martes, 23 de abril de 2013

Reunión de peregrinos en el Monasterio de Uclés. Cuenca.

Atendiendo a la llamada de Manuel Rossi mas de 80 peregrinos nos reunimos el sábado pasado en el Monasterio de Uclés, en Cuenca. Es un gran monasterio levantado por la Orden de Caballeros de Santiago en el siglo XVIII al lado del viejo castillo que durante siglos habían defendido de las hordas mahometanas. Otros tiempos, otras labores, el monasterio, con la venida a menos de la poderosa Orden de Santiago, terminó como Seminario Menor y, en nuestros días, como atracción turística.
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Ucl%C3%A9s/353016918056934?fref=ts

Un tren para ir de León a Madrid Chamartín, otro hasta Atocha, de aquí a Aranjuez, donde paré a comer y conocer por encima, otro tren hasta Tarancón; tiempo para dar una vuelta, tomar café y ver el fútbol por la tele. Solo quedaba esperar que un Auto Res me dejara ante la Puerta del Agua, en Uclés.
Llegaban los peregrinos.

Una larga cuesta me conducía hasta un Monasterio enorme, fantástico, maravilloso.
Al mismo tiempo que yo llegaban peregrinos de Evora, Portugal, de Alicante, de Gerona, de Toledo. Un goteo incensante de gentes llegadas de cualquier parte.
Manuel Rossi, superatareado, todavía tuvo la santa paciencia de conducirme al albergue de peregrinos que han preparado en el interior del Monasterio. Estupendo.
Rossi el bicialforjas.

El Monasterio de Uclés impacta nada más entrar. Grande pero acogedor, hecho a la medida humana, sin grandilocuencias, dorado y maravilloso en lo alto de la sierra. Por la ventana veía la Sierra del Tesoro que a la mañana siguiente andaríamos los peregrinos a la Virgen de Riánsares.
Subiríamos esos cerros, andaríamos por los pinares, las jaras, pisando tomillos, llenando de flores nuestros sombreros.

 A la vera del monasterio quedan las ruinas, bien conservadas, del altivo Castillo de Uclés que el castellano rey Alfonso VIII legó a los leoneses Caballeros de Santiago para que defendieran su frontera este de los moros de Valencia y la sur de los de Al Andalus.
Y allá fueron, prestos, los caballeros de la luz para defender una frontera más de la sagrada España.

Llega la noche, bien cenados y alegres de ánimo acostamos a los niños y besamos a las abuelas. La noche, el remanso de paz en el tráfago de la tontería diaria.
No se escucha el vuelo de los murciélagos ni el ronroneo de las palomas.
Pero, algo ocurre: ¡son las luciérnagas!
Las luciérnagas encienden, una vez más, su luz inmortal y animan a sus animales humanos para que vuelvan a caminar en la noche oscura y tremenda.
¡Cuidado! No despertéis a los niños. Que no os escuchen las abuelas. Salir prestas, luciérnagas, salir ya.

Siempre recordar: Pedir y se os dará; llamar y se os abrirá. Tan solo preocuparos por volver a entrar por puerta estrecha.
Queda entornada para vosotras, luciérnagas del Señor.

Cantos antiguos en la noche peregrina para espantar fantasmas y fantasmadas que tanto nos agobian en estos días.



El alcalde de Uclés, don Ángel, tuvo que parar y templar la turba peregrina, pues entre la queimada, las canciones rianxeiras, y el ardor penitente alguno se disparaba.
Apagadas las llamas, quemadas las malas mañas e intenciones que hoy día se gastan: una palmada en el hombro y a dormir, luciérnagas.



Gracias, alcalde; porque el de Zamora, con la gaita, pensé que nos iba a dar la noche.


Pero no. Todo fue paz y arrumacos de palomos y palomas. Torcaces ellas.

Al subir al castillo, al volver al monasterio, en la noche de luna creciente, me parecía escuchar como un susurro, unas vocecitas, un cántico de luciérnagas. Cantaban algo así:
"Soy Siro, soy malo; soy el hado malo. Soy malo, soy malísimo; soy Siro, el hado malo. En las noches, cada noche, noche oscura, yo me meto con los ..."
¿Serían los de la OJE?

 No sé si los ángeles rondarían aquella noche por Uclés y vigilarían nuestros sueños; pero la verdad es que dormimos estupendamente y a las 7 de la mañana, algún peregrino alemán infiltrado, ya nos estaba despertando para lavarnos y bajar a desayunar.
Nos esperaba la Peregrinación a la Virgen de Riánsares, patrona de Tarancón.
Pero eso ya será motivo de una próxima entrada.

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