jueves, 29 de noviembre de 2012

Una mariposa con tres alas. Final.

Al fin he terminado el cuento de Una mariposa con tres alas. Son cuentos fantásticos, las cosas son como son y también como nos parecen ser.
Espero que hayáis disfrutado con su lectura casi tanto como yo con su escritura.




Capítulo décimo. Final.

El Amor hizo nacer el universo
Crecen las flores y mis versos.
Más allá de las apariencias
Se esconde un antiguo misterio.

Baja el sol buscando su diario descanso mientras unos críos juegan en la playa haciendo volar sus cometas; unos barcos pesqueros cercanos recogen con sus pesadas redes los peces del océano mientras cinco peregrinos les observan echados en la arena y las olas dejan algunas caracolas vacías entre las algas.
Uno de ellos se levanta en silencio y se acerca hasta la desembocadura del arroyo cercano; entre las dunas ve llegar a los ocho compañeros que tanto ha esperado rencontrar. Echa a correr y comienza a repartir abrazos a diestro y siniestro, y, eso sí, dos o tres besos a cada una de las chicas. Después les acompaña, playa adelante, hasta el encuentro con los demás.
− ¡Mirar muchachos! ¡Ver que cuatro parejitas os traigo aquí! ¡Y cogidos de la mano!
− ¡Al fin, Ñito! Al fin; lo que hace el amor. Laiba de la mano de un hombre. ¡Qué ven mis ojos! Y Carl es el afortunado
−Se lo agradezco infinitamente. Tengo la pierna totalmente acalambrada; me tendréis que perdonar. No puedo apenas caminar. El dolor cada vez ha ido a más.
−No importa, Carl. Si hace falta pedimos unos taxis que vengan a buscarnos a la playa; ahora siéntate con nosotros y disfruta de la puesta de sol. Ya queda poco.
−Ya lo veo; pensábamos que nos sobraría tiempo y por ello decidimos ir a conocer el Faro de Turiñán; hemos llegado a la playa con el sol ya bajo.
−No os preocupéis, ninguno tenemos ganas de volver a casa. Cuando se llega al final se está en el fin y hasta entonces estás de camino.
−Gracias, Ñito, ¿pero de verdad crees que estás al final de algo? ¿Que no hay un mas allá?
−No importa lo que halla por delante, sentaros con nosotros y descansar un poco. Quitaros las mochilas y el calzado.
−Gracias Glen por esperarnos y no tener prisa alguna. Apetece sentarse y charlar un rato. Venid, hagamos una media luna.

En la playa dorada del final de los tiempos las arenas recogen de las calmas olas los despojos aceptables de los cansados caminantes. Y en las oscuras aguas las pirañas de bonitos colores orgullosas exhiben sus bruñidas escamas y sus afilados dientes mientras dan la espalda a su ignoto Creador.
Una lámina casi invisible de cosas vivas e inteligentes se despliega ante los ojos atónitos de los peregrinos mostrando caminos y obras, propios y ajenas. Un arte sin mente teje ante ellos el esquema de las vidas y el tiempo, médula del movimiento, es brillante pergamino.
Romeros y peregrinos de todos los tiempos llegaron hasta este lugar con sus cánticos e instrumentos musicales atravesando los bosques de la entonces verde España. Una babel de gentes pisó las mojadas arenas cantando a las nacientes estrellas y augurando venturas y amores sin fin.
Tan solo los trece peregrinos permanecen, sentados en semicírculo, mientras los últimos rayos del sol doran las agujas de los cercanos pinares. Una calma insólita y un silencio profundo gobierna el instante infinito en que cielo y tierra, agua y aire, parecen fundirse en una inmensa pantalla cinematográfica.
Lejos de sentir temor alguno una sensación de dicha inmensa invade cada poro, cada célula de los peregrinos, cuando la pantalla se acerca aceleradamente a ellos. La realidad se transforma de algo inerme y fijo en un movimiento del universo mismo; la pantalla llega hasta ellos y pasan al otro lado.



− ¡Pero no corras tanto! ¡No corras perruca! Tienes toda la playa para ti. Miento, hay un corro de gente sentado en la playa. Tenemos que darnos prisa se está haciendo de noche. Les saludamos y recorremos la playa a toda prisa, ¡eh! Corre a saludarles; parecen peregrinos con sus mochilas a un lado.
Corre el viejo peregrino, sujetando con una mano el sombrero de fieltro con la otra el bordón; corre detrás de la perrita hasta el grupo de gentes sentadas e inmóviles cerca del mar. Al llegar a pocos pasos una intuición le hace frenar casi en seco; la perrita comienza a aullar y correr alrededor del grupo. Lentamente se acerca hasta ellos y deja caer sus cosas en la arena; él mismo se siente derrumbarse y cae de rodillas junto a sus cuerpos inermes.

Lloró, lloró en el fin del mundo por su alma destrozada, desgarró la última esperanza de alcanzar una verdad suficiente y una vida plena. Haciendo un gran hoyo con sus manos desnudas simuló su propia tumba y tendiéndose en ella esperó para volver a la vida verdadera dejando su escasa inteligencia como regalo a las arenas y su alma al polvo de las estrellas del cual surgió.
Desgarrándose, en el suelo tumbado, con su fiel perrita compañera a un lado, quedó musitando el viejo peregrino para sí mismo.
−El león y la gacela dormirán juntos como dormiremos hoy tú y yo, perrita. Llegué tarde. Se fueron sin mí. No me conocían. Nunca me vieron.

Las horas celestes mueven las estrellas y sobre su pecho desfilan las constelaciones, el silencio se adormece por el rumor de las olas lejanas y tan solo una lechuza lejana se atreve con su antiguo ulular. De improviso la perrita se despierta y comienza a ladrar fuertemente y a dar brincos corriendo de aquí para allá. Despierta el viejo peregrino de su profundo ensoñar y se reincorpora quedando sentado en la arena.
− ¿Qué ocurre? ¿Por qué ladras? No hay nadie, nadie vivo, no te asustes, ven conmigo. Ven.
La perrita se acerca a su lado sin parar de ladrar hacia el camino que baja hacia la playa hasta que ambos ven venir hacia ellos una pequeña luz dorada.
− ¡Una candela! ¡Una candela! Como cuando te encontré, perruca mía. Quieta, quieta, que la espantamos.
Pero la perrita sale disparada corriendo en dirección contraria alejándose del hombre.
No le da tiempo a incorporarse y comprende enseguida la razón de la huida de su fiel compañera. Son miles, ¡son millones! De candelas luminosas, de todos los colores habidos y por haber, que bajan del bosque; antes de que pueda decir ni palabra le han envuelto por completo. Un turbión de luz se abate sobre ese rincón oscuro de la playa, y gira, y gira.


Los rayos del sol consiguen levantar la bruma marina justo al tiempo que un matrimonio de veraneantes baja con sus chavales a jugar y pasear por la playa una mañana de agosto. Algo llovió de madrugada y parece que hubieran lavado el mundo, al frescor de los pinos se une el yodo del mar para lograr una agradable fragancia, cuando uno de los niños llama a gritos a sus padres.
− ¡Venid! ¡Venid corriendo! Han debido de estar de fiesta esta noche en la playa y han dejado aquí la ropa. ¿Se estarán bañando? No veo a nadie.
Cuando los padres, extrañados, se acercan al rincón que les indican los niños encuentran un semicírculo de ropas, calzado, mochilas, relojes, efectos personales de trece personas y en el centro del grupo un largo hoyo con los efectos personales de otro más.
−Serán las cosas de un grupo de peregrinos que se quedaron a pasar la noche en la playa; dice la mujer. Y se va tras los niños que estan corriendo playa adelante.

Pero el hombre va inspeccionando uno por uno, con calma, los insólitos montones, su ordenación, sus efectos personales, cuando, tomando un pañuelo de cuello del suelo, grita a su mujer: 
− ¡Paola! ¡¡Paola!! Llama a los niños que vengan corriendo. Rápido, venir.
− ¿Qué ocurre? Estamos mirando a ver si los encontramos; no pueden haber ido lejos. ¿Qué ocurre, cariño? ¿Qué es eso que tienes en la mano?
−Es el pañuelo de mi club náutico que le regalé a Sebastián; aquí están sus cosas y las demás. Llama a la guardia civil. Yo recogeré a los niños.

Adiós luciérnagas benditas, buen Camino. Os acompañaré cuando Dios quiera.

Con este cuento terminan las historias del Camino de las luciérnagas pues no tengo pensado escribir más; confío que pronto podáis tener en vuestras manos la edición escrita. Si alguno de vosotros quiere dejar algún comentario o escribirme le contestaré encantado.
En este blog iré poniendo mas cosas dedicadas al Camino de Santiago y a las gentes que lo hacen posible. Gracias por vuestras visitas al blog y buena suerte.

1 comentario:

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