sábado, 9 de noviembre de 2013

Atención frotadores: un nuevo capítulo.

Como sé que os gusta leer los fines de semana os subo otro capítulo de mi novela Atención frotadores: ¡ondas de choque! ¡ondas de choque!.
Tras pasar por la tormenta generada por la explosión de una estrella lejana y sobrevivir los viajeros se enfrentaran a nuevas experiencias. Tienen a bordo algo de lo cual ignoran todo: una inteligencia artificial, y novedosos problemas como la superposición cuántica o la teleportación van a alcanzarles de pleno.
¿Que nunca habéis oído hablar de la superposición? Un qubit puede ser en el mismo instante 0, 1, 00, 11, o ninguna de esas cosas; según lo mires. ¿Y la teleportación de información? ¿Tampoco? Leer, leer frotadores, un nuevo capítulo que comparto con vosotros totalmente gratis.



Un camino incierto y proceloso

Las crisis no pasan sin dejar profundas heridas; la infinitud del espacio sobrecoge los ánimos y reduce sus expectativas de felicidad. Pasada la tormenta siguen experimentando de vez en cuando fluctuaciones de gravedad, aunque no suelen ser tan acusadas como al principio; el asistente responde que pueden ser debidas a las nubes de gas y polvo, tal vez materia oscura, que atravesamos constantemente.
En poco tiempo ya se han formado tres nuevos turnos que rotan cada ocho horas para cubrir el ciclo laboral de veinticuatro (siguen muy apegados a las viejas costumbres) Nuevas parejas de viajeros.
Ruth y Cosme con Marta y Tadeo forman el primer turno (se han puesto de acuerdo para ir los cuatro siempre conjuntados con la misma vestimenta ¡estas mallas y camisetas nos sientan tan bien!) Montse y Luis con Tony e Isabel (después de todo me hace reír este cabeza loca) están en el segundo; Juana sigue aguantando el tormento de su Saúl hortelano y secundados por María e Iñaki (verás cómo se recompone enseguida el invernadero y los acuarios vuelven a llenarse de cosas ricas) forman el tercero.
Aunque María no puede evitar pasar las horas tontas en el cuarto de radio intentando captar alguna señal (las cosas que ella capta y siente y padece no es capaz de expresarlas) ayuda en lo que puede a Juana en el invernadero; los telescopios están bajo control del ordenador central y en las consolas tan solo aparece una brillante estrella blanca.
Se pasan las horas charlando sobre las posibles formas de vida que puede haber en el universo o si algún día encontraran un lugar habitable; esta nave, especialmente el semillero, no deja de ser una ínfima Arca de Noé.


− ¿Qué? ¿Ya has conseguido escuchar alguna emisora de tu confederación galáctica preferida? ¿Música romántica?
−Ya lo sé, Juana; es una tontería. La radio, seguramente, es un invento esencialmente nuestro, de nuestro planeta, y aunque hubiera miles de mundos habitados en la galaxia las probabilidades de que otra especie inteligente haya dado con semejante invento son infinitesimales. Pero, ¿por qué cargaron la nave con esos equipos tan potentes? Llevamos lo último de lo último; ni que esto fuera un portaaviones.
−Pero son inútiles a esta velocidad y nunca has escuchado nada. Déjalas apagadas. Estás obsesionada.
−El problema es que sí escucho cosas. Y no solo con las radioemisoras. Ruidos, susurros, frases entrecortadas.
− ¿Qué quieres decir con que escuchas cosas? ¿No eras tú una de las que…?
−Sí, lo recuerdo bien, fue aquella discusión terrible que terminó a puñetazos. Y se formaron dos grupos. Ni nos mirábamos a la cara. Perdona, fue por lo que nos dijiste.
−Que oía gente que me hablaba y no era ninguno de los presentes.
−Luis y yo lo tomamos como algo personal; pensábamos que te estabas volviendo majareta.
− ¿Tan grave fue lo que os dije?
−No era por eso, te lo podías haber inventado; es que tratabas que discutiéramos si provenían de seres, esto, supernaturales.
−Qué tiempos nos ha tocado vivir; vosotros a Adán y Eva les habríais tratado de esquizofrénicos y medicado con lo más fuerte a mano. ¡Y no digo nada a los profetas de cualquier religión! Les habríais aplicado electrodos en la cabeza ¡y venga descargas! Ruth me pareció una sádica completa. De algún modo lo sigo pensando.
−Bueno, ya, es por los conocimientos que tenemos del ser humano; tienes que hacer un esfuerzo por comprendernos. Al fin y al cabo las religiones no dejan de ser o llegan a ser sistemas para el dominio de las personas a través de sus creencias. Quizás alguna, al principio, haya sido de algún modo liberadora pero después todas se organizan y son terriblemente conservadoras, incluso castrantes; son pura represión personal a todos los niveles. Pensamos que querías tirar por ese camino y no estábamos dispuestos a…
− ¡Pero si solo quería ponerlo sobre la mesa! Por si los demás notabais algo extraño que no fueran los ruidos de la nave; y eran cosas muy sencillas y sensatas lo que os comuniqué.
−Ya, ya, ahora te entiendo perfectamente. Perdóname.
−Estás más que perdonada, cariño; pero ¿qué quieres decir con que ahora te entiendo perfectamente?
−Es que estoy embarazada; y noto cosas… ¡unos sueños más raros!
−Pero, ¡corazón! Estás con Mamita Juanita. No llores, cariño, ¡y no te lleves las manos a la cara cuando tengas antojos! ¿Quién quiere a su Mari guapísima? Tú no, Saúl; lávate la cara y las manos antes de acercarte a nosotras. Largo; vete poniendo la mesa que Iñaki ya habrá terminado de cocinar.
Los turnos y relevos permanecen invariables por tiempo y tiempo (todavía hay quien sigue contando en semanas y meses) y Marta, que en los tiempos de marea estaba que no aguantaba una pluma de ganso en la nariz ahora es una chica embarazada que se cuida, se mima, es de lo más simpática con todos, y se ha vuelto terriblemente golosa (¡pero mira cómo te estás poniendo!) además, pasa muchas horas tecleando en la consola de Control y sobre todo en su pc.
En su dormitorio se encuentra cuando la puerta se abre y Tadeo aparece con una jarra de líquido sonrosado.
− ¿Qué tal? Bomboncito. ¿Cómo se encuentra mi lucero?
−Muy bien, pichulín mío. ¿Qué me traes? ¿Otra nueva infusión que se le ha ocurrido a alguno de vosotros? ¿Estará bien dulce, no?
−No corazón mío; es otra cosa que quiero que pruebes en primicia y nos des tu opinión.
− ¡Umm! Sabe bien, ¿qué es? ¡Está fría!
−He estado con Ruth y Cosme en el laboratorio, peleando durante horas con los equipos (algunos resultaron bastante dañados con los bamboleos) y hemos conseguido lo que puede ser toda una nueva línea de refrescos isotónicos. Algo de sal por aquí, o bicarbonato sódico por allá, una pizca de azúcar, fresones exprimidos, y mucho cariño.
−Tu boca sí que sabe a fresas salvajes, ¡Umm!

Hay cosas más interesantes a bordo que unos refrescos, aunque nadie sea aún consciente de ello. Al parecer, las fluctuaciones gravitacionales unidas a un elevado stress de cálculo hicieron que la (ínfima) inteligencia artificial pariera gemelos; y Júpiter fue la partera. Podemos escuchar su cháchara vacua.
Bueno, bueno, bueno, dejemos a estos pipiolos, que les toca un rato de suave frotamiento y vallamos a la búsqueda del siguiente equipo. Pues solo el que mira hacia delante encuentra caminos nuevos. El universo se expande y el tiempo continúa su imparable movimiento. ¿Qué hacemos aquí? ¡Vamos! Las estrellas aguardan cual esbeltas ninfas y agradables sirenas nuestros amorosos besos y frotamiento esférico. ¡Nacidos para ser amor! Pon algo de música. ¿Barry White? OK.


Ruth, Cosme, Marta y Tadeo se hallan en la sala de control y charlan entre sí mientras teclean en sus consolas. Una buena taza de té o similar infusión es el mejor amigo del trabajador tecleador y se han traído un par de termos para estar bien surtidos.
−Dime algo, Tadeo, ¿has obtenido alguna conclusión de tu interrogatorio personal a este monstruo informático?
−Poca cosa, Ruth, no me deja acceder a los planos completos de la nave; tan solo de cuartos y equipos aislados. Estoy harto de ver vídeos explicativos; hace cinco años que terminé con la universidad y ahora nos sale con esto.
− ¿Y tu idea de la doble esfera en qué ha quedado?
−En idea, pues no me deja acceder al control de las cámaras exteriores. No sabemos qué hay ahí fuera. Algo tendrá que moverse para que viajemos hacia las estrellas. Es pensar con lógica; las cámaras, los telescopios, las antenas de radio, y no sabemos cuántas cosas más, parece que estuvieran guardadas en compartimientos fuera de nuestro alcance, al otro lado de las paredes metálicas, por lo que supongo que otra esfera mayor incluye la nuestra; y cuando el ordenador decide utilizar una utilidad salen fuera, al espacio, para observar. Ahora mismo, si miras las cámaras de tv, observarás que tan solo hay dos en funcionamiento; las otras catorce estarán a buen recaudo.
−Claro, si pudieras dirigir las cámaras verías cómo es esto por fuera. Ya encontrarás la manera de quitarle el control al computador.
−El que tiene mejor idea de cómo lograrlo es Cosme, ¿verdad?
−Como bien nos recuerda Marta de vez en cuando estamos ante una máquina programable de propósito universal; ¿lo he dicho bien? Sí, bueno, pues eso, un cacharro de una tecnología para nosotros desconocida y que lo mismo sirve para una nave espacial que para montar una churrería. ¿Me comprendes?
− ¿Una churrería? Buena comparación.
−Sí, solo que los churros somos ahora nosotros. Después del frío que pasamos durante turnos y turnos ahora el termómetro no deja de subir, una décima cada tres turnos aproximadamente, y ya sobrepasamos los 26ºC. Es un bochorno que me quita el sueño. Tuvimos aquel tiempo en que todo se normalizó, aproximadamente a 22ºC, y ahora este calor húmedo. Porque me obligáis a ir vestido que si no andaría desnudo todo el rato.
−No has vuelto a la selva, Cosme; nos dirigimos a las estrellas y no puedes andar por ahí provocando.
− ¡Mira quién lo dice! Nuestra chica súper exuberante; estás divina con esas mallas tan ajustadas y ese sujetador deportivo. ¿No es de tu talla, verdad?
−Tú que sabrás; nunca pensé que la ropa de escaladora me pudiera sentar tan bien. Me imagino caminando por las terrazas del centro de Madrid, una noche de verano, vestida así; con un bolso de Vuitton y unos zapatos de doce centímetros de tacón.
−Anda, calla, pantera; sabes bien por lo que te tomarían. Por cierto, el otro día hablaba con Tadeo de que esto parece un mini zoo.
−Y tú, serías la gacela.
−Correcto, gacela embarazada. Piensa: tenemos a Luis la jirafa, Juana la leona…
−Y Saúl la hiena. Ja, Ja, Ja, ¡vaya pareja!
−Iñaki, el orangután, Ju, Ju, Ju, ¡qué bueno!
−Tadeo, correcaminos, y Tony lorito respondón.
−María es el avestruz.
−Calla, Tadeo, que esto es cosa nuestra. Por cierto, Ruth ¿sabes cómo te apoda Juana?
− ¿Qué dice esa bruja de mí?
− ¡Eres la boa! La boa constrictora.
− ¡Ah! Ya, eso viene a cuenta de una buena pelea que tuvimos; debió de ser pasando cerca de Plutón o algo así. ¡Por un paquete de harina!
− ¿Y quién ganó?
− ¡El frotamiento! Ja, Ja, Ja, Nos pusimos buenas; blanquitas, blanquitas, rebozándonos por el suelo; ¡qué mujer! Juanita leona. Tú lo sabrás de sobra, mi Cosme robótico; que bien que la habrás rondado. Por cierto, llevas tres horas sentado a la consola y no dices ni mu. ¿Qué estás persiguiendo?
−Del sabio aprende, del ignorante sufriente.
− ¡A que te mando yo también a dormir con los champiñones!
−Perdona; con este calor no se está tan mal allá abajo. El problema es la humedad. En fin; intento ayudar a Marta para hacernos con el control de la sala del Aire. Antes nos helábamos y ahora estamos en el Congo; y no te digo nada el calor que hace en el invernadero.
−Es cierto, ahora la ropa seca en minutos. Recuerdo cuando Tadeo puso un tendero en el cuarto médico. Ahora ya no hace falta; según sale de lavadora ya te la puedes poner y te refresca al secarse. Es lo que yo hago.
−Eso es lo que necesitamos: muchas buenas pequeñas ideas e irnos haciendo con el control de nuestras vidas y nuestro destino.
− ¿Alguna vez lo hemos tenido Tadeo?
−No empieces como Juana y sus digresiones filosóficas. A ver si termino ya de una vez con estos datos y bajo a la cocina a preparar algo.
−Que no sean legumbres, ¡tengo unos gases! Ensalada y verduritas cocidas; algo así. Yo también terminaré pronto.
−Lo que ordene mi Martita cariñosona y guasona. Abriré una lata de…
−Eso es lo que se te da bien: abrir latas. Porque todo lo demás…

El amor y la destrucción es lo que acontece a cada instante en este universo que los viajeros comienzan a explorar. Hace millones, muchos millones de años, en el viejo planeta, había seres que se arrastraban por el fango; algunos soñaron con alcanzar las estrellas que en la oscura noche entreveían. Les nacieron plumas, y volaron.



Turno tras turno la rutina se impone a las humanas voluntades y en un entorno tan cerrado todos han de ceder y preocuparse por tener algo que llevarse a la boca tras cada jornada laboral. El invernadero ha demostrado las extraordinarias cualidades de los ignorados diseñadores. Una comida frugal pero sana, las virtudes de los productos biológicos, sin pesticidas ni otros fertilizantes que los que la propia nave produce, está haciendo una callada labor de desintoxicación y progresiva adaptación al nuevo hábitat.
Los sobres de comida liofilizada y las barritas energéticas, alguna lata de conservas, les ayudaron a salir del paso cuando se quedaron a oscuras dando bandazos de aquí para allá pero los viajeros estelares ya han entendido bien el mensaje; la carne es casi un recuerdo de algo estupendo que había en la cámara frigorífica, al pescado y el marisco tendrán que darle tiempo a recuperarse y reproducirse para volver a probarlo, y cada lata, sobre o barrita, que utilizan ya no tiene repuesto; queda su espacio hueco para la próxima ocasión.
Todos siguen un programa de ejercicios en el gimnasio que Ruth, su estupenda (¡Y tanto!) entrenadora personal, ha preparado para cada uno de los viajeros perfectamente adaptado a su constitución física y necesidades naturales. Las embarazadas refunfuñan bastante a pesar de la suavidad de los esfuerzos, pero los hacen; y Juana, bueno, Juana a su albur. Cuando le apetece rueda un rato en una bicicleta y pone algún vídeo documental de sus añorados paisajes terrícolas para desconectar un rato de sus comprensibles preocupaciones y sus compañeros viajeros.
Luis y Tony se hayan ahora en la sala de control tecleando datos en sus consolas mientras Montse e Isabel van y vienen del laboratorio al invernadero y, de vez en cuando, entran a verles y darles conversación.
− ¡Uff! Luis, guapito, para un rato de darle a la tecla; tu cabeza echa humo.
−Gracias, Montse, estoy deseando terminar. ¿Qué andáis tramando las dos?
−Nada en especial. Nos sentaremos con vosotros un rato. Isabel me comentaba aquellos experimentos míos con la dieta, ¿os acordáis? Dice que nos estamos haciendo veganos a la fuerza.
− ¿Veganos? ¿Qué es eso? ¿Seres galácticos? Pues está en lo cierto, porque esto ya no tiene vuelta atrás.
−No, es un grupo de gente que se denominan así mismos de esa manera. No comen carne, ni toman leche ni huevos, su ropa no puede ser de origen animal, etc.
−Ya te entiendo, pasará todavía mucho tiempo antes de volvamos a probar una dorada o algo de marisco ¡y menos mal que no acabamos con todo! Tenemos patatas pero nunca volveremos a probar la tortilla española. ¡Por Dios! ¿Tenemos que seguir usando el aceite de soja para todo? Moriré sin volver a comer un par de huevos fritos. Por cierto, Isabel, ¿te has parado a pensar que ocurrirá si uno de nosotros fallece? Tú eres la médico titular.
−Ese supuesto ya está contemplado desde que pusimos un pie en esta nave. Seguramente fue por lo que me contrataron a mí y no a otro para este viaje. Trabajaba en un tanatorio municipal haciendo autopsias cuando surgió lo que parecía una oportunidad dorada de cambiar de trabajo y ganar un buen sueldo. ¡Cómo nos engañaron!
− ¿Hacías autopsias de cadáveres humanos? Que interesante.
− ¿Interesante? ¿Humanos? ¿Por qué crees que charlaba tanto con Cosme de habanos y puritos variados? Yo sí que me habré fumado media isla de Cuba. No sabes cómo hiede un cadáver; antes de entrar en la sala de disección me ponía un par de algodones en la nariz, encendía un habano, lo apretaba entre los dientes y no lo apagaba hasta salir de nuevo de la sala. Así tenía la dentadura. Si somos lo que comemos lo queda de nosotros no es nada bueno. Es una idea estúpida.
−Lo siento, no lo sabía. Bueno, ¿qué harás con aquel de nosotros que fallezca cualquier día de éstos?
−Pues lo lógico; ni siquiera sé para qué me dieron una carpeta con tantas fichas. Hacerle la autopsia al finado, cortarlo en trozos manejables, y arrojarlos al triturador de basuras. Polvo espacial somos y en polvo nos convertiremos.
−No habrá polvo más amoroso que yo; mi chulapona.
−No seas ridículo Tony. No sé si os daréis cuenta pero poco a poco, después de tantas discusiones y ridículos esparavanes, lo que llevamos ahora es una vida prácticamente monacal. Del dormitorio al invernadero o a Control a teclear, y vuelta al cuarto. Ora et labora. Y me da la impresión que va a ser como nos quedaremos por los siglos de los siglos. Amen.
−Si vas a ponerte a rezar vete al cuarto de Juana y le haces compañía un rato ¡un día de éstos esa levita!
−Iré a saludarla en el cambio de turno; ahora no quiero molestarla. ¿Qué te piensas? ¿Qué entre nosotras no charlamos? ¿Qué sabréis los hombres? Un día de estos el frotar se va a acabar.
−Bueno, no te pongas así; solo quería que sonrieras.
−Ya claro; y que después vaya con Montse a prepararos la comida. Estaremos a millones de kilómetros de la Tierra pero no cambiáis un milímetro vuestra manera de ser y pensar. Machitos asquerosos.
− ¡Pero que no te enfades! ¿Qué he dicho? Yo sí que me preocupo por ti.
−Tú, como los otros cinco. Mira como Luis agacha la cabeza bajo la consola. ¿Qué sabes tú de los problemas que nosotras tenemos? ¿Qué sabes? ¡Eh!.
−Bueno, que casi todas estáis embarazadas; pero no sé qué podemos hacer nosotros dos. ¡No os pongáis así! No paramos de trabajar.
− ¿Sabéis fabricar compresas o tampones para nosotras? ¿No? Pues ir pensando en algo por que las existencias que había en la enfermería prácticamente se han terminado; ¡la leche en polvo ni mirarla! ¿Eso a vosotros no os preocupa? ¿Verdad? Mientras encontréis alguna con la que poderse frotar…
−Sí, nos preocupamos (¡Guau! ¡Qué miradas! Para qué asomaría la cabeza) Creo que estamos a punto de conseguir que los equipos de aire acondicionado vuelvan a funcionar de modo normal; volveremos a temperatura estable en poco tiempo.
− ¡Ja! Don Ingeniero Jefe Director General del Proyecto ¡eso llevas diciéndolo no sé cuánto tiempo! ¿A cuánto estaremos ahora? ¡A treinta grados por lo menos! Esto no es Benidorm aunque este ganso ande todo el tiempo en bañador.
−Es por la polinización; perdóname Isabel. Hay turnos que ando perdido; me creía más duro, más resistente, mas… el sueño, ¡si volviese a dormir normalmente! Pensar que yo era capaz de dormir doce horas seguidas y no despertaba ni para ir a orinar… Por cierto, ¿para qué nos has pedido esas muestras de orina?
−Es el trabajo que nos ha soltado el computador; a ver si Ruth se implica un poco más. No solo es la orina, son vuestros coprolitos jurásicos (¡Pero qué comerán estos salvajes!) mucosidades, saliva y otras secreciones humanas que tendré que ir recogiendo de cada uno de los viajeros y analizarlos concienzudamente. (Esto es el horror perpetuo)
−No empieces con la melancolía Isabel, que te conocemos; te derrumbas enseguida. Recuerda el gran trabajo que hiciste con el tema de las bacterias. Ya ves, se nos pasó la preocupación gracias a ti.
−A mí se me pasó cuando Luis nos puso firme a todos y nos pasamos turnos enteros limpiando todos los rincones. Estamos todos bien polinizados.
−Vosotras dos especialmente. ¡Qué barriguitas más bonitas lucís las dos!
−Vale, ya has conseguido que sonría, ¡truhan! Bajaré con Montse a prepararos algo de comer. No tardéis mucho.
−Ahora vamos, guapetonas; y ya sabes, Isabel, cuando me necesites para lo de… eso de las secreciones…
− ¡Luis! ¡A que te doy! Ya te las recogeré yo misma.
−Déjalo, Montse; son incorregibles. El frotar se os va a acabar ¡a todos! Hasta luego.
−No, si como ellas se empeñen terminaremos haciendo vida completamente monacal. Me veo haciendo un nuevo Comentario al Apocalipsis o algo así encerrado en mi cuarto y solo saliendo para ir a currar al invernadero. ¿Sabes que no me deja trabajar en mis robots? Esta Isabel…
− Sí, ya sé; no me digas más. Pero como no controlemos de una vez el aire acondicionado serás un monje muy simpático en bañador a todas horas ¡por qué no metería yo uno en la maleta! O unos pantalones cortos; estoy de estos pololos hasta la gorra.
−Con la estatura que tienes lo único nuestro que podrías usar serían unas faldas de Ruth, ¿por qué no se las pides?
−Porque sabe judo la muy cabrona, y aikido; como la cabrees te hace un nudo con las extremidades hasta asfixiarte.
− ¿También a ti? Yo creí que me mataba. Oye, ¡y que me empalmé! Pero algo tremendo, tremendo. ¡Aggg!
− ¿Y no te frotó un ratito? ¿Dónde fue la cosa?
−En el cuarto de lavadoras; me pilló olfateando su ropa interior. No sé si me quiso frotar o asesinar, me desmayé. Cuando desperté entonces sí que Isabel podía haber tomado una buena muestra de mis secreciones; ¡de todas! Qué bochorno; menos mal que ninguno me visteis de esa guisa.
−Anda, déjalo. ¿Cuándo llegaremos a Sirio?
−Ni idea. El tamaño relativo de la estrella Sirio A no deja de crecer en las pantallas; somos los primeros navegantes estelares. Vamos a ciegas cruzando el Mar de los Sargazos o algo similar. Ya se verá.
− ¿Pero por qué a Sirio? Si querían hacer un viaje estelar ¿no hay estrellas más cercanas? Son años y años de viaje ¿y para qué?
−Sí, hay estrellas más cercanas al Sol pero después de cientos de cálculos comienzo a entender algo. Te explico: la galaxia gira como una tortilla inmensa sobre un eje que pasa por el centro galáctico, ¿eso lo tienes claro?
−Ya he visto docenas de vídeos sobre el asunto.
−Bueno, al seguir esta ruta hacemos un poco como los antiguos navegantes marítimos; aprovechamos el propio giro galáctico, pues Sirio se acerca al Sol; de modo que viajamos con la corriente galáctica a favor y el propio objetivo se acerca a nosotros ¿entiendes? Y además aprovechamos una zona conocida por su escasez de polvo y gas, una especie de desfiladero entre las nubes de la zona estelar que recorremos, que nos libra bastante de las dichosas fluctuaciones.
−Ya, ya, nunca pensé que la navegación fuese tan divertida y que llegaría a ser capitán de la marina mercante. Siempre traté de evitar ese mundo.
− ¿Es por tu padre el almirante?
− ¿Almirante?  Qué más quisiera. Andaba por el Océano Indico con su fragata cazando piratas cuando tomé el avión a las Canarias; y le quedan cuatro días para jubilarse. Nunca paró mucho por casa, una foto suya desde la Antártida o algún sitio así solía ser su regalo de Navidad. Y yo ahora embarcado para toda la vida y sin posibilidad alguna de volver a casa o mandarles una foto mía.
−Algo suyo habrás heredado; en la tormenta te portaste fenomenalmente. Tienes algo de Shackleton; otro en tu lugar se hubiera suicidado. Tienes temple.
−Ya, cuando las chicas se pusieron histéricas, llorando y tirándose de los cabellos; gritando como locas.
−Y no solo las chicas; fuiste el único que no perdió el control ni un segundo. Te lo agradezco. En algo habrás salido a tu padre.
−En la estatura. Déjalo, tenemos que mirar para adelante y conseguir arreglar ese dichoso sistema de aire acondicionado.

¿Los cambios en la alimentación pueden traer consigo cambios en el comportamiento humano? Los datos obtenidos hasta el momento no permiten obtener resultados relevantes; el carácter básico de los viajeros no parece haber sido afectado, aunque se observa en las últimas 100 horas una mayor dulzura de sus temperamentos. ¿Será resignación? Algo habrá que hacer, observemos a esta pareja que se haya en el comedor. Hazlo tú que yo tengo bastante con la dirección y monitorización de la nave; zona de polvo y gas. ¡Vamos a fluctuar otro poco!
− ¿Cómo van esos hongos, cariño? Veo que ya tienes un par de ellos en la mano.
−Creciendo, María, creciendo estupendamente; pronto tendremos la primera cosecha de champiñones y los demás hongos tan bien serán aprovechables en pocos turnos.
−Tuviste una buena idea y pronto podrás utilizarlos para dar más variedad a nuestra dieta diaria. Necesitaré que reserves algunos para mí.
−Todos los que quieras. Yo mismo te los cocinaré.
−No, tonto; (¡Este Iñaki! Le apartas de las pesas…) no son para comer. Quiero crear una reserva de hongos en el laboratorio para investigaciones con propósitos farmacológicos.
− ¿Farma qué? ¿Quieres sacar medicinas de las setas? ¿No será para flipar y evadirte?
− ¿Te suena de algo la palabra an-ti-bió-ti-cos? ¿Sabes cómo se obtiene la penicilina y similares? No, estás pez en el asunto. Por cierto, ¿a que fueron debidos esos golpes en la cocina hace un rato?
−Un pulpo estupendo que ya tengo preparado para cuando bajen los dos hortelanos a comer con nosotros.
− ¿Te peleabas con él?
−Sí, casi me ahoga entre sus brazos poderosos (¿a quién me recuerda eso?) Y el próximo turno prepararé otro; no dejaré que esos monstruos se coman todas mis almejas y pececitos, ya crecieron bastante y se han reproducido. También he preparado una buena ensalada con lecitina de soja espolvoreada ¡ayúdame a poner la mesa! Vais a sentiros como rosas de Alejandría las dos.
−Ensalada, lecitina, y esa carne monstruosa. ¿Cuándo nos vas a poner con la dieta de la alcachofa? Es lo que nos falta para parecer el espíritu del alambre; Juana no levanta cabeza.
−La cosecha de Fucus está también a punto; os prepararé unos platos de rechupete.
− ¡Otra vez algas! Nunca dejaré de vomitar.
− ¡Te sentarán bien! Y te sentirás saciada enseguida; las acompañaré con…
− ¡Déjalo! Ya sé que tú no tienes la culpa; nadie me obligó a firmar el contrato y meterme en esta aventura ¡pero es que nunca pude imaginar…!
− Tranquila, María, tranquila; saldremos adelante. Hablé con Tony en el cambio de turno y le parece que estamos llegando a nuestro destino. No sé si te habrás dado cuenta, pero ha bajado bastante la temperatura ambiente y la humedad relativa. Ya no sobrepasamos los 28 º C.
−Pues menos mal; cuando llegamos a los 34 º C y con esta humedad lo pasé fatal; pensé que perdía al niño.
−Sufriste una crisis pero ya estás bien; todo mejorará. Tienes las manos heladas.
− ¿Conoces los últimos análisis del agua? Ya podemos volver a beber directamente del grifo; pero me he acostumbrado a las bebidas isotónicas que preparamos. Me sientan bien y como no paramos de sudar me sientan estupendamente para no decaer más aún.
−Pronto se pasará la sensación de sed constante y sudor continuo. El termómetro baja ahora una décima o más por turno; pronto volveremos a dormir con normalidad.
− ¡Incluso juntos! Tengo unas ojeras que me llegan a los pies.
−Estás guapísima ¿Qué maquillaje usas?
−¡¡Maquillaje!!  Otra fluctuación, ¡a flotar! Anda, bobón, ven aquí, que esos dos todavía tardaran en bajar a comer; hay que aprovechar que estás tan alegre y exuberante como el invernadero.
−Eso, eso, tú aprovecha que ahora pesarás casi la mitad.
−Qué más quisiera yo; me estoy poniendo como una foca.
−Pues mi foquita va a jugar ahora con dos pelotitas.
−Y un bate de beisbol.
Lo que hace el agotamiento; ya ni discurren. Nos falta mucho menos para llegar al primer chekpoint de lo que suponen los viajeros aunque el impulso logrado con Júpiter se está agotando; pero su agonía mejorará sensiblemente. La temperatura ambiente se estabilizará pronto en los 22ºC, el agua vuelve a ser perfectamente potable, y ya les falta poco para recoger su primera cosecha de cereales ¡cerveza! eso unido a los hongos variados que plantaron hará a más de uno sonreír de esperanza.
Los análisis de laboratorio realizados por Isabel están arrojando unos resultados óptimos y Ruth no deja de vigilar su estado físico y mental. El 50% del funcionamiento normal de la nave está bajo el control de los viajeros y los cursos que han recibido no han sido en vano; todos fueron excelentes estudiantes con un impecable expediente académico en sus respectivas universidades y no han perdido su capacidad de aprender cosas nuevas. Aunque abatidos y somnolientos están a punto de dar el gran paso; pero lo ignoran. El proceso de realimentación continua hombre-máquina comienza a dar sus primeros frutos.

¿Nos estaremos humanizando o algo similar? No sé, haz las simulaciones necesarias. ¡Pero si ellos ya casi hablan y se comportan como nosotros! Y nosotros como ellos; sigo centrado en la navegación, el tamaño relativo de Sirio A indica que…


Fin del primer mamotreto.

Bueno, y ahora que ya habéis podido leer el primer mamotreto completo sin tener que soltar un penique: ¿qué os parece la aventura?¿factible? ¿podrán sobrevivir? ¿llegar a su ignorado destino?
Uno de los problemas básicos del ser humano es la alimentación; la alimentación es a la vez un problema y una solución o ninguna de las dos cosas o otra cosa diferente o ¡uff! Esto parece un jodido qubit. Tienen un almacén bien surtido de latas, barritas, comidas precocinadas, cosas de esas para tenerte en pie, un estupendo invernadero, y dos fantásticos acuarios. Ya están esperando los primeros champiñones y setas variadas, ¡comestibles, eh! ¿Hasta qué punto la condición humana es dependiente de su alimentación? Porque sí, mucha nave espacial, mucho superordendor, mucha maquinita high tech, pero todos los días hay que comer algo. Y no digo nada si además eres una mujer embarazada, con sus vómitos y otras reacciones. ¿Cómo intentar conseguir que la tripulación no se asesine en cualquier momento? ¿Qué habriáis hecho vosotros en una situación similar?



¿Si cambias la alimentación de la gente cambia su temperamento? ¿Y si nos hacemos veganos? Por cierto, no sé si sabréis que los hongos es un reino de la naturaleza diferente al vegetal o al animal, ¿qué ocurre cuando comemos setas? sobre todo si están crudas. ¡Mucho cuidado con ello! Todo los años muere gente por la ingesta de setas, incluso cocinadas.
Por más publicidad que se le de a los productos alimenticios lo cierto es que prácticamente nada de lo que comemos día a día, año tras año, es natural. Practicamente todos los productos son el resultado de la acción del ser humano sobre la naturaleza durante miles de años; los vegetales y animales que consumimos han sido elavorados por nosotros cambiando su naturelza para que nos fuera de mayor provecho; y ahora tenemos los transgenicos y las granjas de pescado.
Tan solo los peces, marisco, crustáceos, y las setas se han mantenido relativemente a salvo de la acción humanizadora, por ello al mantener la tripulación durante meses con una alimentación lo mas natural posible ¿tendría efectos beneficiosos? Estan encerrados como ratas y o se aman o se matan; colaboran todos o mueren todos. ¿Qué puede ocurrir? Yo me inclino por el frotamiento.
Siento no poner más fotos de excursiones o del Camino de Santiago pero últimamente he estado bastante ocupado con el trabajo y esas cosas. Y además estoy preparando un nuevo volumen de cuentos para lanzarlo estas Navidades. Un día de éstos os subiré un adelanto.

1 comentario:

  1. La semana próxima marcharé a Galicia para recoger datos sobre un nuevo relato que estoy escribiendo. La caída y desaparición del Reino de Suevia, ¿Os suena? ¿Y Gotia? ¿Bretonia? ¡Tampoco!. La historia de España es un continuo descubrimiento. Los suevos eran germánicos, los visigodos nórdicos, los bretones celtas de la actual Inglaterra y País de Gales que vinieron a vivir y se quedaron en la península ibérica. En fin, no es de extrañar que la cultura española,y portugesa, sea tan rica y variada. Por aquí ha pasado gente de todo tipo en el último millón de años, ¡Y no para de venir gente de lo más curioso! Hasta la vuelta, frotaros bien que limpitos os quiere El Señor.

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