sábado, 31 de enero de 2015

El niño que tenia una serpiente en su cabeza. Cuento fantastico


El niño que tenía una serpiente en su cabeza
Cuento fantástico


En ocasiones tenemos visitas que por más agradables que sean las personas terminan resultando devastadoras, en muchos sentidos.

−Interesante sistema planetario.
−Sus cuatro planetas gigantes guardan una correlación impresionante.
−Su estrella blanca es prototípica; muy similar a nuestro sol. Debemos acercarnos más; quizás existan planetas rocosos.
−Cierto, Inteligencia detecta niveles anormales de magnetismo singular en un punto al otro lado de la estrella. Deberíamos investigar. Acerquémonos.
Surgiendo aceleradamente de las oscuridades del gran río galáctico una extraña nave estelar se aproxima sigilosa a un planeta ignorado, no registrado en ninguna carta cósmica de nuestro inmenso imperio térmico; tal vez otra raza rival haya tenido ya contacto o noción de un lugar habitable en esta zona alejada e inhóspita. Su huella magnetotérmica es muy débil, imposible de detectar debido al barrido sistemático que los cuatro planetas gaseosos hacen del sistema planetario. Pero tal vez se encuentren signos de vida vegetal en algún protoplaneta rocoso.
−Detectado enjambre.
−Planeta rocoso, su albedo indica posibilidad de agua, el enjambre se dirige allí.
−Signos débiles de vida térmica bajo las capas de nubes que cubren el planeta.
−Magnetismo fluctuante en varias capas protegiendo la superficie. ¡Grandes territorios de agua! Buenas probabilidades de haber encontrado un planeta vivo. Necesitamos acercarnos a su superficie. Ya tengo la traza exacta del campo exterior; veamos su superficie.
−Enjambres asombrosos en varios puntos de ruptura de las espirales magnéticas. Este planeta es un semillero, pero, ¿de qué tipo de formas de vida?
−Seguimos acercándonos a la superficie planetaria. ¡Agua! Inmensas cantidades de agua cubren su mayor parte y hay fluctuaciones magnéticas impresionantes entre polo y polo.
− ¿Y eso? ¿Esas luces en las zonas terrestres?
− ¿A que luces te refieres? ¿Enjambres a baja altura?
−No, mirar por la ventana; ahora que estamos pasando por la zona de sombra se distinguen perfectamente, repartidas por todas las zonas de tierra firme. Especialmente acusadas en las zonas costeras.
−Bien, tenemos actividad térmica innegable en este rincón perdido de la galaxia. Voy a reportar inmediatamente a La Base: ¡Heil!
Mientras la comandante Sigrida comunica a sus superiores el hallazgo por el circuito de comunicaciones exteriores Inteligencia dirige la nave hacia una península al extremo del mayor de los continentes, en la zona soleada; mejor ver dónde te posas por primera vez en un planeta desconocido.
−Indudables construcciones térmicas, algunas tienen un tamaño considerable.
−Bien, sea cual sea la forma de vida constructora es evidente que tiene actividad térmica.
−Busquemos un lugar apropiado para descender; no podemos posarnos en medio de un termitero de una raza desconocida. ¿Inteligencia?
−Sí, nos posaremos en el borde de ese pequeño centro térmico.
− ¡Atención! La Base ordena asegurarnos de que tipo de forma de vida ha colonizado por completo este planeta. Cautela máxima. Trajes y armas de combate desde este mismo momento. ¿Cómo es su atmósfera?
−Tendré los datos completos en cuanto nos hayamos posado, pero es indudable que hay bastante oxígeno y anhídrido carbónico, muchísimo vapor de agua a simple vista condensándose en nubes inmensas.
La nave estelar se posa cerca de un grupo de edificaciones observando los campos roturados, las plantaciones de árboles de varios tipos diferenciados, canalizaciones de agua, ¿Y eso? ¡Actividad magnética de tipo industrial!
−Es una raza con algún tipo de inteligencia.
−Es indudable, conocen el magnetismo, aunque solo sea de un modo muy básico. Las lecturas son claras al respecto.
−Debemos interactuar con alguno de estos terrícolas.
−En ese camino entre los árboles se observa un par de especímenes. Uno es bípedo y el otro cuadrúpedo.
−Acerquémonos con cautela y esperémosles en esa zona de pradera tras ese recodo despejado del camino.
Un niño va caminando por el soto acompañado de su perro y botando un balón de piel curtida, es una soleada tarde de verano, y no es consciente de lo que se le avecina hasta que comienza a sentir un sonido similar a un enjambre de avispas; el chucho también lo percibe y ambos se ponen alerta intentando averiguar de dónde procede. Al llegar a la altura del prado del tío Toribio, como hace unos años taló los chopos del lindero se puede ver con nitidez a varios kilómetros de distancia, y lo que está produciendo ese sonido alarmante es una máquina. Una máquina de un tamaño superior a tres camiones aparcados uno tras otro, de una forma que recuerda la tapa de una olla exprés, con grandes ventanas circulares como las de los barcos, posada sobre cuatro grandes pies metálicos en medio del prado del tío Toribio. Una escalera en rampa ven aparecer saliendo de una puerta que parece haber surgido de improviso en la superficie de la nave y un ser sale de la oquedad y comienza a bajar por los escalones. El perro sale corriendo y el niño pierde el balón que se le cae de las manos debido al susto, algo extraño le impide salir también corriendo: ¡es el deseo de saber!



Se queda mirando, mirando, intentando comprender. ¡Debe de ser un militar por su traje marrón oscuro y la pistola que lleva al cinto! Y tiene casco de aviador como los que salen en las películas de cine; pero no le ve la cara por el reflejo del sol, tan solo un par de pequeñas antenas a ambos lados, a la altura de los oídos. ¿Será americano? Yo me sé casi todas las banderas del mundo, pero su traje no tiene bandera, tan solo un escudo sobre la zona del corazón con la forma de un casco con antenas y una cara.
−Seyfret, ¿lo tienes?
−Afirmativo, Sigrida, el cuadrúpedo escapó. Es un espécimen muy joven, barbilampiño, parece asustado, y es muy, muy, pero que muy similar a nosotros.
− ¿Qué quieres decir? ¿Similar en qué sentido? ¿Por qué es bípedo?
−Porque casi podría ser hijo tuyo. Tenéis el mismo tono de cabello y piel clara. No llores, pequeño, ven conmigo, no te haremos daño.
El niño no entiende el extraño idioma en que le habla el astronauta y no puede evitar que se le salten las lágrimas (¿Miedo? Mucho) pero ya puede ver el rostro del señor que se agacha hasta su altura y con sus guantes, finos, como de tela de chubasquero, le quita los lagrimones de la cara. Colocándole una mano sobre el hombro le indica con firmeza pero sin forzar que le acompañe a la nave y el niño obedece con cierta inquietud, (me tiemblan mucho las rodillas, ¡bah! También me pasa cuando me tiran un penalti, y después los paro casi todos)
− ¡Inteligencia! Ya estamos dentro, procedo a cerrar puerta exterior.
−Debe esperar, Seyfret, a que concluya el proceso de irradiación. ¿Reacciones en el sujeto?
−Ha dejado de llorar, sonríe, ¡ja!
−Irradiación completada, puede entrarlo en Control.
El muchacho entra dócilmente en la gran sala circular y se deja conducir hasta la presencia de la comandante Sigrida que al verlo llegar abandona temporalmente los mandos de la nave; al parecer le llaman poderosamente la atención los paneles informativos de mando con sus cambiantes señales luminosas.
− ¿Qué tenemos aquí, Seyfret? ¿Piensas que será capaz de asimilar algo? ¿Tal vez será capaz de comunicarse de algún modo? ¿Porta algún ingenio industrial?
−Nada, Sigrida, apenas una camiseta y pantalones cortos, calzado simple; está casi desnudo.
−Pero, ¡es tan similar a nosotros!
−Pues sí, Grimalda, así es. Puedes quitarte el casco y los demás también, este espécimen térmico no presenta signo amenazante alguno, ¡ja!
− ¿Será conveniente que vea nuestros rostros?
−Ya ha visto el mío, Esnort, eso fue lo que le calmó, estaba aterrorizado.
− ¿Qué vio tu rostro? ¿Cómo pudo ocurrir? Eso no es posible.
− ¡Ja! Al agacharme a su lado dejó de darme la luz solar y el visor se volvió casi completamente transparente, y me vio la cara perfectamente. No es necesario ocultarse.
−En el bolsillo trasero del pantalón se observa un bulto extraño, ¿qué guarda ahí el espécimen?
−Esperar a que termine de quitarme el casco y lo averiguo.
Uno tras otro los cuatro exploradores térmicos se desprenden de sus escafandras presurizadas y circulan libremente por la sala, al apuntarle con el dedo al bulto del pantalón el niño saca de él una caja de tizas de colores y se las muestra cauteloso.
− ¡Son mis tizas! Dibujo con ellas.
− ¡Inteligencia!
−Negativo, comandante Sigrida; utiliza un lenguaje articulado que no está recogido en ninguna de mis bases de datos. Al menos el sujeto da una muestra de inteligencia básica comunicativa. ¿Qué función le da a esos minerales?
La comandante saca una tiza roja de la caja que el niño sostiene en sus manos y le hace signos básicos de comunicación que en ningún lugar de la galaxia necesitan de mucha explicación.
−¡¡No!! No se comen. Bueno, mi primo Agustín sí lo hace, por eso tengo que tener mis tizas siempre escondidas. ¡Son para dibujar!
Mira nuevamente el tablero de control y comienza a dibujarlo en el suelo de la nave copiando con gran exactitud cada uno de los visores y su color específico, pues coinciden con los de sus tizas. Inteligencia muestra agrado por este comportamiento imitativo en una especie tan atrasada como la que han encontrado de un modo tan inesperado.
− ¡Comandante! ¿Qué piensa hacer ahora con el espécimen capturado?
−Consultaré con La Base, pero ahora nos vamos a otro lugar del planeta; procederemos con el protocolo usual de recogida de muestras fúngicas. ¡Esnort! Coloca al espécimen en la silla auxiliar, nos vamos.
El muchacho es sentado y amarrado en una silla plegable que hay en la pared de Control y Esnort le hace el símbolo básico de ¡Arriba!
− ¿Okey? El niño hace el mismo gesto con la mano derecha. ¡Ah, bueno, sois americanos! Y se queda tan tranquilo observando el monitor que muestra imágenes del entorno exterior.
La nave despega y va de continente en continente tomando muestras fúngicas en diferentes lugares, Esnort y Grimalda son especialmente raudos en localizar y recoger esporas de los tipos más variados; están muy bien considerados por el Mando Superior. En cada parada dejan al crío corretear por Control siempre bajo la atención de la comandante que parece desarrollar algún tipo de empatía mínima hacia este espécimen recogido de modo impulsivo; lo realmente interesante eran los fungis que crecían en la pradera. El suelo libre de Control se va progresivamente llenando de dibujos y formas que le resultan bajamente reconocibles. ¡Son tan primitivos los térmicos en este mundo! En algún momento libre Sigrida realiza un protocolo básico de inspección médica; sí, es muy joven, pero aparenta una salud espléndida. Sus ojos claros son de un tamaño impresionante, nariz, orejas, boca, muy similares a los nuestros. ¿? Su complexión es propia de una raza muy fuerte y rápida. Habrá que ponderar las posibilidades que nos ofrecería una raza así.
Las recogidas de muestras en un lugar tras otro elegido aleatoriamente por Inteligencia despierta el apetito de los exploradores. Los térmicos antenados encontrados tienen un tamaño ínfimo, el mayor no supera el tamaño de una uña. Esto es en verdad un planeta muy atrasado en todos los órdenes de la vida; encontrar este lugar es lo más parecido a un viaje imaginario a un tiempo pasado, ¿un protoplaneta? Negativo, tiene casi tanta antigüedad como el nuestro, por alguna causa inextricable la evolución cósmica parece haberse detenido en este planeta azul y maravilloso, como si los enjambres hubieran querido conservarlo intacto durante eones por razones que se nos escapan.



Los térmicos de este mundo son básicos y prácticamente todos son irracionales, su crecimiento completamente impredecible, todas sus capacidades están aún por desarrollar, especialmente las de los bípedos, apenas han superado en algunos lugares el nivel biológico elemental: comer y reproducirse.
−Esnort, ¿preparas tú la comida?
− Jawohl! ¿Puedo enseñarle el invernadero?
−De acuerdo, a ver si acepta nuestra alimentación.
El muchacho deja las tizas en el suelo y acompaña al teniente explorador hasta el invernadero que le muestra gozoso su mayor logro y gloria, ¡pronto le llegara un nuevo ascenso en cuanto vuelvan a La Base y vean esto! Docenas de fungis en diferentes niveles de estanterías se crían extraordinariamente bajo una atmósfera controlada, algunos tienen ya un tamaño extraordinario y se reproducen de manera fabulosa, se los muestra al espécimen y le hace el signo de: ¡alimentarse!
− ¿Con eso? ¿Eso se come? ¿Setas? ¡No! Mi madre dice que son venenosas. ¡¡Puag!!
Signo universal de eso que se lo coma tu padre.
−Pues no sé cómo le vamos a alimentar de vuelta a La Base. ¿Inteligencia?
−Negativo, déjele volver a Control.
Mientras la tripulación disfruta de una estupenda pitanza fúngica el muchacho, a sus pies, sigue pintando, pinta setas, setas de muchos tamaños y colores, pero también edificios y animales, automóviles, artefactos.
−Este es el camión de mi tío Manolo, ¡burrumm!
− ¿Inteligencia?
−Negativo, sus modos silábicos son incomprensibles, estoy probando con las interjecciones. No sé cómo entenderá las nuestras, haga una prueba comandante si ya terminó de alimentarse.
Mediante órdenes básicas la comandante Sigrida intenta conducir al espécimen por toda la sala, se detiene especialmente ante el monitor, le llaman la atención las imágenes de los planetas gaseosos y comienza a decir palabras ante cada uno de ellos.
−Saturno, ese es Saturno, ¿quieres que te lo pinte? Y echa a correr para recoger las tizas tiradas en un rincón.
−Inteligencia, parece reconocer los planetas, ¿cómo es posible?
−Lo ignoro, siga intentando comunicación verbal. Haga su presentación como si estuviera ante una raza inteligente.
−Komm her! Aquí. Y le quita momentáneamente las tizas de la mano. Yo, Sigrida. Mano en el pecho. (¿Entenderá esto al menos?)
− ¿Tú, Sigrida? ¡Ah, ya! Yo, Javier. (Haré como me ha enseñado mi madre que tengo que actuar con los extranjeros, deben de ser astronautas americanos) Y le hace a la comandante el signo de: ¡arriba!
−Jarvierrr, ¡ja!
− ¡No! Jarvierrr, no, Javi. Usted diga ¡Javi! ¿Sí? (Enséñale el dedo pulgar. En las pelis eso quiere decir que estamos de acuerdo)
− ¡Ja! Javi, ¿arriba? De acuerdo, ya hemos tomado bastantes muestras para una exploración inicial. Vuelvan a sus puestos, nos vamos a poner en órbita y comunicaré con La Base para pedir permiso de regreso.
La nave despega en instantes y se queda en una órbita baja y segura a la espera de instrucciones que les reporten desde La Base.
−Tan solo comunicación gutural y mímica básica con el espécimen, pero es increíblemente similar a nosotros.
− ¿Sus órganos sexuales?
−Pues…, disculpe no había caído en eso, mi general.
−Esperen en órbita y sigan transmitiendo datos. Ya le daremos órdenes pertinentes, y queremos saber cómo son sus órganos a la mayor brevedad.
−Atentos todos, podéis soltaros de los asientos, nos quedaremos dando vueltas un tiempo indeterminado. ¡Grimalda!
−Jawoll
−Llévate al espécimen al retrete y observa bien cómo son sus órganos. Ya me entiendes.
− ¿Qué lo lleve a cagar? ¡Llévalo tú si tanto cariño le has cogido! Yo todavía estoy intentando asimilar lo que hemos visto ahí abajo.
−Vale, ven pequeño, ven.


A la vuelta a Control deja al crío que se asome a las ventanas de la nave junto a Seyfret que está tomando imágenes del planeta.
− ¿Qué?
− ¿El qué qué? (¿Y que les digo yo a los generales?) Sí, Grimalda, ya, ¡así! Y es un imberbe.
− ¿No le estarás cogiendo un cariño muy, muy, ya sabes, muy especial al espécimen?
−No sé, pero este cuando crezca y le siga creciendo, bueno… ¡puff! ¡Seyfret! ¿Qué está haciendo?
−Mirando su planeta, pero no entiendo sus palabras. A ver, ¿qué es lo que más te llama la atención? Signo de ¿Qué estás mirando?
−Grandes nubes circulares, rayos, muchos relámpagos, muchos en la oscuridad, y, mira: ¡luciérnagas! Muchas luciérnagas sobre las nubes y ¡mira! Algunas se marchan hacia las estrellas. ¡Mira!
− ¿Qué exclama, Esnort?
−Los enjambres, Sigrida, es lo que le llama la atención. ¿Cómo los llamas?
−Lu-ci-ér-na-gas
− ¿Cómo es posible que estén tan atrasados en todos los órdenes de la vida y conozcan los enjambres de magnetoradiantes? ¡Inteligencia!
−Tal vez por intuición correlativa, su pensamiento no ha pasado del nivel mágico simbólico pre-racional, sus dibujos en el suelo así lo indican. Posiblemente sigan siendo animistas, tal vez en alguna zona hayan alcanzado el nivel deísta, sus termiteros son...
−Ya, ya lo hemos visto. Komm her, Javi, aquí.
El crío se sienta a los pies de la comandante y se queda observando cómo opera las palancas de tracción y frenado mientras cambia de una órbita a otra tomando datos exteriores del planeta ignorado. En un momento dado el chavalín no tiene mejor idea que descalzarse para estar más cómodo mientras pinta el rostro de la comandante. (Jo, es guapísima, ¡cómo me gusta! Es más guapa que la profe de cuarto)
−Sigrida.
−Sí, Esnort, ¿qué ocurre?
− ¿Me permites inspeccionar a tu nueva mascota?
− ¿Por qué? ¿Qué has visto?
−Observa, quieto, tranquilo, tranquilo, mire comandante.
Unas rojeces en los dedos de los pies han llamado la atención del teniente que rápidamente saca una lupa para observarlas con mayor detenimiento.
−Hongos, son hongos. Los cogí jugando en el río. Mi madre me los está curando con un producto muy bueno, pero me pica, no debo arrascarme, y me pica. Mi madre se enfada si me arrasco los pies.
− ¿Esnort?
−Indudablemente son fungis, ¿alguna relación simbiótica con los bípedos? Espera
Poco a poco va repasando el cuerpo del niño desde el cuero cabelludo hasta de nuevo la planta de los pies, su detector portátil va dando señales aquí y allá, en la nariz, en la boca, sobacos, ano; los de los pies son los más activos.
−Informe, Esnort.
−Tan solo relación parasitaria es observada. Superficial. Fungis elementales. No parece haber simbiosis alguna en el espécimen.
−Bien, déjale seguir jugando. La irradiación debió haber matado todos sus fungis parasitarios, pero tal vez esos de sus pies necesiten una sesión doble.
−No será necesario, este fungicida universal le limpiará los posibles restos, tal vez el calzado impidió el exterminio total de estos fungis agresivos.
En el suelo sentados teniente y muchacho, mientras el uno aplica el apósito que siempre lleva consigo dedo por dedo el otro va dibujando un extraño gráfico en el suelo. Es de un modo circular y de complejidad creciente, el teniente no puede dejar de observar con qué maña el espécimen va completando el dibujo hasta que al ver la culminación algo le hace levantarse de un brinco.
− ¡Sigrida! ¡Mira! ¡Mira lo que ha pintado!
A los pies de la comandante el niño ha completado una espiral de siete niveles de un modo perfecto y en el centro del laberinto la inconfundible cabeza de una serpiente. Sigrida da también un brinco al reconocer el símbolo y se pone a gritar órdenes a su tripulación que rápidamente se vuelven a colocar en sus asientos dispuestos para el viaje, tras unos instantes de descontrol su reconocida, en toda la galaxia, capacidad de autocontrol toma de nuevo el mando y se arrodilla junto al niño indicándole con el dedo al símbolo que ha dibujado en el suelo.
−Una serpiente. Mi madre dice que cuando duermo una serpiente se enrosca en mi cabeza y me hace soñar. Yo la imagino así.
− ¿Entiendes algo de lo que dice Sigrida?
−Negativo, Seyfret. Pero volvemos al punto de llegada, el espécimen será soltado en el mismo punto donde lo recogimos. No podemos llevárnoslo con nosotros; este crio tiene más peligro átmico que una raza antenal al completo. Y en cuanto le dejemos abandonamos este sistema solar, que digan en La Base lo que quieran, yo me hago responsable.
Inteligencia localiza con presteza el lugar donde capturaron al espécimen y Seyfret baja con el crío hasta el camino donde le indica que vuelva a su termitero, el foco de luz de la nave, pues ya es de noche, permite al niño caminar con soltura, encuentra su balón en el borde del camino y se vuelve con una amplia sonrisa en la boca haciendo al capitán explorador la señal de: ¡arriba!
− ¿Qué ocurre Seyfret? ¿Anomalías? Se nota en usted una cierta congoja.
−No importa, Inteligencia, no es nada. ¡Ja! Arriba. Arriba. (Sí, nos volvemos a La Base, esto es desesperante; ¿Cuándo terminará este espanto continuo? Vayamos donde vayamos encontramos siempre lo mismo: una esperanza y su destrucción asegurada)
La nave no tarda mucho en alejarse del planeta semillero (Sigrida 3, han aceptado llamarlo) y volver a las rutas conocidas de regreso a La Base.


Corolario

La nave fue sometida a un chequeo exhaustivo, Inteligencia traspasó hasta el dato más nimio, y la tripulación a un consejo de guerra inmediato. Se valoró los descubrimientos que habían realizado en descargo de los subalternos pero el abandonar al espécimen capturado podía costarle la vida a la comandante Sigrida.
En la vista oral, ante el Alto Tribunal Marcial, la comandante expuso claramente el porqué de su decisión nada irreflexiva.
−Ustedes conocen bien ese símbolo. Y el peligro que trae consigo. A nuestra humanidad le llevó eones liberarse de las supersticiones pero las pasadas guerras térmicas a punto estuvieron de retrotraernos al nivel deísta; sencillamente, no me atreví a traer a La Base a un espécimen impúber de una raza desconocida y que trajera consigo esa enfermedad anímica. Y mucho menos en plena guerra con los antenales de Oden 4. No había manera humana de prever los desórdenes que podrían producirse si aparecemos aquí con aquel niño, niño humano, pues hemos descubierto otra humanidad, una humanidad con toda la fuerza anímica de los pueblos primitivos. Según mis estimaciones ese espécimen cuando alcance la madurez sexual nos sacará la cabeza a casi todos los presentes y con la estructura ósea que tiene su fuerza y velocidad serían imparables en nuestro planeta, incluso su menor gravedad jugaría a su favor. Solo ustedes pueden tomar la decisión de qué se puede hacer con esa raza.
−Está bien, retírese comandante.
Sigrida conservó vida y cargo y un tiempo después fue enviada en otra misión exploratoria a otro brazo galáctico de la cual aún no ha regresado. Todo lo relacionado con Sigrida 3 fue declarado secreto del más alto nivel, incluyendo los estupendos ejemplares de fungis que de allí se trajeron, e Inteligencia fue reprogramada para que nunca nave alguna supiera de la existencia de semejante lugar. Tal vez algún día, cuando termine la guerra, esta guerra, y antes de que comience otra se pueda mandar una nueva misión de exploración con una nave más grande y mayor tripulación, tan solo entonces se levantará el secreto sobre ese planeta y sus habitantes.


¿Y el niño?
Por lo que sabemos lo primero que se ganó fue una buena azotaina por aparecer solo y de noche, todo el barrio estaba preocupado y buscándole por los prados, y cuando algo de calma se restauró en su hogar su relato les pareció a todos cosa de locos.
− ¿Astronautas que comían setas? ¿Qué eran, vascos?
−No sé, no entendía nada de lo que decían. Pero mira, abuelo, atiende, tenían una televisión tan grande como la ventana y se veían las cosas en colores, como en el cine.
− ¡Mentiroso! No existen las teles de colores; ¡estás mintiendo! Andarías a ranas y se te hizo de noche.
−Vale de interrogatorio y que se vaya a dormir, ¡largo a tu cama! Vamos todos a acostarnos, el caso es que ya está en casa.
−Sabes bien que este niño es muy fantasioso, no le puedes creer lo que está diciendo.
−Pues claro que no le creo, ni le creerá nadie. Pero sabes una cosa: en América si existen las televisiones de color, lo he visto en una revista de electrónica pero, ¡tan grandes como una ventana! El tubo catódico tendría un tamaño descomunal. Son fantasías de crío, le pondré un buen castigo que le dure todo el verano y olvidémonos del tema. A dormir.
El niño fue llevado días después a un jesuita profesor de canto gregoriano y otras salmodias similares y se pasaría el resto del verano y cuatro años más cantando en un coro de un conocido templo de la ciudad. Si los jesuitas no le hacen sentar la cabeza no podrá nadie en este mundo.


Fin

Bueno, los cuentos cuentos son y ¿quien va a creer algo a un cuentista? Pero al menos confío que hayan disfrutado con la lectura de este que he terminado de escribir hoy mismo.
Por cierto, Sigrida era aún más guapa.


Esto que han leído es el borrador del cuento, la edición corregida salió en el libro Historia de un talento, Cuentos de la reina arpía.
Historia de un talento, cuentos de la reina arpia

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