lunes, 21 de abril de 2014

El Santo Grial puede estar en Leon, España.

Recientes investigaciones realizadas por los historiadores Margarita Torres y José Miguel Ortega del Río, en su libro Los reyes del Grial, concluyen que la Copa venerada durante siglos en la Real Basílica de San Isidoro de León es la conocida como Copa de Cristo, o Santo Grial.
El gran Visir de Egipto Sadaqa ibn Yusuf ordenó, en el  año 1.055, arrebatar la Copa de Cristo del Templo del Santo Sepulcro para regalársela a su amigo el emir español de Denia para que éste, a su vez, se la entregase al rey de los cristianos de Hispania, Fernando; pero, pero los cristianos de Jerusalén consiguieron del Visir una prueba de buena voluntad: ya que les quitaba la Copa de Cristo, que fuera un cristiano quien la portara hasta Hispania; que tan solo un cristiano pudiera tocar esa sagrada reliquia. Coincidió que en aquellos días llegó a Jerusalén un peregrino hispano y a él se le hizo el encargo de portar la Copa desde Palestina a León.


Esta copa de ágata llegó al Reino de León procedente del Templo del Santo Sepulcro de Jerusalén en tiempos del rey Fernando I el Magno como regalo del emir de Denia, España, y éste rey la entregó para su custodia a su hija, la infanta Doña Urraca.
Doña Urraca heredó para reinar la ciudad de Zamora a la muerte de su padre; pero ocurrió que su hermano pequeño Sancho, que había heredado Castilla, quiso arrebatar los reinos de Galicia a su hermano García y de León a su hermano Alfonso, y a Urraca la ciudad de Zamora.
Sancho I de Castilla fue asesinado a las puertas de Zamora cuando asediaba la ciudad por uno de los soldados de Doña Urraca, Bellido Dolfos; finalmente todos los reinos fueron unificados de nuevo en la persona de su hermano Alfonso VI el Bravo.

Doña Urraca permaneció hasta su muerte, en el año 1.101, como Señora de Zamora y protectora de los monasterios y lugares santos del reino. En 1.064 donó el Cáliz a la Real Basílica de San Isidoro, mandada construir por su padre el rey Fernando; la Copa de Cristo está adornada con sus mejores joyas.
La copa está recubierta interiormente de una fina lámina de oro para que al consagrar el vino el sacerdote y demás personas presentes no toquen con sus labios la copa de la que pudo beber el propio Cristo.


Anexo al templo de San Isidoro se encuentra el Panteón de los Reyes de León; donde se conservan las tumbas del rey Fernando y su esposa Doña Sancha y varios de sus antecesores y sucesores, entre ellos Doña Urraca, señora de Zamora.
Doce reyes, diez reinas, y ocho infantes reales tienen aquí su tumba.
Panteón de los Reyes de León


Sobre las tumbas, en los techos, se encuentra un conjunto de maravillosas pinturas románicas que se ha dado en llamar La Capilla Sixtina del Arte Románico.
En el centro, justo encima de la tumba del rey Fernando I y su esposa, se puede contemplar una maravillosa escena: La última cena de Cristo. Pero 400 años más antigua que la que pintó Leonardo Da Vinci.
Y nos cuenta una historia maravillosa: es el relato del peregrino que trajo la Copa de Cristo desde el Santo Sepulcro de Jerusalén a León.
Esto no viene en los Evangelios Canónicos o en Biblia alguna, así que atentos a la historia del peregrino.

Sobre la larga mesa donde Cristo y sus Apóstoles están cenando aparece, en la esquina superior izquierda, Marcial Pincerna, el copero. Y está sirviendo a Cristo una copa de vino, que, ¡casualmente! es idéntica a la Copa de Cristo que forma la parte superior del Cáliz de Doña Urraca.
La Consagración del Vino.
Pero hay mucho más en esta escena que no viene en las Biblias que ustedes hayan leído o puedan leer. Observen.


Sobre las cabezas de San Juan el Divino y Cristo se ve representado el Nuevo Templo de Jerusalén. El nuevo templo que tendrían que construir los cristianos para que acudieran no solo las doce tribus de Israel si no también gentes de todas las tribus de todo el mundo.


En su lugar está la mezquita de Al-Aqsa; su diseño es prácticamente idéntico. Unos tuvieron la idea y otros la llevaron a cabo.
Pero hay mucho más en esta escena.


En la esquina superior derecha se encuentra Tadeo, el pescadero. Presentando un pescado a Cristo para que lo consagre y dé de comer con él a sus discípulos. ¿Una merluza o un bonito? Un momento.
¿Un pescado en la Última Cena? ¿Nunca leyó algo sobre este asunto? ¿No? ¿Seguro? Un secreto. Miremos mejor. Recuerde. Porque esto rompe con la tradición judía; comienza algo nuevo, algo diferente.


Si son cristianos tal vez recuerden el pasaje de Emaús; cuando tres peregrinos, que regresan de Jerusalén a sus hogares tras pasar allí la Pascua, están sentados a la misma mesa en un mesón del lugar de Emaús y uno de ellos corta el pan de una manera muy peculiar para dar de comer a sus compañeros. Los otros dos le reconocen entonces: Cristo.
Él les ordena guardar silencio, y por signo y señal dibuja un pez en la mesa y les indica que busquen a sus discípulos para contarles que han estado comiendo con él. ¿Recuerdan ahora?
El pez de la Última Cena de Cristo y sus discípulos. El signo de los cristianos durante siglos y siglos será un pez. Hasta que empezaron a poner cruces por todas partes pues se habían olvidado del misterio.
Aún hay más.


Bajo la imagen de Tadeo vemos cenar a dos Apóstoles y uno de ellos, Mateo, pincha con su cuchillo a su compañero Jacobo; el cual levanta la mano como diciendo: ¡para que te doy! Una anécdota que solamente pudo contar un testigo presencial.
Pero hay un tercer personaje, que no tiene nombre, y sobre el que quiero que presten atención.


A los pies de San Juan se encuentra un muchacho, sentado en el suelo, que recibe de Cristo una porción de pan; al mismo tiempo este personaje acerca un objeto triangular, cónico, que parece una botella de vidrio de las que se usaban para el vino rosado, el caro por entonces, a la fuente de la que están comiendo los Apóstoles. La fuente del Jaroset podría ser, pues tenían costumbre de comer manzanas, cortadas en trocitos, con nueces molidas y canela y miel por encima. Y las regaban con vino. Un postre goloso tras una comida amarga y picante.



Al lado de San Pedro se ve a San Lucas ¿? y Santo Tomás que están machacando perejil y otras hiervas amargas para añadir al cordero de Pascua.


Al lado contrario hay un grupo de tres Apóstoles: San Felipe está comiendo cordero pascual y bebiendo vino en una copa normal, las típicas copas que utilizaban en aquellos tiempos; a su lado San Bartolomé y San Andrés están probando un poco de Maror, un rábano picante, muy picante. Comer el cordero con picante es la tradición judía.


¿Y todo ésto cuando se sabrá? ¿Cuándo ocurrirá?
Cuando cante el gallo; entonces tendréis que estar atentos a lo que suceda.


Lamento no haber obtenido mejores imágenes en Internet, no se puede hacer fotos en el Museo de San Isidoro si entras como turista, para llamar vuestra atención sobre el relato del peregrino que llevó la Copa de Cristo a León, seguramente escuchado de labios de los guardianes del Santo Sepulcro, y que con el tiempo y los siglos dio lugar al mito del Santo Grial y otros muchos.
Ya sabéis algo más Luciérnagas del Señor; si vais a realizar el Camino de Santiago y pasáis por la ciudad de León no dejéis de visitar el Museo de San Isidoro. Seguro que descubriréis muchas más cosas que yo.
http://www.museosanisidorodeleon.com/




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