miércoles, 27 de junio de 2012

Camino del Norte. Castro Urdiales-Laredo


Un día más amanece en el Camino de Santiago y soy el último en salir del albergue de Castro Urdiales.
Me han dejado dormir plácidamente y se han ido todos sin hacer ruido alguno.
Eso sí, sin desayunar la mayoría de nosotros; pues el albergue no tiene más que un microondas y para de contar.

Subimos hasta Allendelagua y pasamos sobrecogidos ante su preciosa ermita. Hay que aprovechar estas horas tempranas que no calienta el sol. Paro a charlar con una señora y le digo que yo soy de Paniagua, ¿Ah, pero eso quedará por Picos de Europa, no? Por ahí cerca, pero al otro lado de la cordillera.
Siguiente punto de paso es Cérdigo; con grandes urbanizaciones de preciosos chalets.

 Pasada la autovía A-8 nos vamos por un caminito hacia la costa. Espléndidos acantilados nos esperan.

Las vistas desde algún mirador son impresionantes. Escarpados acantilados bajo nuestros pies; y la mar nos llama.


Pero tenemos que caminar. Islares ya está cerca y estoy sin desayunar.
El peregrino zampón no se para hasta encontrar un café y unos sobaos.

Al llegar a Islares alcanzo a Francesca y por equivocación nos vamos hasta el albergue y ya pasábamos de largo cuando un señor nos avisa que hemos de volver para el pueblo.
Aprovechamos para desayunar en un bar de la carretera y discurrir el recorrido que podríamos hacer a paso de patito (la chavala tenía tendinitis en ambos pies y unas ampollas horrorosas)
Hay que buscarle solución a esos pies doloridos.

Pasado el camping de Islares doy con la solución. ¡Alquilamos unas tablas de surf y nos vamos con ellas hasta Laredo! ¿Que no sabes surfear? Aquí mismo nos dan unas clases básicas y luego todo es deslizarse.

 No se animó Francesca con las clases de surf y abandonamos abatidos el lugar. Nos quedaban muchos kilómetros por delante y un calor espeso y húmedo.

Nos vamos hacia El Pontarrón de Guriezo pero vamos viendo constantemente la playa de Las Arenillas de Oriñón. ¡Qué olas! ¡qué olas! y nosotros por la carretera.



En una revuelta del camino Francesca discurre que necesitamos acortar camino hacia Laredo. ¿Y si cruzaramos a nado hasta la otra orilla y nos ahorramos andar hasta Pontarrón?
A punto estuvimos pero el agua estaba fresquita y no llevábamos traje de neopreno en la mochila. Se los teníamos que haber pedido prestados a los surferos.
Así que nos fuimos hasta Pontarrón; paramos un buen rato en el único bar que encontramos para la cosa de la hidratación, y seguimos caminando por la carretera arriba en dirección a Liendo.


Un largo tramo de carretera nacional N-634 nos acerca hasta un alto mirador y a nuestros pies tenemos ya el primoroso valle de Liendo.


Bajamos del mirador hasta la ermita de San Roque y seguimos caminando por el fantástico arboreto de Liendo. Arboles de los 5 continentes contemplan los pasos cansinos de los pobres peregrinos.
Paramos en el barrio de La Mollaneda, de Liendo, para tomar una cerveza y comprar botellas de agua pues andábamos flojos. Casas de indianos, con su palmerita, llamaban la atención de mi compañera italiana.
Quedan otras buenas cuestas y unos 6 kilómetros hasta que ves a lo lejos Laredo buscado y sufrido.


Bajamos a Laredo por la calle de Las Escalerillas; vamos buscando los albergues y sitio donde comer. Eran ya más de las 3 de la tarde. Encontramos un estupendo mesón en la calle de San Francisco donde reponer fuerzas y después nos vamos al albergue.
http://barrestaurantecantabria.com/

Llamamos donde las Trinitarias y nos dieron habitación. Yo debía estar tan cansado que apenas me di una ducha quedé frito como una marmota hasta las 7 de la tarde.
http://www.federaciondemonjastrinitarias.com/index.php/es/nuestras-hospederias?id=87

Callejeando por la Puebla Vieja me encontré a las dos encantadoras peregrinas con las iba coincidiendo día tras día de Camino. La italiana y una catalana con la que habíamos paseado por la playa el día anterior.


Y subimos los tres hasta la iglesia de Santa María de la Asunción, patrona de Laredo. Muy bonito el templo y muy bien cuidado.


Después de hacer un poco de turismo por Laredo las chicas se fueron a cenar al albergue y yo me quedé por las callejas de la Puebla Vieja a disfrutar del estupendo ambiente que tiene la villa.
Había fútbol, ¡cómo no!, y me quedé hasta que terminó el partido por los bares y mesones de la zona.

Al volver al albergue ¡sorpresa! Las monjas habían cerrado la verja de entrada a la iglesia y el monasterio. Un buen rato me llevó trastear con las llaves que me habían dejado hasta que conseguí abrir el candado para correr el pestillo.
En fin; cosas del Camino de Santiago.
Un poco más y tengo que irme a dormir a la playa.
Lo que no me pase a mi no le pasa a nadie. (Es lo que decimos todos)

Canciones para el Camino XI: Goodbye Stranger, de Supertramp.

Este es el tipo de canción que me parece estupendo escuchar mientra voy recorriendo el Camino de Santiago. Son los Supertramp de toda la vida y sus canciones joviales y divertidas.
Good Bye Stranger.
¡Con alegría! que nos vamos. Somos peregrinos y lo nuestro pasar, pasar haciendo Camino  como estelas en la mar.
El que quiera echar raíces, como las amapolas, en algún sitio: ¡Allá él!

Nos vamos con el Camino de las luciérnagas y os decimos adiós, adiós extranjeros, con una sonrisa en la boca, y otra mayor en el corazón.