martes, 23 de julio de 2019

En la flor de la vida, otra historia de Loot el Multiplicado.

Este es un cuento dedicado a mi amigo José Carlos Rabanal, que me hizo recordar que lo había escrito, hace años, pero no publicado en libro alguno. Va por ti, chaval, que estás aún en la flor de la vida; regresemos a la Mesopotamia imaginaria.





En la flor de la vida

El cielo es casi blanco y el sol puro fuego cuando Loot pasea cubierto con largo turbante buscando la sombra de las palmeras; algo le llama la atención en la orilla del río, se agacha, lo recoge y se lo lleva consigo. Le intriga; hacía mucho tiempo que algo le despertara semejante interés y vuelve a casa pensativo caminando medio ausente, como si volviera a su mirada de una legua, un siglo, siempre más allá de lo evidente.
Intriga.
Su mujer le observa y rápidamente le nota algo extraño especialmente cuando se descubre la cabeza; su largo cabello sudado está perfectamente peinado, ni un solo pelo fuera de sitio.
¿Acaso has hablado esta mañana con La Diosa? Te noto como ido, ¿ocurre o va a ocurrir algo malo?
No, no he visto a La Diosa paseando a la orilla del río, disculpa, voy a retirarme a mi estudio. Hace bastante calor, sí, una jarra de cerveza fresca me vendrá bien.
Y con la jarra en las manos se retira a su fresco y oscuro lugar de estudio y reflexión. Lleva consigo una pequeña bola de algo vivo y no para de jugar con ella haciéndola saltar de una mano a otra, observándola con gran interés.
¿Cómo lo ha hecho?
Recuerdo haber visto esta ¿cosa?, hace unos días y apenas se había dividido la superficie en cuatro partes, ¿y ahora? Podrían, deberían ser sesenta partes, sí, sesenta, tengo que contarlas, ¡aj! Ya no tengo la vista de mis primeros doscientos años, ¡atención!
No son sesenta.
¿Y si la abriera?
La partiré en pedazos, me intriga.


Pasados dos días Noer se presenta en casa de Loot, como siempre a su manera extemporánea y vocinglera, dando un fuerte achuchón a su cuñada y preguntando a voces por su hermano.
Bajaré a verle, ¿no queda vino en esta santa casa?
No le interrumpas, lleva dos días casi sin salir de su estudio, ¿para qué le quieres?
Hemos de preparar el Festival de Shamaash, gran señor de la luz y vida, apenas nos quedan ya tres días, ¿a qué se dedica nuestro sumo sacerdote que no va ni por la cantina?
Ni idea, y mucho me temo que este con otra de esas sus ideas locas. Averígualo, os dejo, tengo que preparar a mis bailarinas para la magna celebración; este año será algo especial, hay unas niñas nuevas que…
Ala, vete a danzar un rato guapetona, que yo me encargo de tu esposo.
¡No le asustes! Por favor te lo pido. Me voy.
Solo un poco.
Y tomando una jarra de vino pone su visión luminosa al máximo y baja al estudio.
¡¡Tablillas y más tablillas!! Que aburrido te estás haciendo, me gustaba más cuando esto era una bodega.
¡¡Err!! Dioses, tú, ¡apaga esa mirada! Ya no puedo beber tanto, según los dioses; ya sabes, después de los setecientos años: caldito y buenas siestas. Aproveché el lugar para mis tablillas de cuentas y cuentos.
¿Y esto?, ¿esas figurillas de barro?, ¿por todos los dioses qué seres son estos?, ¡redondos!
No son dioses, es la vida.
¿La vida?, ¿ahora no sabes lo que es la vida? Anda, límpiate las manos y echa un trago conmigo. ¿Cómo se te ocurre, a ti, hacer cosas con barro? mándalas hacer a algún artesano pero tú no te manches las manos. ¡Si te viera La Diosa!
Dos jarras de vino más tarde deciden ir hasta el templo para hacer algunos preparativos pues el festival está cercano pero como Loot va algo cargadito con el vinito nuevo de la reciente cosecha no tiene mejor idea que chinchar un poco a su esposa, atareada ella con los músicos y las danzarinas. Todas ellas púberes.
¡No, si ahora las mujeres vais a danzar igual que los hombres! Lo que me faltaba por ver.
Es una idea nueva que se me ha ocurrido este año, cuando llegaron de Oriente esos músicos tan peculiares.
¿Qué vas a poner música del Indo en mi…?
Sí, la pongo. Y que sepas que a tu padre le ha encantado.
¿Mi padre? Mírale, pero si está medio sordo. Él, con que las niñas se muevan de aquí para allá…
Tú estás peor, que a hacerte el sordo no te gana nadie. Pero, ¿qué hace tu hermano? ¡Párale, párale!


Noer, aún más chinchado por el vino que Loot está con unos palos en las manos intentando enseñar una danza guerrera a las chicas confundido por los volantes y miriñaques y flores en la cabeza con que su cuñada ha vestido este año a sus pupilas.
¡Que son niñas Noer, para!, ¡para hombre! que son niñas e igual le atizas a alguna en…
Crunch.
El que se lleva el palo en la cabeza es Loot que cae desplomado en la explanada del templo. Fin de fiesta, todos para casa y entre ocho hombres han de cargar en parihuelas al fornido cazador hasta su casa. Pesa como un toro.
Pues sí que le ha dado fuerte, está totalmente ido.
Pues sí, sobrina; babeando me lo traen a casa. Si hubiera manera de hablar con los dioses y que les prohibieran tomar vino y cerveza…
¡¡¡Que dices tía!!! Calla, calla, calla; tu esposo te quemaría viva si te escuchara decir eso, calla, calla y mira: mi padre le está cuidando. No pases más temor.
Noer está observando a su hermano con su visión luminosa a la vez que le masajea cabeza y cuello. Gruesos lagrimones caen de sus ojos y la estancia está llena de lamentos y plegarias.
¡Hermanito! No quise, no quise, no sé cómo pude, ¡hermanito! Te quiero, te quiero, contesta.
¿Esta muerto mi esposo, cuñado llorón?
¡No, no, no! no quise, yo no sé, no pude; bueno, no tiene ningún hueso roto.
¿Estás seguro?
¡Que sí hermanita! Confía, no hay huesos rotos, está bien, aunque, con Loot nunca se sabe, ¡hermanito!
Sobrina, llévate a tu padre a que duerma la mona en su casa. No soporto la luz de sus ojos, ¡largo! Llorona, yo cuidaré de Loot. Si pudiera yo hablar con los…
¡¡Calla tía!! ¿Pero no sabes cómo son en esta familia?, antes se rasurarían las barbas que permitirte…
Ya, tienes razón Innurmushima, hemos de dar gracias que Mathatsulaamm decidiera recortar la suya hace un par de siglos porque la tenía tan larga que ya ni usábamos escoba tu madre y yo. Pídele de mi parte que haga un buen par de grandes hogazas para mañana; a Loot le conozco bien, cuando despierte tendrá un hambre que será capaz de comerse un burro el solo.
¿Y para qué quieres tanto pan?
Con más pan menos carne toma, ya sabes que le encanta el que hace tu madre; el mío se lo echa a los gatos el muy… ¿tú has visto qué barriga está echando mi hombre? que coma pan. En el pasado festival del dios lunar entre él y tu padre y cuatro primos se metieron entre pecho y espalda un búfalo de agua, ¡que me haga hogazas de las grandes! En el festival solar también estarán tus abuelos, que tienen una caída comiendo…nos podemos quedar sin ovejas de aquí a las montañas de Asia con lo que tragan estos hombres.
Vale, te entiendo; papá, ven, déjale, estará bien, vamos, sí, vamos, ¡por aquí! Mira sin ver que nos dejas a todos ciegos, por favor, papi, ven, ¡a casa! Vamos a casa, ¿sí?
¿Qué es esto duro y largo que te cuelga? ¡Ah, ya! Tu espada. Perdona cariño, corazón, sí, vamos a casa y le dejamos dormir.
¡Pero apaga La Luz!
No sé, no puedo.
¡Sí puedes! Apaga y vayámonos.
Hija, sí, vale, bueno, a lo humano, pero si una ciega guía a un hombre… ¿dónde iremos a parar?
A casa, papá; nos vamos a casa.
¿Qué puede…? ¿Qué puede haber peor para un hombre, un padre, que tener que ser guiado por su hija?
No bebas tanto y escucha, igual te puede sorprender y alegrar la noticia.
¿Noticia? Mirando así estoy ciego, bueno, cuenta.
Me casaré en el próximo Festival de La Diosa.
¡Con un…¡¡ese!! …minga corta!


La impresión es tan fuerte que Noer se va al suelo desmayado. Entre vecinos y sirvientes consiguen acostar al inmenso cazador al lado de su hermano que yace babeando y quedan los dos felices sobando como leones de los pantanos en las tardes estivales. La esposa de Loot decide que no puede hacer nada con este par de gandules que tiene en casa y se va a su aposento para intentar dormir algo; está molesta, muy irritada, Loot y Noer consiguieron sacarla de quicio interrumpiendo su danza.
Duerme.
Sueña.
Danza.
La Diosa guía y le indica los movimientos que debe realizar, el ritmo es fundamental y deberá insistir con sus pupilas hasta lograrlo. Danza, danza, danza.
¿Quién eres?
¿Soy tú?
Yo soy yo y ¿tú?
Soy tú, somos dos tú, dancemos.


Qué sueño más tonto he tenido; había dos yo, danzando y repitiendo: ¡Soy tú! El que bebe es mi esposo, encenderé la lumbre y bajaré a ver cómo se encuentra.
Pero al entrar en la cocina encuentra las lámparas encendidas y una pareja sentada a la mesa comiendo algo, ¿Loot ya está levantado?, ¿y esa mujer?
Se queda paralizada mirando.
¡Es idéntica a mí!
¡Hola! Le saluda sonriendo la extraña.
¡Tú!, ¿tú?, ¡Loot!, ¿quién es esa…?
¿Quién va a ser?, eres tú.
¿Qué esa yo soy yo? Espera, ¿tú no estabas desmayado y durmiendo con tu hermano?
No, yo me encuentro despierto y bien de salud y desayunando contigo.
Quieto ahí, ¡aquí pasa algo raro!
Y con presteza toma su lanza y una lámpara y se precipita al dormitorio de su esposo, no necesita ni entrar, los ronquidos poderosos de los dos osos que duermen en el gran tálamo le dan la confirmación. Entra gritando.
¡Loot, Noer, despertar!, ¡despertar! Hay extraños en la casa.
Noer se yergue al instante, plenamente repuesto del disgusto que le ha dado su hija y salta de la cama como un león de los pantanos.
¿Cómo que hay intrusos, cuñada?, ¿en tu casa?, ¿qué ocurre?
Ven, ven a la cocina. ¡Uff! Nada, este esposo mío sigue frito, le atizaste bien, pero vamos, vamos. Y la pareja se dirige a la cocina alumbrados con la potente mirada de Noer.
¡¡Joder Noer!! ¿Cuántas veces te hemos dicho que no pongas esa mirada en esta casa?, ¡apágala!
¡Ahí va! Si son…Pero, sí, pero, son…es tú, y tú…
¿Pero cómo va a ser? ¡¡Despierta cuñado!!
Baja la lanza que estoy más que despierto. Que sí, que son tú y el que está sobeta. ¡A mí no me pueden engañar! Que tengo visión divina, ¿esa jarra es de vino?
Sí Noer, sí, sírvete algo y desayuna con nosotros.
¿Pero cómo va a haber dos yo?
Que dejes la lanza en el astillero y te sientes. Ya descubriremos qué está pasando aquí, tal vez cuando despierte el alquimista chiflado…Se oyen sus ronquidos desde aquí.
¿A quién llamas tú alquimista chiflado?, ¿a que sales por la puerta…? ¡Volando!

Con la mañana ya avanzada consiguen entre los cuatro despertar al durmiente y contarle sin sobresaltos lo que ha ocurrido.
¿Qué nos hemos multiplicado?
No empieces a usar palabras mágicas que no hay quien te entienda.
No es magia, son solo matemáticas.
Bueno, pues alquimia de esa rara que tú… ¡oye!, ¿esto no vendrá a cuenta de lo que estabas haciendo?
¿El qué?
Esa cosa con las bolitas de barro.
¿Las…bolitas?

Y los cinco se dirigen al estudio para intentar dar con la magia o el hechizo que está sucediendo. Sobre la mesa hay siete bolitas de barro ya cocidas y pintadas con vivos colores.
A ver, hermanito, explícanos que estabas haciendo con el barro.
Pues…estudiando la vida.
¡La vida!, tú, ¿tú? El supremo servidor de los dioses, ¡si algo ignoras pregúntale a ellos! O a mí.
Te iba a preguntar, ¡te iba a preguntar! Es más, estuve soñando que te estaba preguntando.
¿Y qué me quieres preguntar?
¡Pues esto! Mira, mirar todos, ¿veis? La primera bola es perfecta, divina, sin división alguna. Pero la segunda se divide en dos, como hace la vida constantemente, en todo, miremos donde miremos.
Bueno, ¿y qué? la vida se divide en dos, en cuatro, en ocho, ¿cómo sigues la cuenta?
En diez y seis, en treinta y dos… me parece a mí que los dioses te dieron a ti esas luces tan solo para alumbrar viñedos y cazar patos.
¡Bueno! ¿Y qué más da? Por cierto, el que se come los patos eres tú.
Pues que después del treinta y dos viene… ¡el sesenta y cuatro!, ¿lo ves en esta bolita?
¿Y qué?
¡Que no es el sesenta! El sesenta, por todos los dioses, ¿no lo entiendes? nosotros contamos de sesenta en sesenta pues así nos enseñaron los dioses. Somos sexagesimales pues así es la voluntad de los altísimos señores, ¡pero la vida no! cuenta hasta sesenta y cuatro; eso es lo que me tiene intrigado, aquí hay algo nefasto y necesito averiguar qué es. Dividimos el círculo y la esfera en sesenta y trescientos sesenta partes pues humanos somos, ¡pero la vida no! lo hace en sesenta y cuatro y trescientas ochenta y cuatro partes. ¿Por qué? Tú que todo lo puedes ver.
Pues ni la menor idea, ¿y alguno de vosotros?


Como a ninguno se les ocurre nada deciden subir a la cocina a seguir almorzando algo, que en esta santa casa no se pasa hambre, antes de irse al templo para preparar el festival del Gran Shamaash.
Y yo soy la primera, tú irás detrás.
¿Por qué? le grita inmediatamente la otra tú.
Porque soy la que tiene la lanza y como rechistes te caliento a base de bien.
Haya paz en la tierra entre las gentes de bien, inclusive las mujeres. 
Intenta terciar Noer en la disputa.
¿Y eso por qué? 
Las dos esposas de Loot están a punto de tirársele al cuello.
Porque yo lo pido y ordeno. Y poniendo a tope su mirada divina deja pisciegas a las dos parejas que no paran de tropezar el uno con el otro.
Cuando pasa a mirada humana hay tal embrollo de brazos y piernas y cabezas que ninguno sabe ya cual es cual y cual es yo, ¿y tú?. Noer resuelve el asunto decidiendo que vayan de una vez al templo, que solo quedan tres días y con más manos mejor saldrá el trabajo.
Dos sumos sacerdotes dando voces para preparar el desfile de los soldados imponen bastante respeto y sus dos esposas hacen maravillas con las crías y sus danzas pues ahora hay muchas, dos veces más, ideas sobre cómo complacer a los dioses.
Felicitándose las dos parejas regresan a casa cuando, al entrar, ¡sorpresa! Hay otras dos parejas idénticas. El Loot con un chinchón en la cabeza decide que no hay porqué llamar a su hermano y que lo que mejor que pueden hacer es trenzar más cestos para la ofrenda de semillas a los dioses en el templo.
¿Cuántas cestas hacemos? Preguntan al unísono los otros tres Loot.
Ir haciendo, vosotros ir haciendo cestos.
¿Y tú qué vas a hacer? Le pregunta una de las esposas.
Ahora me lo pienso, vosotras ir poniendo la mesa y preparando la comida.
¡¡¡Hombres!!!
Eso, eso. Repiten los cuatro cacofónicamente: ¡Hombres!
Tras la copiosa comida deciden los cuatro Loot salir a pescar con la barca al río pero apenas acercarse al embarcadero descubren con cara de pasmo que otros cuatro Loot están ya soltando amarras.
¿Qué hacemos? Pregunta uno de los recién llegados a la orilla.
Pescar todo lo que podamos. Responde un Loot que no para de rascarse el huevo que tiene en la cabeza. Tenemos muchas bocas que alimentar.
¿Quieres decir que habrá otras cuatro…?
Eso es más seguro que el número de peces que hoy conseguiremos sacar del agua. Y estarán dándose voces y peleando por cuál de ellas portará la lanza. ¡Uff!


La pesca es casi milagrosa y los grandes cestos cargados de peces son muy bien recibidos por los ¡otros ocho Loot! Y sus diez y seis esposas. Deciden cenar en amor y compañía en la gran mesa del patio, a la sombra de la parra, aprovechando que hace una tarde deliciosa y corre algo de aire por la rivera.
¿Y ahora qué hacemos?
No entramos todos en la casa, ¿dormimos al raso?
¿Echamos a suerte qué pareja?
Ni se os ocurra pensarlo, cerramos la casa y nos vamos.
¿Y eso por qué?
Porque me sigue doliendo la cabeza y este huevo parece que sigue creciendo. Nos vamos al templo, pasaremos la noche allí y haremos grandes preces y sacrificios a los dioses; tal vez ellos puedan arreglar este embrollo.
Y al gran templo escalonado de La Diosa se van las diez y seis parejas. Las gentes de la ciudad contemplan arrobadas y maravilladas la procesión de antorchas de los diez y seis Loot y esposas. A ellos no hay manera de distinguirlos pero las esposas han decidido cada una ir vestida de manera diferente a las otras quince con lo cual alguna va…casi desnuda.
Gran adoración hay esta noche en el templo y las esposas danzan y danzan con velos y ajorcas para buscar la complacencia divina. Hasta caer todos rendidos y amontonados por los rincones oscuros del templo.
Vuelve la luz, se regresa del sueño.


Regresa el día con el naciente solar y las esperanzas se esfuman. Se agrupan en parejas, hacen la cuenta, tantos vinimos tantos volvemos, los dioses no nos han escuchado. De vuelta a casa cabizbajos y hasta embozados caminan ausentes, que no les pregunten, no tienen respuestas, pero al llegar a casa la sorpresa salta a su encuentro: hay otras diez y seis parejas revoloteando por el lugar ocupadas en múltiples tareas.
¿Y ahora qué hacemos?
De todo, habrá que hacer de todo para dar comida y cobijo a nuestras treinta y dos parejas.
Son la comidilla del lugar, todos los visitantes de la ciudad, comerciantes, camelleros, traficantes de esclavos, y todos sus vecinos no paran de ir y venir a Casa Loot y deshacerse en lenguas sobre el prodigio que están contemplando. Comida no les va a faltar, casi todos acuden llevando presentes de algo que pueda llevarse a la boca y se organizan dos turnos para comer en el huerto. Mientras unos comen otros sirven y el jaleo de idas y venida tan solo se detiene con la llegada de la sobrina cargando con dos grandes panes como ruedas de carro.
¡Ay, ay, ay, ayayay! Pero, cuántos, ¿cuántos?, ¡cuántos!, ¿cuántos tíos tengo ahora?
Los mismos que tías, exactamente los mismos, salivilla, los mismos. ¿Qué es eso de que te quieres casar? A ver, ¿con quién si se puede saber?
Al obtener la respuesta las discusiones entran y salen de la casa como una banda de piratas de mar que les hubiera invadido la ciudad y morada.
¡¡Por encima de mi cadáver!!
¡De seguro habrá guerra!
Como padrino tuyo te ordeno… ¡ven aquí!
Como alguno de vosotros, Loot, toque a la niña le despellejamos; estáis advertidos.
¡Qué niña, qué niña, qué niña! Si ya cumplió trescientos ochenta y cuatro…
Por eso, ya va siendo hora de casarla.
¡¡¡Pero no con un…!!!
Pues pensamos ir todas a la boda, así que ir vosotros pensando en la dote de la ahijada, los treinta y dos.
Más discusiones.
Vecinos y foráneos se unen al follón aportando ideas, y jarras de vino y cerveza a mogollón. Se les echa la noche encima sin poner nada en claro pues con tanto líquido en su interior han perdido la capacidad de decisión.
¿Y ahora qué hacemos?
Todos al templo. Responde elevando la voz el del chinchón, que se sigue rascando sin conseguir que disminuya.
La procesión de antorchas es deslumbrante y el silencio acojonante. Las treinta y dos parejas caminan impávidas hasta las puertas del templo donde son recibidas por Noer.
Paz, hermanos y hermanas. Que paséis buena noche y los dioses os acompañen.
Gracias hermano, que también estén contigo. Responde el primero de la fila derecha, el que va junto a la portadora de la lanza, antes de entrar en el inmenso recinto.
Incluso a la visión excelsa y superior del noble Noer todos ellos son idénticos hasta el último detalle. (¿Cuál será al que le aticé con el palo?) Pero tan solo consigue atinar a fijarse en uno, casi al final de la fila izquierda que de vez en cuando se rasca la cabeza.
Todos ellos, todos, son tu hermano Loot y esposa. Paso al prodigio, vuelta a casa y no enfades a la panadera. Se va también rascándose de vez en cuando el cráneo.
Noche de oferentes y danzantes en el templo. Al ser tantos de vez en cuando, conociendo el carácter de Loot era más que previsible, algunos hombres danzan con las mujeres y su lugar es ocupado por otras esposas en los cánticos y ceremonias. Noche intensa embriagados por los aromas de los especieros, noche de intenso misticismo.


Los grandes Annunakis contemplan extasiados y silenciosos desde lo alto el prodigio multiplicado que se celebra bajo sus alas.
(¿Otra de Loot?)
(Va a ser que es eso. Contesta La Diosa Lagarta de modo telepático, y por tanto inaudible para los humanos)
(¿En qué terminará esto?)
(Ni idea, pero por si, por si acaso ya he mandado ir pasando el plumero y cambiando las sábanas de mi palacio en Niburu)
(¡Las sábanas! Eres una lagarta, yo te lo digo)
(¡¡Soy la reina!! Callaros todos)
El esfuerzo místico rinde a dioses y humanos y mientras los unos se retiran a sus palacios los otros quedan amontonados por los rincones del templo. Hay rozamientos y frotaciones no siempre bienvenidos.
¡Saca esa mano de mi…!
¡Pero si soy tú…!
¡¡Como si eres mi padre!! Búscate a otra.
Y así toda la noche, con idas y venidas y rincón por rincón siempre hay alguno haciendo el león. Pero ellas son leonas.
¡¡Largo!!
Rendidos.
El trino dulce de los pájaros que habitan en sus nidos colgantes de la inmensa estancia y aún en la corona dorada de La Diosa despierta a Loot y esposa. A las treinta y dos parejas al mismo tiempo les llega como una bendición el saludo de los emplumados voladores a la aparición del supremo Shamaash.
¿Caras tristes? Rostros compungidos.
Pesadumbre. Aún son multitud.
¡Todos hacia la puerta! A formar.
La Portadora de la lanza está en medio, todo gira en su redor, todo se organiza en instantes como si les llevara con la mirada, los hombres saldrán esta vez primero, de cuatro en cuatro, hieráticos, imparables. Ya se escucha el rumor del pueblo que se va concentrado en las escaleras esperando a que se abran las puertas del templo.
¡No quiero barbas caídas! Ni barrigas flojas, mis hombres. ¡Hombros arriba! Ir saliendo como si fuerais a la guerra, ¡desfilando!, ¡pisar fuerte y que tiemblen los negritos!
Los treinta y dos hombres salen de cuatro en cuatro enarbolando las antorchas apagadas como si fueran mazas de caza, como aquella que Loot usó para matar al demonio Innunu, comedor de niños y de ranas. Tras ellos van las mujeres en actitud casi de plañideras, ¿sollozos?, ¿lágrimas?, ¿las habrán pegado?, ¿azotado? Casi seguro, las mujeres son las liantas, las que tienen la culpa, las que traen los males a los hombres, si no las pegas de vez en cuando…
¡Uff! Vaya miradas. Alguno sale corriendo hasta el río y se arroja a las aguas sin mirar si hay cocodrilos presa de la sensación de haberle caído una maldición ¡femenina! Y de la mujer de Loot, nada menos.
La procesión camina dejando estupefacto a cuantos les contemplan, todos con idénticas barbas, portando los mismos inmensos pendientes y muñequeras floridas y brillantes, todos impasibles, como si vinieran de cortar cedros del Líbano para levantar un palacio de reposo a La Diosa.
Fecundidad.
Alguien, vecino o foráneo, pronuncia la palabra y las gentes comienzan a arrodillarse al paso de Loot y esposa, multiplicados y maravillosamente vivos. Vivos.
Fecundidad.
El Signo de La Diosa.
En la multiplicación, como Loot les diría, ven el signo preclaro de la mano y bendición divina. Así se multiplicarán sus proles y rebaños, seamos fecundos y poblemos la tierra.
Cánticos de alabanza.


Y las gentes van a sus casas para buscar cosas que ofrecer en la Casa del Señor Loot, el multiplicado. Cuando la procesión llega con paso marcial hay uno que no se sorprende, va cabizbajo, casi arrastrando los pies, no quiere, no quería echar su mirada que alcanza incluso a los altos dioses en sus cielos constantes. Tan solo se rasca en el chinchón mientras los otros se asombran de que otras treinta y dos parejas entran, salen, deambulan e incluso sestean al amor del recién salido sol en el patio de la casa.
¿Y ahora qué? dice un yo.
Al río. Dice otro yo.
¿A bañarse? Un tercero.
A pescar o bien hoy pasaremos hambre. El cuarto.
Pues como no bajemos hasta el mar y cacemos una ballena…dice un quinto rascándose el coco.
¡¡Formación!! Grita la Portadora de la lanza. Y comienza a distribuir hombres y mujeres en las más diversas tareas. De cuatro en cuatro, hombres y mujeres van a pescar, ornear pan, a segar, escoger corderos que asar a la estaca. La Portadora en la puerta de casa deja entrar o salir según se hayan cumplido sus propuestas, solo son propuestas pues órdenes solo puede dar Loot, sí, Loot, bueno uno de ellos, ¿todos ellos?, ¿por orden numérico o todos a la vez?, ¿sesenta y cuatro Loot ponerse de acuerdo en algo y al mismo tiempo? Pero si eso no ocurría ni cuando solo había un yo.
Turnos para las comidas.
Entradas y salidas de platos y viandas. Pero, ¿? Sobra una ración, ¿alguna de vosotras yo? Niegan con la cabeza todas a la vez, ¿entonces? Falta un Loot. La Portadora no tiene ni que consultar. Se va derecho al estudio secreto de su esposo. Le encuentra reposando en su alto sillón jugando con las bolas de barro, haciéndolas saltar de mano en mano.
¿Se puede saber qué hace mi señor esposo?, ¿quieres tener otro chinchón en tu gran cabezón? Deja eso inmediatamente y sube a comer.
¡Ah, mi mujer!, ¿quién iba a ser si no?
Tu esposa y como no levantes el culo ahora mismo estoy por marcharme de esta casa de locos y llevarme la dote.
Pues mira, hazlo cuando quieras; me quedarán otras sesenta y tres con las que discutir.
Mira tú, te voy a meter la lanza por un oído y te va a salir por el otro, ¡me tienes harta!
No te enfades mujer, disculpa, ¡esposa! Estaba discurriendo.
¿El qué? esta es otra de las tuyas ¡y lo sabes!
Confía en mí, o resuelvo este asunto o… me quito la barba.
Confiaré, ¿qué hacemos?
Esta noche también iremos todos al templo, mañana celebraremos el Gran Festival. Haremos algo que dioses y hombres recordarán por los siglos de los siglos.
¿Y eso cómo lo sabes?
Porque haré, todos vamos a hacer, todos los yo, lo que tú sugieras.
¿Bailarás? Me he fijado que eres el único Loot que ni lo ha intentado siquiera.
Bailaré, por tu amor bailaré y tengamos la fiesta en paz.

Una noche más una magna procesión parte de Casa del Señor Loot para dirigirse al templo; las calles están rebosantes de gentes venidas desde largas distancias para el festival de mañana, el asombro es general. Los negritos se arrodillan a su paso, los extranjeros agachan la cabeza en signo de respeto, reyes y príncipes de las ciudades de los dos ríos esperan a la puerta del templo para ver al sumo sacerdote y esposa prodigiosamente repetido y las largas filas entran pomposamente sin inmutarse.
Una vez cerradas las altas puertas la pregunta salta como una rana de la boca de La Portadora de la lanza:
¿Y ahora qué hacemos Loot?
Sin mediar palabra unos se ponen interpretar canciones en los instrumentos, otras a bailar otros presentan ofrendas en altar, dejándola sola, como si tuviera que guardar la puerta.
Pasado un buen rato, poco a poco, de pocos en pocos, se van distribuyendo por el templo para dormir algo. El descanso humano es regalo divino y hay que saber aprovecharlo; cuando los pájaros les despiertan y la claridad va llenando el recinto unos diez y nueve Loot y sus respectivas esposas se dirigen al centro del templo y comienzan a danzar por parejas mientras que los cuarenta y cinco restantes toman los instrumentos y forman el coro.
Vistos desde la mirada superior de La Diosa simulan ser un ojo, un ojo cuyo iris se mueve con los movimientos acompasados de las parejas, cantantes y músicos forman de algún modo los párpados.
(¿Otra de Loot?)
(Pues va a ser que sí Enki, sí, tenemos otra de Loot)
(Pues a ver cómo termina la cosa Enlil)
(Me encanta lo que están haciendo)
(¿Y esos cánticos?)
Loot y esposa, tan magníficamente multiplicados van improvisando nuevas tonadas y movimientos danzantes, de la monotonía hasta entonces imperante se va pasando a una maravillosa polifonía de voces masculinas y femeninas y algún Loot se prodiga en acordes y desacordes.


Bueno, son casi setecientos años desde que aprendí a utilizar este arpa de pie. Más ritmo. La locura.
(Estoy por bajar y ponerme a aplaudir)
(Para Anna, que estás a punto de hacer llorar a tu estatua. Quieta aquí arriba)
Cuando la danza concluye y los instrumentos callan una de las esposas va al rincón donde reposa la lanza y la toma en sus manos.
¿Y ahora qué hacemos, esposo?
Abrir las puertas del templo y que comience el festival, ya lo tenemos todo bien ensayado. Pero al acercarse a los inmensos portones oyen voces y aplausos, ¿?
Abrir ya y sepamos que pasa ahí fuera.

Noer en la entrada está saltando de un lugar a otro, aplaude, aúlla, salta de alegría, grita:
¡¡Fabuloso!!
¿?
Cuando las sesenta y cuatro parejas salen del templo se encuentra a otras sesenta y cuatro parejas idénticas, con idénticos instrumentos, que han estado interpretando al mismo tiempo la misma danza prodigiosa que los internados en el templo, y están recogiendo aplausos y vítores por doquier.
¿Pero esto…qué significa? Dice un Loot rascándose la cabeza.
Pues que mientras tú, le dice Noer, y los otros tú que estabais dentro y sabrán los dioses qué estabais haciendo, llegaron estos otros tantos tú y esposas e hicieron una interpretación maravillosa. ¡Ah! y aún más. Sí, si te molestas en usar tu mirada ultramundana verás que en el supramundo hay otros tantos Loot y esposas que también han realizado la misma interpretación.
¡Ahí va, es verdad! Y espera, si miras al inframundo hay otras sesenta y cuatro parejas más y con lo mismo.
Pues no había caído, ¡ahí va! Pero, entonces, ¿cuántos sois ahora?
Pues así, sin cálamo, te diría que unos dos cientos cuarenta y seis, y pondré un par de puntillas no sea que algún demonio se cuele.
Más las esposas. Como quieran tener todas lanza propia vas a formar un ejército formidable. ¡Uff! Y mi hija que no para de darme la tabarra con que quiere casarse, no sé, no sé cómo terminará esto.
¿Y no puedes ver alguna solución? Pero que no sea una gran barca y mandarme a otra parte del mundo.
Lo único que se me ocurre es que esto solo puede parar si el primer Loot, el que se llevó el palo, decidiera quitarse la vida. Solo así…
¡¡En la flor de la vida lo voy a dejar!! Se escucha gritar a un Loot cuatro filas más atrás. Ni lo sueñes. Que hagan sitio, hagan sitio a Loot el Multiplicador.
Y a sus innumerables esposas.
Que bien sabe el sumo sacerdote que con el pecado viene la penitencia.

Días más tarde:
Anda, deja las bolitas de barro y vayámonos ya o llegaremos tarde, tienes que casar a la sobrina. Deja eso, ya pasó.
Sí, ya, cuando desapareció el huevo de mi cabeza también se fueron mis otros yo.
Y los míos.
Algo curioso sin duda, en fin, supongo que me niego a olvidar, ¡hubo momentos!
¡Qué interpretaciones hemos hecho! Desde Marduk nos llegaban los aplausos.
Cuando pasamos de contarnos por cientos a miles, ¡fue genial! Genial, hay una cifra, una cifra…
Venga, vamos, tenemos que ser los primeros no los últimos.
¿Cómo era la cifra? ¡Ah, sí!, sesenta y cinco mil quinientos treinta y seis.
¿Tiene eso algo que ver con esa montaña monstruosa que levantaste con toda la madera del Líbano a la orilla del río?
¿Err?, bueno, algo; son cosas de Noer, ya sabes, empezó con el que va a llover, que te digo yo que va a diluviar…
¿En verano? ¿Y os gastasteis toda la madera? En…ese…engendro…
Tetraedro, se llama tetraedro..., es una nave...
¿Tetra…? ¡Otra de las tuyas… alquimista!
¡Que no me pegues con la lanza…joder!

En la cabeza no, ahí no, que luego pasa lo que pasa.
¡¡Noer!!

FIN


¿En la flor de la vida iba a dejar este mundo? Anda ya, con lo bien que se lo pasa con su prodigiosa familia, ¿usted, llegado a un caso similar, qué haría?

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