viernes, 28 de febrero de 2020

Historias de Hispania Plena. La Guerra de los Tres Juanes.



Historias de Hispania Plena. La Guerra de los Tres Juanes.

¿Conocen ustedes la historia el rey Juan, el inglés, de León y de Castilla?
¿No? Pues atiendan a esta preciosa historia medieval del siglo XIV cuando ocurrió en la Península Ibérica la Guerra de los Tres Juanes.
Sucedió que en el año 1383 falleció el rey don Fernando I de Portugal sin dejar heredero varón así pues el derecho al trono pasaba a su hija Beatriz, casada con el rey Juan de León y de Castilla. Raudo y veloz don Juan entró en Portugal con su ejército hasta la ciudad de Guarda, reclamando sus derechos al trono y a la reunificación de Portugal y León. Pero los portugueses no estaban por la labor y en cuestión de meses prendió la rebelión en la ciudad de Lisboa.



Pasados unos meses de incertidumbre e incomprensión mutua los portugueses reunidos en Cortes en la ciudad de Coimbra proclamaron como rey al Maestre de Avís, Juan, hijo natural (naturalmente) del rey don Pedro I y su amiga doña Teresa Gille. Y reunieron un extraordinario ejército que echaría de Portugal a las tropas de don Juan, el leonés, tras la batalla de Aljubarrota. Quedando, provisionalmente, el don Juan portugués, el de Buena Memoria, como rey de su territorio.


Para defenderse de una posible agresión castellana el rey portugués Juan firmó un tratado de alianza con Inglaterra en Windsor, por el cual los ingleses apoyarían con armas y bagajes a los portugueses y a su vez estos reconocían como rey de León y de Castilla a Juan de Gante, casado con doña Constanza, hija y heredera del rey don Pedro I el Cruel.
El duque de Lancaster don Juan I de Gante (recuerden este territorio para posteriores historias hispanas) era el tercer hijo del rey de Inglaterra don Eduardo III Plantagent y de la reina doña Felipa de Henao, y hermano por tanto del Príncipe Negro, Eduardo de Woodstock. Ni corto ni perezoso con la alianza portuguesa en firme reivindicó para su testa la corona sobre los reinos de Castilla y de León y como tal fue coronado por su señor padre en Londres en el año 1372 y trató de ejercer como tal hasta el año 1388. ¡Un rey inglés! Por las barbas de San Andrés, y te lo querías perder.
¿Se lo puede creer? Pues así fue.


Desembarcó con su florido ejército en La Coruña, en el año 1386, iniciando así el conocido Camino Inglés, pero el clima compostelano no le sentaba bien y ya visto y revisto como Rey de Galicia prefirió pasar el invierno tomando las aguas en los balnearios de Ourense. Salvíficos en grado sumo, yo se lo puedo asegurar. Bajo protección y auxilio portugués estuvo durante dos años haciendo entradas y pasadas variadas por el reino de León a fin de intentar conseguir su coronación en la Real Basílica de San Isidro (Isidoro) de León.
Tan fuerte era la pretensión del don Juan inglés al trono que el don Juan leonés tuvo que convocar Cortes apresuradas tanto de León como de Castilla en la ciudad de Segovia, y ante ellas proclamar y justificar su legitimidad al trono no en que era el primogénito de don Enrique II, lo cual sentó fatal a los leoneses, sino en que su madre, la reina doña Juana Manuel era nieta directa del infante don Fernando de La Cerda, lo cual alegró a los castellanos, legítimo heredero de don Alfonso el Sabio que había desheredado a su hijo Sancho y a toda su descendencia, y por tanto ilegítimo era el derecho al trono y el cetro de don Pedro (felizmente finado por su padre Enrique, efectivamente. Y los leoneses de nuevo felices y sonrientes, cabreados los castellanos, ¿los gallegos? Nunca se sabe)


Pero el desdichado rey inglés Juan, que no quería reinar sin tierra, cayó finalmente en una celada entre Toro y Zamora, pues ambas ciudades le habían cerrado las puertas. Y perdió su inglesito ejército destrozado por las bravas tropas castellanas. Aquí no acaba la cosa, atiendan.
Tuvo salir a escape hacia la Francia Inglesa y por el Tratado de Bayona (8 de julio del año 1388) renunciar a los posibles derechos de los Plantagenet sobre Castilla y León; pero a mayores, por favor: esto no se lo pierdan: casó a su hija Catalina Láncaster (¡Ah, Catalina, Catalina, cuanto os debe la británica tierra) con el hijo mayor del don Juan leonés, el que a la postre y medida llegaría a ser rey con el nombre de don Enrique III (alias el Doliente) procreando entre ambos a don Juan II, padre de doña Elizabeth (Isabel) La Católica. Bisnieta por tanto de este don Juan el inglés, que en Galicia reinó pero en León se le toreó, y a base de bien.


Doña Elizabeth fue a su vez madre de doña Catalina, que llegaría a ser Princesa de Gales, con don Arturo, y después a reinar en Inglaterra con don Enrique VIII, el Craso.
¿Qué les parece a ustedes esta brillante historia de la Hispania Plena?
Me río yo cuando le dicen vaciada, esto está lleno de historias que son la envidia de cualquier reino de Europa y más allá. Un rey de León que no llegó a ser proclamado en la capital del reino por el tremendo cariño que tenían las legionarias gentes al padre del don Juan español, don Enrique II el de Las Mercedes y primer Trastámara y que en la ciudad había levantado su primer palacio real a semejanza de don Ramiro y don Fernando que le precedieron en el trono. 
No cedieron a la furia inglesa. Y así les fue.
Maravillosa historia, ¿no les parece así?



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