sábado, 27 de octubre de 2012

Capítulo septimo de Una mariposa con tres alas.

   Ya están cerca los peregrinos de cumplir con su destino y alcanzar el final soñado, pero de frente tienen la Ría de Lires, la más pequeña de Galicia, quizás del mundo entero, y el Mellón de Lires, un montecito al borde del mar. ¿Qué harán?
Cruzar las aguas es un rito singular que aparece de improviso en las grandes epopeyas ¿Cómo afrontaran los peregrinos de las luciérnagas este episodio? ¿Serán arrastrados por las aguas o por las circunstancias?
Veámoslo.


   Capítulo séptimo

   Al fin estamos todos, ya han llegado las chicas. A ver, Simón, ¿ahora qué hacemos?

Delante de ellos se encuentra la desembocadura del río Lires en la bocana de la ría y al otro lado del agua se ven una carretera que lleva al pueblo y una pista forestal que sube al monte. El agua está fresquita pero la marea baja apenas aporta oleaje al caudal de la ría.

−No hace falta pensar mucho. Os quitáis la ropa y la guardáis en la mochila, las botas colgando del cuello, y pasamos al otro lado. Subiremos por ese camino de enfrente y en menos de una hora estaremos en la playa del Rostro. ¡Venga! ¡Vamos! Flora, tú cruzarás conmigo. Los demás ir formando parejas como si fuéramos a bailar y veréis que bien cruzamos.

Festivos y gloriosos van desnudándose los peregrinos disponiéndose a cruzar la ría; cantarines y bromistas, formando parejas, se disponen a cruzar las aguas que les llegan por la cintura. Esteve toma de la mano a la liviana Nastia y son los primeros en llegar al otro lado ganando por un cuerpo la carrera a Simón y Flora. Carl y Laiba cruzan despacio debido a la cojera del alemán que tiene ir apoyándose en el hombro de la noruega. Les siguen, muy, muy lentos, Marc Antoine y Nicasia.

− ¡Nadie entre aquí que no sepa matemáticas! Grita eufórico Esteve al llegar al otro lado.
−Mas bien deberías gritarles aquello de “nadie se bañará dos veces en el mismo río” si estás en plan helénico.
−Venid, UBE´s amadas del Señor, y seguir mis pasos entre las rocas
− ¿Qué es eso de UBE´s Esteve? Y mira para otro lado que me tengo que vestir
−Unidades Básicas de Existencia, bellísima Nastia. Preciosas esferitas dotadas de genes escasamente inteligentes pero dolorosamente placenteros
− ¿Te encuentras bien Esteve o vuelven tus achaques filosóficos?
−Estoy fantástico, Simón; ¡qué buena idea hacer este recorrido fuera de guías y caminos marcados. Después del disgusto de ayer por momentos me siento pletórico. Bueno, ya llegan Carl y Laiba. ¿Pero que les pasa a esa pareja que no avanza? ¡Nicasia! ¿Qué ocurre? ¿Venís u os quedáis a remojo?
− ¿Pero qué les ocurre que no hacen mas que reírse? ¡Nica, guapa, ya te vale!
− ¿Tenéis algún problema, Nica?
−Sí, uno; y muy gordo. Qué digo, ¡de campeonato! ¡¡Ja, Ja, Ja!!
− ¿Pero qué jaleo se traen esos dos que no paran de reírse y no terminan de salir del agua?
− ¡Esteve! Mira que eres tonto. ¡Nicasia! Marc está cruzando con Nicasia. ¿Entiendes?
− ¿Nicasia? ¡Ah! ¡Umm! ¡Ju, ju, ju,…! ¡De campeonato! ¡Venga ya!
−Vale; dejarles solos o pasamos aquí la tarde. Subamos hasta la carretera; ya vendrán.
−Si lo dice Laiba punto redondo; ya nos alcanzaran. Un poco de intimidad para esta nueva pareja peregrina. Subimos por esa pista y tan solo tenemos que seguir unos caminos al borde del mar para llegar la siguiente playa. Mas adelante hay una fuente y podemos esperarles allí.
−Te seguimos Simón, aunque quizá seas la peor persona a seguir del mundo entero.
− ¿Porqué dices eso Esteve?
−No te mosquees Flora, sabes que le estimo de corazón; es por sus creencias antiguas  y su errático comportamiento.
− ¡Vale! Como ya no habrá problema para llegar hasta la playa, de aquí en adelante será Esteve el guía supremo de la expedición. Veremos qué hace al cargo de todo el grupo.Yo cantaré eufórico:
Un ramín de romero
Puso a los pies del santo
Y con un beso en la frente
Le entregó su encanto
− ¿Con quien ibais a estar mejor? Simón cantarín, yo magnífico, y Carl risueño ¿Qué haré? Ilustraros, ya que nos hemos quedado, provisionalmente espero, sin astrónomo francés ¡si no es para tanto lo suyo! Yo se la he visto y os puedo asegurar que…
−No sigas con temas escatológicos e ilustranos con tu insondable cultura.


−Bueno, ¿sobre qué podría girar la discusión? ¡Ah! Si, ya lo tengo, irá de naciones; ya que este Camino parece la O.N.U. andante ¿Sabéis cuantas naciones hay hoy día apuntadas a ese selecto club?
−Pues entre  Afganistán y Zimbabue suman 192, más algunos casos especiales como El Vaticano o Taiwán y otras naciones haciendo lo que pueden para ser admitidas de pleno. Casi 200.
−Caramba con la rusita. Bueno, ¿y alguien sabe decirme porqué en vez de 200 no hay 400, 800, o 1000?
−Razones históricas. Las naciones no nacen de la noche a la mañana.
−Tienes parte de razón Laiba. Por inercia mental y viejas maneras de pensar seguimos pagando impuestos a esos mamotretos imposibles de mantener que llamamos estados modernos. ¿Por qué no puedes tener tu propia nación Laiba?
−Porque no tengo tierras. Un pequeño apartamento y una lancha para salir al mar son mis posesiones
−Nos acercamos a la raíz del problema: las tierras, terrenos y territorios. Las únicas figuras imprescindibles en un estado moderno son los notarios y los registradores de la propiedad. Si sois nativos americanos, gitanos, o pueblos de ese tipo podréis formar una nación pero al no tener tierras no podréis formar estados. Pero una nación sí. Ahora mismo podríamos formalizar la nación peregrina integrada por nosotros mismos. Después que se una el que lo desee.
−Yo no voy a dejar de ser noruega
−Pero podrías ser Laiba, y todo lo demás te traería al pairo.
−Eso no es posible Esteve, y lo sabes. Hay razones históricas, culturales, religiosas, etc., que influyen para que los seres humanos formemos naciones.
−Ya saltó el Simón que tanto estimo. Culturales, religiosas, y todo eso que viene de la edad de los metales. ¿Sigues haciendo pendientes y pulseras con cada alambre que te encuentras? ¡Ah! Perdona, que los vendes y de eso vives.
− ¿Tiene eso algo de malo? Con nadie me meto y a todos respeto. Me da para comer.
−Mi estimado orfebre no te faltan neuronas para crear obras de arte si no materiales novedosos para crearlas. Cuando volvamos a Cataluña te presentaré a unos cuantos amigos. Pero nos desviamos del tema: ¿podríamos crear aquí mismo, en los acantilados del fin del mundo, la novedosa nación peregrina?
−Me apunto a la iniciativa. Sin pasaportes, carnets, impuestos, ni policías, ¿de acuerdo?
−Completamente. Te llamaré Pedrusco de aquí en adelante; como hizo Jesús con tu homónimo judío hace dos milenios. ¡Lo que me ha costado convencerle y pensamos igual! ¡Tienes una cabeza como aquel pescador de dura!
− ¡Hombre! Aquello fue para crear una iglesia…, no compares.
−Pues creemos una ya de paso y al mismo tiempo. Total es casi lo mismo. Pero sin templos ¡eh! Si hay algo que nunca diseñaré será un templo; prefiero mirar las montañas o las olas del mar.


−Ya estás desbarrando Esteve. Mejor será que paremos en esta fuente. ¿Qué pone? ¡Buff! Será mejor que no probemos el agua o nos va a pasar a todos lo que a Marc Antoine con Nicasia.
−Nastia, léenos el cartel que estos dos están de cachondeo perpetuo.
−Que si las chicas bebemos de esta fuente nos saldrá novio antes de llegar a Finisterre. ¡Júa! Yo voy a beber la primera ¡con la sed que tengo como para pasar de largo.
−Vale, pararemos un rato a esperar a esa parejita amorosa y seguimos charlando.
−Eso, y de paso nos dices cómo hacer para crear una iglesia.
−Una o veinticinco mil; al otro lado del mar, en los USA, hay iglesias de lo mas variopintas por cualquier lugar que vayas.
−La iglesia de Laiba ¡qué locuras se te ocurren!
−Eso para ti; Simón querrá tener la suya, con sus santitos de halo doradito, y los demás lo mismo.
−Pero, Esteve, para un poco; te la tendrán que reconocer y admitir las autoridades estatales. Yo vengo de Rusia y hasta hace poco incluso la Iglesia Ortodoxa Rusa estaba prácticamente prohibida. Eso no es tan fácil.
− ¿Decretamos la libertad religiosa en nuestra nación perpetuamente itinerante? Aprobada la moción; ahora, si queréis os daré unas líneas generales para que creéis vuestra propia iglesia individual. O por parejas o como os venga en gana.
−Me parece que me voy a beber otro litro del agua de esta fuente, a ver si me salen siete pretendientes zalameros. Este catalán es un rollista…
−Prau, prau, atender un momento; primera lección: conceptos básicos para hacer una auténtica iglesia. ¡Qué rica está esta agua! En fin, escuchar. 



Será muy necesario tener un domino completo de algún instrumento musical, y aprender canto; es algo imprescindible para llevar a cabo algún culto decente. Segundo, matemáticas; empezaréis por la aritmética, acertijos y lógica elemental. Danza y electrónica serán fundamentales para los tiempos en que vivimos y los que vendrán; también valdrá la acrobacia, especialmente en las chicas. 
Teatro, esto es imprescindible, sin un buen dominio dramático nunca conseguiréis que os tomen en serio los integrantes de otras iglesias ¡ah! Y difamación, ajena y propia, sencilla y compleja; con eso os darán el plácet en cualquier cónclave interreligioso.
Saber algo de agricultura y ganadería, ahora que lo pienso, sería muy conveniente. Es algo que el Nazareno remarcaba una y otra vez a sus discípulos en sus parábolas. Con la facilidad oratoria que todos tenéis y elegir bien los vinos en las reuniones pastorales ya tenéis el cielo ganado.
 Podríamos crear una religión especular y programática, siempre cambiante; y Simón podría rezarnos el Rosario mientras yo os explico cómo son las matrices y las ecuaciones diferenciales. Tienen una utilidad similar. 
Cuando llegue Marc seguramente incluirá algo de astronomía, robótica, y humor carismático. Porque sigo sin explicarme como pudo hacer para que Nicasia se tronchase de risa.


−No será por las veces que tú lo habrás intentado. Eso que dices es una chifladura, Esteve. Con esas facilidades igualmente podríamos crear un club deportivo.
−Claro, sería lo mismo. ¿Cuál es vuestro deporte favorito? ¿Vuestro club de futbol o básquet? Si es todo lo mismo; naciones, iglesias, clubes, da igual. De niño te haces o te hacen de uno y la gran mayoría de la gente ya queda recluida para toda la vida, sin pasar nunca de forofo. Lo que no soporto son los fanáticos, de lo que sea.
−Así que también puedo tener mi propio club deportivo, el club de Laiba.
−Cuenta con tu socio número uno si admites a este catalán extravagante. Eso sí, me tendrás que enseñar a navegar. Por cierto creo que Sebastián nos espera ya en la playa cercana.
−Admitidos todos en mi club marítimo. Lo que no se es dónde sacaré el dinero para la creación e inscripción.
− ¡Ah! El dinero, el gran corruptor tenía que salir a colación en esta noble empresa. Por ahí se irá todo a perder.
− ¡Qué sería de nosotros sin la frugal presencia de Pedrusco! naufragaría nuestra nave del amor.
−Mirar, por ahí llega la pareja feliz y sonriente. A ver si quieren compartir con nosotros el motivo de esa sonrisa de oreja a oreja que traen los dos.
− ¡Eso, eso, que nos cuenten algo! Y seguimos caminando o no llegaremos nunca.

−Bien, tenemos por delante dos Caminos abiertos y podemos elegir: tenemos el Camino de la violencia y la conquista, el apego a las posesiones propias y ajenas; y el Camino de la exploración constante, el desapego de lo material y compartir lo inaprensible ¿Cuál de los dos tomará nuestra recién creada nación peregrina?
− ¿No puedes parar de vacilarnos? Esteve. Tan solo nos quedan unos cientos de metros para llegar a la playa.
−Pero Simón, si tú sabes bien que aquí, en este mundo, no hay más que cantares de ciego, cuentos de viejas, y discusiones peregrinas; no ahí más que eso. ¿Qué importa? ¿Porqué no? Cavilemos los itinerantes. Quizá nuestra mayéutica trayectoria de a luz una nueva persona sensiblemente humana.
−Ya te digo yo que tienes el día muy helénico; confiemos que no enfades a Poseidón, tan al borde como estamos de sus dominios náuticos.
−Que se enfade, ¿no somos acaso los últimos representantes de la civilización greco cristiana? ¿Qué hay más allá de la mar océana? ¿Queda por aquí algo interesante aparte de nosotros? Pececillos bajo las olas.

Seguirán caminando; aún les quedan unos cientos de metros para alcanzar la playa del final de los tiempos.
Y una inesperada sorpresa.
Pronto, confío, llegaremos a pisar las doradas arenas del Rostro.
Feliz fin de semana.
Os dejo para vuestro disfrute una preciosa canción que me parece muy apropiada para este momento y lugar. De hecho era una de las canciones que yo escuchaba cuando pasé por La Costa de la Muerte. Se titula Nadavolandando.

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