viernes, 4 de enero de 2019

El Enigma Compostelano, libro de Alberto Solana.


En estas fechas, con tantas fiestas, he podido leer con detenimiento el estupendo libro de Alberto Solana titulado El Enigma Compostelano; muy recomendable trabajo de gran erudición y fácil lectura.
El libro está editado por La Cofradía de Santiago Apóstol de Madrid con abundancia de fotos y gráficos para seguir las explicaciones.
Básicamente Alberto defiende la tesis de que en Compostela están enterrados los restos de Santiago Apóstol y explica en qué se apoya para hacer tamaña defensa, descartando que puedan ser de Prisciliano u otro obispo similar.
En principio y para mí tal tesis, la de Santiago, es indefendible pues las supersticiones judías impiden de modo absoluto que se desentierre un cadáver y se lleve a tierras lejanas sus restos; pero este judío era muy especial, un hereje, un seguidor de Cristo, así pues sus discípulos bien pudieron pasarse esas supersticiones por alto y trasladar su cadáver bien lejos.
¿Hasta Galicia? Podría ser, las rutas marítimas desde el Oriente Próximo a Hispania ya se conocían en tiempos del rey Salomón y en aquellos tiempos de Pax Romana los barcos iban de Galicia a Palestina y regreso con tanta facilidad como hoy día.
https://elcaminodejp.wordpress.com/2016/11/27/recomendado-el-libro-el-enigma-compostelano/


Pero el enigma surge con el descubrimiento del enterramiento; un ¿panteón? muy curioso en sí mismo, algo muy romano y propio de personas acaudaladas, tal vez muy bien relacionadas con las más altas jerarquías en Roma.
¿Mantener oculto en Galicia el cadáver de un apóstol de Cristo? ¿Incluso en los tiempos de los muy católicos reyes suevos? Improvable.
Mi impresión personal es que los suevos y bretones, y sobre todo los propios gallegos, no se enteraron de ese enterramiento pues no estaban allí esos huesos. Fueron trasladados tras la caída del reino de los godos; los restos de ¿Yago?, Atanasio y Teodoro debieron ser llevados a Galicia en tiempos de Alfonso El Católico para que reposaran en territorio cristiano. Yo así lo entiendo y me explico.


Con el derrumbe progresivo del imperio romano Hispania, debido a las grandes migraciones bárbaras, queda en poco tiempo conformada en tres grandes territorios en pugna diaria: Gotia, de los godos, en el noreste, Suevia, de los suevos, en el noroeste, y Vandalucía, de los vándalos, ocupando el centro y sur, y a mayores las Islas Baleares. Las fronteras irán variando de década en década, y aparecerán los bizantinos queriendo reverdecer laureles romanos ocupando una franja que sería aproximadamente las actuales provincias de Almería, sur de Granada y Málaga. Al territorio bizantino lo llamarán España, pues ya no utilizan el latín clásico y ese término se utiliza aún hoy día.
Ni San Isidoro ni obispo alguno de aquellos días da noticia apostólica alguna, tampoco Beato de Liébana muchos años después.
Los godos poco a poco se van haciendo con toda la península, expulsando a los bizantinos al mar y a los vándalos al norte de África, tiran abajo el reino suevo y se quedan como gobernantes únicos de la península. Las Baleares seguirán en manos vándalas.
Pero con la derrota de Guadalete los vándalos se hacen de nuevo, con la ayuda de árabes y bereberes, dueños de casi toda la península; ahora son sarracenos y comparten las creencias de los moros. El territorio volverá a llamarse, y por siglos, como Terra Wandaliae, en latín, o Al Andalus en árabe.
Tras la revuelta de don Pelayo y don Pero (Pedro) en la montaña cantábrica y la posterior proclamación de don Alfonso el Católico como rey en la ciudad de Lugo, todos los cristianos que pueden huyen con sus pertenencias, y las reliquias, a la cornisa cantábrica y el norte de Galicia del expolio sarraceno (vándalos, recuerden)


Así como en el Monsacro asturiano escondieron el Arca Santa, y después se construyó el templo de San Salvador para custodiarla así se escondieron estos tres cadáveres muy al norte del río Ulla, que era la frontera con el emirato cordobés en tiempos de Alfonso Pérez el Católico, rey cristiano del norte de España. Fueron siglos de muchas batallas, muchas muertes y gran destrucción en toda la península, y media Galicia quedó ocupada por los bereberes.
En fin, son dos historias paralelas, el descubrimiento del Arca Santa y el de Santiago Apóstol y las dos salieron a la luz en los tiempos de Carlomagno y su Sacro Imperio Romano Germánico.
Don Alfonso Froilaz el Casto procuró llevarse muy bien con Don Carlos y le hizo partícipe de sus descubrimientos; es más, en algún lugar he leído que Alfonso se casó, en segundas nupcias pues estaba viudo, con una hija del emperador germánico.
Buena alianza para ambos, pero a los navarros no les hizo ninguna gracia y recuerdo de ello es la batalla de Roncesvalles.


¿Dónde pudieron estar escondidos esos restos humanos durante siglos? Yo opino que en Vandalucía; los vándalos no eran cristianos y poco tolerantes con este culto. Más tarde el territorio cayó en manos de los Visigodos, cristianos pero arrianos, no hacían culto a santos y vírgenes; así pues estos restos permanecieron en algún lugar del sur de la península. ¿En la zona de Córdoba o en la de Mérida?
Cuando Almanzor ordena destruir la ciudad y templo de Santiago respeta la tumba pues considera que allí está enterrado un santo, y sus propios hombres se volverían contra él si lo profanara.


Una de las cosas que más me sorprendieron en mi última visita a la catedral fue el tamaño de la lápida del obispo Teodomiro, Theodemirus, ¡medía más de dos metros el paisano! No todos los españoles de entonces eran chaparros, como siempre he defendido. Ni morenos de ojos oscuros.
Las cruces, como se puede ver en la foto, de aquellos siglos eran del tipo Cruz de Los Ángeles, no usaban las de tipo romano o bizantino. Una leyenda asturiana atribuye el origen de esta cruz a un suceso acaecido justo a la muerte del rey Aurelio; que se vió en el cielo como se formaba una cruz con este aspecto, y que lo atribuyeron a obra de los ángeles. Y por ello fue siempre el signo de los reyes asturianos y leoneses.
https://albertosolana.wordpress.com/2014/12/30/15-teodomiro-de-iria-y-el-descubrimiento-del-sepulcro-del-apostol-santiago/


Como viejo peregrino, mi primera visita a Santiago fue en el Año Jacobeo de 1976, mi enfoque ha sido siempre darle más importancia al Camino que a unos restos mortales, por muy de santo que sean pues siempre me he guiado por la máxima de: dejar que los muertos cuiden de los suyos y vosotros cuidar de los vivos.


Y a mayores, al ser de León y tener esa vieja tradición, procuramos hacer de la peregrinación motivo de gran alegría, ¿que a mayores hay perdonanza? Pues mejor que mejor, pero que no falte el vino.
Excelente trabajo de Alberto Solana, os vuelvo a recomendar la lectura de este libro. Y después poneros las botas y salir a andar... Alberto es médico y seguro que os recomienda como muy salutífera la experiencia de hacer El Camino de Santiago.