sábado, 30 de marzo de 2019

Peregrinación a Santo Toribio de Liébana, cuarta y última parte.


Como les comenté en la anterior entrada de Mogrovejo regresamos a Baró, pero apenas paramos unos minutos para refrescarnos y tomar algún refresco en el camping, todavía nos quedaban unas buenas cuestas para llegar al santuario. Una última mirada a la Cordillera Cantábrica.




De Baró caminamos hacia Beares y pasado el puente tomamos el sendero PR-8 para subir a Congarna.



Un fuerte repecho nos lleva hacia el Mirador de la Ermita de San Miguel. Ya tenemos a la vista Potes.


Como voy ligero y sin peso, tan solo en compañía de un chavalín, pronto llegamos al Monasterio de Santo Toribio de Liébana. Mientras llegan sus padres y no se atreve a hacerme una foto. ¿A que no salí mal?
https://www.santotoribiodeliebana.es/


Como era Año Jubilar Lebaniego, el del año 2006, el monasterio estaba atestado de peregrinos y turistas. Así que pronto me cansé de hacer tiempo esperando a los compañeros y comencé la bajada a Potes.



Para evitar la carretera y el intenso tráfico marché por un sendero que va Mieses y de este lugar ya bajé al Monumento al Peregrino Lebaniego que hay en el Kilómetro Nº 1.


Siempre se encuentra uno algún amable turista que se ofrece para hacerte una foto. ¿Y qué mejor rincón que el monumento al fotógrafo? Y con ese paisaje, ¡uff! me parecía ver a algunos amigos montañeros llegando a la cumbre de la Peña Vieja.
Quizás estaba demasiado entusiasmado, pero es que Cantabria es maravillosa.


Mientras bajaban todos los compañeros peregrinos y nos agrupábamos aproveché para tomar un bien ganado vermú y comprar orujo y crema de queso lebaniego. Que no se puede volver a casa con las manos vacías.
Y lo que nos pasa, que te vienen recuerdos de otras ocasiones que paraste aquí. Mi primera ocasión de conocer Potes fue en el ya lejano año de 1976, con mis amigos del club SLAC-Collado Jermoso, camino del Pico Tesorero. Se dice pronto.
Potes


Tocaba comida de hermandad antes de regresar a León. A mi lado el pequeño pirata, compañero de correrías, y digo bien, pues corría más que yo tanto cuesta arriba como cuesta abajo.
Lo pasamos pipa ese fin de semana de Peregrinación a Santo Toribio de Liébana, el antiguo patrón de los labradores leoneses. Todo salió maravillosamente y la directiva fue efusivamente felicitada; pero a mi se me terminaron las diapositivas y ya no tengo más.
Hasta la próxima.