lunes, 3 de agosto de 2020

Crónicas del campo santo Nº 7. Esperando una nueva ola.

Cada mañana marcho a trabajar en bicicleta y me cruzo con todo tipo de personas embozadas, ¡a las 06.30 horas! Personas que como yo van a trabajar, están paseando al perro o han madrugado para hacer deporte, van con mascarilla por las calles vacías. No se les ha ido el miedo del cuerpo, supongo yo. Pero qué ocurre horas después, cuando se pasa el medio día.


Todos embozados y los espacios públicos ocupados por negocios privados.



La industria y la hostelería se resienten tras el largo confinamiento y la escasez de turismo foráneo.



La gente sigue adquiriendo productos fabricados en lejanos países a través de empresas multinacionales, en vez de productos nacionales y en los comercios de su barrio o ciudad. Impasible el ademán, como si no hubiera pasado nada, se están cavando su propia tumba económica. Llegará diciembre y se lamentarán. Es lo que hay.

A día 12 de agosto se va viendo más claro que se está levantando una "segunda ola" de contagios en España. No se están haciendo las cosas ni medio bien.  
No os confiéis amigos míos y seguir tomando precauciones, todas las necesarias pero sin miedo alguno. Por cierto, la mayoría de los "positivos" de los últimos dos meses, con el método bochornoso de un palillo en la nariz escarbando hasta el cerebro, son debidos a la cantidad de horas que se pasa el personal con la mascarilla en la cara. Avisa el test que tenemos los mocos plenos de todo tipo de horrores bacterianos, virus pocos.
Usar tan solo mascarillas muy limpias y lavarse el interior de las fosas nasales con agua y jabón evitará muchas infecciones.

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