía: tenéis que encontrar el camino del caracol ¿o sería de la caracola? Ni el mismo lo entendía. Solo recuerda la imagen de un peregrino medieval que tomaba la dirección del grupo y les guiaba por un camino tachonado de estrellas hasta el interior de una antigua catedral. Completamente extrañado e interesado por descubrir el enigma vislumbrado al terminar su hazaña de dar la vuelta al mundo en solitario tomó su vieja mochila y se puso a caminar hacia Santiago.


− ¡Hey! Patrón ¿tan cansado estás? Anda, levántate hispano narigudo; una docena de cervezas heladas nos espera ahí delante
−Un segundo,Glenn, que recupere el resuello; muy bien llegas tú al final de un día tan caluroso.
−Buena comida y vino blanco muy frío en Cacabelos.
−Yo paré a comer pulpo en una terraza y tomé vino tinto en buena cantidad.
−Yo en un restaurante cerca del río, ¿y tú mochila?
−Se la llevó un compañero a un albergue que hay más allá de este cercano. Nos espera con sangría y alegría.
−Preferiría una ensalada tropical y cerveza ligera
−Pues vamos allá. ¿Sabes que en esa iglesia se encuentra la Puerta del Perdón? Solo en años jacobeos se abre y da la misma remisión de los pecados que Compostela otorga a quienes no puedan continuar
−No es por eso por lo que estoy aquí. Si me quieren perdonar que lo hagan si quieren. Voy buscando algo.
− ¿Y qué es? Si se puede saber; pues no paras de decir que vienes como peregrino a este viejo camino
−Una sombra entre las piedras que me guíe hacia un gran misterio que me atormenta desde mis días entre las estrellas. Aquellas jornadas agotadoras eran un martirio en la estación espacial, parecía que el universo entero nos golpeara; una infinidad de alfileres se nos clavaban en todo el cuerpo y al dormir solo la aparición de una sombra en un rincón, entre paredes de piedra, me calmaba y adormecía.
− ¿Y cómo era la sombra?
−La de un peregrino con su bastón. Y también escuchaba sonidos musicales de canciones medievales. Al volver a la tierra pedí licencia por unos meses y me vine a buscarlo en este Camino.
− ¿Y no tienes más indicios?
−Una ciudad con forma de caracol es donde se esconde la sombra.
−Creo que ahora sí que te puedo ayudar; también a mí algo me dijo que me pusiera a caminar. Voy pensando en algo mítico, extraño, antiguo. Pero solo encuentro novedades.
−Mira esa chica rubia, parece Andrómeda; podemos seguirla por si coincidimos en el mismo albergue.
−Mientras no se la lleven esta noche en una jaula dorada, por mí encantado.
−Quedan cuatro pasos para llegar; aquí se ve esa iglesia tan famosa. Pero está muy desvencijada.
−Son los siglos que tiene encima y el paso de tanta gente canalla. Ahí se ve el albañil que nos espera con el refresco.
− ¡Al fin llegan los dos más perjudicados de todo el Camino! Un poco de sangría mientras selláis la credencial os vendrá fenomenal. ¡Veréis que ambientazo tiene el local!


      Unas horas más tarde sentados en un restaurante familiar del centro de la villa se encuentran los tres peregrinos charlando sobre las experiencias de su vida y los días que llevan caminando. El americano pide una cerveza irlandesa mientras sirven el menú y exclama:

−Tal vez podría surgir un duendecillo irlandés de esta copa y nos alegraría la cena con sus desvaríos.
−Aquí están sobrados de duendes y hadas. ¿Os habéis fijado en las caras y figuras que había en esa casa cercana?
−Es la casa del escultor. Esta villa fue inicialmente poblada por gentes venidas de toda Europa y seguramente trajeron consigo leyendas de sus lugares de origen; pero tú, hombre del espacio, ¿no nos podrías contar algo de tu compañera en la estación espacial?
−Era europea y no conectamos en absoluto. Aquella sí que era una auténtica Andrómeda. Nadie podía dormir apenas en la estación; pero ella, cada noche se envolvía en las mantas térmicas doradas, recitaba algún tipo de oración y se quedaba como un tronco horas y horas. ¡Como si desapareciera!
−El caso es que ella dormía y tú no. Y no le quitabas el ojo de encima.
−Yo intentaba dormir y tan solo oía voces y medio soñaba historias de marinos recorriendo el mundo de abajo en lucha con las olas y los piratas. Pero una noche tuve un sueño especial.
−Cuenta, cuenta, que ya viene el primer plato.
−Soñaba que caminaba sobre una inmensa senda espacial; millones de estrellas pavimentaban el camino y por donde mirara galaxias sin fin llenaban los cielos. En un momento dado yo gritaba: ¡Pero no hay más que esto!
De repente caía en un insondable abismo donde nada se veía o percibía, ¡incluso ni a mí mismo! Asustado hasta un límite insoportable volvía a gritar: ¡Perdóname! ¡Seguiré tu guía! A continuación me encontraba paseando por calles con casas y suelos de granito, yendo de un lugar a otro y sin entender nada ni a nadie. Alguien me susurraba ¡sigue la senda del caracol! Y escuchaba una antiquísima canción inglesa de Henry Purcell, sobre el poder del Amor, y mis pasos me llevaban hasta una gran catedral. 


Pero yo me revolvía y gritaba al cielo: ¡No es aquí donde quería venir! ¿Dónde está mi compañera? Y, como en otra visión fantástica, veía a una hermosa mujer –astronauta- caminando por la misma senda de estrellas que yo estaba recorriendo pero dirigiéndose a un inmenso agujero negro. En él se adentraba rápidamente y se disolvía. Nada de ella quedaba al instante siguiente; incluso de mí se borraba el recuerdo de su aspecto y su bello rostro. Allí incluso la luz más lejana se adormecía entre profundas sombras y millones de estrellas se precipitaban en un infierno helado. El corazón se me encogía y me sentaba en el frío suelo.
De nuevo una voz me decía, imperiosa: ¡Busca la sombra del peregrino! A su lado está la puerta por la que deberás entrar antes del fin de tus días. Yo pensaba: ¿peregrinos? ¿Los que llegaron en el May Flower?, el día de Acción de Gracias, el pavo, los indios, cosas de esas… 
Pero era la sombra de un peregrino medieval recortada contra las paredes de la catedral, y las gentes al pasar gritaban festivas ¡Ultreya, suseya! Así que en cuanto volví a la tierra, indagué, compré una guía, volé a París, me puse a andar y aquí estoy. Intentando resolver el enigma.


−Tú lo que buscas es a tu media naranja. ¡Paseos espaciales! Ni siquiera le has dicho nada a esa rubia tan maciza con la que llegaste al albergue.
−Lo intenté a la puerta del albergue pero estaba enrollada con un grupo de titiriteros y cuenta cuentos que estaban montando un show. Había incluso un traga fuegos.
−Haberla invitado a cenar. Por si no lo sabéis en este restaurante tienen una norma: el que deje algo en el plato paga la cena de todos; y este americano es el que tiene más necesidad de alimentarse. ¡Estás tan delgado que no sé cómo te mantienes en pie! ¿Pido un botillo?
− ¡Si tú supieras cuantos kilos perdí allá arriba y en qué estado me encontraba al volver! He necesitado muchas proteínas y vitaminas antes de poder salir a caminar por el campo. Parece que tuviera vente años más de los que en realidad tengo. Estupendo para la ciencia pero terrible de soportar. Ver la tierra sobre tu cabeza y después bajo tus pies continuamente produce una sensación de infinitud inmensa. Y uno termina por no saber ni lo que es. Con esta carne a la parrilla me sobra; es parecida a la tejana que suelo tomar en Houston
− ¡Ahí va! ¿Os habéis fijado? Se le ha caído una lentilla al camarero en mi chupito. Es verde. Ha debido ser el duende irlandés buscando alegrarnos la noche.
−Es la nórdica de la mesa de atrás; está con una colombiana que quita el sentido. Ya las he visto juntas más veces. El camarero no tiene ojos para otra cosa desde que entraron. Debería temerla más que acecharla.
−Esa rubia tiene peligro. Como siga en esa línea será una buena Deméter dentro de unos años
− ¡Ya! Y sus hijas Melisas. ¡Este marino! Aunque es verdad que algo tiene que a los hombres que se le acercan les vuelve diferentes de algún modo. Ya he coincidido con ella en algún albergue y me da hasta temor hablar con ella. Compartimos litera. Tú tienes al lado a la hispana.
−Yo lo que temo es la subida de mañana al Monte del Cebreiro. Te cedo gustoso quince kilos de los míos. Esas chicas son mucho para mí.
− ¡Tú que vas a temer eso! Lo que temes lo tienes bien escondido; mejor será que nos vayamos a dormir y mañana será otro día. Y no nos digas que no te gusta dormir bien acompañado.

      Una hora después están cada uno en su litera pero entre el calor y los ronquidos son incapaces de pegar ojo; así que haciéndose una seña marino y albañil se bajan a la puerta a charlar otro poco más y se les une un simpático portugués.

− ¿Tenéis cambio para sacar un refresco de la máquina?
−Si claro; ¿tú no serás albañil?, como la mayoría de los portugueses
−Estudio para ingeniero y estoy de vacaciones. Estabais con un americano cenando ¿está durmiendo?
−Sigue en sueños al buitre que le arrebató la Andrómeda noruega que duerme a su lado. Aunque él diga que no le atrae.
−Pues con esta niebla que está cayendo se va a perder entre nebulosas
−Tú sí que te perderías tras esa ninfa ajada
− ¡Anda, y tú! Y de ajada nada; lo que pasa es que estaba cansada al llegar. No ves que todos los ibéricos pensamos de la misma manera.
− ¡Ya!, y viajamos en una balsa de piedra por el tempestuoso mar de las crisis financieras.
−Algo habremos aprendido de los pícaros españoles de otros siglos.
−Eso seguro; y a los dos lados de la frontera. Y lo de ibéricos irá por los embutidos.
−De acuerdo, pero prefiero pensar en vieiras y zamburiñas.
−Con esas zapatillas galácticas que calzas seguro que llegas el primero de todos mañana al albergue.
−Y además he contratado que me lleven la mochila hasta el albergue.
−Voy a hacer lo mismo; pues si no con esta barriga no llego hasta anochecido.
−No hagas trampas; que tú vas por lo auténtico. Me da la impresión que ya has hecho el Camino más veces.
−Hace cuatro años con una panda de amigos. Y será mejor que intentemos dormir algo.



      Ya de madrugada parten los cuatro avezados peregrinos por una carretera bordeada de hermosos árboles entre la niebla. Nada más pasar un túnel el extremeño cree oír el trino de un ruiseñor y se sienta sobre un mojón.

− ¡No te quedes ahí!, le dice el vasco; no te vaya a pasar como al abad del Camino que por quedarse a escucharlo se pasó tres siglos en paradero desconocido.
−Y volver al momento de tomar una nave espacial e ir a buscar la novia del astronauta antes de caiga en el agujero negro.
−No seas merluzo y camina.
−Es que tengo miedo de seguir adelante; como si presintiese algo malo.
−Es por el silencio; no estás acostumbrado a esta quietud, será mejor que continúes con nosotros. No te quedes solo. ¡Es el silencio!
−Bueno, será mejor que continúe con este pícaro portugués y que me cuente que hacía anoche con las chicas malabaristas cuando nos fuimos a dormir; porque armaban un jaleo tremendo.
−Nada de particular; mejor será que escuchemos al astronauta, que ese sí que sabe del silencio y esas cosas. Caminar casi a oscuras entre álamos llorosos un día de niebla puede inducir a malos presagios.
−Pero la jarana que tenían montada, ¿a qué era debido?
−Son gente que vive así, tipo comunas, pero en edificios abandonados en el centro de una gran ciudad. Se visitan unos a otros y les gusta esa manera de vivir un poco al margen de la sociedad.
Este año unos cuantos decidieron venir al Camino y van haciendo filigranas por los pueblos para ir tirando. Lo que más les impactó fue pasar por Atapuerca. Vieron dólmenes a la entrada del pueblo, un museo dedicado a la gente primitiva, y círculos de piedras en un monte cercano. No paran de hablar de esas cosas; de chamanes, monolitos, y las primeras peregrinaciones de los seres humanos buscando lugares sagrados.
−Mucho no habremos cambiado aunque ahora tengamos astronautas
−El caso es que una de ellas, estando en Carrión, tuvo un extraño sueño y anoche me lo contó.


      Era un hombre extraño entre los hombres, pintaba su piel de azul, caminaba sin descanso siempre hacia el oeste pasando por amplios valles y largas mesetas, siguiendo el cauce de los ríos perseguido más por sus temores interiores que por seres reales, escondiéndose en cuevas y matorrales, comiendo incluso carroña con tal de no ser visto, buscando un refugio en el fin del mundo.
Recorriendo una cadena de montañas que parecía interminable, collados de niebla y frío, −siempre el frío que se cuela en tu interior−, llegó a unos profundos valles poblados de bosques casi impenetrables con abundancia de vida silvestre. Persiguiendo rebecos subió a un alto lugar desde donde podía divisar el mar y la más preciosa puesta de sol que nunca pudo imaginar. Entre barrancos y grandes peñas encontró una pradera donde construyó un chozo de piedras y ramas, plantó cerca unas semillas que consigo traía y cazaba por los alrededores con una honda y una jabalina. Decidió quedarse por un tiempo indeterminado y conocer la zona y espiar a sus habitantes. 
Un día encontró una peña en el centro de un prado de un tipo muy peculiar y decidió hacer nueve círculos de piedrecitas alrededor de ella; colocando en cada círculo una piedra de tamaño mayor formando tríos en una posición que a él le resultaba familiar por los ritos de la tierra de la cual procedía. En una pared de la montaña cercana grabó en una piedra lisa un signo que le hiciera recordar quién era y de dónde venía. Con las más duras lajas que pudo encontrar marcó dos círculos grandes uno junto a otro, y otro, más pequeño, sobre ellos. Coloreó de rojo los grandes y de azul el pequeño. Cuando algún otro ser humano pasara en algún momento por aquel lugar quizá pensara en un mapa estelar o santuario dedicado a las estrellas pero su verdadero significado se lo llevaría consigo a la otra vida. 


      La saltimbanqui soñadora vio con claridad el gráfico pétreo y escuchó una voz que le decía: “ten cuidado con el toro que persigue a la doncella pues la quiere raptar”; y no deja de dar la paliza a sus compañeros de que busquen ese símbolo por todas partes pues algo le dice que está relacionado con este Camino, con sus místicos orígenes, y que en algún lugar se podrá encontrar.

−Eso es el Rapto de Europa; un mito muy antiguo. Hasta estas tierras llegó con los griegos y por eso hay unas montañas que se llaman Picos de Europa. En Carrión se podían ver desde el mirador de Nuestra Señora de Belén y esa noche tuvo un sueño relacionado con esas peñas.
−Yo también, cuando estaba en la estación espacial tuve sueños de ese tipo. Pero será mejor parar a desayunar en un bar y, si queréis, os cuento uno muy especial.
−Cuenta, cuenta. Que eso de ver el planeta sobre tu cabeza debe ser algo extraordinario.
−En una ocasión soñé que me encontraba en una pequeña nave espacial de aspecto esférico. 
Por la escotilla podía ver Saturno y sus preciosos anillos y no hacía más que mirar y meditar. A un lado tenía la Vía Láctea con todo su esplendor y el infinito universo; al otro el planeta madre, la Tierra. No hacía más que considerar los pros y los contras antes de tomar una decisión. Dentro y fuera, arriba y abajo, lejos, cerca, ayer, mañana, Un mundo propio, un Saturno personal rodeado de las cosas más bellas, girando brillantes alrededor. Una ilusión.
El artefacto estaba repleto de todo tipo de antenas exteriores pero yo no deseaba comunicar con nadie. Encerrado en mí mismo me echaba en la litera y, con los ojos cerrados me sentía por un instante solo en el universo. Pero al momento siguiente me sentía flotar y parecía como si girara, ingrávido, constantemente, por lo que al poco tiempo me levantaba y volvía a mirar por la escotilla. Así que agitado e iracundo gritaba al universo: ¡Estoy yo!
De repente me sentía flotar en un extraño mar y una extraña y sensual música comenzaba a surgir por todas partes; una dulce voz de mujer me cantaba: Mira la belleza de este mar, flota entre sus dulces olas, observa el alto acantilado y el dorado cielo sobre ti ¿No ves los pescadores? ¡Piénsalo bien! ¡Qué suerte estar aquí! ¡Encuentra esta playa y te encontrarás a ti mismo! 
Y a continuación me desperté, me levanté, y me fui a dar pedaladas en la bicicleta estática durante un par de horas para que se me pasara la impresión.
−Esos son recuerdos de cuando estabas en el espacio; y por lo que te estado escuchando estos días no parece que tu Camino vaya a terminar en Compostela.
− ¿Y eso por qué? Tengo la reserva de avión confirmada. Me esperan en Cabo Cañaveral.
− ¡Pues cámbiala! Que espere la Tierra Florida. Tu sombra se encuentra en un rincón detrás de la catedral de Santiago; en la Plaza dos Mortos. Yo te llevaré a verla. Pero la extraña playa de tu sueño se encuentra más allá.
− ¿Dónde exactamente?
−En el fin del mundo. Fisterra. La playa do Rostro. A la puesta de sol. Allí deberás bañarte a la puesta de sol y verás los pescadores. Habla con ellos y algo te darán que marcará tu vida para siempre.
− ¿Y tú como sabes tanto e interpretas los sueños con tanta facilidad? Me pareces un iluso y un charlatán
−Porque te digo que soy albañil me crees un ignorante pero mis antepasados construyeron catedrales; y tu sueño te indicaba que más allá de lo que puedas descubrir explorando el universo siempre te quedará por descubrir quién eres tú. Puedes crear un mundo, puedes destruirlo, pero sigues sin saber quién eres tú.
−Es curioso, ahora que lo pienso, es como si algo nos hubiera hecho venir a esta ruta en especial y encontrarnos con unas personas determinadas. Yo también guardo una profunda impresión de algún tipo de sueño o alucinación.
Me encontraba con mi barco cerca de un cabo de impresionantes farallones, era al crepúsculo, y me abstraía al observar el faro en lo alto del peñón, cuando, de improviso, algo agarraba el barco, como un Maelstrom, y me hacía girar y naufragar; intentaba nadar, pero me iba al fondo, la angustia y el ahogo podían conmigo y cerraba los ojos; veía, ¡qué sé yo! Redes, redes inmensas unían galaxias sin fin haciendo como si formaran un organismo vivo de algún tipo; seguía sumergiéndome y observaba otras redes similares que unían las más pequeñas partículas entre sí, sintiendo una inesperada sensación de vitalidad e irrealidad unidas; pero me seguía hundiendo hasta la oscuridad total.
Y me ponía a rezar sin esperanza. ¿Por qué me has dejado hacerlo? Gritaba. Una red dorada me atrapaba y me hacía salir de nuevo a la luz del sol envuelto entre las olas. Eran pescadores, y me izaban a su barca. Sin decir nada me llevaban a una playa cercana y allí me sentaba a contemplar la costa y la puesta de sol como si no hubiera pasado nada.

−Otro para Finisterre a quemar las sandalias a la puesta de sol. Por eso vais juntos. Yo me quedo con el larguirucho portugués que es un buen punto para pasarlo bien de aquí al final. Os contaré mi historia del porque he vuelto al Camino y mi canguelo actual.
Fue hace años atrás, pasando por estos pueblos; solo recuerdo que era de noche y caminaba en una espesa niebla cuando, en una revuelta de la senda me encontré a una robusta mujer vestida de negro empujando un carretillo. Cargaba con grandes piedras y con unas largas tiras de telas llevaba forrado el cargamento; incluso un hombre forzudo y acostumbrado se sentiría muy forzado con lo que empujaba.
La detuve y pregunté dónde iba. Soy Paulina y voy al cementerio; esto es lo que llevo en el alma. ¿Tú qué eres y qué harías con esto? Me dijo. Soy albañil y con las piedras haría un muro. ¿Y darías con tu cabeza en él por todo el mal que has hecho en la vida? No, sería para parar el agua cuando vienen las riadas. Mejor sería que en ellas te lavaras. ¿Tan mal me ves? Tan malo eres. ¿Ves estas telas? Son los restos de todos los vestidos, adornos, y bagatelas, que en mi vida me puse para gustar a idiotas como tú. ¿Ves estas piedras? Son los recuerdos de los hombres que conocí; y muy íntimamente por cierto. Eran como tú; pero, bueno, algo tendrás de sano en el corazón. Lo que te dieron en la primera comunión. Ya se te habrá olvidado. Pero ¿no hay solución con los hombres? Sigue caminando conmigo, coge una piedra del suelo y déjala al pie del primer crucero que encuentres. Eso es tu corazón. Te lo dice Paulina que tantas piedras del alma se sacó. 


Cogí una piedra pequeña del suelo y la guardé en el pantalón y pocos metros más allá alcanzamos el cementerio. Las tapias se caían a pedazos y sobre la puerta vi el símbolo de un corazón azul sobre dos flores rojas. Intenté acompañarla al interior pero me paró en seco con una fuerte exclamación. La esperaban un grupo de mujeres, todas vestidas de negro y pañuelo en la cabeza que salieron al paso para echarme. Paulina me indicó que continuara. Sigue el camino y deja los ladrillos; cuando llegues a la fuente de Laguna te lavas profundamente y, cuando alcances el alto, entra en la capilla y ponte a meditar cuantas piedras has echado en tu vida y las que echarás.
Ten cuidado con el trasno que tienes por cabeza, que te tentará para perderte; y del diaño que tienes en el vientre, que no paras de comer y reírte hasta de tu sombra. Son tus males propios hasta que te mueras; aquí te esperamos para darte un entierro verdadero.

Fue como en un sueño o visión que no me explico pues el día que subí al Cebreiro fue soleado, no encontré mujeres extrañas, ni vi nada raro o especial; así que hoy, al estar con esta niebla cerrada, me invade un terror inexplicable y siento tremendos crujidos en el vientre. ¡Me voy a morir!
−Ya basta, pijo; que otros lo llevamos peor
−No serás tú; que llevas todo el Camino de gorrón. Aquí el ingeniero. El portugués.
−Pero no sabes nada de lo mío y en algo os podría ayudar. Gorrino.
− ¿Por ejemplo?
−Mira, esto del Camino lo lleváis muy mal; pero todos. Parecéis forzados que fuerais tirando todos de una misma soga arrastrando un gran peso al que llamáis pasado o destino. Y no es así, algo habrá que os impulsa a hacerlo; no lo sé. Quizá os pueda servir mi experiencia mientras tomamos café en esta cafetería llena de camioneros donde nadie podrá oírnos.
      Habláis de sueños y visiones, alguna os voy a contar yo; sobre todo si me invitáis a una ensaimada. Una noche, en Lisboa, en plenos exámenes finales, con el estrés de aprobar todas las asignaturas me quedé dormido, y soñé viendo un cielo oscuro donde tres estrellas de colores iban realizando como una extraña danza hasta llevar mi vista hacia una estrella que iba surgiendo de la oscuridad y su blanca luz lograba eclipsar a las otras; ¡se movían! Y guiaban mi vista hacia un monte boscoso donde su luz se proyectaba; allí comenzaban a llegar gentes de todo el mundo y se edificaba una ciudad y una catedral que me resultó conocida. Entendí el mensaje como un profundo enigma a resolver y apenas terminé los exámenes y me fui hacia Roncesvalles para hacer el Camino. No por ingeniero dejo de ser algo místico.
− ¡Bueno! Y eso que tiene de extraño; la gente viene a esto por las razones más variopintas.
−No, eso no es lo raro. Lo raro fue una noche; al dormirme vi a mis compañeros de albergue levantarse como en sueños vestidos de Arlequín, Pantalone, Colombina y demás, como en una Comedia del Arte, y montar toda una representación de ópera bufa en el patio del albergue. Al preguntarles de que iba aquello me respondieron. ¡Pero si eres tú! no vas a saber de qué va. Solo tienes que dar lo mejor que tengas.


Días más tarde, cerca ya de León, paré a merendar entre chopos junto a un arroyo y me quedé dormido; al pronto me vi como arrebatado al espacio y veía las galaxias y nebulosas desfilando bajo mí. No sabía que pensar pero me dejaba llevar por la visión de tan hermosa como era; llegado a un punto casi podía gritar de júbilo por la belleza de lo visto y lo que alcanzaba a entrar en mi comprensión, ¡todo lo que había estudiado y mucho más se desplegaba ante mí! Números y fórmulas, letras y símbolos, las más extrañas construcciones, seres imposibles de concebir.
Casi al punto de una explosión emocional sentí como una presencia terrorífica se abatía sobre mí: Era una inmensa araña que descendía del cielo oscuro hacia las galaxias y nebulosas, ¡y comenzaba a comer! Lo comía todo. Destruía tanto estrellas como galaxias, sueños e ilusiones; como el tiempo, acababa con todo y en un instante sentí que me miraba a mí.
Rezaba todo lo que mi abuela me enseñó e intentaba escapar viajando como a brazadas, a toda velocidad, por una gran galaxia espiral, daba brazadas de estrellas; cuando, de repente, una voz femenina oí, rezaba como yo, y aquel sentimiento me guiaba hacia una pequeña nave espacial y me decía: ¡habla con el que persigue la sombra de un viejo peregrino! Había un hombre sufriendo y soltando imprecaciones de todo tipo al espacio sideral y más allá. Arrodillado, me agarraba a su pecho y suplicaba: ¡Por dios bendito! ¡Qué hago! ¡Me comerá! ¡Nos comerá a todos!
¡Pues no sé! Yo sueño con una playa, marineros que pescan personas y las conducen a un pueblo medieval. ¡Vuelve a tu hogar! Y no te escapes más. Pero, ¿qué es esto que me persigue? ¿qué es esa araña inmensa? Es el Poder que los seres humanos llevábamos milenios intentando conseguir. Simplemente es algo interior que tanto construye universos como aniquila almas por millones; evita que te atrape y sigue la estrella de tu visión. ¡Y despierta de una vez!
Lo hice vomitando; casi termino en el arroyo.

−Pues sí que te sentó mal la siesta
−Peor me sienta recordarlo, que me entra un dolor en el culo que no me aguanto. Entrando en León os vi y os he seguido desde entonces intentado unirme a vosotros. Pero quizá fue peor ayer por la tarde; estaba muy cansado por el calor y el hambre así que intenté dormir la siesta. Apenas estaba comenzando a dormir entraron cuatro de los de la Comedia del Arte y me soltaron: pero bueno ¡tú no tienes alma!, ¿qué haces así?
Les dije que necesitaba dormir, recuperarme, y que ya hablaríamos después. Apenas me quedo de nuevo como dormido dos viejas vestidas de negro me vienen a buscar y me dicen que tengo que hablar con mi madre y mis abuelos ¡que ya hace años que fallecieron! Y me sacan del albergue.
No recuerdo de qué hablamos pero sí que veíamos restos industriales de todo tipo ahogados por malas hiervas y oxidados, niños jugando al escondite, una pareja de jóvenes besándose, viñedos a punto de ser vendimiados, cercas de alambre por todas parte, ¡de las que yo sentía que tenía que escapar! Y sobre todo chatarra, plásticos, materiales de construcción, máquinas de todo tipo abandonadas; y yo todo el rato pensando: ¡quiero ser ingeniero! Una y otra vez.
Al fin las viejas me llevaban de vuelta al albergue mientras veía a la gente de la villa pasar junto a mí con una velocidad inaudita, espectros veloces, como si huyeran o atacasen; y las abuelitas me decían al despedirse: si no puedes aguantar coge el tren y vuelve a casa; pero sea como sea esto no lo olvides y sigue siendo Camino.
              Al despertar bajé al centro de la villa y os encontré cenando.


− ¿Y qué piensas ahora que estás con un astronauta de la estación espacial?
−Que aquella astronauta que rezaba no iba camino de un agujero negro sino el resto de la humanidad. Que el marino y tú ya habéis estado en esa playa del fin de todo, y aquí el albañil tragón además de poner ladrillo sobre ladrillo ha pescado más gente que un cardenal. Yo presiento que hay alguien entre nosotros que puede resolver nuestros enigmas y entrar en el verdadero misterio que todos perseguimos escondido tras tantos sueños e ilusiones. Cuando pregunto al cielo algo responde: busca al alemán. ¡Pero hay cientos de ellos por todos los albergues! Ya no sé qué hacer.
− ¿A qué cielo preguntas?
−Será uno muy extraño donde no hay arañas inmensas que me puedan devorar. Mejor será que salgamos a la calle y continuemos. ¡Anda! ¿Y este perro tan bonito?
−Viene conmigo desde Navarra; es todo un peregrino
−Eso lo seremos todos; y, además, ¿que eres en la vida?
−Médico que busca cura para una enfermedad imposible
−Pues aquí vas a tener buena clientela con todos nosotros
−Pero si tú lo único que tienes son unos kilos de mas
−Sí, pero no veas como tenemos la cabeza llena de cosas raras. Por cierto, ¿de dónde eres?
−Del sur de Italia, Nápoles, dejar la cabeza tranquila; mejor será que sigamos caminando y nos arropemos los unos a los otros. Ya encontraremos quien nos dé el grano para hacer el pan que necesitamos
− ¡Yo sé de una nórdica que nos podría dar mucho de eso!
− ¡Ya!, y su compañera mucho de lo otro. Mejor será continuar caminando que nos quedan muchas cuestas por subir
−Y tú, italiano, ¡cuida del perro! Parece el más sensato de todos los presentes. Si quieres puedes acompañarnos
− ¿Vais detrás de algo?
−Bueno, va delante una morena que…
−Ya, la de lo otro; caminemos.


   Y siguieron caminando, caminando, y caminando llegaron a Galicia hacia Compostela y el más allá. Pero eso ya será el tema de los próximos cuentos.
Espero vuestra opinión sincera sobre esta iniciativa que estoy publicando en Internet. La versión escrita la podéis encontrar en cualquier librería o solicitarla.

El escultor villafranquino al que aludo en el cuento es Arturo Nogueira. Tiene su taller a la vera del Camino, unos dos kilómetros antes de llegar a Villafranca del Bierzo. Y su casa, decorada artísticamente, está en una calle muy cerca del centro de la villa.


El albergue donde pernoctan los peregrinos es el Ave Fénix que Jato ha levantado a las puertas de la Iglesia de Santiago: http://www.albergueavefenix.com/.
Siempre me acordaré de él cargado hogazas de pan, antes del amanecer, para ir a repartir por todos los pueblos del Valcárcel. Y recogiendo peregrinos tirados por cualquier rincón, exhaustos o perdidos.

Del escritor Antonio Pereira poco puedo añadir.
http://www.fundacionantoniopereira.com/
 Ayer mismo fue homenajeado en Madrid. Y todos sus cuentos maravillosos van a ser editados por Siruela y estarán pronto a la venta: http://www.diariodeleon.es/noticias/cultura/siruela-reune-toda-narrativa-breve-de-antonio-pereira_724056.html
Recomiendo leer este artículo que le dedica Antonio Colinas, otro gran poeta leonés: http://www.diariodeleon.es/noticias/cultura/el-magisterio-de-antonio-pereira_728854.html

Para quien quiera escuchar el fantástico Aria que Henry Purcell escribió para su obra King Arthur, y que sonaba continuamente en los oídos del astronauta, puede ver este vídeo con una estupenda interpretación:




   Bueno, y solo me queda añadir que si véis a Paulina con su carretillo cargado, camino del cementerio, refrenéis vuestra marcha para hacerle compañía. Le gusta charlar con los peregrinos. Aceptará gustosa que le llevéis el carretillo un rato.
Trasno es un diablillo o duende, que suele aparecerse con forma de cerdo burlón, y diaño es otro tipo de diablo bastante mas dañino.
Podéis mirar en este enlace a un diccionario de español a leonés: http://www.diccionarioleones.com/traduccion.php?q=&btn_trad=Traducir

Los personajes de los cuentos son pura creación mía, pero haciendo el Camino una y otra vez he encontrado personas que superaban cualquier fantasía propia. Me alegro de haberles conocido y fue un honor caminar a su lado.



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