martes, 23 de abril de 2013

Peregrinos a Nuestra Señora de Riánsares. Tarancón, Cuenca.

Tercer domingo de abril, día grande en Uclés, Tarancón, y toda la comarca, es el día de la Virgen de Riánsares.


Una gaita zamorana despierta a los peregrinos para ir a la Virgen de Riánsares.

Pero primero recordaros que estoy en el Monasterio de Uclés, que fue durante siglos una de las sedes de la Orden de los Caballeros de Santiago Apóstol.

 A las 9.30 y tras la perceptiva bendición partimos los peregrinos hacia Riánsares. Tenemos por delante algo más de 13 kilómetros atravesando la Sierra del Tesoro.

La construcción de la línea de Alta Velocidad Madrid-Valencia ha echo algunas modificaciones en el trazado entre Uclés y Riánsares. Pero también es bonito caminar y ver pasar muy cerca los AVE a 300 kilómetros por hora.

También hay que cruzar sobre la línea convencional del ferrocarril de Madrid a Valencia. Atención a las señales. El Santuario ya está a la vista.


A las 13.30 estamos todos reunidos, mas de 400 peregrinos, en el viejo puente romano para subir al Santuario.

El Santuario de Riánsares tuvo su origen en una donación del rey godo Recaredo, pues cuenta la leyenda que pasando por está zona cayó enfermo y tuvo quedarse un tiempo hasta curarse. Siglos mas tarde, cuando la zona había vuelto a manos cristianas la Virgen se apareció sobre esta higuera y pidió que se levantara un Santuario en su nombre.
El 7 de septiembre de 1962 la imagen de Nuestra Señora de Riánsares, patrona de Tarancón y su comarca, fue coronada por decreto del papa Juan XXIII. Al conmemorarse los 50 años se concedió un Año Jubilar para lucro de los cristianos.


Tras la peregrinación la pitanza.Volvimos a Uclés para deleitarnos con una estupenda calderada de cordero que habían preparado los del pueblo.

Gracias María, gracias Manuel Rossi, por invitarme a conocer Uclés y a toda la gente estupenda con la que pasé el fin de semana. Espero poder volver el año próximo y Aurora ya se apunta nada mas ver cuatro fotos vuestras.

También muchas gracias a Fernando Lalanda Pijoan que me llevó en su coche de regreso a Madrid.
Un abrazo a todos y que volvamos muchas veces.

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