sábado, 13 de agosto de 2016

Regreso al Camino de Santiago, ¿cómo era en 1997?

¿Y cómo eran los peregrinos de entonces? Pues sin peregrinos no hay Camino que valga. Gracias a unas fotos de mi compañero Rojo, el primero por la derecha, vamos a recordar cómo era y se andaba el Camino de Santiago allá por 1.997.

Aquí tenemos a cuatro aguerridos peregrinos que han madrugado para partir de Roncesvalles con las primeras luces y al pasar por Zuriain hacen su primera parada y foto. ¿Qué les parece el aspecto aguerrido que tenían? Cada uno de un país y edades diversas pero unidos por un mismo empeño: Hacer el Camino de Santiago. Vamos con ellos recorriendo media España y recordando aquellos días felices del verano de 1997.

Pasamos a continuación el Alto de Erro y bajamos atravesando la bella y feraz tierra navarra.

Son lugares y momentos que pertenecen a aquellos afortunados que lo andaron, su primera etapa hasta Larrasoaña, la siguiente a Pamplona. No es cuestión de contar cada paso y cada momento, es una ensoñación, una evocación de una aventura. Cada cual tiene la suya.

Al día siguiente camino de Puente La Reina parar en Santa María de Eunate y hacerse una foto con el hospitalero que les cuenta la gran historia de este mágico lugar es algo para recordar.

Después de una larga caminata pasear por las calles de Puente La Reina, las calles desiertas, mientras la gente duerme la siesta en la tarde calurosa.

Mañeru y Cirauqui son hermosos puntos de paso y lugar de muchas fotos de recuerdo. Seguimos un día más caminando.

Al llegar a Estella de Navarra parada y fonda. Apacibles tardes de verano español.

Bien temprano comenzamos a caminar y la primera parada será, ¡cómo no! en la Fuente de las Bodegas Irache, unos tragos y continuamos hacia Villamayor de Monjardín.

Fin de etapa en Los Arcos de Navarra, aprovechando la tarde para admirar su inmensa iglesia casi catedral. Otra pernocta y mañana más, nos vamos hacia La Rioja.

Atravesamos Viana, Logroño, parada a comer como Dios manda y nos vamos a dormir a Navarrete.

Tras una etapa larga una corta para recuperar fuerzas, ¿recordáis el viejo refugio de peregrinos en una casona de la parte vieja de Nájera? Era un sitio con encanto, el nuevo albergue es cómodo, con aire acondicionado, pero no deja de ser una nave industrial. Os lo dice uno que ha estado allí de hospitalero voluntario.

Otra jornada más y tras dejar atrás Nájera atravesamos Belorado paramos en Tosantos para hacernos la foto con los palitos que usamos de bordón. Pena que el sol quemó buena parte de la instantánea, eran fotos de carrete y no había manera de saber cómo habían salido hasta que las revelabas.

Llegar a San Juan de Ortega y encontrarse con una concentración de coches antiguos, ¡qué pasada! ¿Qué hacemos?, ¿nos quedamos o continuamos caminando?

Campos de Castilla, vistos al atardecer desde la Sierra de Atapuerca. Y pensar que hace más de un millón de años ya había personas andando por estos parajes.

Hornillos del Camino bien merece hacer una parada y atender un minuto a ver si el gallo vuelve a cantar.

Castrojeriz.

 
Itero de la Vega y Boadilla del Camino, los Campos de Castilla. Aún quedaban palomares de adobe en pie a finales de los años 90 del siglo pasado.

Parada a recuperarse en Población de Campos, vamos dejando atrás la tierra castellana y toca atravesar los Campos Góticos. Igual aparece un visigodo y se lleva a una de las chicas.

Villalcázar de Sirga, antiguo refugio templario es parada inevitable. Su iglesia es imponente.

En Carrión de los Condes no podemos dejar de visitar el Monasterio de San Zoilo, y hacerse la foto con doña Margarita la hospitalera del albergue local.

Ya en tierras leonesas seguimos el recién construído andadero con sus arbolitos escuálidos, al frente ya tenemos la Virgen de Perales atrás hemos dejado Sahagún y la tierra roja y leve de los páramos leoneses espera que la atravesemos disfrutando de paisajes casi irreales.

Tapiales y ruinas de torreones de adobe al pasar por Reliegos nos hacen pensar que la ciudad de León debe estar ya a la vista, pero no. Queda largo trecho.

Tras atravesar la ciudad de León y La Virgen del Camino encontramos mulos sacando agua del pozo, como en tiempos de los mozárabes, y nos vamos caminando entre viñedos de prieto picudo hasta Villar de Mazarife, seguro que en Casa de Jesús podremos pernoctar y tener refugio seguro.

Seguimos entre viñedos y encinas solitarias y ya nos acercamos al Crucero de Santo Toribio de Liébana, Astorga está a la vista.

Astorga nos recibe con los maragatos en la torre del ayuntamiento y al día siguiente nos vamos para atravesar la Tierra de La Somoza, grandes sorpresas nos esperan.


Casas de tapial y cubiertas de teito de paja al pasar por El Ganso, pero no es la desolación lo que impera en los peregrinos si no la expectación, ¿qué habrá más allá?, ¿más allá de la siguiente curva del Camino?

En Rabanal del Camino estupenda acogida en el Albergue del Pilar, ha sido un largo trecho desde Astorga pero mereció la pena sin duda.

Subir al amanecer hasta Foncebadón, por entonces tan solo contaba con dos vecinos, tiene el premio de que se hará una etapa inolvidable; pero sigamos, sigamos caminando, esto es El Camino de Santiago.

El Puerto de Foncebadón es alto y largo pero podemos contemplar y parar un rato en la Cruz de Ferro y en el Refugio de Manjarín. Aquel mismo año tiraron la cruz abajo unos desalmados y también intentaron echar de su chamizo a Tomás el Templario, pero diez y nueve años después ahí siguen, esperando el paso y la sonrisa del peregrino; siempre amigo.


Al llegar a Ponferrada, aunque cansados se impone hacer una visita al precioso castillo del Conde de Lemos y saltar por las almenas dando voces como si hubiéramos regresado al medievo.


La siguiente etapa nos lleva hasta Villafranca del Bierzo con su imponente castillo en lo alto. El tiempo está cambiando, nos acercamos a Galicia y la lluvia viene a saludarnos.

Pasado Vega de Valcarce nos disponemos a subir al Santuario del Cebrero, la puerta de Galicia para los peregrinos.

Ya estamos en Galicia y nos vamos a conocer el imponente Monasterio de Samos, ¿por qué no?

Cruceros como el de Lameiros y ferias, como la de Portomarín, donde parar a comer una tabla de pulpo de calderada es algo que quedará grabado en el peregrino para muchos, muchos años, y se lo contará a sus descendientes: ¡yo estuve allí! Yo anduve el Camino de Santiago.


Y al fin Santiago de Compostela, entrar en la catedral a la Misa del Peregrino y dar el abrazo al Patrón de los hispanos y después de bailar un rato en la plaza ¿qué mejor homenaje personal puede uno darse que entrar al Hostal de Los Reyes Católicos? Menú peregrino por supuesto, que no estaba la economía para más festejos después de tantos días fuera de casa.
En fin, espero que con estas fotos os haya llevado de algún modo a aquel ya lejano año de 1.997 y cómo se andaba y se vestía por entonces. Tampoco se ha cambiado tanto, ¿verdad? Tal vez el año próximo algunos veteranos volvamos a andar y cantar por el siempre renovado Camino de Santiago. ¿Alguno de vosotros sabéis tocar la gaita? Apuntarse.

No hay comentarios:

Publicar un comentario