sábado, 12 de octubre de 2013

El lirio rojo y el Señor de los alfanjes. Cuento corto.

Hoy, 12 de octubre, es el Día de la Hispanidad y Fiesta Nacional de España, el día de La Virgen del Pilar de Zaragoza. Para los lectores de otras nacionalidades y lengua diferente a la española se me ocurrió, hace unos meses, escribir un pequeño cuento fantástico inspirado en un preciso momento histórico de la larga y crudelísima historia de España y de los hispanos, y hoy lo comparto con todos ustedes. Es uno de los cuentos que salió en mi colección Noche en la estación del Norte y otros cuentos fantásticos.
El marco temporal aproximado sería durante el reinado del rey de León Ramiro II, El Diablo, entre los años 931 y 951, y del califa cordobés Abderramán III, del 912 al 961.
Pero una vez más advierto: es un cuento fantástico y cualquier parecido con la realidad será pura coincidencia, e irrelevante.

El lirio rojo y el Señor de los alfanjes

Cuento para niños de enseñanza elemental

Hace mucho, mucho, muchísimo tiempo en un rincón de este planeta existió un imperio en todo el mundo temido y evitado pues a una voz de su Señor un millón de brillantes alfanjes se alzaban al cielo. De mar a mar, por desiertos y montañas, arroyos y lagos, todos los grandes ríos, se rendían ante la voluntad inflexible del Gran Sasaman Milumulín.
Cada primavera montaba en su negro caballo enjaezado de perlas y con su alfanje en la mano gritaba a sus terribles huestes:
− ¡Jalá, Jalá!
Y de inmediato se alzaba al cielo un bramido terrible:
− ¡Jalá, Jalá! ¡Jamurabí, Jamurabí!
Y prestos salían sus tropas imparables hacia las montañas del Norte y sus verdes pastos.
Miles de soldados, a pie y a caballo, atravesaban las llanuras de cereales y se lanzaban hacia las montañas violando mujeres, matando o castrando a los hombres, robando y quemando cualquier obra humana que a su paso encontraran hasta llegar a las playas del Mar del Norte.
Dejaban abrevando sus caballos en las tumbas de sus enemigos vencidos y pisando las arenas doradas, un año más, alzaban al cielo sus alfanjes brillantes y sus verdes estandartes gritando su tremendo:
− ¡Jalá, Jalá! ¡Jamurabí, Jamurabí!
Regresaban victoriosos y saciados de sangre atravesando de nuevo las montañas, destrozando aún más cuanto en pie encontrasen para volver a sus extensas campiñas y plácidas huertas donde sus mujeres y niños les esperaban. El botín esplendido y la destrucción asegurada hacían que sus sonrisas llegaran de oreja a oreja.

Inenarrable era el recibimiento que obtenía el Gran Sasamán Milumulín arrastrando tras de sí un cortejo de doncellas robadas y mancilladas.



Triste estaba la reina, lloraba. En una oscura habitación de la más alta torre de su escondido castillo por la ventana observaba el vuelo de las palomas mientras bordaba una ligera capa. El bosque renacido, verdísimo y leve apenas le respondía con el canto suave de algunos pájaros silvestres.
Está triste la reina, llora. Las noticias, una vez más, una primavera tras otra, son desoladoras. Todo se habrá perdido; incluso él, también él, su rey, habrá, tal vez, desaparecido, o muerto, en alguna algarada.
Llora la reina, ora silenciosa; recogida en su corazón su triste alma no alza la mirada más allá de sus agujas tejedoras. Reza, ausente, ensimismada. Sentada en su alta silla de oscura madera reposa su cabeza en el alto respaldo; entornando los ojos aún percibe la prístina luz que por la ventana se cuela. De repente algo la sorprende: a su lado escucha música, música que surgiera de una fídula; abre los ojos y a su derecha, como surgido de la nada, envuelto en un orbe dorado, ve un músico vestido de un blanco radiante que extrae dulces notas de su pequeño instrumento. Extasiada y asombrada cae de rodillas y se humilla, implorante, ante la aparición.
Así la encuentran sus damas cuando segundos después acuden a su estancia extrañadas por la tonada, llorando arrodillada. Horas más tarde ya calmada y repuesta relata la reina a sus damas y confesor todo lo que recuerda de la aparición, el aspecto del tañedor, sus blancos hábitos, su bonete color rojo sangre y la canción que sonaba. Hay discusiones y charlas livianas sobre el tenor y fin de la aparición que ha tenido la reina cuando unos sonidos conocidos, de cascos de caballo, les hacen guardar silencio. La entrada del alférez real en la estancia anunciando la llegada del rey pone a todos en pie y se da por terminada la animada charla.
Apenas un beso y ya comienza a desprenderse de la pesada cota de malla y el duro casco; en su estancia privada charlan los reyes de las jornadas pasadas mientras el rey se desprende de su coraza. Junto a la silla de la reina tan solo hay una mesa con un alto jarrón lleno de lirios blancos, algunas telas finas cubren las paredes y las ventanas permanecen abiertas a la noche primaveral.
−Me gustaría creerte, pero no será otra cosa que un sueño. Te quedarías traspuesta.
− ¡Que no! ¡Que lo vi tal cual te veo a ti!
−Si fuera verdad; si hubiera un gramo de verdad en lo que dices…
− ¿Qué harías, mi rey?
−Después de ver tanta sangre, después de tanto horror… ¡Si fuera cierto que algo así puede suceder! ¿No habrá un santo que nos ayude?
El rey se desploma, no puede más, inca la rodilla en el suelo y apoya la cabeza sobre su larga espada, la mirada baja, derrotado, angustiado, solo, y se siente decir:
− ¡Creo! Por ti, mi reina, creo.
Y se queda calmo y triste mirando al suelo. Cuando va a iniciar el ademán de levantarse escucha una extraña y profunda voz exclamar:
Porque has creído, Ramiro, nunca volverás a perder una batalla. Como señal de Mi Palabra y signo de Mi Reino lucirán tus armas desde ahora un lirio rojo.
Se incorpora como una flecha el rey blandiendo su espada y buscando el origen de la estentórea voz; pero tan solo encuentra a su esposa tras él.
− ¿Tú has oído eso?
−Sí, perfectamente. Que luzcan un lirio rojo tus blasones y estandartes y nunca perderás una batalla.
−Pero, pero, ¡no existen los lirios rojos!
−Pues ahora sí. Mira los que hay sobre la mesa.
La noticia corrió, saltó y brincó de valle en valle y de aldea en aldea. En cuestión de días en todas las casas y torreones, en cada cruce de caminos, en cada puente sobre cualquier río aparecía pintado el signo del lirio rojo. Y con la llegada del verano vinieron hombres armados desde todos los rincones del reino para buscar al rey y partir tras su alto estandarte. Un gran paño blanco y en su centro tres lirios rojos. Y partieron hacia el reino del Sur.


Rápidamente los espías mandaron mensaje al Gran Señor de los alfanjes.
− ¿Guerreros politeístas en el Norte? ¡Bah! Que van a poder hacer con cuarenta mulas viejas.
Pasan los días y las noticias que llegan al sur son más y más inquietantes. Los guerreros del Norte no van en mula si no en veloces caballos y se multiplican. Despacha el Gran Señor Milumulín a sus mejores generales al norte con órdenes de exterminio total y definitivo mientras sigue gozando de la beldad de sus mujeres. Pero de ellos tan solo recibe, pasados unos días, sus zapatillas ensangrentadas.
Una soleada montaña los vigías encaramados en los altos torreones de la inmensa ciudad amurallada comenzaron a ulular al unísono la señal de alarma. Despertado el Gran Señor y recibiendo novedades mientras se baña manda formar a su imponente ejército a las puertas de la muralla.
Caracoleando en su brioso caballo negro alza al cielo su brillante alfanje y a su grito desafiante cerca de un millón de gargantas exclaman:
− ¡Jalá, Jalá! ¡Jamurabí, Jamurabí!
Se abren las negras puertas de la gran ciudad amurallada y como una inmensa marabunta verde miles y miles de guerreros comienzan a salir para dirigirse a los cercanos altozanos.
Horas más tarde los arroyos bajan un tremendo caudal de sangre; por todas partes hay montoneras de cadáveres, descuartizados, degollados, los cráneos machacados. Por las negras puertas entran los blancos estandartes sembrando un pánico instantáneo. Inmenso es el botín. Terrible la venganza.
A la mañana siguiente parten los guerreros del Norte conduciendo centenares de carros cargados de riquezas y doncellas de suave voz aterciopelada. Caminan silenciosos buscando los senderos y caminos que al Norte conducen, apartando constantemente riadas de heridos suplicantes y madres desesperadas. Parten al Norte, la voz callada.
La siguiente primavera por las calles de la maravillosa ciudad amurallada no hay jóvenes que se junten y aullen; no hay alfanjes brillantes que lancen desafíos a las nubes que pasan. Y en los arroyos crecen por todas partes miríadas de flores; lirios rojos, implorantes.

Fin.

La idea inicial para este pequeño cuento me surgió visitando la Casa Andalusí de la ciudad de Córdoba, la pasada primavera. Es un precioso museo dedicado a la cultura española de la época califal.
Había muchachos con nosotros haciendo también una visita turística, chicas y chicos italianos y españoles, y, escuchándoles me dí cuenta que apenas sabían nada de la historia de España y lo que se contaban unos a otros más bien me parecía un relato fantástico que algo que hubieran aprendido en los libros de historia.

En un rincón de la Casa Andalusí tienen un globo terráqueo que representa el mundo tal y como lo concebían en los tiempos del Califato Cordobés. En la parte que representa la península ibérica al sur tenemos Al Andalus, el territorio musulmán, al noreste la Corona de Aragón, y en el noroeste y mediante dos extrañas figurillas representan el reino de San Salvador, la tierra de los politeístas, la Corona de León.
San Salvador es representado con la figura de un mandarín chino, con su típico bonete rojo y de tres puntas, entre sus brazos sujeta un gran lirio rojo y está entregando al rey de los españoles cristianos lo que parece ser la maqueta de un templo.
Los lirios rojos, como los mandarines, tan solo existían en China en aquellos tiempos.

De vuelta a León fui a fotografiar, una vez más, el templo que San Salvador entregaba en la imagen del globo terráqueo a un rey leonés. Se trata de la Real Basílica de San Isidoro, Panteón de los Reyes de León, y donde se guardan las tumbas de la mayor parte de ellos. Y en la Puerta del Cordero está representado un milagro que yo supongo ocurrido al rey Ramiro y su reina Urraca Sánchez. De la nada ¿? aparece un músico con largas melenas tañendo un instrumento musical, que yo supongo que sería una fídula, y trata de enseñar a la reina a manejarlo y hacer música.
Ya tenía los datos necesarios para el cuento: un milagro representado en un templo cercano y famoso mundialmente por ser la muestra más importante de arte románico de toda España, la historia de un rey y un califa que fueron tremendamente importantes para el devenir de la historia no solo de España si no del mundo entero, y la casi milagrosa imagen de San Salvador, Jesucristo, representada en un globo terráqueo cordobés; digo casi milagrosa imagen pues soy bien consciente de lo increíblemente reacios que son los mahomentanos a hacer representaciones humanas de ningún tipo y por ninguna causa.
Pero es que en esa pequeña esquina del inmenso mundo estaba por entonces el reino del lirio rojo, sus armas no eran más que flores y música, y los musulmanes habían recibido una durísima lección a manos del pequeño rey Ramiro; al que desde entonces y durante toda la historia de Al Andalus se le conoció y recordó con el sobrenombre de El Diablo.
Espero que os haya gustado este pequeño relato fantástico.
A finales de mes saldrá a la venta mi próxima novela La crux de los ángeles. ¿Su tema y argumento? Los españoles fueron los primeros europeos en llegar a America; pero siglos antes que Colón, siglos antes que los vikingos de Leif Eriksson; antes que todos ellos ya habían ido los hispanos a esa tierra maravillosa.
Seguro que os encantará.

8 comentarios:

  1. Este cuento no es nada apropiado para niñoa ni de enseñanza elemental, ni de ninguna. Como educadora que soy e impartiendo clase actualmente, no lo veo apropiado, ni por el lenguaje, ni por el voacabulraio y por la ausencia de valores. Ni siquiera el relato tiene unos conectores apropiados. En fin, querido amigo, tómate esto como una crítica cosntructiva. Estoy segura de que tendrás muchos seguidores, que para eso están los colores y la libertad de expresión, pero para nada son apropiados para la lectura en las escuelas. Un saludo muy afectuoso.

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  2. Este cuento no es nada apropiado para niños ni de enseñanza elemental, ni de ninguna. Como educadora que soy e impartiendo clase actualmente, no lo veo apropiado, ni por el lenguaje, ni por el voacabulario y por la ausencia de valores. Ni siquiera el relato tiene unos conectores apropiados. En fin, querido amigo, tómate esto como una crítica constructiva. Estoy segura de que tendrás muchos seguidores, que para eso están los colores y la libertad de expresión, pero para nada son apropiados para la lectura en las escuelas. Un saludo muy afectuoso.

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  3. Se acepta la crítica, anónimo. Y espero que acepte usted mi legendario sarcasmo. Es un cuento de mi colección Noche en la estación del Norte y otros cuentos fantásticos, al editarlo y publicitarlo para su venta por internet tuve que marcar la casilla de contenido para mayores de 18 años. Al escribirlo tenía en mente chavales de unos 12 o catorce años y las cosas que les escucho decir a diario por la calle, también los conocimientos elementales de historia de España que suelen tener mis lectores (la gran mayoría son norteamericanos) y por supuesto no faltar al respeto a cultos, culturas, o sentimientos personales de nadie, de ahí un vocabulario rebuscado.
    Yo no enseño ni transmito valores o cosa que se le parezca, escribo cuentos, novelas de fantasía o ciencia ficción, y, considerando que la mayor parte de los españoles actuales no somos capaces de leer e interpretar correctamente una página del Quijote (libro que ya había leído y releido a los 13 años y bien que lo tengo siempre presente a la hora de escribir) no me parece que esté tan mal este pequeño cuento. ¿Le gustaría a usted leer otro pequeño cuento mío donde los protagonistas son niños? En este caso es más bien de ciencia ficción. No habría problema en subirlo al blog. Y gracias una vez más por su comentario.

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  4. ¡Ah! Y por cierto, dado que hoy es el Día Nacional de España (Soy muy poco dado a este tipo de celebraciones) al subir el cuento al blog me hacía gracia recordar la idea de España que tienen los propios españoles.
    Cuando Abderramán, el primero, se independiza del Califato de Damasco proclama a los cuatro vientos el Emirato Independiente de España, su nieto el tercero, dió un paso más allá y se proclamó Califa Independiente de España, DE ESPAÑA. Y tan españoles o más aún se proclamaban los musulmanes que los cristianos hace más de mil años; la correspondecia de la que se tiene noticia de los reyes de Asturias y León con los emires y califas de Córdoba siempre remarcan que son reyes, emires, o califas de España, las creencias al marjen; que ya sabemos todos cómo somos los españoles y somos capaces de pelearnos por cualquier cosa. Incluso por ser o dejar de ser eso: españoles.

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  5. Estimado Sr. Daniel, no puse mi nombre porque no supe como hacerlo, pero me conoces, soy Mª Elena, peregrina y te ví en Villaviciosa o el El Bierzo, ya no me acuerdo. En fín mi comentario venía porque debajo de la foto, vien el siguiente título:
    El lirio rojo y el Señor de los alfanjes
    "Cuento para niños de enseñanza elemental"
    y claro si uno lee el cuento a sus hijos o a sus alumnos, siguiendo la indicación sin previa lectura, se puede llevar un chasco, como bien expliqué las razones en mi post anterior. Nada que alegar, por supuesto, a su vasta cultura y detallada documentación. Por lo demás todo bien, reciba un supercordial saludo para used y su esposa que también conocí.
    Pd, lo del "usted", es broma ¿eh?, pero queda como más formal

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  6. ¡Ah! Y por cierto, estaría encantada de leer otro cuento, pero cuento si violencia, por favor! que ya bastante revolucionado está el mundo y para leer más asaltos y batallas, ya tenemos la sección internacioonal de los periódicos. Un saludo.

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  7. Sorry! Quise decir SIN violencia. Tengo un teclado que no marca bien las letras.

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    Respuestas
    1. Disculpa, pero te entiendo perfectamente. Subiré otro cuento corto en cuanto pueda, pero si este que comentamos trata del amor y la venganza el próximo tratará del amor y la desesperación; lo siento pero me salió así. A ver si puedo mañana mismo subirlo al blog.

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