sábado, 22 de septiembre de 2018

Libro Historia de La Montaña de Boñar, por don Pedro Alba.


Historia de la Montaña de Boñar


Libro edición facsimil Editorial MAXTOR de la obra publicada por don Pedro Alba en el año 1863, a la sazón párroco de Valdesaz de los Oteros, en el cual demuestra ser buen conocedor de la montaña del Porma y el Curueño tras su paso por la iglesia de Voznuevo. Digno de encomio.


Comienza el libro con unas observaciones geológicas sobre el aspecto topográfico de la Montaña de Boñar. Bien, primero hay que ponerse en el tiempo y lugar en que fue escrito el libro. Año 1863 y por un cura católico de antes del Primer Concilio Vaticano, dicho esto el señor Alba despliega una cierta y notable erudición sobre los conocimientos que había en aquel entonces, y las teorías imperantes.

Lo primero: denomina al Valle de Boñar así como los de Sabero y Las Arrimadas parte primera de La Puerta Gallega, denominación que proviene de la época del Imperio Romano cuando el río Esla era el límite de la Provincia Gallaecia. Dicha Puerta Gallega continúa por los valles de La Vecilla, La Valcueva, Fenar y Alba hasta la collada de Olleros de Alba.
Este señor sabía muy bien de dónde procedía su apellido.


Discurre si el nombre de Boñar puede proceder por corrupción de Balneario o de lugar con muchos montes, Bonis en griego. Nombra los lugares tal y como se conocían en su tiempo y por ejemplo al Cueto de Boñar lo denomina ¡Cueto de Boñar! Asombroso, y lo distingue de otros cuetos como el de Grandoso (Hoy día denominado Peña del Cuervo)


Se expande el hombre hablando de la historia sagrada de España nombrando a su primer poblador: Túbal, nieto de Noé, poblando las tierras navarras, y también de la visita del propio Noé fundando poblaciones en Asturias y Cantabria. Casi nada, vamos a salir en barca un día de estos si la cosa continúa en el plan que llevamos.
Cuenta que el nombre original de Redipollos era Riodepollosa.


Adrados y su valle le suena que viene de los druidas y de ceremonias que se celebraban en los bosques. Levantaron la Ermita del Cristo para cristianar un poco el asunto. Cuando escribí mi relato Gundemaro, el último conde suevo, rebusqué en este tipo de ceremonias que se siguieron celebrando en el tiempo del Reino Suevo y los Alamanes leoneses pues aunque ya cristianados conservaban ritos de ese tipo y bien se pudieron celebrar en ese monte o en el de Pardomino.
Nombra pueblos ya en sus días desaparecidos como Romelia, cerca de Valdecastillo, en la entrada al Valle de Vegamián, de este pueblo perdido dice que proceden nombres como Remellan y Vega de Remolina. Y el de Escucha, que se encontraría entre Veneros y Grandoso, como a medio camino entre ambos pueblos.


Nombra también el antiguo Priorato Templario de las Arrimadas, que estaría formado por el actual pueblo de Barrillos (Burgillos), y que estaba en comunicación con el de San Bartolomé de Rueda y que sería del cual dependería, ya que razona el cura San Bartolomé era el patrón de los caballeros del Temple. Aún más también tendrían priorato en Almanza y en Villacidayo para proteger bien todo este frente del Camino de Santiago por la montaña (el original) El Camino de los Rocines sigue esta ruta templaria.
La iglesia de Santa Marina de las Arrimadas le parece la más antigua de toda la comarca y lugar donde tenían el priorato los templarios vigilantes del Camino de Santiago; don Pedro nombra un privilegio firmado por Fernando III el Santo y reproducido por su hijo Alfonso el Sabio al convento de Valdedios, entre Aviados y La Valcueva se encontraba, para construir un puente y un hospital de peregrinos en el lugar de Boñar; vestigios de ello afirma don Pedro quedaban en sus días. Así como del Castillo de Boñar, que ocuparía el centro de la villa.

Nombra al Conde Don Diego de Porcelos como causante directo de que los peregrinos dejasen de pasar, en su mayor parte, por el camino montañés y tener que hacerlo por Carrión de los Condes, en verano, con toda la solana, ¡mayor sevicia! Extinguidos los templarios sus posesiones con el tiempo pasaron al obispado de León y es por ello que, en sus días, el obispo de León era Señor de Las Arrimadas y Conde de Colle, entre otros cargos.


Capítulo aparte dedicado a San Adriano, hoy Adrián, y su pequeño templo levantado por el conde don Guisado como él lo denomina, (Hoy se sabe que su nombre correcto era Guisvaldo Braoliz y su esposa Leuvina, que su procedencia era Bizancio. Un conde bizantino que terminó en estas tierras)


Nombra algunas de las inscripciones en las piedras del templo, como una dedicada en tiempos del rey Ramiro de los Gallegos, siendo Hermenegildo abad, era M. XVIII. Ramiro el diablo era como le denominaban los sarracenos al segundo con ese nombre. Y otras dedicadas al sepulcro de los santos Adriani et Natalle.


Junto a la calda dice que en su época se conservaba una curiosa lápida de origen romano sobre esa FONTI SAGIFENO firmada por un tal Alexis Aquilego, era trescientos cincuenta y cinco. (317 de la cuenta actual)
Comenta también el descubrimiento unos años antes de la redacción de este libro de una lápida cercana a Isoba y el Puerto de San Isidro de un soldado romano de la familia de los Flavios. Annio Domiciano Tito Flavio, Armiger Romano, fallecido en aquel lugar. Un alto cargo en Roma sin duda, que no cualquiera llegaba al cargo de armiger del prínceps en el Imperio Romano, Alférez Real para los tiempos medievales.


Para terminar de hacer más interesante la lectura indaga en el origen de la fiesta de Las Cantaderas leonesas; don Pedro Alba ofrece un posible origen en una batalla que se hubiese celebrado en tiempos de don Alfonso II el Casto y el lugar: La Collada de los Muertos, entre los Picos Relance y Mular. 
Pero que de más cierto la batalla ocurrió en tiempos del rey don Ordoño I, cuando los sarracenos cordobeses intentaron arrasar la Montaña de Don Pelayo, Los Picos de Europa. Su padre don Ramiro I, ya se había negado a pagar ese tributo a los emires cordobeses o a los Banu Quasi de Zaragoza, y de ahí viene lo de la famosa batalla de Clavijo, en La Rioja. Le querían imponer ese tributo árabe a don Ramiro y salió a la batalla con todo lo que tenía, sus caballeros palatinos. Triunfó y el tributo nunca jamás se pagó.
Por terminar y para mis amigos de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de León nombra la ruta más antigua del Viejo Camino por la montaña. Partiendo de Puente del Muey (Puente Almuhey) a la Mata de Monteagudo pasando a Fuentes de Peñacorada, bajaba y cruzaba el Esla hacia Sabero y subiendo por el valle arriba para pasar a Colle hacia Boñar; ya que la ruta por Cistierna y el Puente de Mercadillo le parecía más moderna.


Un libro muy recomendable que había leído de joven, de cuando iba en los veranos a Boñar y Barrillos de Las Arrimadas, y que he tenido la gran suerte de volver a encontrar. De libros como este he sacado historias para mis cuentos y relatos así como el trazado exacto del camino original a Santiago de Compostela por la montaña.

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