domingo, 11 de septiembre de 2016

Recuerdos de un viaje a Marruecos en el año 1985

En la Semana Santa del año 1985 dos clubes de montañismo de la ciudad de León organizaron sendas excursiones al Atlas y yo tuve la suerte de conseguir plaza con el grupo deportivo Álamo y así conocer un poco el país vecino: Marruecos.

Yo tenía por entonces una pequeña y vieja cámara de fotos que no pudo resistir esta aventura y como recuerdo apenas me quedaron unas pocas diapositivas que he conseguido escanear. Partimos de León un viernes por la tarde y tras una noche de viaje llegamos a tiempo para cruzar en el ferry a Ceuta, donde paramos a conocer un poco la ciudad y hacer algunas compras de cosas básicas. La noche la pasamos en un cámping de Tánger y bien pronto ya estábamos viajando hacia el sur. Esta foto es comiendo en algún lugar de la provincia de Larache que no recuerdo.

Nuestro objetivo de aquel día era conocer Rabat, la capital del Reino, y visitar los lugares más famosos. Después de unas horas de paseo turístico nos encaminamos hacia Casablanca donde otro camping nos esperaba para pernoctar.

Pasamos todo un día de visita a Casablanca, ciudad que me sorprendió por su modernidad aparente y unas costumbres milenarias. Especialmente recuerdo la visita que hice a su universidad, estupenda, y la charla con estudiantes de ingeniería industrial que me mostraron su facultad. Sí, yo andaba con esas pintas por Marruecos durante el día. Por la noche ya me puse el pantalón largo para ir a una discoteca del puerto, muy cara y elitista, con larga fila de coches deportivos en la puerta y grandes yates en el muelle cercano.

El siguiente punto de parada fue Marraquech y nos fuimos a montar las tiendas en un camping cercano a La Menara. Por supuesto el aquí danzante se pasó toda la tarde y casi noche andando por las calles de la Medina. Impresionante. Con un chaval que me hizo de guía local pude entrar y salir de lugares que daba terror solo ver a los que estaban en la puerta. Pero uno es así.

Nuestro siguiente lugar de paso fue Imlil, al pie de la cordillera del Atlas. Queríamos subir al Gran Toubkal y ahí tenéis a la Expedición Pactra 85 con sus mochilas y una tienda de campaña que yo tuve que cargar por si no había lugar para nosotros en el refugio. Y así fue, tan cargado como iba al llegar al refugio ya estaba completo y tuve que dormir en la nieve con la compañía de Agustín. Lo que más nos retrasó fue el regateo para alquilar burros que nos portearan el material, y que después nos dejaron tirados a mitad de camino. En fin, lo más interesante es que el chavalín que está a mi lado hizo cima en el Gran Toubkal 4.167 metros de altitud, a sus poco más de 13 años batiendo el récord de precocidad. Y no sé si lo sigue manteniendo 30 años más tarde.

Mal que bien pasé la noche a la intemperie, gracias al saco de plumas no me congelé, pero ocurrió algo en lo que no pensé, las bajas temperaturas congelaron y afectaron a mi vieja cámara de fotos y tan solo me queda de recuerdo esta diapositiva mirando a la cumbre con todos mis compañeros arriba y dándome voces para que subiera a la carrera que ya estaban hartos de esperarme.
El carrete ya no pudo darme más fotos con aquella cámara averiada, es una pena. Bajamos a la carrera hacia Imlil y de nuevo llegué el último, más voces pues todos ya estaban subidos al autocar, y fue gracias a tres estudiantes de ingeniería de la universidad de Casablanca que lo conseguí pues en más de un momento mis machacados pies me hicieron pensar que me pasaría otra noche a la intemperie en el Atlas. Vaya jefe de expedición.
Regresamos a dormir a Marrakech y al día siguiente partimos en dirección a la península pero en vez de ir de nuevo por la costa lo hicimos por el interior.

De Marrakech partimos hacia Fez siguiendo el Atlas, paramos a pernoctar en la estación de esquí de Ifrane, muy chula de veras, y después en la Cascada de Ouzoud hicimos otro alto en el camino. Fez, su ciudad antigua, me pareció maravillosa y todavía me parece escuchar a los transportistas locales dando grandes voces para que nos apartáramos y dejáramos paso a los burros cargados hasta los topes por sus estrechas calles. De Fez nos fuimos a Tánger, por entonces una ciudad muy española, casi todo el mundo hablaba corrientemente en nuestro idioma y nos dimos un homenaje comiendo en un restaurante típico andaluz, tal parecía que estuviéramos en Cádiz. También muy bonita ciudad; de nuevo pasar la frontera a Ceuta, y tomar el ferry. Agotador.
Prefería subir el Gran Toubkal en zapatillas de deporte que volver a pasar por semejante frontera. Las mujeres cargadas como burros haciendo larguísimas colas para cruzar a España con sus mercancías. Cuando al fin paramos para hacer noche en El Puerto de Santa María ni me molesté en dar una vuelta por la ciudad. Me llevaba África en la mochila y no quería que se me escapara.
Pena de fotos. Otro día os contaré otro de mis viajes y mis problemas con las cámaras pues a los pocos días ya estaba comprándome una nueva y mejor.
Maravilloso es el Planeta África, y sus gentes.

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