miércoles, 21 de enero de 2015

La gran maquina de piedra. Cuento fantastico




La gran máquina de piedra

¿Conocéis la auténtica, auténtica, historia de la pirámide de Keops?, ¿la que mandó elevar el mayor faraón que jamás existió, el divino creador Kufu?
Habréis leído y oído algo, carne de cañón, pero ignoráis su fábrica y función. Os adelantaré algo.
En primer lugar tenéis que saber que la gran pirámide fue levantada muy cerca del río Nilo a propósito; no solo se construyó un gran puerto para la carga y descarga de materiales también algo más: mediante un canal podían retirar cuánta agua del Nilo quisieran y conducirla justo debajo de la inmensa edificación. Es ingeniería de la edad de Bronce y no os quiero aburrir con los detalles.
Durante años, décadas, miles de obreros trabajaron en la enorme fábrica para levantar la más increíble máquina que jamás vieron los siglos.
¿El objetivo? Sanar la tierra y a toda la humanidad.


¿Cómo? Creando un increíble volcán que extraería la energía de la tierra enferma, pues por entonces volcanes, terremotos e inundaciones asolaban la tierra, y la mandaría al universo para poder llenar después el planeta de luz y de amor.
¿Quién? el faraón, el primer servidor de los dioses aquí en la tierra, haría el sacrificio.
Y ahora viene lo bueno mis investigadores paranormales, atentos. Hemiunu, el ingeniero principal, estuvo planeando el asunto durante más de 20 años. El impacto iba a ser inenarrable. Para conmemorar los 50 años de paz y amor cósmico el más humilde servidor de los dioses, Keops, Kufu, o como lo pronunciaran entonces, invita a su pueblo a la fiesta del solsticio ante la gran pirámide.
Miles, incontables gentes de todo el orbe, acuden a la llamada del faraón. Corre la mejor de las cervezas de mano en mano y la gente canta y baila alrededor de la pirámide durante toda la noche.
El faraón y su real familia llegan en su barca celeste bajando por el Nilo. Descienden de la barca y se dirigen a un lugar de privilegio para contemplar el espectáculo.
A una orden de Hemiunu el agua comienza a pasar del Padre Nilo hacia el bajo vientre de la Madre Pirámide. Fuera presas.
Una vez el agua a presión entra en los conductos de la máquina comienza a ejercer una inmensa presión hacia arriba haciendo que la pirámide y los alrededores comiencen a vibrar.
Atención: ¡Hemos despertado a la Tierra!
¡¡Sana!! ¡¡Sana!!
Gritan un millón de voces mientras notan bajo sus culos y pies un pequeño y continuo terremoto.
Atentos, mis picapiedras, que habéis estado 20 años acarreando pedruscos inmensos: ¡la tierra despierta!
El alba se acerca y la tierra tiembla.
A una orden del faraón unos operarios comienzan a descargar zinc líquido y ácido clorhídrico diluido por unos disimulados conductos que llegan hasta la Cámara de la Reina. De inmediato se produce la reacción química: se produce hidrogeno. El gas sale a escape de la cámara de la Reina hacia la Gran Galería, que ya se está llenando de agua a presión que sube desde la cámara subterránea.
Solo queda prender la mecha y el hidrógeno entrará en combustión, produciendo una gran cantidad de calor. Calor que calentará el agua que subirá rápidamente hacia la Cámara del Rey.
Falta poco para el alba y Dios Creador y Padre de todas las cosas se va a mostrar con todo su esplendor a las buenas gentes de Egipto, aquí a los pies del faraón, nuestro Señor.
El sol está a punto de surgir en el despejado horizonte y la pirámide vibra, vibra como un volcán inmenso a punto de despertar.
¡Una flecha ardiente!

El agua, caliente y al punto del vapor, llega a la Cámara del Rey donde se le añade, por medio de sarcófagos de piedra rellenos de tintes, color y olor. Es semejante a un serpentín esta cámara real. Cuando el vapor de agua, que está golpeando el techo de la Cámara del Rey encuentra los conductos de ventilación por ellos se escapa hasta las troneras; Hemiunu controla el minuto y segundo exactos en que se está produciendo el alba y a una orden suya se abren las espitas.
Aparece el sol y de la pirámide salen chorros de vapor de agua produciendo un sonido que ni cien, ni mil, sirenas de barco trasatlántico podrían igualar jamás. Es una olla a presión.
Chorros luminosos expanden el aroma inconfundible del faraón a cien kilómetros en la redonda. La pirámide vibra, vibra; y cuando los primeros rayos del sol alcanzan el Pyramidión dorado rebotan y se expanden en todas las direcciones.
¡¡Sana!! ¡¡Sana!!
Grita la multitud enferma de pura ilusión y amor a las divinidades.
Lo que hace la cerveza.

La pirámide cumple a la perfección su función de máquina creada para sanar la tierra y mostrar a Dios Creador a los hombres. Vibra, expele chorros de gas coloreado y perfumado y el Pyramidión está enviando la energía enferma del planeta como rayos invisibles hacia el vacío oscuro del Universo.
¡Éxito total e irrepetible!
La multitud se arroja al suelo y golpea sus frentes en el duro suelo. Perdona nuestros pecados y maldiciones Gran Padre de todos nosotros y asciende al faraón a tu cielo perlado de estrellas.


Como sería la impresión lograda en las gentes y en el inconsciente colectivo que, milenios después de la gran fiesta del faraón, sus 50 años de paz y amor cósmico, aún perdura.

Lo que hacemos los ingenieros.

Fin

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