domingo, 13 de octubre de 2013

Atención frotadores: un nuevo capitulo en linea.

Un nuevo capítulo de mi novela Atención frotadores: ¡ondas de choque! ¡ondas de choque! para vuestro deleite personal.
Esto no tiene remedio, se van a las estrellas y tendrán que hacerse a la idea y adaptarse. Sorpresas les esperan.
¡Superar la velocidad de la luz! Que ironía, nadie en este mundo pensaba que fuese posible pero nuestros viajeros lo van a conseguir.


La estrella más brillante del firmamento

Han pasado ya semanas de tiempo sideral, universal, solar e indeterminado (los computadores siguen con la cuenta de 00.00 a 24.00) Ya nadie usa sus relojes personales; tampoco la mayor parte de las cosas que trajeron consigo al embarcar. Sobre todo la ropa interior.
Han pasado por crisis y abatimientos, enamoramientos súbitos y amenazas de suicidio, y al trabajo constante del invernadero y los experimentos en el laboratorio o en el taller de instrumentación se han unido las demandas constantes del ordenador principal que les llena de tareas constantes y averías continuas. ¡Averías!
Se han formado dos grupos de trabajo, después de muchos cambios según sus afecciones y amoríos, que se relevan cada doce horas. Chifladuras; no se les ocurre otra cosa que hacer el Jaimito. Las relaciones personales han ido pasando por las más diversas vicisitudes y aunque ha habido fuertes discusiones no se ha llegado a las manos más que dos o tres veces. Cada grupo duerme en un piso para evitar roces innecesarios.
Alguno de los viajeros ha cambiado de dormitorio más de tres veces, de piso otras tantas, y los gruesos colchones de 120X200 han tenido que soportar duras jornadas con dos y más cuerpos sudorosos frotándose constantemente.
Cosme se ha encerrado en el cuarto del Agua un par de veces amenazando con sabotear la instalación; algunas chicas se han tirado de los pelos mutuamente y dado puñadas en los pechos y cosas de esas, tan femeninas, que ellas hacen sin pensar; pero, en general, el sentido común prevalece ya; y el frotamiento. Tras el ardor y la locura el cansancio y la rutina; agotamiento síquico. ¡Todos los días hay que comer algo!
Luis y Tony se encuentran en la sala de control tecleando datos y haciendo conjeturas. El aire acondicionado comenzó a fallar hace tiempo y se suceden fluctuaciones de temperatura inexplicables, pasando horas a más de 30ºC seguidos por otras a apenas 10ºC. Los primeros días disfrutaban de una temperatura de unos agradables 22ºC; ahora llevan dos docenas de turnos pasando frío.
Intentan averiguar a qué puede ser debido pues ya han pasado muchos turnos agrupándose de tres en tres y de cuatro en cuatro en los dormitorios, y lo de frotar y frotar y volverse a frotar otra vez (¡Uff! Qué frío hace) llega a ser cansino (los dormitorios tienen por toda dotación algunas sábanas y unas pocas finas mantas de fibra polar) Aún quedan paneles cerrados y equipos ocultos por toda la nave sobre los cuales tan solo pueden hacer cábalas inciertas.
−Si al menos tuviéramos la menor idea de dónde nos encontramos o cómo salir de esta situación…
− Eso mismo estaba pensando yo ¿Qué es lo que tienes medianamente claro Tony? Cada uno tiene su propia teoría; se han formado dos grupos de personas y también de ideas, y Tadeo apenas puede sujetar a los suyos. Se cierran a cualquier discusión relacionada con las estrellas y el viaje espacial (¿Qué hacen en grupo? ¿Yoga?) Les está dando por el misticismo y apenas llevan a cabo sus tareas comunales. Siguen pensando que nos están engañando de alguna manera muy sutil.
− ¿Medianamente claro? Cuando llegamos a Júpiter pude tener acceso a los telescopios; con las cientos de fotos que pudimos tomar y lo que nos mostraban las cámaras tengo una teoría sobre lo que pudo ocurrir.
−Ya, que dimos seis vueltas rodeando el planeta acelerando constantemente y salimos disparados hacia las estrellas; eso fue lo que nos relató el holograma ¿Alguna idea?
−Alguna tengo. La nave ganó un impulso gigantesco gracias a la gravedad joviana y salió lanzada hacia más allá de los límites del Sistema Solar.
−Pero ¿hacia dónde?
−Seguramente estaré equivocado, pero con los datos e imágenes que salían en las pantallas yo diría que hemos salido disparados hacia Sirio. Utilizaron Júpiter como una honda y nosotros somos el pedrusco.
−Sirio ¿De qué distancia estamos hablando?
−Más de ocho años y medio viajando a la velocidad de la luz
− ¿Ocho años y pico? Buff, no aguantaremos ni tres meses al paso que vamos. Se agotaran las provisiones, el agua, y nosotros mismos. Tenemos que encontrar alguna manera de salir de aquí, o volver a casa, o algo. Me estoy volviendo insomne y me derrumbaré en cualquier momento. ¿Cómo pudieron hacernos esto si no tenemos la menor idea de la mayor parte de las cosas?
−Aguanta Luis, porque veo difícil que podamos cambiar algo. Seguimos sin tener acceso al núcleo de la programación de este cacharro y el computador se reserva, me parece a mí, la mayor parte de la potencia de cálculo para la navegación estelar; es por ello que cada poco aparece algún nuevo invento en funcionamiento y nosotros tenemos que hacernos cargo. Es mejor que sea así.
− ¿Por qué? Algún equipo o comando, subprograma, algo, llevará el timón y dirección de este invento. ¿No podríamos volver a casa? ¿Sabotearlo? ¿Apagarlo?
−El computador solo se ha comunicado con nosotros, a través del asistente, en momentos muy especiales; si te has dado cuenta. El último cuando abandonábamos el Sistema Solar y alcanzamos la velocidad de la luz.
− ¿Tú crees que verdaderamente alcanzamos la velocidad de la luz? ¿Y por qué no hemos explotado o algo así? Todas las teorías que conozco…
−Pienso, y lo me puedes rebatir de mil maneras diferentes, que incluso hemos rebasado esa mítica velocidad y vamos aún más rápidos.
− ¿En qué basas esa suposición?

−Cuando alcanzamos la velocidad de la luz, ya cercanos a la Heliopausa, las estrellas se volvieron líneas luminosas, solo veíamos sus trazas, y ahora tan solo vemos esa esfera de luz blanca en las pantallas. No puedo decirte a qué velocidad puede ir este cacharro; ignoramos dónde pueden estar los motores, cuál puede ser su combustible y dónde se almacena. Tal vez bajo nuestros pies; espero que algún día podamos acceder a lo que suponemos que hay. El ordenador sigue callado y a lo suyo y las cámaras tan solo muestran una estrella blanca al final del túnel. Me parece que es Sirio; su luminosidad es…

−Vale, si lo dices tú será esa estrella; pero no sé qué podemos hacer. ¡No es posible alcanzar la velocidad de la luz! Tendríamos un tamaño infinito. Explotaríamos o algo similar.
−Imagina un pelota de básquet girando en tus manos; hablamos de las tres dimensiones conocidas, el eje no cambia aunque lances la pelota de aquí para allá. Ahora imagina una esfera de infinitas dimensiones girando sobre su eje; nada cambia y todo sigue igual aunque vayamos a la otra punta de la galaxia. 
−Pero, ¿y el momento y la masa? ¿No tendríamos que habernos desmaterializado o algo así?
−Solo si nos dirigiéramos fuera del universo, más allá de sus límites espacio-temporales. Nosotros tan solo estamos viajando entre estrellas; no hay peligro de desmaterialización. No estamos saliendo de los límites de la galaxia y mucho menos del universo. Momento y masa, ¿no sabes otra cosa? conservamos nuestra masa peculiar aunque la velocidad sea inimaginable y no giramos como una peonza pero, ¿algo tendrá que girar? ¿no?
−No te entiendo. ¿Me sugieres la teoría del universo burbuja?
−Seguimos dentro del campo universal, tan solo nos desplazamos de un punto a otro, ¡olvídate de la velocidad! da igual si tiene forma de burbuja o de patata no estamos saliendo de sus límites. Tenemos masa y nos afecta la gravedad. El misterio para mí son las fluctuaciones.
−El mío preferido es que no hayamos reventado; las presiones que tiene que soportar la nave han de ser monstruosas.
−De eso sabrás tú un montón, ¿no trabajaste diseñando submarinos?
−No, trenes de alta velocidad. Estaba en ello cuando me captaron para este proyecto.
−Pues ahí tienes algo para entretenerte: la presurización de la nave.
− ¿La puerta? Ni idea, se cierra por fuera; no es más que una pared al final del pasillo. ¿Por qué lo dices?
−Vaya ferroviario estás tú hecho. Los primeros viajeros, recién inventado el ferrocarril, se negaban a montar y viajar aterrorizados con la idea de que a cuarenta kilómetros por hora no podrían respirar y se asfixiarían.
−Ya te entiendo; yo he viajado a más de cuatrocientos kilómetros por hora.
− ¿Y dónde está el secreto para que no te ahogaras? En la presurización del tren; esto es lo mismo. No sé qué harás tú pero yo ya termino mi turno. No conseguimos regular eficazmente la temperatura y si estoy mucho tiempo sentado me quedo helado. Te dejo, que Marta me espera para comer. Mira a ver si consigues que el asistente deje de ponernos a Dean Martin ¡Como vuelva a escuchar el “C´est si bon” me volveré majara! (Al menos ya solo pone música en Control)




−Buen provecho para ambos, (Ya lo está poniendo este brujo maléfico y siliconado; de alguna manera nos observa) dale las gracias por el gran trabajo que ha hecho con los ordenadores personales; me estaba volviendo majara el que me despertaran cada día a las 06.00 con su chicharra infernal. Ahora podemos trabajar a gusto.
−Es un sistema operativo novedoso y aún está aprendiendo cual puede ser su funcionamiento y posibilidades; hace lo que puede. Hasta mañana.
− ¡Ah! Espera, recuérdale a Marta que mañana le toca limpiar los baños. Cosme ha vuelto a dejarlo todo como estaba o peor; debe estar en una etapa de regresión anal o algo así. No entiendo ya casi nada de lo que dice ese grupo de lunáticos. Que si están experimentando cambios en su conciencia y no sé cuántas chorradas más.
− ¿Anal? Pues será del trasero de Isabel; al que regresa por lo menos cinco veces diarias. Y cada vez que lo echa del dormitorio monta el teatrillo del suicidio o cualquier otra chorrada. Tranquilo, que ahora mismo lo comento con Marta; ¿llamas tú a los flipantes? A ver si sus señorías quieren dejar de levitar o rascarse en grupo y se ponen a trabajar de una santa vez.
−Sí, ya me encargo yo. Tranquilo, Tony.
−Y, por cierto, trata de convencer a María que las radios son completamente inútiles a la velocidad que vamos. Está obsesionada con captar alguna señal. Es inútil; que emplee su tiempo libre en otra cosa. Es una chica muy habilidosa.
−Sí, sí que lo es. Tú lo sabrás bien.
−No me lo recuerdes que ahora estoy con Marta; ¿sabes dónde estará Iñaki? Ya apenas pisa por la cocina.
−Me dijo que bajaba con Ruth al gimnasio; para entrar en calor.
− ¡Ah, ya! debí imaginármelo. Son dos fanáticos de las pesas y el músculo.
−Y más desde que descubrieron en el almacén una tonelada de barritas energéticas y cosas de esas.
−Pues yo, mientras pueda, prefiero comida cocinada y Marta es de la misma opinión. Hasta luego.

La vida no suele ser fácil en ninguna situación y el ser humano no está acostumbrado a los entornos cerrados; por muy bien equipada que se halle la nave el sentimiento de presidio es inevitable (¡deja ya de dar puñetazos en la pared! Y ven a frotarme un poquito) y del viejo planeta azul apenas conservan fotos en sus ordenadores. La desesperación es muy mala consejera.
Vayamos a buscar el relevo; cuatro de los viajeros se hallan en el dormitorio de Juana (¿Habrán parado ya de frotarse?)
−Mirar, me tenéis loca, ¡eh! Pero loca, loca. Me estáis moliendo el colchón; ya lo he cambiado una docena de veces de posición. Lo de arriba para abajo y la cabeza a los pies y ya no encuentro postura cómoda; voy a tener que volver a cambiar de dormitorio por vuestra causa.
− ¡Es que hace mucho frío! Te quedas helada si estás sola. Yo lo que más echo de menos es la almohada.
− ¡Montse! ¿Quién fue la de la genial idea de la batalla de almohadas? Todo el turno de aquí para allá golpeándose. No sé si quedará alguna útil.
− ¿Y a quien se le ocurrió la guerra de los extintores? Estuvimos cuatro turnos limpiando espuma de todas partes.
− ¿Y el burro de Cosme soltando latigazos con una toalla mojada? Iñaki casi lo mata. Estamos como chotas.
 −Ya; cuando cayeron peleándose por el hueco de la escalera pensé que se habían matado con el trompazo que se dieron. Pero no puedes venir a mi cama cada vez que empiezas con los vómitos; no sé qué quieres que haga. El médico es Isabel.
−No te enfades con Montse, hay algo que no sabes: está ya de más de tres semanas y las reacciones son normales. Busca a su mamita en tu regazo.
−Pues buena soy yo como para hacer de madre; bueno, mientras solo sea mi querida Montsita…
−El problema es que… me parece que ya hay otras dos encintas.
− ¡Otras dos! ¿Quiénes? ¿Lo sabes?
−Una supongo que es Marta, pero tendría que dejarme hacerle la prueba del embarazo. Y la otra, y de eso estoy segura, soy yo.
− ¡Tú! Pero si tú eres el médico; ¿si caes enferma qué hacemos? ¿No puedes inventar algún anticonceptivo en el laboratorio? Te pasas las horas metida en él.
−No es tan fácil como piensas y ya sabes que con Ruth no me hablo. Esa guarra no me restriega las tetas por la cara otra vez porque cojo un bisturí y la opero en dos segundos.
−Vale, vale, no volvamos a las discusiones; son las hormonas y tú lo deberías saber mejor que nadie. Bueno, venga, levantaros que nos estarán buscando para el relevo. A ver si hoy Saúl está más inspirado y consigue sacar algo más que lentejas del invernadero.
−Ya me has inspirado un par de veces este turno y me parece que voy por la tercera; si no tienes prisa…
− ¡Fuera de mi cama inmediatamente! ¡Todos! Saúl, te quiero inmediatamente en el invernadero ¡Qué tío más sobón! Os aseguro que un día de éstos encontraré el modo de bloquear la puerta de mi dormitorio. Venga, ¡largo!
−Yo voy directamente a la cocina; os voy a preparar un menú de…
−Por favor, Montse, deja ya la macrobiótica o como lo llames. No me paso casi ocho horas en el invernadero para comer purés de algas y tacos de tofu. ¡Quiero unas alubias o lentejas con lo que sea! Necesito llenar el estómago con cosas sólidas.
−Y yo necesito que plantéis calabazas, fresones, cualquier cosa… ¡Quiero algo dulce!
− ¿Ya estás con los antojos? Bueno, pronto empezaré yo también. Saúl, ¡suelta a Juana! Y corriendo para el invernadero; vas a tener que hacer muchos cambios rápidamente. Ahora iremos nosotras. ¡Sin chistar!
−Ya voy, ya voy; volando. Las plantas están tristes, será por el frío; plantaré calabazas para que hagáis dulces de cabello de ángel y compotas. Soy puro dulzor y regaliz; amor vegetal. Tomarme.
Patada en el culo y corriendo a trabajar. Así son las mujeres.
− ¡Hombres! Vamos al baño y os cuento por encima lo que he pensado para los próximos días.
Se cruzan por el pasillo con Luis pero no se dirigen palabra.
− ¿Sigues con la idea Juana de que este es un viaje sin final? ¿Que nunca saldremos de este encierro?
−Trato de no engañarme, ¡Cosme es un guarro! ¡Mira como deja los baños! Esta semana le tocaba a él limpiar; seguro que lo hace adrede. Como se vuelva a encerrar en los depósitos de agua pongo una losa encima de la trampilla para que no vuelva a salir.
−Discúlpale; no para de pensar mil cosas a la vez y apenas consigue dormir algo.
−Bueno, lo que te decía, este es un viaje sin final. No importa a qué velocidad vayamos y todo eso, no sueltan más que chaladuras los supra-racionales; nunca llegaremos a ninguna parte. Tenéis que mirar más allá. Nos lanzaron al espacio con una nave experimental y pueden pasar siglos antes de que nuestros descendientes, y vamos a tenerlos, lleguen a alguna parte. Lo demás es irrelevante. ¿Terminasteis? Venir conmigo las dos al invernadero.
−Imposible. Mientras no se valla esa peste que tenéis dentro yo no puedo pasar esas puertas. Y toda la nave sigue oliendo fatal; me cuesta respirar.
−Ya, ya lo sé, Montse, es por el abono y las plantas. Cuando germinó el mijo y la soja al mismo tiempo se preparó una buena. Menos mal que ninguno de nosotros es alérgico; y ahora la avena. Pero quiero que oigáis esto: ¡Estoy harta de peloteras! Tanto entre nosotros como con los cartesianos.
− ¡Pero si casi todas han sido por causa del invernadero!
−Sí, pero o esto funciona adecuadamente o terminaremos por comernos los unos a los otros ¡con cuchillo y tenedor!
−Vale ¿qué propones?
−Isabel, basta de discusiones con Ruth; como tú tengas que guardar reposo, y eso puede empezar dentro de cuatro días, solo la tenemos a ella para cuidarnos. ¿Okey?
−Lo intentaré.
−Lo conseguirás y algún día nos dirás el porqué de tu rechazo; vale, casi te saca la cabeza y se habrá tirado a todos los tíos varias veces, pero la necesitamos y punto. Montse, esto va para ti; se terminó el pique con Iñaki ya mismo.
−De acuerdo; además, ahora está con la tetonas y anda muy suave.
−Te aviso; ya tenemos bastante avena y vamos a sustituirla por centeno.
− ¿Otra vez con las cervezas? ¿Nos quieres alcohólicos a todos para controlarnos mejor?
−Sí, volvemos a la cerveza. Y alguien tiene que poner orden aquí.
−Claro ¡como tú no la pruebas!
−Ahora sí lo haré. Isabel no te vayas, esto te incumbe. O Iñaki comienza a fabricar de nuevo cerveza, le pediremos que la haga muy suave, o tendremos que racionar pronto el agua y además fabricar deprisa y corriendo los mejores filtros que seamos capaces.
− ¿Qué dices? Primero el aire (respiramos esporas) y ¿ahora el agua? Vamos a caer todos como chinches.
−No empieces con las depres de embarazada novicia. El agua ha perdido mucho de su limpieza original, por decirlo finamente; Tadeo y Cosme bajan todos los días para intentar comprender y mejorar el sistema de filtrado de aguas pero las noticias son inquietantes. La fabricación de cerveza es una antiquísima manera de tomar agua potable; el cereal se queda con todo lo microscópico al maltear los granos y lo podemos reutilizar como abono menos pestífero. Además, siempre sobrará algún kilo para hacer harina ¡podríamos hacer tortitas y galletas!
−Como médico titular del equipo apruebo la idea, ¡estoy del mijo! además tenéis plantado Baldo; una planta estupenda para cuidar de nuestros hígados. Así que, Montse, no te queda más remedio que aprobar la moción.
−Vale, yo misma iré a decírselo. ¡Se va a llevar un alegrón!
−Pero que no se alegre demasiado contigo, que ya estás embarazada; y después vuelves aquí, rápidamente, que me tienes que ayudar a bajar cosas al almacén.
− ¿Y si tardo un poco?
−NO-TARDES-NADA. Los achuchones te los daré yo cuando hayamos bajado los sacos de soja y lo demás. Entra conmigo Isabel, y ponte una mascarilla; esa tardará media hora, como poco, en volver. Quiero que me digas que te pasó con Ruth; tranquila, Saúl se pone los cascos con música a tope y no se entera de nada. ¿Qué os pasó? Os llevabais de maravilla y el día de, bueno, de aquello, apareciste con un bisturí corriendo tras ella; las dos desnudas.


−Aquel horroroso día. Es un tormento. No dejo de recordar el holograma sobre mi cabeza diciendo aquello de: Iniciando sistemas (imita la voz maquinal) chequeos finalizados, índices de gravedad apropiados, y no sé qué más; cierro los ojos y veo Júpiter como un globo inmenso al que caemos. La gran mancha como una inmensa boca de un rojo intenso que nos va a tragar; el pavor. Me entró el pánico y me refugié en mi dormitorio. Tapada con la manta como una niña que ve venir un ogro.
−Lo siento, ni me enteré. Estaba absorta con lo que salía en mi consola. ¿Y qué pasó?
−Pasó que una hora después, o algo así, no tengo ni idea del tiempo, apareció ella en mi cuarto, se desnudó y se metió bajo la manta conmigo. Mucho consuelo, niña bonita por aquí, que guapa eres por allá, cariñitos, y cuando me doy cuenta la tengo encima. Y me puso ¡Uff! Tú no entiendes, yo, bueno, nunca, pero nunca, ¿con una mujer? ¡Frotándome! Me lie a tortas con ella y la perseguí por toda la nave. Si no me paráis hubiera cometido un crimen. El horror del universo estaba en mis ojos y me convertí en una bestia asesina; cada vez que lo recuerdo me entra aquí un dolor…
−Te comprendo, para todos fue un choque monstruoso. No creas que alguno ha conseguido asimilarlo plenamente; y después vino el desenfreno.
−Ya, total, si íbamos a morir que importaba lo que hiciéramos. Fue un despelote. ¡Cuánto nos reímos! Y cuanto lloramos, Dios mío, cuanto habré llorado. Podía fregar el cuarto con mis lágrimas.
−Nos desequilibramos profundamente, ¡qué locuras! Yo, si no hubiera sido por las plantas, no sé, me pasaron tantas ideas por la cabeza; pero las quiero tanto. Alegra ese ánimo.
−Creo que los únicos cuerdos aquellos días, bueno, medianamente cuerdos, fueron Tony y María; se pasaban las horas con los telescopios. Cada poco aparecían gritando: Pasamos la órbita de Saturno, o de Urano, lo que fuera, ¡¡Fiesta!!
− ¡Uff! Alguna fue bastante bárbara. Y cuando nos convocó de nuevo el holograma diciendo que entraríamos en la velocidad de la luz, y ver por las cámaras como las estrellas se volvían líneas… casi hay muertos aquel día.
−Fue cuando se te ocurrió la idea de plantar flores ornamentales e irnos regalando tiestos para decorar la nave.
−Las planté nada más llegar. Es inhumano estar encerrados entre cuatro paredes metálicas; no sabes el bien que nos hacen las flores. Ahora mis cariñitos están tristes o adormiladas. A ver si consiguen arreglar pronto el aire acondicionado.
− ¿Hay algo de cierto en que las plantas perciben nuestros sentimientos?
−Perciben muchas cosas, no te lo puedes imaginar. Tendrías que pasarte las horas como Saúl y yo con ellas. Aquellos días de locura nuestra les hicieron mucho daño; especialmente a las floridas. Mira, fíjate cómo reaccionan a nuestros arrumacos.
− ¡Para!, burra. Y búscate un buen nabo que rascar. Me voy, que tengo cosas que hacer en el laboratorio.
−Anticonceptivos; consigue algo pronto.
−Soy cirujano, si alguno quiere solucionar su problema, en media hora le arreglo; díselo a tu hortelano.
−Hasta luego, que tengo trabajo.

Camino del laboratorio se cruza con Tadeo (un besito) y Cosme que salen de la sala de control.
− ¿Subís de nuevo a la sala del Aire? ¿Lo conseguiréis arreglar pronto?
−No subiremos este turno; te acompañamos al laboratorio.
− ¿Queréis decir que nos vamos a quedar con esta temperatura para siempre? No soy esquimal; tenéis que solucionarlo. Lo vuestro son las maquinitas.
−Por eso mismo tardaremos en volver a subir. Explícaselo, Cosme.
−Llevamos turnos y turnos subiendo a ver la maquinaria y los filtros; todo funciona a la perfección, tal y como lo diseñaron.
−Pues tendré que acostumbrarme a usar constantemente camisetas de lana porque este frío no lo soporto. ¿Por qué no metería un buen anorak en la maleta? ¡Ah, ya! Íbamos a trabajar en las Islas Afortunadas. Eso fue.
−No es para tanto ¡de acuerdo! Como te quedes parado mucho rato la sensación es poco agradable; pero ya no durará mucho tiempo. No te quites la chaqueta aunque estés tan atractiva con el chaleco. ¡Eres muy coqueta!
− ¿Y eso por qué? ¿Qué ocurrirá?
−El problema nació en el invernadero y de ahí vendrá la solución. Había plantada mucha soja y otras plantas de ese tipo, y germinaron casi todas a la vez.
−Ya, ¿y qué?
−Pues que los equipos detectaron altos niveles de esporas y todo eso en el aire; y para rematarlo nos hemos dado unos buenos empachos de algas con las ideas de Montse. ¿Resultado? Los equipos purificadores tienen que trabajar al 200% para limpiar la atmósfera de este lugar cerrado y la energía que utilizan se resta de la calefacción.
−Pero, ¿no haría falta una energía infinita para alcanzar la velocidad de la luz? ¿Por qué pasamos frío Tadeo? O sigues sin tener ni idea
−Por alguna razón de economía energética si un equipo consume mucho se lo resta a los otros con los que esté relacionado. Cuando el aire vuelva a unos niveles normales de pureza volveremos a tener más calor. Así que vale ya de comer algas. ¡Necesitamos más espirulina! Pero cubriendo los acuarios, ¿entendido?
−Perfectamente. Ir a hablar con Juana, algo ya había intuido, y está planeando nuevos cambios; Montse también cede en lo de la dieta; estará ahora mismo hablando con Iñaki. Hoy deberíamos comer todos juntos y hablar.
−Estupendo; yo vendré a buscarte ¡deja ya el ADN de las amebas o lo que sea que investigues!
−Dame un beso y vienes en cuanto tengas puesta la mesa; porque hoy la pondrás tú. Vale de escaquearse y hacer las cosas deprisa y corriendo para esconderte en el taller con tus juguetes. Te necesitamos, Cosme. Todos.
−De acuerdo. Pasaré menos tiempo en el taller. Hasta luego. Nos vamos a charlar con Juana.
Al dirigirse al invernadero ven subir por la escalera a Montse y la acompañan hasta la puerta que ella se niega a traspasar.
−Ya he vomitado hoy bastante como para entrar en ese cubículo lleno de plantas asesinas. Decirles a Saúl y Juana que salgan, os espero en la Sala de Control, voy a buscar a Isabel; tenemos reunión inmediata.
−Bueno, tranquila, ahora vamos.
En cinco minutos los seis se hayan sentados ante las consolas mirando de soslayo los datos que aparecen en los monitores; la mayor parte incomprensibles.
−A ver, os digo; he estado charlando con Iñaki y hay una serie de propuestas sobre la mesa.
−Dispara; pero solo al corazón.
−Gracias Tadeo, eres un amor.
−Primero, Iñaki pide que quitemos toda la soja y similares que aún queda en el invernadero y se plante cereal europeo. Necesita trigo, centeno, y cebada; todo el que podamos conseguir. Y que muchas gracias por la cerveza; en cuanto germinen los cereales hará cervezas variadas y algunos licores espirituosos; también conviene en usar una parte para hacer harina; la que queda en el almacén se agotará pronto. Dice que es un gran pastelero.
−Me gustaría comprobarlo. Juana, Saúl, ¿qué tal os parece la idea? Si necesitáis ayuda decirlo.
−Ya me había comentado algo Juana, y me parece bien; ya estamos en ello. Lo de plantar trigo y demás le vendrá bien incluso a la tierra; somos europeos, jopela, ya vale de soja; hacer lecitina o algo así con ella ¿Qué más?
−Verduras, hortalizas y legumbres, todas las que queráis; pero pide que plantéis chiles, ¡ah! y espárragos y puerros. Es una petición especial de Ruth; dice que es por el bien de nuestros intestinos.
−Si hay que ceder se cede; que al plato vendrás y me lo agradecerás ¿alguno sabéis hacer salsa mayonesa?
−La haré yo misma; otra cosa, necesita algo de tierra y unos canjilones para una idea suya: utilizar el espacio vacío en el cuarto del Agua para plantar hongos y champiñones. Quiere aprovechar los restos de cereal y algo de abono para plantar setas.
− ¿Pero setas de comer o de las de alucinar?
−Si estás tan interesado en el tema, Cosme, guapito, vas con él al almacén y buscáis en el semillero lo que os apetezca plantar. Me parece que todos sabéis bastante bien como son nuestros compañeros cartesianos.
−No te enfades; lo decía en broma. ¿Qué más quiere?
−Que no volvamos a sacar nada de los acuarios. Según él, pasarán semanas antes de que vuelvan a su situación original o algo similar. Yo discrepo pero María me lo pidió casi de rodillas.
−Pues si tú cedes lo demás lo aprobamos. A mí me encantan las setas.
−Ignoraba eso de ti, mi Tadeo goloso. Otra cosa; Marta también está embarazada. Me parece que de cuando la fiesta de Neptuno; también pide cosas dulces ¡otra con antojos!
− ¿En la de Neptuno? Entonces…
−Calla Tadeo; son cosas de mujeres. Hay un par de cosas más.
− ¡Cómo estás, cariño! Relájate un poco.
−Después te froto un rato. Seguimos. Alerta virus.
− ¿Cómo?
−Tranquila, Isabel. Es para que no os durmáis. Estamos todos continuamente somnolientos. Ruth y María, y Marta ya ni os cuento, están alarmadas por los análisis del agua que bebemos; exigen medidas drásticas que yo apoyo.
− ¿El agua? Pero si la instalación es de ciencia ficción…
−Pero no contaban con gente tan guarra como nosotros; y no miro a nadie, Cosme. Luis dice que nos hemos vuelto hiperactivos, sobretodo él, que ya no recuerda cuando durmió dos horas seguidas y se duerme de pie, con todo lo largo que es; en fin, la higiene, a partir de este mismo momento, ha de ser extrema. Hay ya tres viajeras embarazadas y las otras tres estarán al caer; higiene en los dormitorios, cualquier cosa imaginable, ropa de cama, los teclados de los ordenadores, lo que se os ocurra. Lugares de trabajo limpios como la patena; los baños: a partir de ya mismo serán dos personas las encargadas por turno de dejarlos listos para ¿Cómo dijo? Ah, ya, revista de policía; es que el padre de Luis es coronel del ejército o algo así. Buscaremos con lupa cualquier lugar donde puedan criar las bacterias. Al parecer tenemos la inmensa suerte de no haber traído con nosotros ningún virus activo ¡que sepamos por el momento!
− ¿Se han pasado al lado de la luz los descartianos?
−Discurren, punto. Más pedidos para evitar ir a la guerra total y definitiva. ¡Como pille a otro asaltando el almacén…!
−No dispares, cuenta.
−Gracias, cariño, tú eres mi calabacín dorado. No pases tanto tiempo en la bici estática que ya no volverás a correr maratones; Marta y María quieren fabricar aguas de colonia y jabones perfumados en el laboratorio, no hay humano que aguante este espantoso olor; fin de los sabotajes desde ya mismo ¡os lo advierto! He estado a punto de meterme en una de las lavadoras (porque no cabía que si no…) En fin, la ropa no tiene la culpa, es especial anti olores; ya sabéis, de alpinista o algo similar, pero las bacterias están proliferando en este trasto navegante como si fuera el Jardín del Edén y Ruth no quiere empezar a tirar de farmacopea. Dice que nos cargaron tan solo cuatro cosas básicas. ¿Isabel?
−Correcto, genéricos y cosas de lo más raro. No se han tocado apenas las existencias pero no hay reposición posible; y si hace falta fregar los suelos de rodillas se hará. Y esto va por todos o alguno va a dormir de aquí en adelante con los champiñones. ¿Propuestas?
−Propongo que la primera hora de nuestro turno la dediquemos a la limpieza. De todas las instalaciones. No sé de dónde puede salir tanto polvo; todas las puertas cierran herméticamente y en cuanto me descuido hay un dedo de polvo en mi mesa. ¿Tadeo?
−De acuerdo Juana, en cada turno lo primero será hacer limpieza general. El polvo sale de las esporas y de nosotros mismos; el cabello, la piel, la ropa, lo que sea; producimos partículas continuamente y ahora los filtros del aire acondicionado están casi completamente atorados con la germinación y todo eso. No hemos hecho otra cosa que limpiarlos todas las veces que hemos subido y el otro grupo hace lo mismo; no sé si os daréis cuenta pero vivimos en una espesa niebla de polvo y esporas y no sé cuántas cosas más. He visto las muestras del agua al microscopio; no podemos seguir así. Y es verdad que los acuarios han estado a punto de irse al carajo. ¿Alguna duda?
−Ninguna Tadeo. ¿Qué más Montse?
−Gracias Cosme, ¡necesito colonias! ¡Jabones con olor a flores! ¡Lo que sea! Pero que huela bien. Todos vosotros sois un encanto pero tenéis un olor a tigre que tumba a cualquiera; hay días que me ducho cuatro, cinco veces, ¡y es un olor a sobaco y pinreles el que tenemos! Necesito salir de aquí, me muero…
− ¡Quieta! Quieta, Montse, amorcito, tranquila. Haremos lo indecible por higienizar la instalación a toda prisa. Yo también lo sufro ¿Cuánto tiempo llevamos aquí dentro? ¿Mes y medio? ¿Dos? Bueno, lo que sea, yo era fumador empedernido, ¡incluso de habanos! Y este tiempo sin fumar me ha agudizado tanto el olfato que alucino constantemente. Sueño con burbujas de colores que me envuelven y me quieren ¡Y huelen bien! (A mandarinas. Necesito dormir)
−Gracias, Cosme, yo sueño algo similar pero no hay nada en la farmacia para el sueño; tendremos que seguir buscando con las plantas algo mejor que esas tisanas de valeriana y menta que prepara Isabel.
−Si no hay nada más por el momento; se levanta la sesión y nos vamos todos a laborar un poco.
−Espera un segundo Tadeo; de parte de Iñaki y los otros, que si os parece bien, en el próximo turno harán una fiesta y estamos invitados; al parecer queda un saco de centeno en algún rincón del almacén y ya estarán ahora mismo haciendo cerveza.
− ¿Y qué van a celebrar esos cabestros?
−Carnaval. Quieren hacer un baile de disfraces. Y al turno siguiente: Miércoles de Ceniza; o sea que tocaran diana, es lo que me dijo Luis, y gran limpieza general desde el cuarto del Aire hasta el cuarto del Agua. Lo harán con o sin nosotros. Hemos acordado el menú ¡espectacular! Yo no voy a faltar; bueno, ya estoy pensando en el disfraz. Cargué con unas cuantas cosas en la maleta…
− ¿Te pondrás faldas? mi amor.
−Sí, pero no trempes tan rápido que ahora mismo nos vamos todos para comenzar a limpiar en serio; yo voy a poner mi cuarto patas arriba. Ya sabéis: el que quiera asistir probará la poca carne que nos queda. Un rosbif con patatas que quitará el sentido. Sí, eso haré.
−Vale, terminemos con esto y cada mochuelo a su olivo. Yo también iré a la fiesta; en pie la compañía. (Así que su padre es militar, ya decía yo que es un pequeño Napoleón; bueno, con más de 1.90 m. de estatura)
La fiesta está resultando mucho más divertida de lo que nadie podía suponer y las dos mitades de la mesa están de nuevo comunicándose cordialmente; sonrisas y guiños cruzan sobre los platos y por un día han sacado de los armarios la ropa que traían de casa improvisando algo divertido con flores y circuitos electrónicos o con cualquier cosa del laboratorio para crear la ilusión de un disfraz. Tony lleva puesto un sombrero de papel, a lo Napoleón, con su mejor foto de Júpiter; es el único que no se ha maquillado (¡pero se ha afeitado! Algo es algo)


Veamos; tenemos a Pierrot Iñaki, Arlequín Cosme, Marta está preciosa de Colombina, Pantalone Luis, etc. Hay brindis constantes, sonrisas picaronas, roces de piernas bajo la mesa y una maravillosa música de los años 70 suena por los altavoces (¡Barry White! Míster Amor…) Cuando, ¡Dios bendito!, ¿Qué ocurre?
Como si una ola gigantesca se hubiera cruzado en el camino de la nave todo es presa de unos bamboleos impresionantes y cualquier cosa que no esté sujeta a la estructura misma de la nave sale por los aires. La música se ve interrumpida; la iluminación se apaga, tan solo los leds de emergencia arrojan su escasa luz rojiza.
Cuando intentan reponerse del susto otro nuevo bamboleo termina por arrojar al suelo todo lo que queda en pie. Por los altavoces se escucha la voz del asistente:
−Atención, ondas de choque por babor, ondas de choque por babor. Alerta viajeros, alerta, ondas de choque.

¿De qué? ¿Ondas de choque?
¿No vamos a la velocidad de la luz? Y nos quedamos a oscuras.
¡Otra! Esto es un puñetero corcho flotando en el océano. Y nos vamos a pique.
¿Nos atacan? Arcadas y terror.


Fin del capítulo

Al redactar y repasar este capitulo, antes de publicarlo, siempre andaba con la duda típica de: ¿pero se podrá alcanzar y superar la velocidad de la luz? Las teorías conocidas hasta ayer mismo indicaban que era imposible. 
Pero estaba seguro que la propia ciencia me daría la razón, es posible. Leer este artículo del verano pasado y de como consiguieron resolver el teorema matemático de Neumann:


Se puede viajar a velocidades superiores a la de la luz, yendo de una estrella a otra, ¡y no nos pasaría nada!. Nada de alcanzar un tamaño infinito o explotar o algo peor. Queda el problema del calientamiento pues al aumentar la velocidad aumenta el calor, así pues en los próximos capítulos las cosas se pondrán muy, muy, pero que muy calientes.


Los problemas de los viajeros son de pura supervivencia, alimentarse, calentarse, y la convivencia en un lugar tan pequeño de doce personas. Pero son jóvenes, van bien equipados, y están sobradamente preparados para superar lo que les espera: ¡ondas de choque! ¡ondas de choque!¿Pensabais que el espacio interestelar es un vacío donde nunca ocurre nada? No podéis estar más equivocados

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