jueves, 1 de junio de 2017

Nunca llegarás a Aldebarán


 En el tercer año triunfal del triunfante gobierno de la bisnieta del
Gran y Augusto Triunfo y Boleta ocurrió que el presente relatador tuvo la
gran desgracia de ser el único acertante en el sorteo de los viernes del
Euroasianaustralianmillones; aquella descomunal cantidad de dinero en
efectivo y participaciones asociadas en Fondos Corporativos tales como El
Buitre Negro y El Cóndor Pasante rebosantes de bonus basura me hizo
pensar, incauto de mí, que me sacaría del muladar de vida que tenía y podría
al fin volar cual águila imperial hispana sobre las vidas ajenas y sus infames
estercoleros.
Dicho y hecho. Mi primer deseo (pérfido sueño insatisfecho durante
décadas) fue volar a Las Islas Canarias para pasar allí días y días de
vacaciones a tutiplén. ¿Excesos? Bueno…tal vez alguno cometí pues fui
rescatado una noche por los pescadores frente a los Farallones de Los
Gigantes, evitando así que fuera pasto de las barracudas; me había caído de
un megayate en plena fiesta loca a la que había sido invitado por un
ricachón ruso y nadie se había dado cuenta del hecho. Depositado sano y
salvo, cogorza perdido, en el muelle pesquero del Puerto de La Cruz tuve la
inmensa suerte de ser nuevamente rescatado de las fauces policiales, a los
guardias civiles de esa isla solo les faltaba lucir colmillos de jabalí en sus
terribles bocas que bramaban preguntas y órdenes que era incapaz de
responder. (Bueno, igual es que estaba algo drogado) En fin, que conocí
aquella madrugada a Reichel, mi ángel de la guarda, mi alma gemela, mi…


Este es el inicio de mi nueva novela Nunca llegarás a Aldebarán 38048, podéis leerla aquí:
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