lunes, 15 de octubre de 2012

Sobre la transmisión de información y la calidad de la misma.

El motivo de esta entrada es una discusión que tuve hace algún tiempo con un amigo sobre la calidad de la información recibida, y de qué dependía que lo que una persona o artefacto emita se reciba fielmente en su receptor.
Con la mínima tasa de fallos o posibilidad de equívocos.
Le puse un ejemplo que cualquiera puede reproducir.
Tengo un buen equipo de música e invité a mi amigo a escuchar en mi casa sus discos favoritos.
El también tiene un equipo curioso, pero conectado con cables de que los que venden en las tiendas de los chinos; a 5 céntimos el kilómetro de cable.
Conectamos mi equipo con sus cables y escuchamos unos cuantos temas. Le parecía que sonaba más o menos igual al que tiene en casa. Aunque yo tenga mejores aparatos.
Después conectamos el equipo con mis cables.

Son de este tipo, y no son precisamente baratos. ¿Qué ocurrió?
Pues que a los pocos instantes comenzó a reconocerme que no había escuchado música decentemente en su pajolera vida.
¿Dónde estaba la diferencia? Pues en los cables.
No solo en el superior grosor y estupendo aislante de interferencias, si no, y sobre todo, debido a la muy superior pureza del cobre que usan estos conectores.
PUREZA, ¿Alguien ha oído hablar de ese concepto? ¡Les suena de algo!
El cobre con que se ha fabricado un cable y otro puede haber salido de la misma mina.

Por ejemplo las minas de Riotinto, España; una de las zonas donde se lleva milenios extrayendo mineral de cobre. Las mismas excavadoras, los mismos camiones, etc. etc.
Pero uno se conforma con algo de escasa calidad y lleno de impurezas y el otro busca lo mejor que pueda conseguir en la vida. En esta vida.

Después del experimento sonoro hicimos la misma prueba con las imágenes del televisor.
Conectamos la tele con sus cables de los chinos para ver alguna de sus pelis preferidas y después conectarla con mis cables de alta definición.
No voy a decir que se le caía la baba, pero casi.

En una cultura de todo a un euro, gratis por la cara, pirateando lo que se pille, en un país de filibusteros, apostar por la excelencia de tu vida y persona, y de todo lo que te rodea es apuntarse al club de los chiflados.
Buscar la pureza en todas las cosas y no desistir jamás hasta dar con ella me parece una inmensa apuesta.
Cuando pregunto a un lector, a un amigo, qué comprendió de ese cuento mío que ha terminado de leer enseguida comprendo lo poco o casi nada que le llegó.
Así que pienso que puede ser un problema de conexión, de conectividad, de conseguir un medio infinitamente más puro de conseguir que mis historias lleguen hasta ustedes.
Y estoy en ello.

Una última y sencilla prueba, visual y telemática.
Una foto, para representar la que podría ser la heroína del cuento que estoy escribiendo. Por cierto la acción transcurre muy cercana a las minas de cobre antes aludidas.
¿Qué perciben ustedes? ¿En qué les hace pensar? ¿Cómo piensan que puede ser la historia al ver esta imagen de la que podría ser su protagonista?
Espero vuestros correos y comentarios, amables lectores internautas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario