martes, 2 de octubre de 2012

Una mariposa con tres alas. Capítulo quinto.

Siguen los peregrinos caminando hacia la Playa de Rostro. Uno de ellos se encuentra mal, lleva cojeando todo el día, y comienzan a discurrir sobre el origen de la medicina moderna; lo que pudo haber sido y lo que es hoy día.
Muchos peregrinaron a Compostela, durante siglos, buscando remedio y curación para sus enfermedades. Alguno de ellos buscó la solución a todos los males del hombre.
Espero que os guste este capítulo. Lleva sorpresa incluída.



  Capitulo  5



   Ocho sombras caminan silenciosas por la playa de Nemiña levantando a su paso calmoso el vuelo de cientos de gaviotas.  La primera de todas camina descalza, cojeando, y apoyándose en un largo palo que usa como bastón. El día es caluroso aunque esté a ratos nublado. Camina sin prisa alguna. Ya han llegado. No importa dónde pero han llegado. El brillo de la arena, como de millones de diamantes, deslumbra sus ojos; la brisa marina refresca sus cuerpos, y la espuma de las olas baña sus cansados y doloridos pies. Pisadas de gaviotas y basura arrojada por el mar es lo único que encuentra a su paso; tiene a la vista el Mellón de Lires y su Ría.



− ¿Qué tal vas, Carl? Con tu cojera.
−Mejor, Esteve; gracias. Caminar por la arena es buena medicina. Todos esos kilómetros que hemos andado por carretera han logrado que el dolor del pie me subiera hasta la rodilla. He llegado al mesón cojeando y con un dolor tremendo en la rodilla.
−Va a ser un problema de líquido sinovial, Carl.
−No lo sé Marc. No me explico cuál es el origen de este dolor; de la planta del pie me llega hasta la nuca. Será la rodilla.
− ¿Sinovial has dicho? Que pena que nuestro Paracelso favorito esté al otro lado de la ría, esperándonos. Park lleva la mochila cargada de extraños remedios alquímicos, homeopáticos, o no sé qué.
− ¿Qué tiene que ver la magia con los dolores articulares? No empieces a delirar que te veo venir, Esteve.
−Se podría considerar a Paracelso, el gran alquimista, padre de la moderna medicina. No solo descubrió el líquido sinovial si no que además siguió buscando y encontró remedios prodigiosos que curaron a más gente que todos los médicos de su tiempo juntos.
− ¿La Piedra Filosofal?
−Algo cercano. Nació en Suiza y vivió mucho tiempo en Austria, rodeado de vacas por todas partes. La gente aprovechaba la leche, la carne, la piel, etc., de los animales y tiraba los restos óseos en un gran montón a la entrada del pueblo.
−Ya, y Paracelso cogía los huesos para hacer caldos. Eso es lo que Carl tenía que haber pedido para comer en el mesón, un buen caldo de ternera, en vez de sardinas.
−Hizo mucho mas que eso. Era un alquimista y buscaba el auténtico Vitriolo.
−El ácido sulfúrico. Ya lo conocían los árabes siglos atrás.
−Eso buscaban para conseguir oro los atrasados y los codiciosos. El buscaba la medicina de las medicinas. Recuerda: VITRIOLO
−Visita el interior de la tierra y rectificando encontrarás la piedra oculta. ¿No es eso?
−Y se hizo minero; no me digas más. Déjalo Esteve.
−Visitó muchas minas y trabajó descubriendo muchos vitriolos químicos. Pero ¡él buscaba el de verdad! ¡El de la vida! Su cabeza siempre dándole vueltas al tema. Era un genio. Y tenía delante de sus narices montones de huesos de vaca. ¿Qué hizo? Método alquímico y trabajo duro. Solve e coagula.
− ¿Metía los huesos en los matraces? ¿O tal vez niños recién nacidos?
−Mira quien se está pasando ahora. ¿Demasiados chupitos, peregrino? No; recuerda, Carl: visita el centro de la tierra ¿? ¿Qué es la tierra en cuanto escarbas un poco?
−Piedras
−Eso es, mineral. Y él tenía a la vista kilos y kilos del mineral que produce la vida: los huesos. Escarbó en la caña de los huesos y esa jalea obtenida, kilos y kilos de ella, la fue disolviendo y coagulando en los matraces hasta llegar a una sal que ya no podía disolver y coagular más. La sal perfecta de origen animal: el vitriolo. Creyó que podría curar todas las enfermedades, pero pronto descubrió que tan solo aliviaba y mejoraba los dolores articulares. Pero se hizo rico vendiéndola.
− ¡Eh! Yo conozco ese producto pero me parece que lo prohibieron cuando apareció el mal de las vacas locas.
−Correcto, el mismo. Ahora lo hacen con productos marinos y a Carl le irá muy bien para esos dolores articulares que tiene.
− ¿Y para esas chicas que no paran de sentarse cada cuatro pasos no inventó nada? Y mira que hemos parado a comer; no hay manera de que levanten el ánimo. Llegaremos de noche a Finisterre.
−Encontró algo estupendo. Como lo que había encontrado no era la panacea buscada volvió a las montañas y las vacas.
−Y se dedicó a fabricar quesos.
−Seguramente. Pero él seguía cavilando; “Visita el interior de la tierra…” ¿Qué tenía por todas partes y podía comprar todo lo que quisiera ahora que era rico y famoso?
−Vacas; no me digas más, se hizo vaquero tirolés.
−Mira que sois cafres. ¡Leche! Tenía toda la leche del mundo delante de sus ojos.
−Para hacer queso y mantequilla. Puso una fábrica. ¿No estarás pensando en algo similar cuando vuelvas a tu torre en las montañas del Ampurdan?  No paras de hacer dibujos con todos los papeles que encuentras.
−Así camina la humanidad, un  pasito para delante y cinco para atrás. Montó su laboratorio en un valle donde podía comprar toda la leche que quisiera. Y se puso a trabajar.


−Con las lecheras; seguro que se las trabajaba a todas.
−Hoy estáis chichones los dos y me voy a calentar. Comenzó a disolver y coagular litros y litros y litros de leche, hasta alcanzar la sal básica que producen los mamíferos. ¿Os suena de algo el término mamíferos?
−A ti sí que te suena cada vez que Nicasia se desabrocha un botón de la camisa. Te hacen los ojos ¡Piummm…!
−Bueno, vale; estamos buscando remedio efectivo y rápido para el decaimiento de nuestras mamíferas. Y Paracelso lo encontró. Ahora sí creyó haber dado con la Piedra Filosofal; cuando tuvo la suficiente cantidad de ese producto maravilloso volvió al mundo provechoso y comenzó a venderlo como remedio portentoso.
−Y se hizo rico.
−Rico ya era, y aún ganó más dinero; pero se estrelló. Tampoco era la panacea, la medicina que curara todos los males; lo que él ansiaba. Regresó a las montañas y murió en extrañas circunstancias cuando llevaba a cabo no se sabe que tipo de investigación.
−Así acaban todos los farsantes. Muerte y miseria.
− ¿Así acaban, Carl? ¿Tú en qué mundo vives? No miras las noticias. No era un farsante si no un auténtico buscador de la verdad. Murió sin saber a ciencia cierta lo que había descubierto. De hecho pasaron siglos hasta que los químicos que siguieron el camino que él comenzó se dieron cuenta de con qué se había topado Paracelso.
− ¿Y que encontró purificando la leche de vaca? ¿Para qué sirve ese producto?
− ¿Qué era? ¿La leche en polvo?
−Te quito lo de cafre, Carl, provisionalmente; además de dar con el método de producir leche en polvo, y en grandes cantidades, él siguió depurando esa leche en polvo que obtenía como primer derivado salino, ¡nunca paraba buscando la dichosa Piedra! Y, entonces, ¡descubrió los aminoácidos! Canallas inconscientes. Descubrió el suero purificado de la leche, riquísimo en aminoácidos. Tenía el origen de la vida en sus manos como un fino polvillo y no tenía nada.
Nadie le comprendía y se guardó el secreto para sí. La próxima vez que paséis por una tienda donde vendan productos de nutrición para deportistas, con esos grandes botes de aminoácidos para alimentar sus músculos y batir sus records, recordar el gran salto que podría haber dado la humanidad si le hubieran escuchado y apoyado.
− ¿Los aminoácidos?
−Sí, burrícolas; los ladrillos que componen la vida en todo el universo. Los aminoácidos. Hubiera dado el siguiente paso separando y nombrando uno por uno. Las bases de la vida, la curación de gran parte de las enfermedades, el hambre, la desnutrición, no sé cuantas cosas más. Mamíferos de dura testuz; no le entendieron. Lo tenía en la mano. Y se tuvo que volver a las montañas.
−Entonces es una pena. ¿En qué año murió?
−En 1541. Con un poco de apoyo que hubiese tenido hubiéramos conocido los orígenes de la vida casi 500 años atrás.  Pero lo que querían era que fabricara oro. Ignorancia y codicia. Seguimos igual. Oro para pagar las guerras con que quitarles el oro a otros tan codiciosos como ellos. Me da igual si es blanco, negro o dorado. Una raza que ha producido un Van Gogh, que pintaba sus cuadros con puro amor, y no sabe hacer otra cosa que joder a su prójimo.


−Bueno, tendremos que parar; que la playa se termina. ¿Y ahora que hacemos? ¿Cruzamos a nado?
−Vamos a esperar que llegué Simón con las chicas. Y a ver qué deciden. Voy a meter los pies en el agua.
−Ten cuidado, no se te corte la digestión. Que el coreano y su botiquín están al otro lado del monte. O puede que ni lo haya traído.
−A mí también me vendrá bien parar un rato y mojar los pies en el agua del río.


 No hay mucha información en Internet sobre la persona de Paracelso, que yo haya encontrado, pero podéis mirar en este enlace:http://www.portalplanetasedna.com.ar/paracelso1.htm

Existen el mercado muchos productos derivados del colágeno y de muy diversos orígenes. 
Podéis mirar en este enlace: http://bio-terapias.com/pro.php?id=83148


Sobre el suero purificado de la leche de vaca se han escrito cientos de libros y se venden cientos de productos:  http://www.hispagimnasios.com/a_nutric/aminoacidos.php
Pero poca gente sabe que Paracelso fue su descubridor; era su Piedra Filosofal tangible y perfecta. Su secreto, su tesoro.
Pronto subiré el siguiente capítulo.

1 comentario:

  1. Al escribir este capítulo se me ocurrió la idea para una ucronía. Una novela sobre cómo sería el mundo actual si hubiesen apoyado a Paracelso en su búsqueda del origen de la vida y la cura de todas las enfermedades del ser humano. Tal vez algún día me ponga a escribirla.

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